Saratoga

Saratoga, de Jack Conway, es una comedia romántica bien divertida que, atrevidamente, consigue hacerme reír con la química maravillosa que hay entre Clark Gable y Jean Harlow. De alguna manera, también me asalta una ligera melancolía al saber que presenta la última actuación en la carrera de Harlow, pues cuando la película estaba casi terminada colapsó en el plató y falleció trágicamente una semana después a los 26 años a causa de la uremia. A pesar del percance, la narrativa mantiene la coherencia y, gracias al montaje, la ausencia de Harlow en el tramo final es casi imperceptible. Escrita con un guion de Anita Loos, cuenta la historia de Duke Bradley, un apostador compulsivo que se la pasa apostando en las carreras de caballo y que está endeudado hasta el tope. Pero su relato da un giro cuando secretamente se ve atraído por Carol Clayton, la hija de un gran amigo suyo que llega desde Inglaterra junto con su prometido rico, Hartley Madison. Casi todas las escenas de esa trama se concentran exclusivamente en el triángulo amoroso de ellos y en la manera en que el protagonista utiliza su astucia, no solo para seducir a la rubia de platino, sino también para engañar al ingenuo cónyuge de la muchacha, obligándolo a que apueste grandes sumas de dinero en la pista de los corceles. Aunque el ritmo con el que se desarrolla es un poco paulatino estableciendo la cohesión interna, me entretengo espléndidamente por la ironía de los diálogos y las acciones divertidas de algunos personajes. El reparto completo es estupendo. Pero particularmente me encanta la interpretación de Gable como el galán intrépido que apuesta para ganar la mujer que ama, Lionel Barrymore como el abuelo gruñón obsesionado con los caballos, Hattie McDaniel como la jocosa sirvienta y Harlow como la rubia indecisa. Conway los captura con el estatismo del plano general, a veces con diminutos reencuadres y el uso discreto del plano medio corto, para transmitir dudas y segundas intenciones, además de ejecutar sólidas secuencias en la competición de caballos y un acto musical muy pegajoso. Puede que algunas cosas no encajen adecuadamente en el clímax apresurado, pero eso me importa muy poco cuando me cautiva lo que veo. Es una entretenida película de la Metro Goldwyn Mayer.


Ficha técnica 
Título original: Saratoga
Año: 1937
Duración:  1 hr 32 min
País: Estados Unidos
Director: Jack Conway
Guion: Anita Loos, Robert E. Hopkins
Música: Edward Ward
Fotografía: Ray June
Reparto: Clark Gable, Jean Harlow, Lionel Barrymore, Frank Morgan, Hattie McDaniel, Una Merkel
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'Saratoga', dirigida por Jack Conway y protagonizada por Clark Gable y Jean Harlow.
Fuerza bruta

Tenía un tiempo sin ver una película de cine negro carcelario tan emocionante como 'Fuerza bruta', del director norteamericano Jules Dassin. Si no me equivoco, es la primera incursión de Dassin en los terrenos del film noir. La intriga que evoca me entretiene durante una hora y media por la manera en que Dassin combina astutamente el cine negro con otros géneros para crear un explosivo, oscuro y violento melodrama carcelario sobre unos prisioneros que están al límite y que buscan la redención a toda costa para reconciliarse con las tragedias del pasado. Escrita por un guion de Richard Brooks, cuenta la historia de Joe Collins, un prisionero que sale del calabozo de aislamiento en la penitenciaría Westgate con el único propósito de planificar un escape de la prisión juntos con sus compañeros de celda. Sospecho de inmediato que el plan se complica, cuando Collins y su pandilla deben lidiar con el capitán Munsey, el tiránico y nefasto regente de la cárcel que disfruta torturar a los presos. Uno de los aspectos que destaco es que Dassin le añade cierta textura a las motivaciones de los personajes con unas escenas retrospectivas que, narradas con una voz en off y con un estilo visual que abarca géneros diversos (drama doméstico, romance melodramático, cine bélico, cine gansteril, etc), describe sus dilemas existenciales. Son unos individuos desdichados que han sido apresados por enamorarse de mujeres fatales. Su estética emplea también el primer plano, el picado-contrapicado y la iluminación expresionista que en algunas escenas vitales reflejan el furor, las sospechas y la desilusión de esos infelices que desean escapar. Construye atmósferas claustrofóbicas y muy sórdidas en los interiores de la prisión. Y consigue estupendas actuaciones del reparto, destacándose Burt Lancaster como el temerario y calculador prisionero que se enfrenta a la fuga de la incertidumbre, Charles Bickford como el experimentado colega y Hume Cronyn como el despiadado jefe que somete a los presos a golpizas extremas mientras escucha la música de Wagner. Quizá la intromisión del código le resta un poco de coherencia en el último acto, pero ni eso impide que el clímax fatalista sea sorpresivo. El plano final, que encuadra a un hombre tras los barrotes, erige una poderosa metáfora de una cárcel aún mayor de la que nadie puede escapar. Es una sólida película de cine negro.



