Crítica: The Handmaiden (Ah-ga-ssi)

Una mujer es contratada como la criada de una heredera de Japón, pero en secreto ella está involucrada en una conspiración para defraudarla.

Ficha técnica
Año: 2016
Duración: 2 hr. 25 min.
País: Corea del Sur
Director: Chan-wook Park
Guion: Chan-wook Park, Jung Seo-kyung
Música: Cho Young-wuk
Fotografía: Chung Chung-hoon
Reparto: Ha Jung-woo, Kim Min-hee, Jo Jin-woong, Kim Tae-ri,




Reseña por
Yasser Medina

Todavía puedo recordar aquellos días en los que las películas de Chan-wook Park rajaban mi cerebro con una chocante sobredosis de crueldad, de obsesión y de una represalia que es difícil de olvidar. Era el tiempo en el que la Trilogía de la Venganza volvía loco a todo el mundo por el gran impacto emocional que causaban. Lo innegable es que su cine se reinventa. Y esto es algo que nos recuerda con la psicología retorcida de The Handmaiden (Ah-ga-ssi), sobre todo porque la genialidad con la crea escenas inolvidables es un placer que no tiene precio.

No me extraña que para buscar nuevos rumbos narrativos el señor Park recurra a las excentricidades de una mansión repleta de degenerados para contar una historia de amor a través del escapismo erótico de dos personas que adoran los engaños y los juegos de seducción con el propósito de manipular a quien les dé la gana, pero siempre manteniendo el formalismo del cine de suspenso para hacernos sentir que sucede algo fatídico.

También me asombra la poderosa eficacia con la que la puesta en escena construye los detalles visuales, especialmente para que la inquietud de la cámara sea la protagonista de nuestra mirada. Tal elegancia pondría a llorar de la envidia a cualquier director de cine con mejor salario.

Filmada de forma vigorosa con un marcado estilo asiático, la trama se sitúa en la Corea de los años 30 durante la colonización japonesa para narrar las peripecias de la joven Sook-hee (Kim Tae-ri) cuando es contratada como sirvienta por Lady Hideko (Kim Min-hee), una tímida aristócrata japonesa que vive recluida en una esplendorosa mansión.

La intención de Sook-hee es abusar de la fragilidad de Hideko para que se enamore de Fujiwara (Ha Jung-woo), quien no es más que un estafador que se hace pasar por un conde japonés. Ambos quieren embaucar a Hideko para arrebatarle la fortuna que ha heredado, pero la cosa se pone dificultosa cuando interviene el tío Kouzuki (Cho Jin-woong), quien además de ser un tirano esconde un secreto muy oscuro que pone el plan en peligro.

Con estos personajes Park teje una trama compleja en la que la mujer es el ojo de un huracán de fantasías sexuales y de la negación de los deseos reprimidos con el objetivo de liberarse del orden patriarcal que ejerce una misoginia dictatorial. También usa a los personajes masculinos como herramientas de la política de género con el fin de ser las víctimas de las mujeres fatales. Aunque a ratos la balanza se equilibra, todo apunta al triunfo de la mujer sexualmente liberada.

La película fluye rápido con las acciones de los personajes para cuidar los giros y las sorprendentes revelaciones que tienen su origen cuando se alternan los puntos de vista de Hideko y de Sook-hee, aunque por momentos las escenas de sexo explícito sirvan para destapar las verdades que se ocultan bajo el telón de un romance de lesbianas.

La intensidad con la que la historia está contada realmente engancha porque las actuaciones poseen un registro dramático que nunca cae en la exageración y la sutileza de los actores resulta consistente. Basta con ver que la cara de Kim Min-hee como Hideko es la pasión personificada, y es alguien que puede ser perversa y sensual sin un solo ápice de expresión. Créditos también para el cotizado Ha Jung-woo y la nueva Kim Tae-ri.

Luego de atestiguar este espectáculo de erotismo y de traiciones confirmamos oficialmente que hay cine de Chan-wook Park para rato. Su distinción ha alcanzado un nuevo pico en el thriller de misterio con la crónica audaz de la simpatía de la trampa. Ahora la violencia viene erotizada.


8/10