Prohibida obsesión
Prohibida obsesión, conocida por el título en inglés de Sea of Love, es una de las películas menos recordadas de Pacino y, a menudo, es solo mínimamente mencionada por ser la que lo sacó de algunos fracasos que protagonizó durante los años 80, estrenada tras su período de inactividad de cuatro años. Lejos de las trivias que me han obligado a verla, es además un thriller policial algo convencional, del que no consigo extraer ninguna intriga significativa más allá de la química palpable entre Al Pacino y Ellen Barkin. En la trama, Pacino interpreta a un detective de la policía de Nueva York que investiga una serie de homicidios de hombres en manos de un asesino, de cuya identidad sospecha que se trata de una mujer que tiene, como modus operandi, la manía de tocar una melodía mientras están desnudos antes matarlos con la pistola por la espalda. En términos argumentales no hay mucha variación y sigue de una forma mecánica la rutina del género neo-noir, sobre todo cuando el detective emplea el manual de la intuición para descifrar las pistas sin muchas dificultades y se relaciona con una rubia que encaja en el perfil de la femme fatale sospechosa que frecuenta lugares para seducir a sus presuntas víctimas, mientras el peligro se comienza a ausentar como la recámara vacía de un revólver. Llega momentos en los que siento que el caso se queda en el aire, entre la superficie del drama romántico y el thriller policiaco de segunda mano. Los giros son un poco débiles. Y sospecho que Becker lastra el desarrollo de los personajes, los motivos que impulsen sus acciones lejos del asunto policial más higienizado, con el propósito de permanecer en la zona de confort de hacerme creer, al igual que el protagonista, que la mujer es la asesina. El aparato de suspense se ausenta por las escenas eróticas que se repiten en varias ocasiones y pocas veces interrogan los motivos del verdadero perpetrador, que cerca del clímax reaparece para iluminar el misterio con una retorcida metáfora sobre los celos y el adulterio (el marido celoso y obsesivo mata a los individuos con los que su ex esposa le era infiel para escapar del abuso doméstico). Desde luego, se deja ver de manera aceptable por esa actuación convincente de Pacino como el policía veterano que cae en las garras de la rubia seductora de la chaqueta roja para que su juicio permanezca nublado. También por la de Barkin como la mujer sinuosa de la voz sensual que devora poesía con la misma pasión que el sexo en la cama. Todo lo otro me deja con la misma sensación con la que inicia, sin nada revelador que me enganche durante las casi dos horas que dura el caso de asesinato.

Ficha técnica
Título original: Sea of Love
Año: 1989
Duración: 1 hr 52 min
País: Estados Unidos
Director: Harold Becker
Guion: Richard Price
Música: Trevor Jones
Fotografía: Ronnie Taylor
Reparto: Al Pacino, Ellen Barkin, John Goodman, William Hickey, Michael Rooker, Richard Jenkins
Calificación: 6/10

Crítica breve de la película 'Melodía de seducción', dirigida por Harold Becker y protagonizada por Al Pacino y Ellen Barkin.
20.000 leguas de viaje submarino
Como aventura de ciencia-ficción, 20.000 leguas de viaje submarino supone para mí una película espléndida de Richard Fleischer que nunca pierde el sentido de espectáculo durante el viaje subacuático en CinemaScope firmado por Walt Disney Pictures. A pesar de las ligeras omisiones, mantiene la esencia de la novela homónima de Julio Verne, siendo la segunda vez que se adapta al cine tras la película muda de 1916. Y las dos horas que dura avanzan como tiburón en el mar. Su argumento se sitúa en 1870 y trata sobre Ned Land, un marinero necio y mujeriego que se une a la tripulación de una fragata de guerra, junto a un profesor y su asistente, con el fin de hallar y destruir en el mar a un supuesto monstruo marino que hunde las embarcaciones que toca al sur del océano Pacífico; pero su embarcación se hunde cuando son embestidos y terminan siendo rescatados por una tripulación, donde descubren que la criatura que intentan cazar no es más que un barco sumergible (insólito para la época) llamado Nautilus, diseñado por un hombre siniestro conocido como el capitán Nemo para descubrimientos científicos. En términos generales, la trama sigue de una manera convencional los tropos habituales del género de aventuras en el mar, donde los héroes ordinarios descubren cosas extraordinarias mientras navegan hacia aguas desconocidas, pero me engancha como un pescado en un arpón porque los personajes tienen personalidades bien esbozadas que los aleja brevemente de los estereotipos manoseados, además de que son muy entretenidas las secuencias submarinas en las que bucean y luchan contras las calamidades que se encuentran en el camino; como las discusiones que interrogan el mando, los encontronazos con los caníbales en una isla tropical, los paseos con traje de buzo por los arrecifes submarinos y la climática contienda con el calamar gigante en medio de una tormenta que sacude los mares a plena luz de la noche. Destaco, ante todo, la gran actuación de James Mason como ese antihéroe resentido que huye como misántropo en su submarino para olvidar el trágico pasado y alimentar su deseo de venganza hacia los hombres irracionales que laceraron su dignidad humana; en un rol que irradia locura y genialidad cuando se expresa. También la de Kirk Douglas como el arponero engreído y duro que planea su escape de la prisión marítima, mientras demuestra su pericia física en las escenas de mayor riesgo en el agua. Fleischer los mantiene a flote en su epopeya Technicolor, en una puesta en escena que presta atención al detalle en los decorados de acero construidos en los interiores del Nautilus (el salón con órgano, la ventana de observación, la cabina de control, etc.), así como los efectos especiales (las descargas eléctricas, las explosiones, los tentáculos del calamar gigante, el diseño exterior del submarino) que pueden lucir algo acartonados si se pone mucha atención pero que, a pesar de todo, resisten el paso del tiempo. Su viaje fantástico por las profundidades acuáticas arranca con un ritmo ágil que pocas veces abandona su brújula para entretenerme y, sobre todo, para colocar una pequeña parábola sobre los peligros de la era atómica, desde la mirada de la megalomanía industrial que sepulta cualquier rastro de humanidad a miles de metros de profundidad.

