"Call Me By Your Name": La universalidad del amor [crítica]

Sinopsis: Elio Perlman (Timothée Chalamet), un joven de 17 años, pasa el cálido y soleado verano de 1983 en la casa de campo de sus padres en el norte de Italia. Se pasa el tiempo holgazaneando, escuchando música, leyendo libros y nadando hasta que un día el nuevo ayudante americano de su padre llega a la gran villa.

Ficha técnica
Año: 2017
Duración: 2 hr 12 min
País: Italia
Director: Luca Guadagnino
Guion: James Ivory, Luca Guadagnino
Música: Sufjan Stevens
Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom
Reparto: Timothée Chalamet,  Armie Hammer,  Michael Stuhlbarg



Reseña por
Yasser Medina

En estos días ha sonado mucho el nombre de Luca Guadagnino, el director italiano cuya trayectoria ha sido discreta en los festivales internacionales de cine. El formalismo de sus películas proyecta una sensualidad impetuosa de las relaciones humanas. A veces, presenta a sus personajes como bellas figuras que esperan ser esculpidas por una cámara frenética, encontrando el balance adecuado entre el exceso y la pasión, pero también dispuesto a tomarse riesgos para las sorpresas.

La nueva película de este realizador, Call Me By Your Name, es un drama romántico que, aunque no es tan emocional como parece, no nos ha dejado indiferente, puesto que se enriquece por las gratas interpretaciones de los actores principales. Y Guadagnino la dirige con prudencia, desnudando la sencillez del romance entre un chico y el asistente de su padre en una villa veraniega, algo que estéticamente nos recuerda algunas de las películas de Éric Rohmer.

La historia se ambienta en un soleado verano de 1983, en la que el chaval de 17 años, Elio Perlman (Timothée Chalamet), disfruta de la belleza rural en el norte de Italia. Vive con sus padres, el señor Perlman (Michael Stuhlbarg) y Annella Perlman (Amira Casar), quienes lo tratan con ligereza y comprensión en su casa familiar de la riviera italiana. Pasa el tiempo visitando el pueblo, escuchando música clásica, leyendo para cultivar su acervo y nadando en los ríos cercanos. Su vida toma un giro inesperado cuando arriba Oliver (Armie Hammer), un hombre buenmozo, inteligente y viril que ha venido a visitar a su papá. Cuando empiezan a salir juntos, florece una atracción mutua que cobra intensidad durante toda su estadía.

La película muestra el punto de vista de Elio como el atisbo principal de todas las escenas. En un principio, Elio observa a Oliver con distancia, pero un moderado intercambio de miradas sostiene una ecuanimidad que nos hace saber lo que piensa cuando mira a Oliver, diciéndonos que el cariño está despertando entre estos dos jóvenes de origen judío. El relato de afecto se va solidificando por medio de ojeadas, de planos subjetivos, de música diegética, de colores, del lenguaje corporal. Somos partícipes de la intimidad de Elio y de Oliver.

La idea detrás del retrato de Elio y de Oliver es una metáfora de la universalidad del amor. Se podría confundir como una crónica de la homosexualidad latente, pero es más bien una película de mayoría de edad sobre el enamoramiento de un muchacho, cuya identidad sexual todavía no ha madurado. En el viaje idílico de la pareja hay deseo, miedo, felicidad, erotismo, aceptación, dolor. Y las actuaciones de Chalamet y de Hammer logran una química placentera para construirlos, especialmente la de Chalamet, que ha sido una revelación actoral interpretando al adolescente seguro de sí mismo que se halla perdido en el mar de los sensaciones reprimidas. El joven actor tiene una presencia fulgurante, una actuación que imprime el carisma necesario para que Hollywood le abra las puertas.

La cinta es una colaboración entre James Ivory y Luca Guadagnino. Estaba en desarrollo desde que los productores adquirieron los derechos del libro en el 2007. Ivory, quien ha escrito el guion adaptado de la novela de André Aciman, tenía pensando dirigirla, aunque terminó siendo el guionista y productor. Es notable que posee el ejercicio de estilo de Guadagnino, pero la naturalidad con la que dialogan y se relacionan los protagonistas evoca los romances de las entrañables películas de Ivory. 

Esta película culmina la trilogía del deseo de Guadagnino que había iniciado con I Am Love y A Bigger Splash. Se aleja del frenesí por el que es conocido para dirigirla con una delicadeza que nunca cae en la sensiblería barata, evitando el melodrama para favorecer una estampa genuina y un poco afectiva de lo que significa el primer amorío en una adolescencia confusa. Su filme encuadra la honestidad de los sentimientos humanos con una lucidez que trasciende por encima de cualquier esfera sexual. Es buena película.


7/10