Crítica: Ida


Polonia, 1960. Anna (Agata Trzebuchowska), una novicia huérfana que está a punto de hacerse monja, descubre que tiene un pariente vivo: una hermana de su madre que no quiso hacerse cargo de ella de niña.

Ficha técnica
Año: 2013
Duración: 1 hr. 20 min.
País: Polonia
Director: Pawel Pawlikowski
Guion: Pawel Pawlikowski, Rebecca Lenkiewicz
Música: Kristian Selin Eidnes Andersen
Fotografía: Lukasz Zal, Ryszard Lenczewski
Reparto: Agata Kulesza, Agata Trzebuchowska, Joanna Kulig

Reseña por
Yasser Medina

Lo magnífico de Ida es que, como drama íntimo, sucumbe ante un tremendismo sincero para narrar las andanzas de Anna (Agata Trzebuchowska). Pues Anna es una monja huérfana de 18 años que está en el convento donde la Madre Superiora insiste en que vaya a buscar a su única pariente. Pero cuando llega y conoce a su tía Wanda (Agata Kulesza), esta revela un secreto desgarrador: Su madre había muerto en los campos de concentración Nazi. Y, en efecto, así empieza esto. Y en adelante, todo le sale perfecto con la metáfora del dilema moral que se cuestiona la monja frente al dogmatismo de la iglesia católica. O sea, que hay vida fuera del convento y de la fe.


7/10