Ficha técnica
Título original: 20,000 Leagues Under the Sea
Año: 1954
Duración: 2 hr 07 min
País: Estados Unidos
Director: Richard Fleischer
Guion: Earl Felton
Música: Paul J. Smith
Fotografía: Franz Planer
Reparto: Kirk Douglas, James Mason, Paul Lukas, Peter Lorre, Robert J. Wilke,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película '20.000 leguas de viaje submarino', dirigida por Richard Fleischer y protagonizada por Kirk Douglas y James Mason.
La muchacha del baño público
La muchacha del baño público no es exactamente una película de Skolimowski que me emocione hasta el tope, pero consigo engancharme con lo que me cuenta en su hora y media, aprovechando de paso una edición restaurada. Su propuesta, elaborada con color y cierto erotismo, captura con mirada poética observaciones sobre el deseo, la rebeldía y el despertar sexual de la juventud londinense empobrecida y refugiada en Soho. Su argumento trata sobre Mike, un chico de 15 años que abandona la escuela para trabajar como asistente de conserje en un baño público, donde lentamente comienza a sentirse atraído por la bella compañera Susan, que es una mujer diez años mayor que él y habitualmente juega con sus sentimientos mientras coquetea con otros hombres del lugar. La relación de ellos tarda un tiempo en arrancar cuando se atraen en la cotidianidad de atender clientes y limpiar los pisos cerca de la piscina, a veces entre la calidez y el rechazo; sobre todo porque Skolimowski lo muestra todo desde la óptica de ese joven tímido e inseguro que trata de escapar del pasado de acoso escolar y de la disfuncionalidad familiar para encontrar su lugar en el mundo a través de un afecto que, poco a poco, se manifiesta como un impulso desenfrenado y obsesivo que no puede controlar. Esta metáfora es particularmente cierta tras la escena del primer beso en la sala de cine porno, donde se escucha de fondo la Cabalgata de las valquirias de Wagner para ampliar el dilema. A partir de la secuencia del prostíbulo, en la que un frustrado Mike se entera de la doble vida de Susan como prostituta y se esconde en la habitación de otra prostituta con el afiche de una Susan desnuda, la ingenuidad de este se esfuma para trasladar su comportamiento a las zonas adultas de la exaltación y de los celos que destruyen relaciones sentimentales. No solo se examina con ojo sociopolítico a la juventud de los 70 marcada por la pobreza, sino, también, la pérdida de la inocencia entendida como la liberación sexual que produce estímulos autodestructivos. La actuación de John Moulder-Brown me resulta creíble porque capta con su rostro la timidez, la confusión y la impulsividad típica de un adolescente rebelde en fase de maduración que hace tonterías para ganarse a la chica. También noto bien orgánica la de Jane Asher como la mujer atractiva, segura de sí misma, atrevida, que es poliédrica en medio de la miseria y que sueña con la seguridad de un matrimonio feliz que le garantice la estabilidad familiar que nunca tuvo a lo largo de su condición de huérfana. Skolimowski los encuadra en una puesta en escena de registro moderno que aprovecha el encuadre móvil, entre el drama y la comedia, con diálogos aterrizados, decorada por espacios decadentes que ocasionalmente subrayan la psicología interna de los personajes a través de la música anempática (de Can y de Cat Stevens) y de un uso constante de los colores verdes y rojos. Una parte minúscula de la trama es un poco seca, pero sus decisiones estéticas luego la llenan de emotividad hasta el trágico final, en el que se acentúa una pasión que, simbólicamente, se hunde en las profundidades del agua ensangrentada.

Ficha técnica
Título original: Deep End 
Año: 1970
Duración: 1 hr 31 min
País: Reino Unido
Director: Jerzy Skolimowski
Guion: Jerzy Skolimowski, Jerzy Gruza, Boleslaw Sulik
Música: Cat Stevens, The Can
Fotografía: Charly Steinberger
Reparto: Jane Asher, John Moulder-Brown, Karl Michael Vogler,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'Zona profunda', dirigida por Jerzy Skolimowski y protagonizada por Jane Asher y John Moulder-Brown.
La exótica
La exótica es una película de Sam Wood que pasa ante mis ojos sin pena ni gloria, sin nada que me produzca algún tipo de sensación detrás de las imágenes rocambolescas, como lo había sentido en El orgullo de los Yanquis. Muestra una química notable entre Cooper y Bergman, pero sospecho que no es suficiente para añadirle algo emotivo al melodrama sureño sobre caprichos y clase que se ensambla con ritmo atropellado durante dos largas horas. Está adaptada de la novela homónima de Edna Ferber y su argumento se sitúa a finales del siglo XIX, donde se narra la vida de Clio Dulaine, una mujer que viaja desde Paris hasta su casa natal en Nueva Orleans para vengarse de los miembros de la familia de su fallecido padre que la desterraron a ella y a su madre por pertenecer a los bajos fondos de la sociedad (su madre era amante de su padre, no provenía de estirpe y accidentalmente causó su muerte), pero, además, para satisfacer su enorme capricho de casarse con un hombre rico para así alcanzar el estatus social que su madre nunca tuvo, mientras tiene como confidentes a su mucama Angelique y un sirviente enano llamado Cupidon. En términos estructurales, casi toda la narración permanece suspendida en la inercia de conversaciones triviales a puertas cerradas y los momentos de discusiones al aire libre, que examinan el asunto del clasismo a través de una mujer que pone la clase y la búsqueda de riqueza por encima de los sentimientos personales, en un dilema que se acentúa cuando se enamora de un jugador tejano llamado Clint Maroon y, también, quiere casarse con un magnate de ferrocarriles solo por su dinero. Se destaca, ante todo, la actuación de Ingrid Bergman como esa mujer atrevida y caprichosa que está desesperada por respetabilidad y se niega a aceptar los mandatos de su corazón para reconocer al hombre que ama, en un papel que la aleja diametralmente del estereotipo de dulce y vulnerable, cercano a lo que había hecho en la fatigosa La luz que agoniza (Cukor, 1944), estrenada un año antes. Asimismo la de Flora Robson como la sirvienta de aspecto siniestro con la cara pintada. A Cooper, por el contrario, lo noto un poco tibio como el vaquero fuerte y decidido, aunque su acento se escucha bastante orgánico y demuestra de nuevo su pericia física en la climática secuencia de la lucha por los ferrocarriles. Wood de alguna forma los encuadra en una puesta en escena que captura con opulencia el período histórico desde los decorados y el vestuario, con una música agradable de Max Steiner que ayuda a dimensionar los lapsos emocionales de los protagonistas, pero no se esfuerza por quitarle de encima esa capa superflua que los mantiene en situaciones teatrales que carecen de sustancia alguna y solo retrasa inútilmente el anticipado final feliz de esos que dicen: "vivirán felices por siempre". Me parece una de las medianas de su filmografía.

