Ip Man 4: El final

Por más que me haya entretenido viendo la trilogía de Ip Man protagonizada por Donnie Yen, me asalta un aburrimiento que me impide decir lo mismo de la cuarta y, por suerte, última entrega de la saga del gran maestro de Bruce Lee. Aunque tiene algunas secuencias de pelea coreografiadas decentemente, noto que la despedida de Yen como el legendario maestro de artes marciales carece de la fuerza de las antecesoras, y de inmediato se vuelve un ejercicio aburrido de artes marciales, personajes de madera y prejuicios raciales. La trama se sitúa en los años 60 y presenta a un Ip Man meditabundo tras descubrir que tiene cáncer en la garganta a causa de su adicción al tabaco. Luego de discutir con su hijo rebelde, Ip Ching, al cual han expulsado del colegio por provocar una pelea, acepta una invitación de un amigo y viaja hacia la ciudad de San Francisco en los Estados Unidos, con el fin de buscar mejores oportunidades de estudio para su hijo. A partir de unas situaciones bastante previsibles, me invade una dejadez que me quita todo el interés por ver el acto de clausura de Ip Man, sobre todo cuando debe combatir, insistentemente, la postura conservadora de los maestros chinos que se niegan a enseñar las técnicas de artes marciales a los extranjeros, las injusticias que sufren sus compatriotas chinos y la xenofobia ancestral engendrada por unos norteamericanos que aparentemente odian a cualquier individuo que viva en un barrio chino. A pesar de que muestra unas cuantas coreografías de combate que me llaman la atención, particularmente en la que un joven Bruce Lee le patea el trasero a un karateka en un callejón y en la que Ip pelea pelea con el maestro Wan hasta desatar un terremoto en los interiores de su residencia (simbólica escena sobre la unidad china), todo lo otro me parece una sucesión de diálogos repletos de clichés, de luchas repetitivas que pierden el efecto de sorpresa con cada golpe lanzado, de subtramas innecesarias de gente tercamente entrometida, de personajes huecos sin ningún tipo de desarrollo que solo sirven para rellenar descripciones e involucrarse en unos problemas banales que en todo momento señalan un maniqueísmo político descaradamente obvio. El ritmo es noqueado a la media hora. Ni siquiera la pericia física de Yen puede mitigar el efectismo y la falta de vigor de esta secuela de Wilson Yip.   


Calificación: 5/10

 Crítica breve de la película 'Ip Man 4: El final', dirigida por Wilson Yip y protagonizada por Donnie Yen y Scott Adkins.

Justicia para todos
A mi parecer Justicia para todos, de Norman Jewison, es un drama legal que traza un discurso interesante sobre las contradicciones éticas del sistema judicial norteamericano, pero ni siquiera la actuación decente de Al Pacino puede rescatar una trama que se hunde en la cárcel de la vacuidad. Todo lo que expone lo estructura de forma mecánica para que el tema jurídico tenga cierta sustancia, aunque en el fondo los personajes permanezcan en una superficie en la que abundan los diálogos expositivos, la falta de ritmo, la ausencia de humor y unas escenas que se repiten sin fuerza, una y otra vez, hasta robarme el interés con el que atestiguo a un abogado enfrentándose al poder, el chantaje y la corrupción subterránea que corroe los engranajes de esa cosa tan cuestionable llamada justicia. Con un guión de Valerie Curtin y Barry Levinson, narra un fragmento en la profesión de Arthur Kirkland, un abogado defensor en Baltimore que es encerrado por desacato en la corte después de golpear a Henry T. Fleming, un juez con el que no se lleva bien. Se presenta como un abogado impulsivo, algo histriónico y con un fuerte carácter apegado a su deber y las normas morales. Pero un giro lo pone en una encrucijada ética cuando tiene que defender al juez Fleming, acusado de golpear y violar a una pobre mujer, incluso sabiendo que el magistrado es una persona corrupta e inescrupulosa. Antes del anticipado juicio, permanezco en un estado de indiferencia absoluta, en el que soy culpable de verlo dialogando con sus colegas abogados y un juez que no anda bien de la cabeza, defendiendo a un travesti afroamericano y a un inocente encarcelado injustamente por un delito menor, reflexionando sobre los dilemas éticos de su profesión, descubriendo pruebas irrefutables que demuestran la culpabilidad del cliente que lo manipula para lograr su inocencia. Con un histrionismo calculado, la interpretación de Pacino se adecúa expresivamente a los conflictos internos de un protagonista que parece un volcán a punto de hacer erupción cuando es víctima del poderío maquiavélico de una justicia desquiciada. Su rol, cuanto mucho, es regular, muy por debajo de sus interpretaciones magistrales. Los secundarios son hasta innecesarios y carecen de desarrollo. Se repone mínimamente durante la escena climática del juicio en la que Pacino denuncia, con mucha elocuencia, lo que yo ya sabía: los corruptos son culpables. Mi único veredicto es que se trata de un anodino drama de abogados.

