"Blade Runner 2049": El futuro de la humanidad [crítica]

Sinopsis: Treinta años después de los acontecimientos de la primera película, un nuevo Blade Runner, el oficial de DPLA K (Ryan Gosling), descubre un secreto enterrado desde hace mucho tiempo que tiene el potencial de hundir lo que queda de la sociedad.

Ficha técnica
Año: 2017
Duración: 2 hr 43 min
País: Estados Unidos
Director: Denis Villeneuve
Guion: Hampton Fancher, Michael Gree
Música: Hans Zimmer, Benjamin Wallfisch
Fotografía: Roger Deakins
Reparto: Ryan Gosling,  Harrison Ford,  Ana de Armas,  Jared Leto,  Sylvia Hoeks




Reseña por
Yasser Medina

Hace más de 35 años que Blade Runner, la película de Ridley Scott, se estrenaba en las salas de cine. En el momento de su estreno no fue tan popular, pero gracias a la notoriedad adquirida por un estatus de culto, ha soportado el paso del tiempo como pocas películas del género. El ejercicio de estilo, cercano al nuevo cine negro de policías, posee una estética inconfundible y un villano con los diálogos más inolvidables de la historia del cine. Su mundo distópico es la puerta de entrada a un lugar donde los humanos artificiales (replicantes) viven encadenados a una forma sofisticada de esclavitud.

Esta película, Blade Runner 2049, es ciencia-ficción destilada, tan intrigante y profunda como la predecesora. Su grandeza visual me ha drogado las retinas. Y el director canadiense Denis Villeneuve, consigue lo imposible: una secuela prodigiosa que iguala el calibre argumental de la primera sin arruinar los elementos que conforman la originalidad de esta distopía. Y lo logra expandiéndola con la historia detectivesca de un policía que sigue unas pistas conectadas al pasado de Rick Deckard (Harrison Ford).

Han pasado treinta años desde que Rick Deckard escapaba con Rachael (Sean Young) de la corporación Tyrell. Es el año 2049, y las cosas han cambiado. En la sociedad impera el caos y la desigualdad social entre los hombres y los replicantes. La ciudad de los Ángeles es una megalópolis que respira una densa capa de sobrepoblación y de tecnología. Los enormes rascacielos, la oscuridad y los autos voladores adornan el cielo contaminado. Y los replicantes rebeldes viven aislados para olvidar el “apagón” del año 2022.

El protagonista, es un nuevo 'Blade Runner' (cazador de replicantes), el oficial K (Ryan Gosling) del departamento de policía. Investigando el paradero de un replicante, Sapper (Dave Bautista), K descubre un secreto que lo pone a cuestionar su propia existencia y el propósito de su trabajo “retirando” a los replicantes viejos [Nexus 8]. Las pistas apuntan a la ubicación de Rick Deckard, el antiguo 'Blade Runner' que ha desaparecido del mapa desde antes del “apagón”. Pero los misterios que quiere descifrar se verán truncados por Niander Wallace (Jared Leto), el jefe de la corporación Wallace; la industria que ha reemplazado a la corporación Tyrell en la manufactura de la nueva generación de replicantes.

Como intérprete principal, Gosling interpreta un personaje enigmático que representa la ambigüedad de las ideas del filme. K es un replicante frío, parsimonioso, sin rasgos de empatía, que duda de los falsos recuerdos de una infancia ilusoria. Vive solo en un apartamento, acompañado de Joi (Ana de Armas en una gran actuación secundaria), un holograma interactivo que tiene emociones humanas. Y cuestiona una humanidad que ha sido traicionada por su memoria. La inexpresividad del rostro de Gosling logra que K sea el replicante perfecto, un personaje atrapado en un dilema existencial que nos hipnotiza con sus acciones.

En el futuro vaticinado por la película, extraído de la novela corta de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, hay un avance significativo de tecnología, pero manchado por una división social entre los humanos y los replicantes que repercute, negativamente, en los estratos contagiados por la incomunicación y la deshumanización. Lo natural y lo artificioso se repelen. Los replicantes metaforizan el siguiente paso en la cadena de la evolución humana, por eso son más humanos que los humanos. Y la sumisión en la que se hallan inmersos es una metáfora de lo que somos: un estudio complejo de lo que significa ser humano.

El señor Villeneuve (Enemy, Prisoners, Arrival), le concede ritmo a una trama sólida que se prolonga durante más de dos horas y media, haciéndonos seguir el rompecabezas de los personajes hasta las escenas más inesperadas. Mantiene un espectáculo de imágenes y sonidos con la proeza atmosférica de Roger Deakins y una banda sonora de la cual Vangelis estaría orgulloso. En su película hay poesía, tragedia y muchas interrogantes, pero también hay filosofía para reflexionar. Con este nivel de calidad podría esperar otros 35 años para ver una secuela tan magnífica como esta.


8/10