Ficha técnica
Título original: Saratoga Trunk
Año: 1945
Duración: 2 hr 15 min
País: Estados Unidos
Director: Sam Wood
Guion: Casey Robinson
Música: Max Steiner
Fotografía: Ernest Haller
Reparto: Gary Cooper, Ingrid Bergman, Flora Robson, Jerry Austin,
Calificación: 5/10

Crítica breve de la película 'La exótica', dirigida por Sam Wood y protagonizada por Gary Cooper y Ingrid Bergman.

 Esta nueva película de acción de los hermanos Russo sigue de forma plana la tendencia de Netflix de meterse de lleno en las superproducciones con grandes estrellas. 


El agente invisible


El hombre gris, mejor conocida por el título en inglés de The Gray Man, es la primera película de acción que adapta Netflix sobre la popular saga de novelas de espionaje de Mark Greaney, autor que era colaborador de Tom Clancy y durante un tiempo continuó su legado escribiendo parte los libros de Jack Ryan. Por lo que sé, el proyecto estuvo en el infierno de desarrollo durante muchos años. La producción fue anunciada originalmente en 2011 y tenía al director James Gray listo para dirigirla con Brad Pitt en el rol principal. El papel luego fue reescrito tras la salida de Pitt, que iba a ocupar Charlize Theron como protagonista femenina. Ninguna versión se pudo concretizar y pasaron muchos años hasta que Netflix, en el afán de establecer productos clónicos de acción para contentar a los fieles suscriptores (como ya lo habían hecho con la fatigosa Misión de rescate), reanimó la producción en 2020 con presupuesto de $200 millones de dólares y el anuncio de que la dirigirían los hermanos Russo, junto a Ryan Gosling y Chris Evans como protagonistas.

No sé cómo se maneja a fondo la materia presupuestaria de las finanzas de las superproducciones del gigante del streaming, pero tras haberla visto esta semana no tengo la menor duda de que es un ejemplo de cómo desperdiciar el dinero invertido. Me parece una de las cintas más aburridas del cine de acción de la actualidad. No tiene riesgo o alguna situación de peligro que me enganche. Solo veo que refleja la ausencia de creatividad de los hermanos Russo, porque, a decir verdad, se toma dos largas horas para repetir su gira mundial de tiroteos, peleas y persecuciones al servicio de la pirotecnia mareante de agentes de la CIA que parecen copias recicladas de Jason Bourne, sin que los personajes escapen de la zona de los clichés que habitualmente son explotadas por los thrillers de espías.


Ana de Armas y Ryan Gosling. Fotograma de Netflix.



El argumento se sitúa primero en un pequeño prólogo en 2003, donde el alto funcionario de la CIA, Donald Fitzroy (Billy Bob Thorton) visita a un prisionero condenado por matar a su padre abusivo para defender a su hermano cuando era adolescente, con el fin de ofrecerle su libertad a cambio de trabajar para la CIA en un programa secreto de asesinos con el nombre código de Sierra. Luego del encuentro, sigue en 2021 a ese asesino profesional de la CIA llamado en clave como “Sierra Six” (Ryan Gosling), mientras realiza una misión en Bangkok junto a su compañera, la agente Dani Miranda (Ana de Armas), para liquidar un objetivo que es sospechoso de vender secretos de seguridad nacional, siguiendo al pie de la letra las órdenes del oficial de la CIA Denny Carmichael (René-Jean Page), de realizar la tarea sigilosamente para no causar daño colateral. La operación sale mal y procede a despachar a los militares, pero antes de eliminar al rufián en un último enfrentamiento en la azotea descubre una memoria encriptada que detalla la corrupción de su superior, que utiliza su poder en la agencia para ampliar el espectro de diabluras por el mundo y cerrar el programa Sierra iniciado por el antiguo jefe para satisfacer los benefactores que controlan todo desde las sombras. Debido a la información comprometedora, Sierra Six se convierte en un fugitivo de la CIA porque se niega a entregar el disco hasta esclarecer el asunto.


Ryan Gosling como Sierra Six. Imagen de Netflix.