Calificación: 5/10

 Crítica breve de la película 'Justicia para todos', dirigida por Norman Jewison y protagonizada por Al Pacino.

El hijo del caíd

Aunque no creo que se trate de un entretenimiento mudo de primer nivel, El hijo del caíd, de George Fitzmaurice, me hace pasar un rato placentero con su melodrama del desierto protagonizado por Rudolph Valentino. Fue la última película de Valentino antes de su muerte inesperada por peritonitis a la edad de 31 años, el 23 de agosto de 1926, ocurrida menos de dos semanas antes del estreno. Está basada en la novela homónima de Edith Maude Hull, y es una secuela de la exitosa película de 1921 El caíd, también protagonizada por Valentino. El guión, firmado por Frances Marion, cuenta la historia de Ahmed, el hijo de un jeque árabe que se enamora de una bailarina exótica que vive encarcelada en el negocio de unos bandidos del desierto. En un principio la trama atraviesa los terrenos comunes y previsibles del melodrama silente, en el que la ironía calculada hace que los amantes colisionen una y otra vez hasta enamorarse apasionadamente, pero a medida que avanza me contagia ver a Ahmed en algunas escenas de acción en las que combate a los bandidos renegados con capa y espada, montando a caballo en las dunas del desierto, discutiendo con el padre autoritario, rescatando a la damisela en peligro de las garras de los villanos. M parece estupenda la química que atestiguo entre Valentino y Vilma Bánky. La última actuación de Valentino me resulta cautivadora cuando, doblemente, interpreta al hijo rebelde y al padre exigente, con un histrionismo que ilumina la puesta en escena y me toma por sorpresa, pues tardo un tiempo en darme cuenta, quizá por el maquillaje, de que se trata de él mismo. También la de Bánky como la bailarina de las caderas de oro que desea escapar de la cárcel heteropatriarcal, y Bull Montana como el jocoso bandido oportunista. La estética de Fitzmaurice los encuadra con sutileza, aprovechando el gran plano general para evocar esas preciosas panorámicas del desierto y los decorados pomposos en los escenarios interiores y, en ocasiones, el primer plano para subrayar las emociones intensas y la expresividad de los protagónicos. Me sorprende, asimismo, el recurso de pantalla dividida con el que consigue encuadrar a Valentino dos veces en el mismo plano medio. El ritmo es acogedor durante una hora y diez minutos. Y la climática secuencia de la persecución es espectacular. Es una aventura agradable sobre amor, valentía y vínculos paternales. 



Ficha técnica 
Título original: The Son of the Sheik
Año: 1926
Duración:  1 hr 09 min
País: Estados Unidos
Director: George Fitzmaurice
Guion: Frances Marion, Fred De Gresac
Música: Artur Guttmann
Fotografía: George Barnes
Reparto: Rudolph Valentino, Vilma Bánky, George Fawcett,
Calificación: 7/10


Crítica breve de la película 'El hijo del caíd', dirigida por George Fitzmaurice y protagonizada por Rudolph Valentino. 
Cuerpo y alma
Cuerpo y alma es una película de Robert Rossen que mantiene mi interés momentáneamente con el cuento de redención de un boxeador hundido en la avaricia y la corrupción en el mundo de boxeo. Pero desafortunadamente, a pesar de contar con una actuación notable de John Garfield, encuentro que la narrativa es un poco mecánica y carece de la fuerza de un puñetazo como cine negro de boxeo. La historia, escrita con guión de Abraham Polonsky, describe la vida de Charlie Davis, un hombre que rememora, a través de una larga escena retrospectiva, su travesía en el mundo oscuro del boxeo antes de una última pelea para retirarse. El racconto me permite conocer su pasado cuando es un muchacho de familia humilde que desea ser boxeador, se enamora de la pintora Peg Born y disfruta de una felicidad efímera, se asocia con un promotor de combates de boxeo y, sobre todo, cuando es víctima de la codicia y pierde los escrúpulos morales para convertirse en un boxeador exitoso en el campeonato de los combates arreglados, donde alcanza la gloria y también el trago amargo de la autodestrucción que solo le produce infelicidad, desilusión y enemistades. No sé cuántas veces me lo han contado, pero al menos se deja ver. La actuación de Garfield, quien era boxeador en su juventud, me resulta convincente por su pericia física y su expresividad calculada. A su lado también hay roles secundarios acogedores de Lilli Palmer como la mujer comprensiva, Anne Revere como la madre preocupada y Lloyd Gough como el gánster manipulador. Rossen los encuadra con un estilo visual que se ejecuta a través de la lente de James Wong Howe y que amplifica las emociones y los pensamientos de los personajes, sobre todo al emplear el sobreencuadre, la iluminación expresionista, los travellings de seguimiento, los primeros planos que acentúan las intenciones, la sobreimpresión que detalla a fondo los excesos del boxeador. Algunas secuencias en el ring pierden peso como una pluma y se vuelven demasiado blandas para mi gusto. Debajo del cuadrilátero, Rossen construye un comentario sociopolítico muy soterrado sobre cómo los vicios del capitalismo corrompen al hombre honesto de clase trabajadora en la sociedad norteamericana hasta convertirlo en una marioneta al servicio del dinero y el crimen organizado. Aunque la moraleja puede sonar interesante, es una película gris que a mi parecer es tan previsible como las luces que se apagan cuando la pelea termina. 

