Crítica: Midnight Special

Un hombre, Roy (Michael Shannon), y su hijo de 8 años Alton (Jaeden Lieberher) son perseguidos por el gobierno cuando el niño desarrolla poderes especiales.

Ficha técnica
Año: 2016
Duración: 1 hr. 51 min.
País: Estados Unidos
Director: Jeff Nichols
Guion: Jeff Nichols
Música: David Wingo
Fotografía: Adam Stone
Reparto: Michael Shannon, Joel Edgerton, Kirsten Dunst, Adam Driver, Jaeden Lieberher




Reseña por
Yasser Medina

Es una verdadera sorpresa que al director Jeff Nichols le haya dado la gana de encajar ingeniosamente en el cine de ciencia-ficción, sobre todo porque la forma en la que manipula las situaciones más inesperadas es lo que concibe que Midnight Special sea una película tan asombrosa. Es un film que mantiene la intriga de principio a fin y pone a pensar en los misterios más ocultos de su catártica historia.

Hace un par de años Nichols se consagró como uno de los mejores directores del cine independiente norteamericano con filmes como Shotgun Stories, Mud y la maravillosa Take Shelter. En aquel entonces dio a conocer que su estilo estaba compuesto por temas como el vínculo familiar, lo sobrenatural y la violencia. Sus personajes regularmente son fugitivos: padres, hermanos y niños que de alguna manera intentan escapar de los peligros de un orbe que colapsa.

Algo parecido sucede en Midnight Special, porque si bien es un thriller de ciencia-ficción que funciona estupendamente dentro del género, es efectivo cuando se vuelve emocional apuntando a la relación paternal que se desarrolla con los personajes en el instante que la naturaleza de su realidad reta sus convicciones.

La película comienza en medio de un gran lío, pues en Estados Unidos se ha emitido una alerta AMBER de un niño desaparecido de 8 años llamado Alton (Lieberher). En el noticiero se confirma que Roy Tomlin (Michael Shannon) y su compañero Lucas (Joel Edgerton) son los secuestradores de Alton, sin embargo estos tratan al niño con afecto.

Roy dice ser el padre biológico de Alton, y realmente se encuentran huyendo de un culto religioso que proclama que Alton es el salvador y de agentes del gobierno. La gravedad del asunto empeora cuando se descubre que Alton tiene poderes especiales que ponen en riesgo la seguridad nacional.

Lo curioso es que después de que son revelados algunos secretos de la familia, todavía quedan otros por resolver. Sospecho que dichos enigmas se relacionan con el pasado de la secta y el origen de Roy, Lucas y Alton, que va mucho más allá de lo que presentan.

El guion funciona porque la idea de Nichols se resiste en revelar la información expositora de la trama con tal de que el espectador pueda cuestionar los sucesos remotos y se imagine lo que está por pasar. Aunque las preguntas ya tienen sus respuestas, a ratos da la sensación de que lo desconocido nos acecha y siempre hay posibilidades.

También le otorga un realismo austero al mundo que introduce para que los personajes se sientan naturales sin la necesidad de que se contagien del síndrome Spielberg. Por supuesto, con buenas actuaciones del reparto encabezado por Shannon (repitiendo con Nichols), Edgerton, Dunst, Driver y Lieberher, quienes consiguen el efectismo dramático con pocos diálogos y solo con sus expresiones.

Nichols ha creado un universo gigantesco que se puede expandir de varias maneras. Su sello estético siempre está presente. Es una película de ciencia-ficción tensa e imaginativa que contagia una vez que pone a una familia al borde de un encuentro fantástico, pero esta vez cercano al tercer tipo.


7/10