La trama de espías tiene un arranque más o menos interesante porque veo en el personaje de Sierra Six el tipo de espía sinuoso, reservado y extremadamente letal que puede resolver cualquier problema con su astucia y un poco de pericia, además de que su motivación se sustenta en el pilar de la confianza y el sentido del deber para demostrar que está entrenado para asesinar. Esto es particularmente cierto cuando se niega a ser evacuado por el equipo del villano y llama su confidente Fitzroy, ya jubilado, para solicitar extracción; porque de cierta manera ve en él al padre que nunca tuvo y a su sobrina con enfermedad cardíaca como su hermana pequeña a la que debe proteger. La secuencia del avión, en la que Six se enfrenta a unos soldados, es tensa y me mantiene mínimamente sujeto del asiento. Pero luego me asalta un aburrimiento que lentamente remueve mi interés cuando el protagonista se envuelto en el dilema ético al enfrentarse en cada país europeo con una caterva de paramilitares liderado por un mercenario carismático y sociopático que responde al nombre de Lloyd Hansen (Chris Evans). El dilema ético, que consiste en rescatar a la sobrina secuestrada por el villano a cambio de pasar la memoria con la data que intenta descifrar, es lo que impulsa al protagonista a justificar el enorme conteo de muertos y destrucción que ocasionan sus acciones violentas para exterminar a los asesinos que lo persiguen porque su cabeza tiene un precio de recompensa. El caso es que los caminos por los que transita se vuelven terriblemente convencionales.





En términos generales, los hermanos Russo edifican la narración con los engranajes oxidados del cine de acción de espías, pero caen en la trampa de la rutina al colocar al agente invencible en una serie de circunstancias que no suponen para mí ningún trazo de sorpresa cuando combate contra el antagonista y sus secuaces, tocando de forma previsible el manual de Jason Bourne: balaceras repetitivas, persecuciones internacionales como guía turística, conspiraciones de la CIA, agente con el pasado oscuro que huye de mercenarios para solventar la cuestión del rescate matando a todo el que se cruce en su camino con ametralladoras, cuchillos y pistolas. De nada sirve el humor blando que adorna los diálogos como descanso entre los fuegos artificiales. Apenas tienen tiempo para dialogar y reparar la falta de cohesión interna que se debilita con cada lluvia de balas. Lo ensamblan todo sin emoción, a desganas, con un estilo aparatoso que a ratos me resulta excesivamente zigzagueante con el abuso del encuadre móvil que anda de moda y captura la acción con una cámara que vuela sobre las calles, además de emplear ocasionalmente secuencias de acción con un efectismo generado por ordenador que luce bastante pobre en los tiroteos de las avenidas de Praga por las que pasa el tranvía.


Chris Evans como Lloyd Hansen.



Los personajes están interpretados, eso sí, por un reparto central que muestra su compromiso para las escenas más riesgosas que no involucran CGI, aunque muchas veces permanecen en el territorio de los estereotipos superfluos que no añade ninguna dimensión a su desarrollo. No le veo magnetismo a Gosling cuando interpreta de nuevo, como si estuviera encasillado, a un individuo imperturbable, de pocas palabras, que está atrapado por el pasado y demuestra su destreza física para los combates cuerpo a cuerpo y los tiroteos programados a plena luz del día. Tampoco a la bella Ana de Armas como la agente secundaria que ayuda al protagonista en los momentos de corrección política para salvar su carrera y pelea como una fiera contra matones que siempre la lanzan al suelo, en un rol secundario algo similar al que hizo en la pasada cinta de James Bond. Solo alcanzo a entretenerme un poco con el villano sociópata que interpreta Evans; en una mezcla extraña de elegancia, perversidad y one-liners con alivio cómico. El resto del reparto apenas rellana cada una de las casillas de descripción del insulso guión.

Con esta película tengo la impresión de que el negocio de Netflix ahora se trata de clonar las viejas fórmulas manoseadas por Hollywood durante años, con el fin de evitar la caída de usuarios suscritos que se incrementa con cada mes, de gente que se ha cansado de tragarse el mismo contenido mientras sus bolsillos se quedan vacíos con la subida de mensual de los precios (a veces pagando por contenidos que ni llegan a ver). También la sospecha de que los hermanos Russo tienen poca cosa que contar luego de su incursión en el UCM. Aquí tocan el pastiche de los mecanismos bondianos sin ningún tipo de vergüenza hasta el clímax de la infiltración en la residencia croata, donde abunda la gratuidad para que los dos agentes renegados acaben con un ejército completo con poca o ninguna dificultad y salven a la joven del marcapasos. Dicen que han anunciado la secuela y un posible spin-off para expandir la franquicia, pero dudo mucho que me aventure a ver semejantes mercancías luego de lo que me han ofrecido en esta.


Ficha técnica
Título original: The Gray Man
Año: 2022
Duración: 2 hr 03 min
País: Estados Unidos
Director: Anthony Russo, Joe Russo
Guión: Joe Russo, Christopher Markus, Stephen McFeely.
Música: Henry Jackman
Fotografía: Stephen F. Windon
Reparto: Ryan Gosling, Chris Evans, Ana de Armas, Billy Bob Thornton, Regé-Jean Page, Alfre Woodard, Jessica Henwick,
Calificación: 5/10





Crítica de la película 'El agente invisible', dirigida por Anthony Russo y Joe Russo, y protagonizada por Ryan Gosling y Chris Evans.



