Crítica: The Nice Guys

Un detective privado investiga el aparente suicidio de una estrella del porno la decoloración de 1970 en Los Ángeles y descubre una conspiración.

Ficha técnica
Año: 2016
Duración: 1 hr. 56 min.
País: Estados Unidos
Director: Shane Black
Guion: Shane Black, Anthony Bagarozzi
Música: David Buckley, John Ottman
Fotografía: Philippe Rousselot
Reparto: Ryan Gosling, Russell Crowe, Matt Bomer, Kim Basinger


Reseña por
Yasser Medina

El cine de policías en pareja, también conocido como buddy cop, es una fórmula a la que el director Shane Black está acostumbrado. Escribió el guion de Lethal Weapon, en la cual pone a dos policías que aman detestarse a combatir el crimen. Escribió y dirigió Kiss Kiss Bang Bang, cuya trama recurre a un detective y a un ladrón para desentrañar el misterio de un asesinato. Y ahora hace lo mismo con The Nice Guys: colocar a dos detectives ineptos para resolver un caso de homicidio.

El ejercicio de estilo del film cumple con los elementos estéticos de la corriente del neo-noir, pues presenta a unos detectives cínicos sin escrúpulos morales en medio de una ciudad corrupta, que se relacionan con mujeres fatales y con matones con el objetivo de solventar un asunto pendiente.

Pero Black procura que esta comedia criminal no se tome nada en serio, sobre todo porque la trama está consciente de la payasada intencionada para aceptar lo absurdo como algo normal. Y digamos que entretiene hasta cierto punto y en ocasiones da mucha risa con los diálogos irónicos, pero en el trayecto se vuelve difusa, aburrida. No me sirve de nada el humor negro, la desatinada farsa y la acción exagerada si no siento que me importa.

Y a Black tampoco le interesa (mucho menos a mí), porque su intención es también la de parodiar el cine policíaco setentero mientras narra la historia de los detectives Holland March (Ryan Gosling) y Jackson Healy (Russell Crowe), claro, con todos los tiroteos y la violencia que eso conlleva.

Esto sucede en la ciudad de Los Ángeles en 1977. Holland March es un detective privado que investiga la desaparición de Amelia (Margaret Qualley) y el homicidio de una estrella porno supuestamente sin relación alguna. Pero March es un investigador incompetente que a veces debe lidiar con su malcriada hija Holly March (Angourie Rice) y con el desgraciado matrimonio que goza con el alcoholismo.

En medio de la investigación Holland cruza caminos con el impertinente Jackson Healy, quien es un matón contratado que tiene el lindo hobby de golpear acosadores de niñas. Cuando ambos coinciden con el enigma de Amelia, descubren una conspiración siniestra que llega hasta las más altas esferas del gobierno estadounidense, la mafia y la industria de la pornografía.

Las buenas actuaciones de Gosling y de Crowe se complementan con una química muy genuina. Y aunque el registro escénico de ambos se equilibra entre la seriedad y la comicidad, la revelación es Gosling como el detective mete-la-pata. Créditos también para la chiquita Angourie Rice, quien estupendamente se roba el show interpretando a Holly.

Hay que reconocer que los ánimos de nostalgia de la película poseen un estilismo visual que realmente evoca el sentimiento retro de aquella época de los 70, pero al señor Black, quien se ha divertido ofreciéndonos estos mañosos clichés del cine detectivesco y la ficción slapstick, le ha salido el tiro por la culata y no hay quien le cure la herida, porque la excesiva bufonería policial fluye muy bien, pero sin mucha coherencia.


6/10