Ficha técnica 
Título original: Brute Force
Año: 1947
Duración:  1 hr 38 min
País: Estados Unidos
Director: Jules Dassin
Guion: Richard Brooks
Música: Miklós Rózsa
Fotografía: William H. Daniels 
Reparto: Burt Lancaster, Hume Cronyn, Charles Bickford, Sam Levene, Howard Duff, Yvonne De Carlo, Art Smith, Jeff Corey, Ella Raines,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'Fuerza bruta', dirigida por Jules Dassin y protagonizada por Burt Lancaster, Hume Cronyn y Charles Bickford

La segunda película dirigida por Aaron Sorkin, estrenada en Netflix, es un drama legal que revisa la historia de los ocho de Chicago para elaborar una crítica social demoledora.


El juicio de los 7 de Chicago


El caso de los ocho de Chicago es uno que siempre me ha llamado la atención por la manera tan injusta en que las autoridades gubernamentales de los Estados Unidos trataron de censurar políticamente a unos activistas sociales de diversas procedencias ideológicas que protestaban en contra de la guerra de Vietnam en la ciudad de Illinois, Chicago. Pasó en el convulso año de 1968. Varias personas de la contracultura se reunieron pacíficamente durante la Convención Nacional Demócrata oponiéndose a la beligerancia innecesaria, llevando los símbolos representativos del movimiento con camisetas, carteles, panfletos y en conciertos musicales para exigir sus derechos civiles. Pero desafortunadamente la causa terminó en un enfrentamiento entre los manifestantes indefensos y unos policías que empleaban la fuerza bruta para ejercer la ley de la porra y el gas lacrimógeno. Tras el contratiempo, un gran jurado acusó a ocho cabecillas del grupo por cargos de conspiración e incitación de disturbios. El asunto causó tanta indignación que se han escrito multitudes de libros, se han filmado documentales y hasta unas cuantas películas de ficción.

Aaron Sorkin es el encargado de dirigir una nueva película sobre el incidente, la cual se ha estrenado recientemente en la plataforma de streaming de Netflix bajo el título de El juicio de los 7 de Chicago y que he podido ver gracias a la generosidad de la Internet. Se supone que se iba a distribuir por Paramount Pictures en las salas de cine, pero debido a la grave crisis desatada por la pandemia los derechos de distribución fueron vendidos a Netflix. A decir verdad, si la hubiese visto en el cine mi valoración sería la misma. Me parece una película cautivadora, un drama judicial de relevancia histórica que dramatiza, desde distintos puntos de vista, la manera tan fascinante en que unos activistas luchan a puertas cerradas contra las injusticias sociales, las contrariedades del sistema judicial y los abusos del poder político, incluyendo el racismo sistemático y la brutalidad policial que maltrata los derechos civiles en tiempos en que todo el mundo observa una revolución social. Hay escenas bien sólidas, un montaje eficaz, diálogos sutiles y personajes interesantes. Y no hay ni un solo momento en que no me vea conmovido ni indignado por las acciones de esos héroes que se enfrenta a una especie de caza de brujas del gobierno.

Sacha Baron Cohen y Jeremy Strong. Imagen de Netflix.


Como preámbulo, la película comienza presentando un collage de sucesos históricos que marcaron a la sociedad estadounidense en la segunda mitad del siglo XX, como el anuncio del presidente Lyndon B. Johnson sobre el aumento de tropas en la guerra de Vietnam, la alocución de Martin Luther King antes de su muerte y hasta el último discurso y posterior asesinato de Robert Kennedy. Eso se vincula inmediatamente a unos individuos que se oponen a la prolongación de las hostilidades. Los primeros son Reenie Davis (Alex Sharp) y Tom Hayden (Eddie Redmayne), los líderes de los Estudiantes por una Sociedad Democrática que viajan a Chicago a protestar para reflejar su enojo sobre el conflicto. Separadamente se suman también el carismático Abbie Hoffman (Sacha Baron Cohen) y el reservado Jerry Rubin (Jeremy Strong), los líderes del Partido Internacional de la Juventud, cuyos partidarios eran conocidos como "yippies"; John Froines (Daniel Flaherty) y Lee Weiner (Noah Robbins), dos agitadores sociales; David Dellinger (John Carroll Lynch), el líder pacifista del Comité Nacional de Movilización para Poner Fin a la Guerra de Vietnam. Asimismo se une Bobby Seale (Yahya Abdul-Mateen II), el presidente nacional del Partido Pantera Negra.