X
X es otra de esas películas de A24 que ha sido inflada como un globo desde su estreno y, a decir verdad, no le veo nada fuera de lo habitual. Como pieza de terror, tiene un arranque más o menos interesante cuando homenajea la industria del cine adulto de los 70, pero me temo que pierde vísceras al atravesar los caminos facilones y aburridos del slasher convencional de explotación, hasta que no queda otra cosa que la pornografía del gore que nunca me llega a impactar con su cuota de gratuidad metarreferencial. Su narrativa se estructura como si se tratara de una presentación doble de la época del cine grindhouse. En una primera, presenta a Maxine Minx, una aspirante a actriz pornográfica y fiel consumidora de cocaína que, tras transitar por la carretera en una camioneta, se instala en la casa de una granja remota junto a su novio (un productor) y un equipo de filmación compuesto por el director y su novia sonidista y un actor afroamericano y una actriz rubia, con la finalidad de rodar una cinta porno de bajo presupuesto destinada a distribuirse en el creciente mercado de explotación de los cines locales frecuentados por pervertidos anónimos de 1979, mientras ocasionalmente son acechados por una pareja siniestra de ancianos que son dueños del recinto. Hasta ese punto, West encuadra la acción con una carga erótica y pequeños registros cómicos que me llaman la atención sin alcanzar el paroxismo en las escenas en que el grupo conversa en la sala sobre el sexo y la moral, o cuando ruedan las escenas sexuales de la película, con estética de metacine, habitualmente con un montaje dinámico que aprovecha el inserto y el sobreencuadre para celebrar con guiños el cine porno setentero de imagen sucia de 16mm, transmitiéndome la sensación de que algo malo va a suceder fuera del campo de rodaje por el que camina la chica indomable y promiscua con el pasado oscuro. Pero toda esa intriga de sospecha y voyerismo se disipa en una segunda mitad que, a mi parecer, solo refleja la sequía creativa del director cuando coloca a los personajes, ya de por sí trillados, en el epicentro de los clichés del slasher más básico para dar inicio a la festival de la violencia gratuita de factura mecánica, donde los huéspedes son perseguidos y asesinados en orden de preferencia sexual por los viejos maniáticos que están poseídos por el espíritu de la abstinencia y la fuga del placer sexual convertida en horror de envejecimiento. Todo está demasiado puesto para que la final girl, entre gritos y sustos, escape sin problemas de la casa de la masacre. Me parece terriblemente predecible, pero sospecho que West los emplea como marionetas no solo para cuestionar la cosificación sexual de la mujer entendida como la subyugación del cuerpo como objeto del deseo al servicio de la discriminación sexista y la belleza física de la juventud; sino el miedo a la impotencia sexual producida por los efectos ensordecedores de la vejez y, además, el pánico a la sexualidad reprimida secuestrada por los estatutos religiosos de los hogares conservadores que invitan a la huida. Tiene, eso sí, una buena banda sonora y una actuación rescatable de Mia Goth haciendo a la vez de heroína y villana. Todo lo demás, me resulta abúlico y desuella mi interés por una secuela.

Ficha técnica
Título original: X
Año: 2022
Duración: 1 hr 45 min
País: Estados Unidos
Director: Ti West
Guion: Ti West
Música: Tyler Bates, Chelsea Wolfe
Fotografía: Eliot Rockett
Reparto: Mia Goth, Jenna Ortega, Brittany Snow, Kid Cudi,
Calificación: 5/10

Crítica breve de la película 'X', dirigida por Ti West y protagonizada por Mia Goth y Jenna Ortega.
El teléfono negro
El teléfono negro no es exactamente una película que me coloque en un estado de trance o que me lleve al paroxismo emocional, pero considerando los estrenos del género que he digerido en los últimos meses esta, sin lugar a dudas, supone para mí una cinta de terror escalofriante y bastante original, que solo se toma unas cuantas llamadas de larga distancia para comunicar con destreza los sustos más inesperados de factura sobrenatural. Está adaptada del cuento corto del mismo nombre escrito por Joe Hill. Y la dirige Scott Derrickson, un cineasta que siempre me ha parecido irregular y que por lo visto regresa a sus orígenes formales como artesano del horror, como ya lo había demostrado en El exorcismo de Emily Rose y Siniestro. El argumento sitúa la acción en los años 70 y trata sobre Finney Shaw, un niño tímido e inseguro que vive en un pequeño pueblo de Colorado junto a su hermana traviesa y su padre alcohólico, donde en la escuela constantemente es acosado por los abusivos que lo ven como un débil, mientras la localidad es asaltada por la noticia de un secuestrador de niños al que los medios han apodado como El Raptor ("The Grabbler"), cuyo modus operandi consiste en raptarlos vestido con una máscara diabólica y sombrero de copa para colocarlos en su camioneta negra y llevarlos a la guarida de nunca jamás. El asunto despierta mi interés y me coloca en un lapso de tensión, sobre todo cuando el protagonista es secuestrado por el psicópata y en el sótano oscuro descubre un teléfono negro de disco que suena a pesar de estar desconectado, con el que aparentemente puede escuchar las voces de los otros niños asesinados que le indican lo que tiene que hacer para sobrevivir. En términos generales, Derrickson estructura la premisa con el efectismo habitual de la narrativa de terror supernatural sobre fantasmas y premoniciones, ocasionalmente utilizando la analepsis para subrayar la dudas internas que los personajes comparten de modo intersubjetivo, acercándose cerca del clímax al slasher más convencional que es un poco previsible. Pero su propuesta siempre me resulta aterradora y sorpresiva por la manera en que narra todo con ritmo trepidante y, al mismo tiempo, evoca atmósferas claustrofóbicas en los espacios cerrados para ampliar el espectro de miedo y de paranoia en la casa maldita, sin que los personajes pierdan la consistencia. La atemporalidad del relato no solo le sirve para examinar como parábola los temores intergeneracionales del los preadolescentes que caen en la trampa del bullying, sino, además, la fuerza de voluntad para reponerse de las inseguridades que le impiden avanzar. Dentro de los marcos del género, presenta actuaciones convincentes del reparto, de los que destaco a Mason Thames como el chico timorato; Madeleine McGraw como la hermanita desobediente que sigue las pistas de sus sueños premonitorios para rescatar a su hermano; y, sobre todo, Ethan Hawke como el perverso y retorcido villano que oculta el pasado traumático debajo de la máscara y juega con la honestidad de su víctima para saciar sus impulsos violentos en el sótano de la locura. Cuando Hawke está en pantalla, el terror se vuelve real y alcanza otra dimensión de la que es difícil escapar.