Calificación: 6/10

 Crítica breve de la película 'Cuerpo y alma', dirigida por Robert Rossen y protagonizada por John Garfield y Lili Palmer.

Para conmemorar su aniversario de nacimiento, selecciono cinco películas esenciales de Cary Grant para los cinéfilos interesados en conocer su trayectoria como actor de cine.


Cary Grant


Era carismático, era apuesto, era elegante y, sobre todo, actuaba con un estilo desenfadado y cómico. Su magnetismo atraía a todo el mundo. Estuvo dos veces nominado al Oscar al mejor actor. Y se le considera uno de los grandes actores protagónicos de la historia de Hollywood, cosa en la que yo coincido totalmente. Hablo, por supuesto, de Cary Grant, ese fabuloso actor de la época de oro del cine de Hollywood, considerado por muchos como uno de los mejores actores de todos los tiempos. Grant se caracterizaba por interpretar a hombres inteligentes, galanes, espías y héroes de comportamiento noble y educado ajustados a un estupendo sentido del humor, a menudo visto en comedias alocadas o dramas románticos. A lo largo de su carrera trabajó a las órdenes de grandes directores como George Cukor, Howard Hawks, Leo McCarey, Michael Curtiz, Frank Capra y George Stevens, pero quizá es mayormente conocido por roles que tuvo en las películas de Alfred Hitchcock durante las décadas de 1940 y 1950, donde alcanzó la cima de su popularidad. Aunque nunca ganó un Oscar, recibió un honorífico "por su dominio único del arte de actuar en la pantalla con el respeto y el cariño de sus compañeros". 

Para conmemorar su aniversario de nacimiento, selecciono cinco películas esenciales de Cary Grant para los cinéfilos interesados en conocer su trayectoria como actor de cine.


5. El asunto del día (1942)


Ronald Colman, Jean Arthur y Cary Grant


El asunto del día, es una comedia romántica fabulosa de Stevens, en la que Grant interpreta a un fugitivo que se esconde en la casa de Jean Arthur haciéndose pasar por un jardinero para engañar a Ronald Colman. Es una comedia maravillosa que coloca a Grant al lado de otras dos grandes estrellas y, a la vez, le permite mostrar sus dotes para la comicidad. La química que tienen en pantalla es memorable. Fue su tercera película a las órdenes de Stevens.


4. Sólo los ángeles tienen alas (1939)


Cary Grant y Jean Arthur

En esta aventura romántica de Hawks, Grant se pone la chaqueta de un piloto en una jungla suramericana para pilotear aviones en misiones peligrosas y seducir a la bella Arthur. Las secuencias aéreas son espectaculares. Lo acompañan también roles secundarios notables de Richard Balthermess y una joven Rita Hayworth. 


3. Encadenados (1946)


Cary Grant e Ingrid Bergman


La legendaria escena del beso es más que suficiente para caer rendido ante la química en pantalla que despliegan Grant e Ingrid Bergman en esta cinta espías y cine negro del señor Hitchcock.


2. Sospecha (1941)


Cary Grant en 'Sospecha'


En su primera colaboración con Hitchcock, Grant deja el manto del caballero y se pone en la piel de un oportunista deshonesto que desea asesinar a Joan Fontaine para quedarse con su fortuna. Se trata de uno de los roles más siniestros de Grant.


1. Con la muerte en los talones (1959)


Con la muerte en los talones


Grant es el protagonista de esta aventura de espías de Hitchcock, quizá la más popular de su carrera como actor. Entrega una interpretación de mucha demanda física y que se ajusta a las exigencias hitchcockianas de la identidad equivocada. Es muy entretenido verlo huyendo de los espías que lo buscan para matarlo por todo los Estados Unidos. Fue su última película con el director británico. 
 


