"Star Wars: Episode VIII - The Last Jedi": El despertar de los Jedi [crítica]

Sinopsis: Rey desarrolla sus habilidades recién descubiertas con la guía de Luke Skywalker, quien está inquieto por la fuerza de sus poderes. Mientras tanto, la Resistencia se prepara para luchar contra la Primera orden.

Ficha técnica
Año: 2017
Duración: 2 hr 32 min
País: Estados Unidos
Director: Rian Johnson
Guion: Rian Johnson
Música: John Williams
Fotografía: Steve Yedlin
Reparto: Daisy Ridley,  John Boyega,  Adam Driver,  Óscar Isaac,  Mark Hamill,  Carrie Fisher

Reseña por
Yasser Medina

Las películas de Star Wars siempre se han caracterizado por presentar el eterno conflicto del bien y el mal. En cada cinta, observamos que la disputa de los caballeros Jedi y de los señores Sith se ha prolongado a través de generaciones porque, en efecto, defienden sus respectivas corrientes ideológicas. El octavo episodio de la saga, Star Wars: The Last Jedi, toma como punto de partida ese intercambio de problemas, pero desviándose completamente por unos lugares insospechados que nos parecen convenientes.

La ha dirigido el director Rian Johnson (Brick, Looper), quien la edifica respondiendo a las interrogantes de los personajes de Star Wars: The Force Awakens e inaugurando un período que añade más profundidad a la crónica de la familia Skywalker. Su universo de Star Wars tiene su propio sello estilístico. Y, aunque el metraje es largo, Johnson lo compensa con giros inesperados, un humor que nos ha hecho reír un poco y algunas secuencias que suscitan emociones mientras sigue en su apogeo el pleito entre la Primera Orden y la Resistencia. 

En esta entrega, las acciones de los personajes cobran mayor ímpetu con un aparato de seriedad en el que, evidentemente, los villanos se imponen por encima de los héroes durante dos horas y media (es la película más larga de Star Wars). La Primera Orden, liderada por el Líder Supremo Snoke (voz de Andy Serkis), Kylo Ren (Adam Driver) y el general Hux (Domhnall Gleeson), busca, de una vez por todas, erradicar a la Resistencia comandada por la princesa Leia (Carrie Fisher) y por subordinados como Finn (John Boyega). Desde las primeras escenas, se desata una guerra galáctica en la que por fin vemos la destreza de Poe Dameron (Oscar Isaac), el cual asume un mayor protagonismo pilotando a los famosos starfighters para combatir a los enemigos.

El paralelismo de esta situación sucede al mismo tiempo que el viaje de Rey (Daisy Ridley) hacia el lejano planeta donde se encuentra Luke Skywalker (Mark Hamill), el legendario maestro Jedi con el que decide entrenar para aprender a utilizar la Fuerza y así poder derrotar a Kylo Ren, el muchacho confundido que ha sido seducido por el lado oscuro. En un principio, Luke se niega a preparar a Rey para no repetir el ciclo de violencia entre los Jedi y los Sith; pero al ser testigo de una extraña anomalía que conecta a Rey con Ren, decide entrenarla para que ponga fin al enfrentamiento. 

El vínculo que une a los protagonistas es el enigma principal del rompecabezas de los Jedi. Son personajes que cuentan con motivaciones más profundas. Y Johnson, quien también escribe el guion, deja que las coincidencias y los desenlaces insólitos de los personajes agiten la coherencia de la trama, luciéndose, por supuesto, Mark Hamill como Luke Skywalker, quien además de interpretar a un individuo más oscuro, tiene una de las apariciones más memorables de toda la saga. Ren es un antagonista a la altura de Darth Vader, pues su megalomanía, la crisis de conciencia y su furia insaciable coloca su protagonismo en la misma posición que la de Luke Skywalker y la de Rey.

La ópera espacial del señor Johnson es entretenida, a pesar de que reduce el ritmo de cohesión para favorecer el amplio repertorio de personajes. Los cambios que construye examinan los textos políticos de la franquicia, pero también metáforas sobre la hermandad, el dolor, el sacrificio, la esperanza, la venganza y el poder. Permite que la portentosa obra musical de John Williams se tome la libertad de contarnos la historia por los odios. Y su estética le añade una propuesta diferente a la fórmula de Star Wars, en la que equilibra muy bien la acción pomposa y los momentos conmovedores con la autorreferencia y el humor. Esta nueva trilogía va por un buen camino.


7/10