"Tully": Las dificultades de la maternidad [crítica]

Sinopsis: La historia de una mujer con tres hijos que, incapaz de lidiar con su bebé recién nacido, contrata a Tully, una niñera con la que rápidamente desarrollará una conexión especial.

Ficha técnica
Año: 2018
Duración: 1 hr 35 min
País: Estados Unidos
Director: Jason Reitman
Guion: Diablo Cody
Música: Rob Simonsen
Fotografía: Eric Steelberg
Reparto: Charlize Theron, Mackenzie Davis, Mark Duplass

Reseña por
Yasser Medina

Las colaboraciones entre el director Jason Reitman y la guionista Diablo Cody siempre dejan de qué hablar cuando se unen para desarrollar personajes frustrados o hasta inconformes con la cotidianidad, usualmente en unos dramas muy serios que se adornan con humor para aligerar el peso de los problemas exhibidos. Han trabajado en Juno y en Young Adult, películas en las que presentan a mujeres jóvenes y adultas enfrascadas en crisis personales: embarazo en la adolescencia, relaciones inestables, soledad, gente ordinaria que está descontenta por el rumbo que toma su vida. Para Reitman, la mujer, el núcleo familiar y las responsabilidades paternales desempeñan un papel importante en su estilo de hacer cine.

La más reciente película de Reitman (nuevamente trabajando con Cody como guionista), Tully, es una comedia dramática bien contada, en la que pone a sufrir a una madre de familia que se ha cansado de la maternidad y de una relación conyugal que parece estar apagándose. Ofrece un retrato honesto de lo que son las dificultades maternales en la sociedad norteamericana (y en cualquier parte del mundo). No la veo como comedia porque no me provoca gracia, pero me cautiva la seriedad con la que se aleja de sentimentalismos para darle sutileza a la historia de Marlo (Charlize Theron), la madre desanimada que pasa por una situación difícil. 

Marlo es la esposa de Drew (Ron Livingston), un hombre trabajador que la quiere, y, también, la mamá de dos niños pequeños. La crianza de sus dos hijos, una con contrariedades de timidez y otro con rasgos autistas, así como también la falta de comunicación de su esposo, desequilibra la rutina que lleva estando embarazada, ya que espera el tercer bebé. Siente que nada es lo que era antes, su familia le ha arrebatado la libertad de la que disfrutaba cuando era joven, tiene ganas de explotar. Como la frustración le impide criar adecuadamente a los niños, su adinerado hermano, Craig (Mark Duplass), le sugiere contratar a una niñera nocturna para apaciguar las labores del hogar. Esa niñera es Tully (Mackenzie Davis), una muchacha liberal que intenta dar un giro a la vida de la familia.

La llegada de Tully, cuyas acciones se asemejan a la de una Mary Poppins cualquiera, es un subterfugio de catarsis, una terapia para corregir el agotamiento y la depresión de Marlo. Tully es la antítesis de lo que Marlo desea: esa autonomía que se ha ido por las obligaciones familiares. Y través de conversaciones se conocen tanto que, Marlo se pone a reflexionar sobre las cosas que dice, a pesar de que Tully ni siquiera es madre, pero tiene la sabiduría y la madurez de una, algo que momentáneamente se halla ausente en la cuarentona Marlo.

El fuerte vínculo de amistad que se desarrolla entre Tully y Marlo se siente auténtico por las agradables actuaciones de Theron y de Davis. Theron, como la señora abrumada y deprimida por los deberes maternales, exhibe el amplio rango interpretativo que posee, valiéndose, mayormente, de su apariencia física y de su expresividad corporal para transmitir la angustia del personaje. Davis proyecta una seguridad descomunal interpretando a Tully, la típica chica millennial que cree saber todo lo relacionado con el matrimonio y con lo maternofilial, aunque solo lo hace para estar preparada cuando le llegue el momento de ser madre. El registro dramático de estas actrices es muy acogedor.

Reitman propone una “dramedia” un poco simple, pero que nunca deja de ser interesante. Comunica que no hay ninguna solución aparente en el oficio de ser madre ni en los compromisos parentales porque es algo obligatorio que se repite en casi todas las familias de ese contexto social. También habla de una emancipación de la mujer que se encuentra latente por la sociedad agitada en la que vive y que entorpece el cuidado de los hijos. El tono de su película es discreto, íntimo y entretenido. Ser madre no es tan fácil como lo pintan. 


7/10