Todos esos personajes, a pesar de vivir en diferentes Estados, van a Chicago con el propósito de cubrir un dietario social y político. Sus acciones provocan un altercado con los policías locales. Pero cinco meses después de la fatídica convención, los ocho insurrectos son acusados por el gobierno federal de atentar contra la seguridad nacional. La administración de Nixon contrata a dos fiscales generales, Richard Schultz (Joseph Gordon-Levitt) y Richa Tom Foran (J. C. MacKenzie), para que se encarguen de demoler moralmente a los imputados en el juicio. Los abogados defensores son Leonard Weinglass (Ben Shenkman) y el honesto William Kunstler (Mark Rylance), quien es un abogado radical que reyerta por los derechos cívicos y por lo que es correcto. El reputado juez Julius Hoffman (Frank Langella) da por iniciada la sesión.


Jeremy Strong y Gabrielle Perrea. Foto de Netflix.


Como en muchas de las otras películas escritas por Sorkin como ‘Cuestión de Honor’, se evidencia los mecanismos genéricos del drama legal, pero se distancia en el sentido de que, con algunas excepciones notables en exteriores paralelos como la oficina de Kunstler, casi todas las escenas transcurren en los interiores de la corte y se enriquecen a lo largo de metraje de dos horas con extensas conversaciones entre los ocho denunciados, los fiscales, los abogados de la defensa y el incompetente juez que muestra rasgos severos de intolerancia y de prejuicios raciales. Son diálogos sorkinianos propensos a la ironía y a un humor provocador que, en ocasiones, me produce mucha risa cuando, a modo de raccords, se establece una continuidad en la que el diálogo de un personaje en particular es concluido por otro, como si todo lo que ellos piensan de alguna manera está ideológicamente encadenado.

En un principio algunos de los acusados se muestran despreocupados, pero la capa de pasividad de casi todos se va agotando a medida que las discusiones se vuelven acaloradas y constantemente comenten desacatos que resquebrajan el orden del juicio, rebelándose contra la autoridad conservadora de una forma sutil, como los cuestionamientos sobre la ética procesal expresados por Tom Hayden, los chistes irreverentes de Abbie Hoffman, la integridad de Kunstler para desenmascarar el carácter politizado del proceso y, especialmente, Bobby Seale, quien al no contar con asistencia legal por ser afroamericano (espera un abogado que nunca llega) mantiene su dignidad y exige sus derechos constitucionales como ciudadano tenazmente frente al testarudo juez Hoffman, contestándole sin temor con fuertes ataques verbales y exponiendo la naturaleza arbitraria en el juzgado. 


Sacha Baron Cohen, Danny Flaherty, Jeremy Strong, Eddie Redmayne y Mark Rylance

Estructuralmente, el ejercicio de estilo de Sorkin también despliega herramientas estéticas que le añaden profundidad a la dramatización de la revuelta de Chicago. Emplea la elipsis para señalar la amplitud del juicio con el paso de los días y el plano de inserto con el material encontrado de los actos verídicos que le imprime un tono documental al relato. El montaje edifica paralelismos que en ningún segundo permiten que la narrativa pierda el engranaje del ritmo ni de las situaciones espacio-temporales que detallan varios eventos simultáneos. Prevalece, asimismo, un riguroso uso de la analepsis y de la prolepsis para construir secuencias estupendas que retratan los corolarios del suceso desde distintas perspectivas. Una música in crescendo amplifica la tensión de la secuencia de la protesta. 


Esto es notable, primero, cuando los testigos de la policía suben al estrado para rememorar su versión de los hechos en el instante en que interactuaron con los procesados, catalogando los actos de ellos como un sinónimo de rebeldía cuando marchan exigiendo la excarcelación de Tom Hayden, quien es apresado por desinflar el neumático de la patrulla de un oficial. Y segundo, cuando Hoffman hace de comediante stand-up vestido con la camisa de una bandera norteamericana y narra los acontecimientos de una tarde violenta en la que los efectivos de la policía con cascos azules de Chicago arremeten contra los manifestantes a macanazos limpios y gases lacrimógenos, hiriendo a una docena de ellos para mantener el orden público.


Kelvin Harrison Jr., Yahya Abdul-Mateen II y Mark Rylance. Fotograma de Netflix.

A pesar de una ligera exposición, los personajes de Sorkin son densos y se presentan con una espontaneidad que me resulta contagiosa. Hay una buena química del reparto. Pero admito que algunos de los actores tienen mayor repercusión expresiva que otros. Particularmente me parecen muy creíbles las actuaciones de Eddie Redmayne como el intelectual que utiliza el activismo social como arma de liberación, Sacha Baron Cohen como el bromista yippie contracultural que se burla de los medios de una estructura política, Jeremy Strong como el parsimonioso compañero, Yahya Abdul-Mateen II como el furioso líder de las Panteras Negras que demanda una pizca de igualdad para que sus derechos sean reconocidos y Frank Langella como el insufrible juez conservador que atropella la moral de los inculpados con todos los poderes que le facilita el régimen legislativo. Son interpretaciones atrayentes. Cada vez que uno de ellos expresa su furor o entabla una acción específica, consigo reírme y reflexionar con lo que veo.


