Crítica: Everybody Wants Some!!

Un estudiante de primer año de universidad cae con un grupo de jugadores de béisbol.

Ficha técnica
Año: 2016
Duración: 1 hr. 56 min.
País: Estados Unidos
Director: Richard Linklater
Guion: Richard Linklater
Música: The Cars, Blondie, Dire Straits, Frak Zappa, Van Halen, Kool and the Gang, The Knack, Cheap Trick, Pat Benatar
Fotografía: Shane F. Kelly
Reparto: Blake Jenner, Glen Powell, J. Quinton Johnson, Austin Amelio, Temple Baker


Reseña por
Yasser Medina

La diversión que brota desde el corazón de la historia de Everybody Wants Some!! es una señal de que el director Richard Linklater se ha quedado enamorado de su juventud, pues como comedia realmente despierta el sentimiento nostálgico de finales de los 70 y de principios de los 80.

El mismo Linklater la considera una secuela espiritual de Dazed and Confused, sobre todo por presentar a un grupo de jóvenes haciendo locuras en las fiestas, acostándose con muchachas por deporte e inventando travesuras para entretenerse. Su perspicaz efecto refleja las experiencias culturales de los jóvenes de ese tiempo y las libertades con la que vivían el momento antes de ingresar a la universidad.

La narrativa de Linklater se mantiene sobria examinando la vida de Jake Bradford (Blake Jenner) antes de entrar al instituto y unirse al equipo de béisbol en el año 1980. Aunque no hay mucha trama, en las mejores escenas captura a los personajes de forma genuina sin perder la habilidad de darle ritmo y concisión a la narración. Y todo con un estupendo detalle de la época que incluye una tremenda banda sonora de éxitos de Van Halen, Pink Floyd, Devo, The Cars y Blondie.

En la apertura vemos cómo Jake llega a la Universidad de Texas en su auto deportivo, con las ventanas bajadas y la música a todo volumen como si quisiera llevarse el mundo por delante. Antes era pitcher de secundaria, y ahora en la facultad debe compartir la casa con otros miembros del equipo de béisbol universitario.

Además de Jake, la tropa la conforman Finnegan (Glen Powell), Roper (Ryan Guzman), Dale (Quinton Johnson), Plummer (Temple Baker) y Glen McReynolds (Tyler Hoechlin), cada uno con una peculiar característica de personalidad. Y aunque quedan sólo tres días para que arranque el semestre, todos tienen algo en común: piensan aprovecharlos conociendo a chicas, yendo a festejos para emborracharse y formando amigos tan alocados como ellos.

La energía que desprenden las muchachadas de estos personajes es tan contagiosa que ninguna escena pierde el ánimo de regodeo. Siempre esperamos lo que harán luego. Y estos personajes de Linklater dan la sensación de viajar sin ninguna dirección en particular, solo viven con levedad el día a día. Sus vivencias funcionan como metáforas sobre la identidad y los retos a los que se enfrentan los adolescentes frente a las obligaciones de la edad adulta.

Las buenas actuaciones de este reparto (desconocidos para mí) se sienten carismáticas porque cada actor le otorga dinamismo a su rol cuando los diálogos de Linklater son acompañados por un enérgico registro de expresión. Y pensamos lo que piensan. Esto lo vemos con el reflexivo Jenner como Jake y muy especialmente con Powell como Finn, quien es el personaje más elocuente y a ratos se roba el show con sus ocurrencias.

Linklater deja claro desde un inicio que no quiere una trama convencional. De hecho, rechaza los detonantes de acción y de clímax. Todo lo que hace es simplemente usar a estos personajes intercambiando sustancia entre las escenas tranquilas y las escenas alocadas, pero sin perder la vibra juvenil.

Ahora sabemos que Linklater tiene la cura para todos los que se sientan enfermos de nostalgia: una película de compinches que da mucha risa contando las andanzas de unos chicos confundidos; en un periodo donde la música disco, la subcultura punk, los porros, el sexo, el pinball y los primeros videojuegos representaban la cotidianidad de todos los que fueron pacientes de los instantes púberes de una vida.


7/10