"American Made": El lado más descarado del sueño americano [crítica]


Sinopsis: Basada en la vida real de Barry Seal, un expiloto que se convirtió en un importante narcotraficante en el cartel de Medellín y que acabó siendo reclutado por la CIA y el departamento de inteligencia de la DEA.

Ficha técnica
Año: 2017
Duración: 1 hr 55 min
País: Estados Unidos
Director: Doug Liman
Guion: Gary Spinelli
Música: Christophe Beck
Fotografía: César Charlone
Reparto: Tom Cruise,  Domhnall Gleeson,  Jayma Mays,  Sarah Wright


Reseña por
Yasser Medina

A finales de los años 70, Barry Seal, un antiguo piloto de la aerolínea TWA, se ganaba la vida traficando cocaína en una avioneta desde el Cartel de Medellín hasta los Estados Unidos. Del tráfico de drogas hizo una fortuna cercana a los 60 millones de dólares. Al ser apresado por el tráfico ilícito de drogas, este señor se dio cuenta de que, cooperando como informante de la DEA, podía reducir su sentencia si recopilaba información sobre los carteles de Pablo Escobar.

Por más interesante que suene su biografía, todavía hay especulación de que Seal era un agente encubierto de la CIA que, como volaba por esos países exportando las drogas, se le concedió un permiso burocrático para transportar hacia Centroamérica las armas con las que el servicio de inteligencia financiaba a las Contras con el fin de desestabilizar políticamente al gobierno sandinista de Nicaragua. Y esta película, American Made, nos ha gustado porque, en efecto, es una ficción biográfica que parte de esa teoría conspirativa.

La película la dirige Doug Liman (Go, The Bourne Identity, Fair Game), director del que hemos visto buenas películas y sabemos que tiene pulso para entretener. Su cinta, filmada con un novedoso estilo ochentero, está montada con un ritmo trepidante que pocas veces decae. Y el carisma de Tom Cruise, quien ha trabajado con Liman en Edge of Tomorrow, hace de Barry Seal un personaje cautivador, presentando en su historia el lado más descarado del sueño americano.

La sátira se desarrolla en el momento que Barry Seal (Tom Cruise), un aviador de aviones comerciales, renuncia de la compañía de aviación TWA e, inmediatamente, es contratado por Monty Schafer (Domhnall Gleeson), un intermediario de la CIA que le asigna la tarea de pilotear una aeronave por América Central haciendo misiones de reconocimiento. Seal decide continuar colaborando con la CIA porque se gana fácilmente el dinero que le sirve para mantener a su familia. Pero cuando es secuestrado por el Cartel de Medellín y le piden trasladar la droga producida hacia los Estados Unidos, Seal no titubea para meterse en el negocio prohibido a cambio de mucho dinero. 

La carismática personalidad de Barry Seal es la mirada protagónica de todos los planos. No cuenta con profundidad psicológica, pues más bien es superficial, pero las dicotomías morales se adecúan a su carácter. Es un aventurero con el ego del tamaño de un Boeing 747, confiado en sí mismo; la mezcla perfecta entre impredecible y elocuente. Su retrato, hecho en América, es el epítome del sujeto que solo se motiva a hacer lo ilegal para satisfacer sus emociones. Cruise lo interpreta con un vigor que logra que las acciones del personaje sean muy divertidas. 

Poco importa que las hazañas clandestinas de Seal sean hechos verídicos o leyendas urbanas, principalmente porque Liman prefiere narrarla como una versión satírica de las maquinaciones políticas trazadas por las agencias estatales para justificar que el boom del narcotráfico en los 80 fue un producto de los mismos norteamericanos en la era de Ronald Reagan. Coloca a Seal como el chivo expiatorio de una trama en la que la ambición y los choques de poder colisionan en medio de un aparato de humor negro y la acción. Por no tomarse la cosa en serio, le sale de una manera estupenda. 


7/10