Crítica: Hell or High Water

Un padre divorciado y su hermano ex-convicto recurren a un desesperado plan para poder salvar la granja familiar, en el oeste de Texas.

Ficha técnica
Año: 2016
Duración: 1 hr. 42 min.
País: Estados Unidos
Director: David Mackenzie
Guion: Taylor Sheridan
Música: Nick Cave, Warren Ellis
Fotografía: Giles Nuttgens
Reparto: Jeff Bridges, Chris Pine, Ben Foster, Gil Birmingham


Reseña por

Yasser Medina

Hay que decirlo de una forma clara para que se entienda bien: esta película, Hell or High Water, es una de las mejores películas del año. Y es una prueba de que este señor, el director escocés David Mackenzie (Starred Up), ha conseguido un western moderno que no tiene nada que envidiarle a películas similares como No Country for Old Men, de los hermanos Coen, pues ejecuta la película con un ritmo sólido que nunca altera la narración de la historia de los hermanos que roban bancos para saldar una vieja deuda.

La idea de Mackenzie es trasladar los elementos de los westerns clásicos y de los thrillers de robo al escenario contemporáneo de Texas. Y la cosa le queda de maravilla. Vemos al alguacil astuto que quiere cazar a los ladrones, al indio comanche que es el fiel compañero del alguacil, a los ladrones que asaltan por una razón específica, a la familia de los ladrones, a la granja de la familia, a los caballos convertidos en carros, y, por supuesto, los enfrentamientos a tiro limpio.

Este es el género del ‘western nuevo’ o ‘neo-western’, y la película lo utiliza de una manera escueta que jamás cae en los clichés innecesarios. Lo interesante es que la trama de los hermanos forajidos también encierra una parábola capitalista de los efectos de la crisis económica en la que los hombres buenos renuncian a la moralidad social con tal de buscar dinero para sacar a su familia de la pobreza. En su balanza solo hay agua o infierno.

El guion de esta cacería de criminales lo ha escrito Taylor Sheridan (Sicario). Los protagonistas Toby (Chris Pine) y Tanner Howard (Ben Foster), son dos hermanos involucrados en los escamoteos de bancos en el estado de Texas. Al principio parece que lo hacen por diversión, pero luego nos damos cuenta de que han recurrido a ese desmoralizado plan para poder salvar la propiedad de la familia que ha sido incautada por el banco a causa de la gran deuda acumulada.

Sin embargo, su racha de ratería se ve truncada por Marcus Hamilton (Jeff Bridges) y por su amigo Alberto Parker (Gil Birmingham), dos Rangers de Texas que tienen su propia agenda para los robadores.

La calidad de los intérpretes no tiene desperdicios. Están estupendamente interpretados por Chris Pine, Ben Foster y Jeff Bridges. Este trío de actores consigue que los personajes se sientan vivos en cada pedazo plano en los que aparecen. Y en el trayecto conocemos los trasfondos enterrados debajo de los motivos de sus personajes para sentir empatía hacia sus acciones.

Bridges, como el agente en víspera del retiro que quiere recuperar la energía de las antiguas persecuciones, es solo una muestra de la naturalidad y de la convicción con la que domina las escenas. La película le pertenece. Asimismo Foster, como el ex convicto que se limpia el trasero con la justicia, entrega lo que probablemente sea una de las actuaciones más potentes de su carrera. Es la perfecta contraparte de Bridges. También otorgo créditos para Pine por su rol como el padre divorciado que quiere redimirse por la situación financiera.

Uno de los puntos fuertes del film, además de la buena música y de la composición visual que evoca a los viejos westerns encuadrando los grandes planos generales en las praderas texanas, es la riqueza exhibida a través de los diálogos que escupen estos personajes durante las confrontaciones. Algunas veces se expresan con una estupenda chispa de ironía y de humor que logra que sean más profundos de la cuenta.

Para ser una película de policías persiguiendo rateros tiene una tensión inquietante que me ha enganchado desde el principio hasta el final con el relato de los parientes desesperados en momentos dificultosos. Aunque siempre mantiene la adrenalina y la seriedad en la colisión de los vaqueros del Nuevo Oeste, sabemos que la intensidad de su viaje pertenece a los caminos familiares del Salvaje Oeste.


8/10