Cielo de medianoche

Luego de ver Cielo de medianoche me llega a la mente algo que vengo pensando desde hace unos años: George Clooney, como director, se ha perdido como un astronauta en el espacio. Como cinta de ciencia ficción, Clooney ofrece reflexiones sobre la crisis medioambiental y los vínculos familiares, pero su narrativa me resulta previsible, carente de emoción, tan vacía como los abismos del espacio. En el peor de los casos parece un pastiche descarado entre Gravedad y el corto Aningaaq. Basada en la novela homónima de Lily Brooks-Dalton y escrita con un guión de Mark L. Smith, narra la historia de Augustine Lofthouse, un científico solitario que vive aislado en una base en el Ártico mientras las alucinaciones y los recuerdos del pasado lo ayudan a mantener la cordura, pues es uno de los científicos que ha dedicado su vida a encontrar planetas habitables para la especie humana. Pero tristemente es uno de los últimos supervivientes de una catástrofe global. Un montaje paralelo fragmenta la tragedia de Augustine en dos episodios separados que convergen a lo largo de la narración. El primero muestra el lazo que Augustine desarrolla con Iris, una niña tímida y reservada que ha sido abandonada por sus padres, mientras sobreviven a las frígidas temperaturas para buscar suministros. El segundo el intento de comunicación entre Augustine y Sully, una astronauta embarazada que vuelve a la Tierra en una nave espacial junto con sus compañeros astronautas tras descubrir la habitabilidad de una de las lunas de Júpiter. Yo, que soy un adicto a las historias de ciencia-ficción, encuentro que plantea cosas interesantes, pero desafortunadamente está montada con una dejadez tan enorme que impide que mis emociones se manifiesten ante lo que veo. No me cautiva para nada la actuación de un George Clooney que, expresivamente, luce cansado por fuera y por dentro. Su personaje se mantiene en la superficie, a pesar de los intentos de subrayar su psicología fracturada con los gestos y la mirada. El relato postapocalíptico tiene una tensión y un misterio que se disipa a la media hora para dar paso a la inercia, a las situaciones de peligro calculadas, a los personajes secundarios unidimensionales, al ritmo desequilibrado, a los efectos visuales acertados robados de otras películas similares, al sentimentalismo barato. Sospecho que si este film fuese una nave espacial, anduviera por el espacio con los motores apagados. No va a ninguna parte. 


Calificación: 5/10

 Crítica breve de la película 'Cielo de medianoche', dirigida por George Clooney y protagonizada por George Clooney y Felicity Jones.

True History of the Kelly Gang
Mi fascinación por las historias de bandoleros del viejo oeste de Australia, me ha obligado a ver La verdadera historia de Ned Kelly, película del director australiano Justin Kurzel que actualiza la leyenda de Ned Kelly, el famoso bushranger australiano que se convirtió en una especie de héroe folclórico por su desafío a las autoridades coloniales. Está basada en la novela del mismo título de Peter Carey. Mis expectativas estaban por lo alto. Pero ahora me arrepiento de haberla visto. Así como lo demuestra en su versión de Macbeth, Kurzel ejecuta la película con un notable estilo visual, pero su narrativa me resulta demoledoramente aburrida retratando los costados oscuros de la carrera delictiva de Kelly, con unos personajes tan vacíos como una pistola descargada. Se ambienta a finales del siglo XIX en Australia y narra, con un prolongado racconto y la voz en off que describe los sucesos como en un diario de confesión, la vida del bandido Ned Kelly en dos períodos fundamentales. En una primera etapa se le muestra como un niño valiente y compasivo que vive en la extrema pobreza con su madre y sus tres hermanitos pequeños mientras conoce al sargento O'Neill y es entrenado por el forajido Harry Power. En la segunda, adquiere una dimensión oscura y paranoica cuando un adulto Ned Kelly regresa a su casa, forma una pandilla de pistoleros travestís y comete crímenes como un bandido que desciende hacia el abismo de la locura. Cuando pasa media hora me deja de importar las acciones del protagonista y su herencia criminal, la crueldad con la que asesina, los tiroteos en los bosques, la dura existencia de la familia azotada por la pobreza y el hambre, los coloquios en burdeles de prostitutas, los líos gordos que tiene con los agentes de la ley. Pierde ritmo a la velocidad de un disparo, y el desarrollo de los personajes se mantiene en la superficie. Ni siquiera me causa algún tipo de sorpresa el fantasmagórico enfrentamiento con la policía en Glenrowan en el que Kelly los combate a tiro limpio vistiendo una armadura. El color rojo sobre su vestuario registra el peligro, la violencia y anticipa el ahorcamiento en los pasillos de la cárcel. Se sustenta por una actuación decente de George MacKay como el forajido de la armadura oxidada. Pero eso no impide que el resultado sea mecánico y, en el peor de los casos, muy redundante.