Sacha Baron Cohen como Abbie Hoffman


Con la narrativa de esos personajes, Sorkin revisa cuidadosamente los episodios que condujeron a los disturbios de Chicago de 1968 con la finalidad, supongo, de que funcione como testimonio sobre el racismo, las trampas de la justicia, la violencia policial y los vicios del poder político de burócratas perversos que conspiran contra los ciudadanos censurando la libertad civil, en una sociedad norteamericana que, aparentemente, está condenada a repetir en el presente los mismos errores del pasado. Lo que observo ahí, es solamente un espejo de lo que pasa hoy en día. La parábola es visible, no solo en la climática secuencia de los altercados en las afueras del hotel Hilton provocada por Tom Hayden, sino por la poderosa escena en la que Bobby Seale se revela ante la ilegalidad del juez y este último ordena que lo golpeen, lo esposen en una silla y lo amordacen durante resto del juicio, con una venda blanca sobre su boca que simboliza palpablemente la barbarie ejercida por el hombre blanco sobre el afroamericano injustamente discriminado, cuyos derechos son negados por cuestiones raciales y políticas.

 

Si bien la película de Sorkin evita a toda costa caer en terrenos maniqueos planteando su tesis, a veces abarca más de lo necesario, pero a pesar de todo siempre me parece convincente y muy entretenida al mostrar los dilemas de ocho hombres en pugna que se esfuerzan trabajosamente por que sus ideas progresistas le hagan frente a un establishment que los oprime para seguir una agenda política. Su crítica sociopolítica es tan relevante que encaja fácilmente en la sociedad contemporánea. Pocas cosas se salen de lugar. Creo que es la versión más acogedora sobre el hecho histórico. Tenía mucho tiempo sin ver un drama judicial de semejante factura.



Ficha técnica
Título original: The Trial of the Chicago 7
Año: 2020
Duración: 2 hr 10 min
País: Estados Unidos
Director: Aaron Sorkin
Guion: Aaron Sorkin
Música: Daniel Pemberton
Fotografía: Phedon Papamichael
Reparto: Eddie Redmayne, Sacha Baron Cohen, Mark Rylance, Frank Langella, Joseph Gordon-Levitt, Jeremy Strong, John Carroll Lynch, Alex Sharp, Yahya Abdul-Mateen II, Michael Keaton,
Calificación: 7/10

Tráiler de la película



Waiting for the Barbarians

Desconozco a fondo lo que estaba pensando el director colombiano Ciro Guerra para realizar una película fuera de su país natal como Waiting for the Barbarians, pero imagino que era muy tentadora la oferta del encargo, además de tener el privilegio de dirigir estrellas como Johnny Depp, Mark Rylance y Robert Pattinson. Quiero pensar que mi especulación está en lo cierto, porque a decir verdad la veo como una propuesta tan innecesaria como desastrosa. Siendo su primera película anglosajona, me produce una incuria que me lleva hasta los límites de la apatía cuando Guerra repite inutilmente los temas habituales de su catálogo como la opresión, la injusticia y los efectos barbáricos del colonialismo. Ni siquiera la pluma de J. M. Coetzee, quien escribe el guion de su aclamada novela 'Esperando a los bárbaros', puede rescatar una narrativa que se hunde como un camello en arenas movedizas. Cuenta la historia de El Magistrado, un soldado que administra un puesto de avanzada en las fronteras de un Imperio sin nombre, cuya regencia transcurre con cierta tranquilidad hasta el día de verano en que llega el coronel Joll, el siniestro militar de las gafas de sol que intenta poner el orden en la fortaleza a base de la fuerza totalitaria y de una brutalidad que se oculta fuera de campo, torturando a los prisioneros de guerra nómadas para obtener información sobre el enemigo y acusando al encargado de negligencia. Al principio me causa una buena impresión el choque entre el coronel que busca aplastar a los nativos y el intendente con alma de libertador que cae en desgracia, pero luego percibo una redundancia que hace que me aburra. Sus acciones solo se construyen para trazar una parábola trillada sobre las consecuencias deshumanizantes del imperialismo y el poder que aplasta la moral de los pueblos aborígenes, simbolizado con los perversos soldados imperiales que, según Guerra, son los verdaderos bárbaros. Los momentos revelatorios escasean como agua en el desierto. Y me parece un poco plana la actuación de Rylance como el hombre justo condenado por alta traición; prefiero la secundaria de Depp como el coronel del mal. Al final, nada me resulta ni remotamente conmovedor. Es una película que, a mi parecer, da demasiadas vueltas alrededor de un conjunto de necedades maniqueístas.


Calificación: 4/10

Crítica breve de la película 'Waiting for the Barbarians', dirigida por Ciro Guerra y protagonizada por Mark Rylance, Johnny Depp y Robert Pattinson.

