Crítica: Certain Women

Las vidas de cuatro mujeres se cruzan en la pequeña ciudad de Montana, donde cada una deja imperfectamente un rastro ardiente.

Ficha técnica
Año: 2016
Duración: 1 hr. 47 min.
País: Estados Unidos
Director: Kelly Reichardt
Guion: Kelly Reichardt
Música: Jeff Grace
Fotografía: Christopher Blauvelt
Reparto: Michelle Williams, Kristen Stewart, Laura Dern, Lily Gladstone

Reseña por
Yasser Medina


Para hablar del cine de Kelly Reichardt hay que tener en cuenta que es como la Jim Jarmusch femenina, pues en los últimos años se ha convertido en una de las cineastas más destacadas del circuito independiente norteamericano con películas como Old Joy, Wendy and Lucy, Meek’s Cutoff y Night Moves. En su estilo hay una sobriedad contemplativa marcada por personajes atormentados que desean escapar por la carretera para alejarse de las 
paupérrimas vidas que desordenan sus días. Y lo que vemos en su última película, Certain Women, nunca se despega de su estética personal para funcionar como buen drama.

Lo que hace Reichardt es simplemente interceptar las vidas de cuatro mujeres que se cruzan por los caminos de la frustración y de la soledad que le impiden tener lo que realmente desean. Esta narración de mujeres al borde de la inquietud son mosaicos minimalistas que no relatan mucho en la superficie del argumento para mantener la profundidad de los personajes en el interior de la historia. O sea, que si usted espera sentirse entretenido con esta película es mejor que vaya a comprarse un helado de tutifruti porque me temo que se sentirá decepcionado.

La película inicia en pequeño pueblito en la localidad de Montana, donde podemos ver cómo la abogada Laura Wells (Laura Dern) soporta las quejas de William Fuller (Jared Harris), un cliente desempleado que la tiene hasta la coronilla con la desgraciada vida que le ha propiciado el desempleo. Ella nos cuenta poco sobre su vida, pero con un par de sobreencuadres comprobamos que, efectivamente, es una mujer solitaria que anhela reorganizar su carrera porque los casos como los de Fuller solo le dan dolor de cabeza, además de que tiene un amorío con un hombre casado para calmar sus ansias de libertad.

Ésa es la primera conexión entre los personajes de la película. La segunda nos presenta a Gina (Michelle Williams) y a Ryan Lewis (James Le Gros), una pareja casada que viven con su hija adolescente Guthrie Lewis (Sarah Rodier) disfrutando de lo que el bosque les puede ofrecer. Juntos tienen la difícil tarea de construir su hogar ladrillo por ladrillo, pero a pesar del estrago Gina es una mujer enfrascada en las dudas y en la indecisión que se preocupa por el comportamiento ofensivo que ha adquirido su esposo. Su relación es una metáfora de la dureza de estos tiempos.

El tercer relato involucra a Jamie (Lily Gladstone), una campesina que vive en un rancho aislada de la población durante el invierno, donde pasa el tiempo bregando con el cuidado de los caballos. En una noche por el pueblo, Jamie observa a Beth Travis (Kristen Stewart), una joven abogada que da clases en la escuela de leyes. A pesar de su falta de interés por el derecho, Jamie conoce a Beth. Y nos damos cuenta de que Jamie tiene deseos latentes que la dejan obsesionada una vez que no puede relacionarse con Beth.

Estas mujeres proyectan todas sus desconciertos a través de los diálogos y de las expresiones fabricadas durante algunas de las escenas. Y la crónica de ellas no funciona con los mecanismos narrativos convencionales a los que estamos acostumbrados, sobre todo porque la descripción de sus personalidades es mostrada como símbolos a través de los encuadres. Todas las acciones de estos personajes son implícitas.

Las actuaciones de Dern, Williams (repitiendo con Reichardt), Stewart y Gladstone tienen un registro dramático indiscutible. Sus personajes reflejan la empatía con un caudal de emociones, especialmente la desconocida Lily Gladstone, quien humaniza a su personaje, Jamie, para que sea el corazón de la película. Ella es demasiado buena para ser una actriz nueva.

Los planos finales nos dan una impresión del silencio indomable al que se enfrentan estas mujeres que residen en la montaña del optimismo perdido. En su mundo vemos dolor, impotencia; vemos planicies enteras empañadas del gris melancólico que eclipsa los cielos; vemos trenes, caballos, carreteras, ríos. Vemos la naturaleza íntima que caracteriza la belleza poética de Reichardt para contar las peripecias de personas ordinarias.



7/10