Calificación: 4/10

 Crítica breve de la película 'La verdadera historia de Ned Kelly', dirigida por Justin Kurzel y protagonizada por George MacKay y Charlie Hunnam.

El día que la Tierra se detuvo
No sé si es por mi entusiasmo por el cine de ciencia-ficción, pero me invade una tensión implacable cuando miro el encuentro cercano del tercer tipo que presenta El día que la Tierra se detuvo, de Robert Wise. A decir verdad, tenía muchos años esperando para verla, porque por cosas de la vida solo recordaba algunos fragmentos que veía cuando no había internet y la televisión por cable era la moda, pero finalmente lo he podido lograr con una edición restaurada que de inmediato me hace pensar que se trata de una de las mejores películas de ciencia-ficción que he visto, construida con unos efectos especiales ambiciosos, una banda sonora espeluznante y una poderosa metáfora sobre el pacifismo y las contradicciones morales de una sociedad al borde de la autodestrucción. Su parábola es tan vigente como nunca. El guión lo firma Edmund H. North, basado en el cuento de ciencia ficción de 1940 Farewell to the Master, de Harry Bates. Se ambienta en los años 50, durante las primeras etapas de la carrera armamentista nuclear de la Guerra Fría, y narra la llegada a la Tierra de un objeto volador no identificado (OVNI), detectado por las fuerzas del ejército y por millones de personas de todo el mundo que se enteran por la radio y la televisión. Cuando el platillo volador aterriza en un parque, el pánico se desata entre unos ciudadanos que piensan que se trata del fin del mundo. Los soldados rodean la nave, apuntando con tanques de guerra y con todo tipo de armas. La puerta del platillo se abre automáticamente y del interior sale Klaatu, un alienígena de aspecto humanoide vestido con un traje espacial metálico que anda acompañado por Gort, un robot gigantesco que inmediatamente dispara un rayo láser de su ojo hacia las armas de los uniformados que le apuntan, como consecuencia de que un soldado le dispara accidentalmente a Klaatu. La trama mantiene una cohesión y un ritmo muy placentero cuando coloca al protagonista en la misión suicida de llevar un mensaje a los líderes del mundo, de una especie primitiva que está condenada a vivir entre guerras y divisiones políticas que ralentizan el progreso. A mi parecer es muy entretenido ver al alíen con la sabiduría y el conocimiento científico tan infinito como el universo, luchando contra la irracionalidad de la raza humana, entablando amistad con un niño que le ayuda a comprender el comportamiento humano, huyendo junto a la madre del chiquillo para cumplir su objetivo. Klaatu está sólidamente interpretado por Michael Rennie, y me transmite sensaciones con el lenguaje corporal, los diálogos irónicos y el rostro inexpresivo que verdaderamente me hace creer que es un extraterrestre en el cuerpo de un hombre. Hay un buen rol secundario de Patricia Neal como la madre despavorida y desconfiada que salva el mundo de la aniquilación. El diseño futurista de la nave, tanto en el exterior como en el interior, es sencillamente ingenioso, al igual que el robótico traje pesado de Gort que ocupa Lock Martin. La música de Bernard Hermann, compuesta por instrumentos electrónicos como el theremin que evocan a Scriabin, es fascinante y amplifica en todo momento la dimensión de misterio y de suspenso del problema central. Quizá lo más intrigante es que Wise retrata a Klaatu como un héroe y a los humanos como unos villanos con el fin, supongo, de emitir un discurso pacifista que señala, una y otra vez, no solo las consecuencias nefastas de la era atómica y las políticas de la Guerra Fría, sino, además, la imposibilidad de un mesías que unifique las barreras limítrofes que obstruyen la esperanza entre los seres humanos. Su resultado es tan redondo como un platillo volador a plena luz del día. Es una película indudablemente brillante.


Ficha técnica 
Título original: The Day the Earth Stood Still 
Año: 1951
Duración:  1 hr 32 min
País: Estados Unidos
Director: Robert Wise
Guion: Edmund H. North
Música: Bernard Herrmann
Fotografía: Leo Tover
Reparto: Michael Rennie, Patricia Neal, Hugh Marlowe, Sam Jaffe,
Calificación: 8/10