Las trillizas de Belleville

Como soy un entusiasta del cine de animación en todas sus vertientes, me causa una estupenda impresión lo que observo en 'Las trillizas de Belleville', la película animada francesa con la que debuta el director Sylvain Chomet. Me arrepiento de no haberla visto antes. Relata la historia de Madame Souza, una señora que vive en un pequeño barrio francés junto a su nieto adoptivo Champion y su perro Bruno, con los que solitariamente mira dibujos animados de los años 30 sobre unas famosas trillizas de music-hall. Un día, la existencia de doña Souza se complica cuando su nieto, Champion, participa en una carrera de ciclistas en el Tour de Francia y es secuestrado por dos hombres misteriosos vestidos de negro, por lo que sale a buscarlo junto a su obeso perro bruno. Durante la aventura, me veo cautivado por las acciones de la bondadosa anciana cuando se topa con gente apática, obsesa, mezquina y de algún modo, olvidada, en una ciudad de Belleville que claramente caricaturiza la decadencia de Nueva York. La trama es decididamente simple, pero es muy interesante por los mecanismos estéticos que despliega Chomet. Como si se tratara de un film mudo, contiene pocos diálogos, recurre a los ruidos para darle profundidad a las emociones, emplea la música diegética para señalar pensamientos, utiliza la pantomima para que los personajes pronuncien sus intenciones, dibuja el agitado entorno urbano de la metrópoli como un lugar sórdido y decadente, y los personajes en ocasiones simbolizan a distintos animales y estereotipos norteamericanos con el fin, supongo, de enunciar diversos subtextos sobre las consecuencias del consumismo, la falsa felicidad, la avaricia desmedida, la diferencia de clases sociales, las trampas de la fama, el paso del tiempo y los efectos de la vejez. El ritmo me resulta placentero cuando preserva las sorpresas. El estilo visual es absurdo, con minúsculos momentos surrealistas. Y me agrada bastante el tierno diseño de la abuela, del perro Bruno y de las trillizas que parecen unas brujas. También hay múltiples alusiones a películas de Tati, a Lino Ventura, a Buster Keaton y figuras musicales como Josephine Baker y Django Reinhardt. Es una película de animación entretenida, ingeniosa, oscura, poblada de personajes peculiares y de un comentario social muy sutil sobre el sacrificio materno y los excesos del capitalismo.


Ficha técnica 
Título original: Les triplettes de Belleville
Año: 2003
Duración:  1 hr 20 min
País: Francia
Director: Sylvain Chomet
Guion: Sylvain Chomet
Música: Benoît Charest
Fotografía: Animación 
Reparto (voces): Michèle Caucheteux, Jean-Claude Donda, Michel Robin
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'Las trillizas de Belleville', dirigida por Sylvain Chomet y protagonizada por  Michèle Caucheteux, Jean-Claude Donda, Michel Robin.

La adaptación en Netflix de la novela de Nancy Springer sobre la hermana menor de Sherlock Holmes, se beneficia por momentos de la presencia de Millie Bobby Brown, pero desafortunadamente nunca llega a ser entretenida.


Enola Holmes


No conozco casi para nada la obra de la escritora Nancy Springer, pero lo poco que sé, se debe a unos cuantos datos triviales del Internet que me dan una idea de su oferta literaria. Alcanzó un éxito considerable en el 2006 tras publicar Las aventuras de Enola Holmes, una serie de novelas policíacas para jóvenes adultos que retrata las andanzas de la hermana pequeña del detective Sherlock Holmes, el mítico detective victoriano creado por la ficción de Sir Arthur Conan Doyle. Se llama Enola Holmes y es una adolescente que tiene una inteligencia tan aguda como su hermano mayor. Aunque el personaje es una creación de Springer, hay muchas referencias sobre el detective de las novelas clásicas de Doyle, el cual aparentemente adquiere un rol secundario para que el cuento de la muchacha que quiere ser detective se actualice con mayor rapidez a estos tiempos de corrección política. Y supongo que es la raíz de su popularidad. El primer libro de su serie de seis novelas,"El caso del marqués desaparecido", se ha adaptado recientemente al cine en una película estrenada en la plataforma de Netflix, la cual afortunadamente he tenido la oportunidad de ver.

Enola Holmes, como se titula, es una película de misterio que veo con entusiasmo durante media hora cuando se introduce la detective idealista que interpreta Millie Bobby Brown. La dirige un tal Harry Bradbeer, director que desconozco pero que asumo que goza de una reputación destacable por su trayectoria de TV. Originalmente estaba pautada para estrenarse en las salas de cine, pero Warner Bros. Pictures vendió los derechos de distribución a Netflix por causa de la pandemia que tiene a medio mundo confinado. Y a decir verdad, no creo que eso hubiese cambiado el resultado de mi valoración. Pasada la media hora comienzo a mirar mi reloj obsesivamente y deduzco de manera elemental que se trata de otro disparate más del catálogo de Netflix, una fábula de mayoría de edad aburrida y sin gracia sobre una Sherlock Holmes femenina que intenta por todos los medios disponibles liberarse de las trampas tradicionales de la feminidad para intensificar su comunicado baladí sobre el feminismo que está de moda. Ni siquiera abandona la pretenciosidad para enunciar semejante discurso, con algunos personajes secundarios tan sosos como olvidables.