Ficha técnica
Título original: The Black Phone
Año: 2021
Duración: 1 hr 43 min
País: Estados Unidos
Director: Scott Derrickson
Guion: C. Robert Cargill, Scott Derrickson
Música: Mark Korven
Fotografía: Brett Jutkiewicz
Reparto: Ethan Hawke, Mason Thames, Jeremy Davies, James Ransone,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'El teléfono negro', dirigida por Scott Derrickson y protagonizada por Ethan Hawke y Mason Thames.
La maldad no existe
La maldad no existe, la película más reciente del cineasta iraní Mohammad Rasoulof, fue filmada en completo secretismo y está actualmente prohibida por las autoridades de Irán, pero de alguna manera llegó a exhibirse hace dos años en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde ganó el Oso de Oro. Por estos lados anda disponible en algunos servicios de streaming y la he podido ver para comprender el origen de la polémica, de un director encarcelado al que el régimen le prohíbe salir del país. No sé si se trate de su mejor trabajo, pero me parece un drama sobrio, en el que Rasoulof edifica un discurso desafiante que se toma cuatro capítulos para examinar la pena de muerte y la ausencia de libertades civiles, de un pueblo iraní en estado de resistencia y desesperación. En el primero, se narra las peripecias de Heshmat, un padre de familia que suele recoger por la tarde a su esposa y a su hija en el coche para hacer diligencias; pero de madrugada revela la perturbación que le causa su labor de ejecutar a prisioneros en la horca. El segundo presenta la historia de Pouya, un joven del servicio militar obligatorio que se niega a cumplir las órdenes de ejecutar a unos reos con los que comparte habitación y, en un ataque de pánico, se arma de valor para escapar de la prisión a punta de pistola, con el fin de huir del país junto a su novia. El tercero trata sobre Javad, un soldado joven que visita a su prometida Nana para celebrar su cumpleaños en una casa campestre y proponerle matrimonio para irse del país, aunque huye por el bosque desilusionado al darse cuenta de que uno de los fusilados que mató, un activista político, era amigo cercano de la familia y mentor de su pareja. El cuarto relata la cotidianidad de Bahram, un médico que vive exiliado desde hace 20 años junto a su esposa Zaman en unas montañas remotas en las que se dedica a la cría de abejas melíferas y un día recibe a su sobrina Darya, a la que le cuenta no solo que es su padre biológico, sino que, además, tuvo un pasado escabroso como militar. En cada uno de los capítulos, Rasoulof muestra la existencia de hombres moralmente aplastados por un gobierno que los obliga a ejecutar a los condenados de muerte sin ningún tipo de tacto moral; pero también interroga la ineficacia de la pena capital y las libertades minúsculas que ellos tienen para ejercer sus derechos ante una ley soberanamente injusta. Su construcción encuadra la tragedia en cuatro episodios con diálogos escuetos y actuaciones orgánicas del reparto, a ritmo contemplativo, con música empática, constantemente cambiando de registros a lo largo del metraje, desde situaciones claustrofóbicas hasta atisbos naturalistas, alcanzando notablemente un cuidado poético que evoca los páramos metafóricos de Kiarostami cerca del clímax, donde la carretera sirve como vehículo terapéutico de ciudadanos que buscan la libertad para refugiarse del atropello de la instituciones gubernamentales. A veces se extiende más de lo necesario para que la parábola sea escuchada, pero por alguna razón sus reflexiones humanistas siempre me resultan conmovedoras.

Ficha técnica
Título original: There Is No Evil (Sheytan vojud nadarad)
Año: 2020
Duración: 2 hr 30 min
País: Irán
Director: Mohammad Rasoulof
Guion: Mohammad Rasoulof
Música: Amir Molookpour
Fotografía: Ashkan Ashkani
Reparto: Ehsan Mirhosseini, Shaghayegh Shoorian, Kaveh Ahangar
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'La maldad no existe', dirigida por Mohammad Rasoulof y protagonizada por Ehsan Mirhosseini y Shaghayegh Shoorian.
Para celebrar su aniversario de nacimiento, selecciono cinco películas esenciales de Stanley Kubrick para los cinéfilos interesados en estudiar su filmografía.


Stanley Kubrick




El 26 de julio de 1928, Stanley Kubrick llegó al mundo para dejar una huella imborrable como uno de los grandes cineastas de la historia. Encarnaba la figura del genio excéntrico, frío, ensimismado, envuelto en una capa de misterio que pocos sabían descifrar y en un perfeccionismo más que documentado que rayaba en la locura. Durante sus años de juventud, trabajó como fotógrafo en la revista Look y poco a poco se comenzó a interesar por el proceso de realización cinematográfica. Al contrario de lo que se piensa, nunca estudió en una escuela de cine, sino que comenzó a aprender todo lo que pudo sobre cine por su cuenta, frecuentando los cines de la ciudad de Nueva York, llamando a distribuidores de películas, visitando laboratorios y casas de alquiler de equipos, pasando muchas horas leyendo libros sobre teoría cinematográfica para luego escribir sus notas. De esa obsesión, hizo con financiación propia unos cuantos cortometrajes como Day of the FightFlying Padre y The Seafarers, así como sus primeros largometrajes, las menores Miedo y deseo y El beso del asesino. Y luego de esas experiencias, que sirvieron como aprendizaje, realizó una serie de películas que marcarían la historia del cine para siempre.