Crítica breve de la película 'El día que paralizaron la Tierra', dirigida por Robert Wise y protagonizada por Michael Rennie y Patricia Neal.
El soborno
Aunque tiene un arranque interesante que me atrapa enseguida, El soborno, de John Cromwell, es una película de cine negro que, antes de que pase una hora, me quita todo el interés con su trama mecánica, los clichés y el repertorio de personajes dúctiles del cine policial. Se trata de un remake de la película criminal muda del mismo título de Milestone. La produce Howard Hughes. El argumento narra la historia de Nick Scanlon, un mafioso que utiliza el soborno como un recurso lucrativo para comprar a los políticos y las fuerzas del orden. Sin embargo, sus días quedan contados cuando ordena el asesinato de un peón para que no hable de los negocios turbios que tiene con empresarios y políticos corruptos. El incidente lo pone en la mira de Tom McQuigg, un veterano detective de la policía estatal que, junto al policía honesto Bob Johnson y el reportero Dave Ames, investiga el caso en ese distrito para ponerle fin al imperio del crimen que oscurece las calles de la ciudad y corrompe a los fiscales y los políticos. El problema que tengo con esa narrativa es la abundancia de subtramas innecesarias y de personajes genéricos que solo sirven para motorizar la trama con un desarrollo que, cuanto mucho, es escaso.  Su estructura carece de un ritmo que sea placentero durante hora y media, rápidamente pierde cohesión en la segunda mitad. Y todo se reduce a una cacería predecible entre los policías y los ladrones en la que abundan los tiroteos, las conversaciones, la corrupción, los asesinatos, las mujeres fatales de los clubes nocturnos, sin nada de fuerza o de algo que sea remotamente sorpresivo en las escenas de acción. Las actuaciones son algo triviales y, desafortunadamente, percibo una sequía de carisma en la presencia de Robert Mitchum como el policía incorruptible y en la de Lizabeth Scott como la cantante fatalista, pero reconozco que Robert Ryan me resulta convincente como ese gánster impulsivo y megalómano que abusa del poder para hacer lo que desea, al igual que William Talman como el policía íntegro en el llamado del deber. A juzgar por el grupo de directores sin acreditar, me da la impresión de que hubo muchos problemas para satisfacer a Hughes en el plató. Se nota claramente que es un film accidentado, realizado a desganas. Es una película de cine negro muy plana sobre la corrupción política y la ética policial.  

Calificación: 5/10


Crítica breve de la película 'El soborno', dirigida por John Cromwell y protagonizada por Robert Mitchum y Robert Ryan. 

En su debut anglosajón, el director húngaro Kornél Mundruczó narra una historia dura y triste sobre una mujer que cae en un abismo emocional. 


Fragmentos de una mujer


La primera imagen que aparece en Fragmentos de mujer es la de un gran plano general en la que se observa, en el centro de la composición, las dos columnas inacabadas sobre una base en lo que parece ser un puente en construcción a orillas de un río. Detrás de los pilares se aprecia también dos grúas mecánicas alineadas en conjunto, como si estuvieran custodiando algo. En la parte superior de las grúas, un ligero intertítulo surge en medio de estas y el cielo grisáceo para señalar una fecha entre los dos objetos: 17 de septiembre. A simple vista uno pensaría que no hay ningún significado, pero a mi modo de verlo está más que claro que se refiere al vínculo fracturado de dos personas y la imposibilidad de que se pueda reparar ante el trágico destino que les espera. Si penetramos un poco más en el núcleo de la imagen, dichas columnas se pueden transcribir como una radiografía del útero femenino, la matriz de la concepción, una que se halla en una fase constante de reconstrucción. Esa imagen es como si fuese la espina dorsal de las representaciones de la película, el preámbulo de lo que se desencadena durante dos horas que marcan el debut en el cine anglosajón del director húngaro Kornél Mundruczó.

Partiendo de ese concepto, la película de Mundruczó, estrenada en el pasado Festival Internacional de Cine de Venecia, me conmueve en algunos momentos cuando dialoga de manera muy intimista con tópicos como el duelo, la pérdida y el dolor reprimido de una mujer, los cuales son capturados con una gran actuación de Vanessa Kirby que me hace pensar de inmediato que su estrella en el paseo de la fama de Hollywood está asegurada. Hace menos de un año, ya me daba la impresión de que ella tenía un potencial oculto como actriz. Y tal parece que no me equivocaba. En Venecia, Kirby ganó la Copa Volpi a la Mejor Actriz. Muchos coinciden en que es su mejor actuación. Yo estoy de acuerdo. Cuentan que la historia del personaje que interpreta Kirby en parte fue escrito a partir de las experiencias de la guionista, Kata Wéber, la esposa del director, quien escribió el guión basándose en el duro episodio de haber perdido a su hijo por causa de un embarazo frustrado. Esos componentes, distribuidos en una sólida puesta en escena, hacen que la narración sea orgánica y bien escueta desarrollando el melodrama de una mujer que está a punto de dar a luz.


Shia LaBeouf y Vanessa Kirby. Imagen de Netflix.