Millie Bobby Brown y Helena Bonham Carter. Imagen de Netflix.


El preámbulo se ambienta en la era victoriana y relata la existencia de Enola Holmes (Millie Bobby Brown), una adolescente inquieta y perspicaz que rompe la cuarta pared para relatar la historia de su familia y el vínculo afectivo que ha desarrollado con su madre Eudoria (Helena Bonham-Carter), quien le ha enseñado artes marciales para que pueda defenderse y además es la maestra que la educa para que pueda ser una mujer fuerte e independiente que no dependa de la ayuda de los hombres. Su madre le ha inculcado todos los valores que necesita para oponerse al rol tradicionalista que se puede esperar de una mujer de la sociedad victoriana. Su padre falleció hace muchos años, dejándola al cuidado de su madre. Tiene dos hermanos mayores, el impulsivo Mycroft (Sam Claflin) y el agudo Sherlock (Henry Cavill), quien se ha convertido en toda una leyenda como detective al resolver los casos más complejos de Inglaterra. Al igual que Sherlock, su capacidad deductiva es bastante elevada, de modo que siempre se la pasa resolviendo acertijos y descifrando códigos. 

Sin embargo, su felicidad se acaba un día, al cumplir los dulces 16, cuando se entera de la desaparición de su madre y ella, invadida por un sentido del deber que rechaza la opresora custodia de su hermano Mycroft, se propone buscarla por todo Londres utilizando su destreza investigativa. Ese detonante funciona, digamos, para que la heroína ponga en práctica las enseñanzas de su madre y conozca el verdadero significado de la independencia femenina cuando se adapta a la agitada vida de una sociedad conservadora. La ironía es que su madre la guía secretamente tras bastidores al dejarle las pistas en el periódico que conducen a dinero escondido que le sirve para escapar disfrazada y sustentar su aventura. Y su rebeldía colisiona con las decisiones de Myrcroft, quien desea internarla en una escuela tradicional para niñas para que adquiera ciertos modales y se comporte como una dama respetable del siglo XIX.


Sam Claflin y Henry Cavill. Foto de Netflix.


A partir de ese momento, la narrativa de la película me parece convencional y previsible cuando la protagonista sale en búsqueda de la madre perdida y casi todos los golpes de efecto suceden sin muchas sorpresas con los barullos que se le presentan en el camino. Se complica con la innecesaria subtrama de Tewkesbury, un marqués de la aristocracia londinense al que Enola rescata de las garras de un siniestro individuo en los interiores de un tren y que, como ella, se ha escapado de la casa de su familia. El caso del marqués desvanecido la da un giro al asunto cuando ella, además de investigar los mensajes crípticos de Eudoria, también se motiva para ayudar al fugitivo aristócrata porque se siente atraída hacia él. Y pasan muchas cosas. Pero me importa poco que la protagonista descubra que la madre es parte de un grupo radical de sufragistas, que el débil Tewkesbury es perseguido por su familia por razones políticas, que Mycroft contrate al inspector Lestrade (Adeel Akhtar) para rastrear a Enola, que Sherlock la ayude con la investigación, que se disfrace constantemente para ingresar a los sitios, que sea encarcelada en un instituto para señoritas, que Tewkesbury la rescate para saldar la deuda, que se enfrente a los malvados familiares que intentan asesinar a Tewkesbury, que se reencuentre con su madre para conocer la verdad. Todo luce artificial y, en el peor de los casos, descaradamente rutinario.


Burn Gorman and Millie Bobby Brown

 
Si bien Bradbeer ejecuta la película con algunos mecanismos que la añaden una fidelidad notable, como el color azul que marca la seguridad y el anhelo de la protagonista, el vestuario y los escenarios detallados que recrean el período; en algunas ocasiones atraviesa terrenos irregulares que me hacen pensar que su película es un pastiche de las versiones de Sherlock Holmes de Ritchie, sobre todo cuando su estilo visual abusa de las escenas retrospectivas para acentuar las deducciones de Enola, y también cuando insiste nimiamente en el recurso de la cuarta pared para ponderar lo que ella piensa de su entorno, además de emplear una mezcla de géneros como la acción, el misterio y la aventura con unas cuantas secuencias muy débiles que olvido una vez que ruedan los créditos. La falta de ritmo le pasa factura a lo que narra en pantalla. Las dos horas que se toma para contar el lío de la joven detective es completamente innecesario. El tono que utiliza es demasiado ligero para mi gusto.