En este listado presentado a continuación, hablo un poco sobre esas grandes películas de Kubrick, aunque me veo obligado a omitir algunas obras fascinantes como Barry Lyndon, LolitaLa naranja mecánica, Ojos bien cerrados y Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba.


5. Casta de malditos (1956)


Casta de malditos



Kubrick tenía tan solo 27 años cuando rodó The Killing, su tercer largometraje y, a mi parecer, una de las mejores películas de cine negro protagonizada por Sterling Hayden. Fue su primero con un elenco y un equipo profesional. Y en el rodaje tuvo muchas discusiones con el director de fotografía Lucien Ballard. Pero al final se impuso su genio creativo. Su narrativa invertida está esbozada con una ejecución clínica que demuestra que lo único que necesitaba era un presupuesto adecuado para hacer algo mejor que El beso del asesino. La secuencia del atraco, encuadrada desde distintos puntos de vista, es una de las más novedosas en el género film noir.



4. El resplandor (1980)


El resplandor



El resplandor es una película en la Kubrick muestra la disfuncionalidad familiar como el verdadero terror. Se dice que a menudo exigía hasta 70 u 80 repeticiones de la misma escena, entre las que se encuentra el caso de la actriz Shelley Duvall, la cual llevó a los límites al obligarla a repetir una toma 127 veces. Pero su perfeccionismo dio sus frutos. Adaptada de la novela homónima de terror Stephen King, posee algunas de las escenas más aterradoras y pesadillescas cuando Jack Nicholson inicia su descenso hacia la locura en el hotel de invierno. 





2001: una odisea del espacio




Pocas películas han marcado el cine de ciencia ficción con tanta profundidad como 2001: una odisea en el espacio. Tiene monolitos, extraterrestres, viajes interestelares proféticos y supercomputadoras malvadas de la serie HAL 9000. Pero quizá su rasgo más significativo son las imágenes de corte experimental que Kubrick coloca como una especie de trance alucinógeno que, a modo de parábolas ontológicas y metafísicas, siempre interroga la naturaleza del ser humano y la inteligencia que tiene para autodestruirse y renacer a lo largo de su existencia. 



2. Senderos de gloria (1957)


Senderos de gloria



En Senderos de gloria Kubrick no solo muestra la deshumanización de la guerra entendida como un camino en el que los soldados mueren inútilmente por la patria, sino también su prodigiosa habilidad para dominar el arte del travelling, inspirado en los trabajos de cámara fluida a todo terreno de Max Ophüls. Su uso del plano secuencia encuadra magistralmente a Kirk Douglas como un coronel que es testigo del horror y de las injusticias en el frente durante la Primera Guerra Mundial, en unas secuencias de combate sumamente memorables. Es su film más humanista y una obra maestra del cine bélico. Se convirtió en el primer éxito comercial significativo de su carrera y lo estableció como un joven cineasta prometedor.


Cara de guerra



La chaqueta metálica se estrenó 30 años después de Senderos de gloria y sigue su cuestionamiento sobre los horrores que deshumanizan a esos hombres nacidos para matar en una guerra. Traslada su discurso antibélico hasta los extremos más honestos y nihilistas, a través de una narrativa circular que parece estar compuesta por dos mitades exactamente dependientes, con humor brutalmente negro y una maestría para el encuadre móvil que capta con realismo la brutalidad de la contienda y sus consecuencias. Sería su última obra maestra y su punto más alto como cineasta maestro.
 


Carretera perdida
Carretera perdida es la primera película de Lynch en lo que yo denomino como la trilogía de Los Ángeles, junto con Mulholland Drive e Inland Empire, en la que los personajes que presenta parecen estar suspendidos en sueños perdidos, recuerdos difusos y estados alterados de disociación que conducen a la muerte. No creo que sea exactamente uno de sus puntos más altos, pero me parece intrigante porque la edifica como un misterio neo-noir que transita, sin desviarse, por las autopistas laberínticas más oscuras de la alienación, el sexo y el asesinato, donde las situaciones de horror doméstico más inesperadas se estacionan en la vía como acto de escapada surrealista. En una primera mitad, la trama sigue a Fred Madison, un saxofonista reservado y algo sinuoso que comienza a recibir unas misteriosas cintas de vídeo en las que aparece grabado junto con su esposa pelirroja Reneé en los interiores de su propia casa, mientras se convierte en prisionero de las dudas y de la desconfianza hacia su esposa (sospecha que le es infiel a sus espaldas y planea asesinarla), en una serie de episodios alucinatorios que incluyen un encuentro en una fiesta con un hombre misterioso parecido al diablo y una tragedia conyugal que más tarde lo trasladan a una prisión bajo el cargo de homicidio en primer grado, donde lentamente se transforma en víctima de un trastorno de personalidad múltiple. En la segunda, muestra a Pete Dayton, un joven mecánico de automóviles que ocasionalmente presta sus servicios al gánster más duro de la ciudad y tiene una relación con la novia de este, una rubia peligrosa llamada Alice Wakefield, que lo coloca en el epicentro de problemas al descubrir una red de pornografía y sospechar que el jefe planea matarles. En términos generales, Lynch construye la narración circular como una forma de viaje paradójico por el subconsciente para examinar, en clave psicoanalítica, las señales que hay detrás de los celos, la culpa, el deseo y la inseguridad masculina que se manifiesta como una obsesión sobre la figura femenina, entendido desde la mirada subjetiva de una persona fraccionada por una crisis de identidad y las reminiscencias de la cotidianidad que lo condenan constantemente como piezas perdidas de un rompecabezas de cosas que sucedieron y otras que también son productos de su locura. En pocas palabras, Fred es un hombre alienado que se refugia en las fantasías producidas por su estado de fuga para negar el lado perverso que lo llevó a asesinar a su esposa y a su amante antes de huir por la carretera maldita de la policía y olvidarse de su carrera exitosa como jazzista, pero también, dialécticamente, a codiciar lo que nunca pudo tener como mecánico fracasado que probó el amargo sabor del rechazo. La complejidad de la estructura narrativa, a mi juicio, mantiene a los personajes enganchados en la superficie de los estereotipos convencionales del cine negro, pero Lynch me hace olvidarlo por esos recursos estéticos que emplea sutilmente para comunicar el espectro de desrealización del protagonista a través de atmósferas pesadillescas que amplían los callejones de ese mundo oscuro en el que impera el adulterio, el erotismo, la traición y la violencia, como si fuera una especie de relato pulp que, a decir verdad, funciona adecuadamente con el reparto encabezado por Bill Pullman, Patricia Arquette, Robert Loggia y Robert Blake, además de una solvente banda sonora. Su ritmo endiablado avanza como un Cadillac con el tanque lleno por la ruta 66, casi con el mismo kilometraje lynchiano que Corazón salvaje.

