"Café Society": Es un café sin azúcar [Crítica]

Un joven llega a Hollywood durante la década de 1930 con la esperanza de trabajar en la industria cinematográfica. Allí, se enamora, y se encuentra sumergido en la vibrante sociedad café que define el espíritu de la época.

Ficha técnica
Año: 2016
Duración: 1 hr. 36 min.
País: Estados Unidos
Director: Woody Allen
Guion: Woody Allen
Fotografía: Vittorio Storaro
Reparto: Jesse Eisenberg, Kristen Stewart, Steve Carell, Blake Lively, Parker Posey



Reseña por
Yasser Medina

No es una sorpresa que Café Society, la nueva película del prolífico Woody Allen, se vea tan bella. Desde la apertura, la primera toma nos confirma que estamos viendo el glamour de las fiestas de Hollywood de los años 30. Todo lo que vemos es una mansión atestada de lujo, de frivolidad, de jactancia, de actores, de actrices, de productores, de agentes. Todo lo que vemos es la capa de superficialidad que cubría la época de las grandes estrellas. Todo lo que vemos es Hollywood.

Este jardín de las espinas es el homenaje de Allen por el viejo Hollywood, por las estrellas de cine y también por la antigua sociedad café de Nueva York. La sociedad café era el término con el que se describía a la gente bonita que se reunía en los clubes nocturnos exclusivos para hablar de lo lindo que es la hipocresía.

La intención de Allen es reunir al clan de la petulancia para sustentar la narración de una historia de los desvaríos del amor y el adulterio (temas típicos en las películas de Allen), pero la realidad es que se siente derrengada. Es un café sin azúcar. La tremenda haraganería con la que narra el relato de Bobby Dorfman (Jesse Eisenberg) no es ni la sombra de lo que era el usual ingenio del octogenario director, pues la trivialidad eclipsa su luz.

La trama comienza en el año 1930 en la ciudad de Nueva York donde un narrador (Allen) cuenta la novela del joven Bobby. Bobby es un chico tímido de familia judía. Vive con sus padres, Martin (Ken Stott) y Rose Dorfman (Jeannie Berlin), quienes dirigen una joyería; su hermana Evelyn (Sari Lennick) es una profesora casada con un vago intelectual; mientras su hermano, Ben (Corey Stoll), es la oveja negra de la familia que disfruta ejercer la profesión de gánster.

Descontento con los familiares, Bobby decide mudarse a California para trabajar con su tío Phil Stern (Steve Carrell), un poderoso agente de la industria cinematográfica. Pero cuando se enamora de Verónica “Vonnie” (Kristen Stewart), la guapa secretaria de su tío Phil, todo se complica por el secreto que ella oculta en una ciudad que es alérgica a los secretos. Bobby es el reflejo de la personalidad de Woody Allen.

Lo más esplendido de este film es el expresivo estilo visual de Vittorio Storaro, quien despierta la esencia luminosa de los años dorados de Hollywood con la armonía perfecta de los colores. También la buena música de Jazz, el diseño de vestuario y la detallada dirección de arte logran que uno se sienta hipnotizado por la belleza del período. Pero eso no me sirve de nada si la trama es defectuosa.

La trama de Bobby y de Vonnie cae en el género habitual de la comedia de situaciones. Tienen una química romántica muy cercana a la de un burro con la gallina. A veces, se la pasan haciendo lo mismo en su crónica de mentiras y desengaños: sentir el desamor despreciable y remediar la ruptura con el flechazo hacia otra persona. Ni siquiera las actuaciones regulares de Eisenberg, Carrell y Stewart pueden corregir la predictibilidad intencional de Allen. Prefiero mil veces la subtrama gansteril de Ben.

Por momentos Allen confiere un humor inconstante que viene y se va con los engañosos diálogos de ironía para mencionar su desagrado con Hollywood y su afecto por Nueva York, pero todo resulta familiar, aunque de vez en cuando deja su pizca de referencias de personalidades del cine clásico como Bette Davis, William Powell, Joan Crawford, Gary Cooper, James Cagney, Ginger Rogers, Fred Astaire, Spencer Tracy, Gloria Swanson, Judy Garland y Greta Garbo.

Es una pena que con esta comedia romántica el cine de Woody Allen sufra el desgaste de una rutina que recurre a repetirse con lo fácil. Su gracia solo es pasable cuando le da la gana.



6/10