Henry Cavill, Millie Bobby Brown y Sam Claflin. Imagen de Netflix.


La idea esa de introducir una hermana de Sherlock Holmes es interesante, pero la pretensión en que la película la presenta me lleva a deducir que al director no le interesa otra cosa que no sea utilizar la historia de origen del personaje para integrar por la fuerza y de manera apresurada conceptos sobre la liberación de la mujer de las etiquetas conservadoras de la sociedad, en un intento de actualizar lo que en ese entonces era anticuado, con un carácter de urgencia que oscurece el desarrollo los personajes secundarios (aunque se trate del punto de vista de una joven). Es una pena que se desperdicien los roles de Cavill, Claflin y Bonham-Carter. Y Millie Bobby Brown asume el protagonismo de una forma carismática y espontánea, pero a veces llega a ser tan sofisticada y competente que pienso que se trata de una versión patética de Mary Sue cuando resuelve las situaciones más complicadas sin mucho esfuerzo, además de que casi no tiene defectos. Creo que hubiera encajado mejor de secundaria en una hipotética tercera entrega de Sherlock Holmes con Robert Downey Jr. Como andan las cosas, no dudo para nada que esta tontería se convierta en una franquicia.


Ficha técnica
Título original: Enola Holmes
Año: 2020
Duración: 2 hr 09 min
País: Estados Unidos
Director: Harry Bradbeer
Guion: Jack Thorne
Música: Daniel Pemberton
Fotografía: Giles Nuttgens
Reparto: Millie Bobby Brown, Henry Cavill, Helena Bonham-Carter, Sam Claflin,
Calificación: 5/10

Tráiler de la película


Araña

A mi parecer Araña, el drama con registro de thriller político del director chileno Andrés Wood, tiene un estilo visual que captura espléndidamente un fragmento de la historia de Chile, pero no me provoca ni la más remota emoción con sus personajes huecos y su parábola sociopolítica sobre las consecuencias nefastas de la extrema derecha en una sociedad que, aparentemente, está condenada a heredar los errores del pasado. Cuenta por separado la historia de Gerardo e Inés, un hombre y una mujer que en la actualidad viven en los lados opuestos de la sociedad, pero que recuerdan perpetuamente los tiempos en que pertenecían al Frente Nacionalista Patria y Libertad, un movimiento paramilitar chileno de ideología fascista​ que pretende desatar una insurrección durante el gobierno de Salvador Allende. La estructura narrativa, valiéndose de la escena retrospectiva, se construye con un montaje de tiempos alternativos que divide las acciones espacio-temporales de los protagonistas: por una parte, la poderosa empresaria que teme que se divulgue su pasado mientras rememora el triángulo amoroso que tenía con los cabecillas del movimiento en los que ejecutaba actos de terrorismo en los años 70 previos al golpe de estado y, por la otra, la del frío extremista de derecha que recuerda su ingreso en las filas del movimiento mientras en prisión, invadido por la venganza, planea ver a la antigua amante y de paso reanimar la causa nacionalista en la juventud contemporánea. Aunque eso quizá suena interesante, no encuentro nada cautivador o ligeramente revelatorio en las situaciones que se le presentan a esos personajes. Por momentos, el ritmo se desequilibra hasta restarle cohesión al conjunto. Wood se olvida de añadirle una pizca de desarrollo con la única intención de favorecer, supongo, una intertextualidad que señala la violencia y las perversidades morales del fascismo en la contemporaneidad, de una nación chilena que parece haber olvidado su historial político y que, de algún modo, afecta significativamente a los inmigrantes en el presente. De las irregulares actuaciones, solo me parece creíble la de Marcelo Alonso como el sociopático radicalista clandestino. Todo lo demás me importa muy poco. Es una película mediana del director de Machuca.

Calificación: 5/10

Crítica breve de la película 'Araña', dirigida por Andrés Wood y protagonizada por Mercedes Morán, María Valverde y Marcelo Alonso.