La trama comienza presentando a Sean Carson (Shia LaBeouf), un hombre que está muy entusiasmado porque su pareja, Martha Weiss (Vanessa Kirby) se encuentra en sus últimas semanas de embarazo y espera recibir una niña. Ambos son una pareja joven y tienen mucho que aprender. Él es un obrero de cuello azul que trabaja en la construcción del puente que acabo de mencionar; ella en cambio es una ejecutiva de una empresa. No parecen hechos el uno para el otro, pero demuestran un apego incondicional por la bebé que esperan. La madre de Martha, la adinerada señora Elizabeth (Ellen Burstyn), les compra una minivan para dar inicio a la festividad, aunque en el fondo también lo hace para opacar al pobre nuero de clase obrera. En la casa, un pequeño sobreencuadre muestra a una embarazada Martha sentada de espaldas a la entrada de la puerta, observando la cama la posible criatura y el cuadro de imágenes ultrasonido colgado en la pared del cuarto de niños, meditando sobre la llegada de la maternidad.

A través del encuadre móvil y de un prolongado y meticuloso plano secuencia de casi media hora en los interiores del hogar, da por comenzada la noche del nacimiento, donde Martha tiene contracciones que anuncian el parto inminente. Cuando Martha rompe fuente, un nervioso Sean llama a la comadrona, Barbara, pero ella no se encuentra disponible, por lo que envía en su lugar a Eva (Molly Parker), una partera recomendada que tiene el nombre simbólico de aquella figura bíblica que da el fruto prohibido. Se respira tensión en el ambiente. Martha lucha contra el dolor, las náuseas y los eructos repentinos. La partera llega y la atiende rápidamente. Hay incomodidad, griterío, nerviosismo. La colocan en la bañera para tratar de calmar su ansiedad, mientras se abraza cariñosamente junto a Sean. Ya en la cama puja con todas sus fuerzas con la motivación que le da Eva para acelerar el proceso del parto. Aun colocándose en otra posición, el ritmo cardíaco de la niña presenta deficiencias y la preocupación se incrementa. Por el sufrimiento fetal, Sean, víctima del pánico, llama a emergencias. Inhalando y pujando, finalmente se escuchan los gritos de la bebé recién nacida que se ve saludable. La partera confirma que se escucha bien. Martha la carga entre sus brazos con una sonrisa de regocijo. Pero en el momento en que un sobreencuadre ostenta a una aliviada Eva frente a tres espejos que personifican su intranquilidad, se apertura una tragedia cuando la neonata padece el síndrome del bebé azul (tetralogía de Fallot) por la falta de oxígeno y trata de revivirla. Los paramédicos llegan, pero no pueden hacer nada. Es demasiado tarde. Fuera de campo, sufre un paro cardíaco y muere. Las sirenas de la ambulancia alumbran el peligro. Se funde a negro.


Molly Parker y Vanessa Kirby. Fotograma de Netflix.


Luego de ese detonante, la narrativa de la película se concentra en mostrar, con sobriedad y cierta melancolía, los episodios grises de la pareja cuando tratan de recomponer sus vidas para seguir adelante y luchar contra los lapsos emocionales provocados por el duelo. Y sus problemas me conmueven cuando visitan al médico forense para conocer los detalles del deceso prematuro, discuten sobre demandar a la partera por irresponsabilidad ética, caminando por las calles solitarias viendo la felicidad de los otros padres con sus hijos, anhelando tener un nuevo bebé que agote toda su cuota de placidez, planteando tomar la decisión de donar el cuerpo de la bebé a la ciencia, sosteniendo peleas acaloradas en la habitación del infante, atestiguando la huida de los deseos sexuales que apagan lentamente el fuego de la relación, contratando a una abogada para que la demanda sea lucrativa, chocando con las ideas conservadoras de la abuela, cometiendo adulterio, abriendo el camino hacia la separación inevitable. La que más sufre, aparentemente, es Martha, aunque sabe disimularlo. 


Vanessa Kirby y Ellen Burstyn. Imagen de Netflix.


Mundruczó no modela a Martha como una mujer débil y vulnerable de esas que se ponen a llorar hasta agotar una caja de pañuelos de Kleenex, sino, por el contrario, como una mujer fuerte, de mirada taciturna, que oculta bajo su rostro inexpresivo sus temores intrínsecos y el desasosiego producido por el duelo que la ata emocionalmente a los demás. Atraviesa dos etapas fundamentales de transformación luego del parto fallido. En la primera se le ve casi siempre distante, reservada, sufriendo internamente, vistiendo con atuendo rojizo que refleja claramente el valor que tiene para enfrentar la pesadumbre y el enojo interno que anhela escapar hacia la superficie, tolerando las quejas y los abusos de Sean, soportando las decisiones que su madre ejerce sobre su persona, visitando las tiendas de comestibles para comprar y comer manzanas tan rojas como la sangre que corre por sus venas, observando el show mediático de gente que pide a gritos que la partera se pudra en la cárcel. En la segunda empieza a valorar la vida equilibrando sus pensamientos (figurado por el color azul) y aprende a valerse por sí misma, independizándose del cónyuge inseguro que se acuesta con la abogada y de la madre manipuladora para decidir la suerte de los restos de su bebita y, por encima de todo, poniéndose del lado de la justicia para exculpar a Eva. Su cuento, es el de una mujer fragmentada que poco a poco recompone las piezas que faltan en su vida.