Ficha técnica
Título original: Lost Highway
Año: 1997
Duración: 2 hr 14 min
País: Estados Unidos
Director: David Lynch
Guion: David Lynch, Barry Gifford
Música: Angelo Badalamenti
Fotografía: Peter Deming
Reparto: Bill Pullman, Balthazar Getty, Patricia Arquette, Robert Loggia, Robert Blake,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'Por el lado oscuro del camino', dirigida por David Lynch y protagonizada por Bill Pullman y Patricia Arquette.
Anna Christie
Anna Christie es un melodrama pre-code bastante regular de Clarence Brown que solo funciona, en mi opinión, como un vehículo de mercadeo para que la Garbo luzca su seductora voz de contralto y pida un whisky a medianoche en la taberna de un muelle cualquiera. Escuchar hablar a Garbo por primera vez es quizás lo único que me resulta interesante, porque ni siquiera su voz es suficiente para elevar el tono dramático de una narrativa nimia sobre alcoholismo y prostitución en la que no sucede nada alarmante que me llegue a conmover durante hora y media. Se trata, en efecto, de la primera sonora que ella protagonizó para la MGM tras la estela de cine mudo que la lanzó al estrellato, rodada en tan solo 20 días y adaptada por Frances Marion de la famosa obra de Broadway de Eugene O'Neill. En la trama, Garbo interpreta a Anna "Christie" Christofferson, una mujer de unos 20 años que regresa desde Minnesota para quedarse un tiempo a vivir con el padre borracho que la dejó a cargo de unos parientes cuando ella era pequeña con el fin de irse al mar a trabajar como marinero en una barcaza de carbón en Nueva York. A través de los diálogos y un estatismo que mimetiza el teatro, Brown revela las miserias internas de los personajes para examinar tópicos como la disfuncionalidad familiar, la prostitución y las secuelas del alcoholismo, en una puesta en escena estática y por momentos atmosférica que, en términos proxémicos, aprovecha el espacio decadente de los muelles para transferir simbólicamente la cuota de desdicha y la naturaleza humana que a menudo cambia como las olas del mar; donde observo que todavía quedan rastros de los viejos hábitos del cine mudo: planos generales, planos medios, intertítulos, escenas de larga duración. Sus personajes anhelan remedirse por los pecados del pasado para alcanzar un atisbo de reconciliación, comenzando por el padre alcohólico que se refugia en el whisky para olvidar la culpa y encuentra algo de regocijo al lado de su hija recién llegada; la mujer impasible y desilusionada que busca sanar las heridas provocadas por todos los hombres que conoció en el burdel para hallar el amor verdadero; el marinero irascible y machista que desea casarse para sepultar los fracasos amorosos de su vida miserable. Los ingredientes necesarios para el buen drama están presentes, pero me temo que Brown los desaprovecha para mantenerse en la marea baja de las conversaciones aburridas que se repiten como los días del calendario, dejando a los personajes flotando entre la ausencia de golpes de efecto y la inercia de situaciones arrítmicas. No siento que haya un impulso dramático que añada dimensiones a la psicología de los personajes, y todo permanece en los coloquios anodinos en el bar o en los interiores de la embarcación. Solo me atrevo a rescatar la actuación de Greta cuando ejerce sus cualidades expresivas para capturar, con fidelidad y cierto histrionismo, el rostro de una mujer solitaria que anhela recuperar la felicidad para deshacerse de las relaciones que solo le traen amargura y decepciones sentimentales. Se dice que durante los inicios del sonoro la MGM mantuvo a Garbo fuera de papeles en producciones sonoras por el temor a que no tuviera éxito alguno por su voz. Esta película prueba cuán equivocados estaban, sobre todo porque la voz apesadumbrada y de tonalidad baja de Garbo se adecúa naturalmente para captar el tormento de la protagonista. 

Ficha técnica
Título original: Anna Christie
Año: 1930
Duración: 1 hr 29 min
País: Estados Unidos
Director: Clarence Brown
Guion: Frances Marion
Música: William Axt
Fotografía: William H. Daniels
Reparto: Greta Garbo, Charles Bickford, George F. Marion, Marie Dressler,
Calificación: 6/10

Crítica breve de la película 'Anna Christie', dirigida por Clarence Brown y protagonizada por Greta Garbo y Charles Bickford.