Utamaro y sus 5 mujeres
No creo en lo absoluto que Utamaro y sus cinco mujeres sea uno de los grandes melodramas jidaigeki de Kenji Mizoguchi, pero reconozco que me causa una impresión considerable su cuento sobre el sufrimiento de la mujer japonesa y la pasión de un artista. Es una adaptación de la novela de Kanji Kunieda sobre la vida del pintor de estampas japonés de la era Edo, Kitagawa Utamaro; aunque en cierta medida la utiliza como resorte ficcional, con ciertos registros autobiográficos (Mizoguchi era apasionado de la pintura), para retratar uno de los temas fundamentales de su cine: la condición social de la mujer que sufre en los dominios patriarcales tradicionales del período feudal de Japón. Se refleja con la historia del protagonista, Utamaro, quien es un reputado pintor, especializado en el retrato femenino, que tiene la obsesión de buscar como modelos a algunas de las señoritas que circulan por los prostíbulos de Tokio. La trama, escrita por Yoshikata Yoda, conquista mi sensibilidad cuando observo al artista gozando de la admiración de todos, luchando en duelos de pintura y pintando a cortesanas hermosas en varios lugares. En la puesta en escena abunda el control compositivo característico de la estética del director, con estupendos plano secuencias que capturan la autenticidad de la época, con el plano general efectivamente estático que encuadra a los personajes como una especie de acto teatral y el uso meticuloso del fuera de campo para realzar las miradas que se fugan del cuadro. Particularmente me cautiva la actuación de Minosuke Bandô como el famoso pintor, pero también me seduce la de Kinuyo Tanaka como la concubina celosa. Aunque en la superficie algunos de los personajes carecen ligeramente de una textura dramática que, en ocasiones, afecta minusculamente la cohesión narrativa, el melodrama me resulta conmovedor cuando Mizoguchi simbólicamente coloca al artista encadenado como prisionero del arte que ejecuta para expresarse, subrayando ingeniosamente que sin el arte su vida es una tragedia tan insoportable como la desdicha de esas mujeres que tanto desea ilustrar en sus lienzos; reflejado, supongo, por las cinco féminas relacionadas con sus allegados que están condenadas al sufrimiento. El resultado funciona casi como una parábola de la biografía del propio Mizoguchi, ese magnífico retratista cinematográfico de mujeres niponas que se oculta tras el yukata del pintor.  


Ficha técnica 
Título original: Utamaro and His Five Women (Utamaro o meguru gonin no onna)
Año: 1946
Duración:  1 hr 46 min
País: Japón
Director: Kenji Mizoguchi
Guion: Yoshikata Yoda
Música: Hisato Osawa, Tamezô Mochizuki
Fotografía: Minoru Miki
Reparto: Minosuke Bando, Kinuyo Tanaka, Kotaro Bando, Toshiko Iizuka, Hiroko Kawasaki
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'Utamaro y sus 5 mujeres', dirigida por Kenji Mizoguchi y protagonizada por  Minosuke Bando y Kinuyo Tanaka.
Corazón salvaje

No creo para nada que Corazón salvaje se trate de una de las grandes obras de David Lynch, pero me atrevo a decir que es una película de carretera salvajemente entretenida sobre el amor, la pasión y la libertad, poblada de humor negro, de unos personajes extrañisimos y de un estilo visual que me contagia durante dos horas que pasan tan rápido como las llantas de un automóvil en una autopista interestatal. Basada en la novela de Barry Gifford, cuenta la historia de Sailor y Lula, una joven pareja que se fuga en auto por la vía más cercana para disfrutar de un romance tan candente como un cigarrillo encendido, mientras son perseguidos por un detective y un gánster, contratados por la madre de Lula para que localicen y maten al conflictivo Sailor por un asunto relacionado al pasado. Mediante el recurso de la analepsis, la trama va construyendo sorpresas que mantienen mi expectativas en alto cuando revela el pasado de esos amantes cruzados que a lo largo del viaje interactúan con unos tipos retorcidos que están fielmente predispuestos a la brutalidad. El simbolismo del fuego y del color rojo subraya el peligro, el erotismo y la fuerza que encadena a los protagonistas. El tono es desasosegante, irrefrenable, construido como una especie de relato pulp en el que abunda el sexo, la violencia y las conductas absurdas. La narrativa es ágil. Hay constantes guiños surrealistas y de cintas como El mago de Oz. La banda sonora es muy acogedora con canciones de Powermad y hasta de Elvis Presley, notablemente Love me Tender. Y mezcla géneros como el romance, el melodrama, el suspense y el cine policial con el fin de otorgar cierta coherencia al desarrollo interno de las acciones de los personajes. Me parecen muy enérgicas las actuaciones de Nicolas Cage como el rebelde con la chaqueta de piel de serpiente, de Laura Dern como la rubia traumatizada y obsesionada con las trampas del deseo y de Diane Ladd como la madre malvada. No sé si se merece esa Palma de Oro que ganó en el Festival de Cine de Cannes de 1990, pero sin duda es una película muy alocada de Lynch sobre las etapas de una relación conyugal.


Ficha técnica 
Título original: Wild at Heart
Año: 1990
Duración:  2 hr 05 min
País: Estados Unidos
Director: David Lynch
Guion: David Lynch
Música: Angelo Badalamenti
Fotografía: Frederick Elmes
Reparto: Nicolas Cage, Laura Dern, Diane Ladd, Willem Dafoe, Harry Dean Stanton, J.E. Freeman, Isabella Rossellini,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'Corazón salvaje', dirigida por David Lynch y protagonizada por Nicolas Cage y Laura Dern.