La actuación de Vanessa Kirby es, si no me equivoco, lo que sostiene la dimensión dramática de la película cuando comunica la carga emocional de Martha. Su autenticidad me resulta emotiva. No hay una sola escena en la que su desgracia no me parezca natural cuando camina, llora, conversa, mira con los enormes ojos azules y grita del dolor. Su compromiso físico me deja sin palabras en la escena del parto y en la escena en la que solloza mirando la fotografía de su recién nacida. Se siente muy creíble. Es capaz de proyectar simultáneamente la decepción, la frustración silenciosa y la angustia del personaje. Me atrevo a decir que es la mejor interpretación en su corta trayectoria como actriz. Está acompañada por roles secundarios notables de Shia LaBeouf como el esposo indeciso, y Ellen Burstyn como la matriarca controladora con el pasado funesto. 


Vanessa Kirby como Martha. Imagen de Netflix.


Ese personaje que interpreta Kirby le sirve a Mundruczó para construir un comentario muy discreto sobre la pena, visible en la desintegración de la pareja y el desconsuelo de la protagonista, pero al observar detenidamente me encuentro con otros textos relacionados a la fertilidad y la fuerza de concepción de la mujer, como si se tratara de un árbol que pone sus frutos durante varias temporadas. Esto es evidente en las escenas en que ella come manzanas y recolecta las semillas en el refrigerador hasta que brotan raíces. Las manzanas son de color rojo, al igual que el vestuario que lleva en ocasiones. El color rojo significa vida, amor. Las manzanas se refieren a la discordia, la paz interior y el renacimiento. Las sutiles panorámicas del puente en construcción a lo largo de los meses amplifica la metáfora. Por lo tanto, Martha cambia a medida que adquiere la confianza necesaria para discrepar con los prejuicios de los demás y aceptar la idea optimista de que puede todavía engendrar otra niña, palpable con mayor calado cuando esparce las cenizas de su hija en el río y, también, en la escena del epílogo en la que, años después, vestida de azul (anhelo, equilibro) ayuda a bajar de un árbol de manzanas a su pequeña hija mientras ruedan los créditos, consiguiendo, en efecto, lo que tanto deseaba.
 
Aunque percibo una caída minúscula de ritmo en la segunda mitad y de un tono moralista algo elemental, la película mantiene mi sensibilidad durante las dos horas en la que esclarece su relato íntimo y desgarrador sobre una mujer que se superpone a lo peor. No solo por el desempeño actoral, sino, además, por esa narración densa que encubre, debajo de la simplicidad, significados diversos sobre el verdadero poder de una mujer: crear vida. Mis ojos amenazan con humedecer mi cara cuando escucho la música melancólica y empática del gran Howard Shore. Pero se secan cuando veo el final feliz y esperanzador. Al menos eso no me quita el interés. Es un buen drama de Mundruczó.


Ficha técnica
Título original: Pieces of a Woman
Año: 2020
Duración: 2 hr 08 min
País: Estados Unidos
Director: Kornél Mundruczó
Guión: Kata Wéber
Música: Howard Shore
Fotografía: Benjamin Loeb
Reparto: Vanessa Kirby, Shia LaBeouf, Ellen Burstyn, Molly Parker, Iliza Shlesinger, Jimmie Fails,
Calificación: 7/10

Crítica de la película 'Fragmentos de una mujer', dirigida por Kornél Mundruczó y protagonizada por Vanessa Kirby y Shia LaBeouf. 

Tráiler de la película




No soy quien crees
No deja de parecerme interesante lo que observo en No soy quien crees, el drama romántico del director francés Safy Nebbou. Me hace pasar una hora y media bien agradable con su historia de amor retorcida. Con una actuación fascinante de Juliette Binoche, aborda con mucha sutileza un comentario sobre la falta de afecto, la identidad en las redes sociales y la crisis de mediana edad de la mujer. No hay una escena en la que no me vea cautivado por el personaje que ella interpreta. La trama captura un fragmento de la vida de Claire, una profesora de literatura francesa de unos 50 años que le cuenta a una psicoterapeuta, la Dra. Bormans, los romances que sostiene con hombres más jóvenes que ella para llenar el vacío afectivo que la inquieta. El coloquio, estructurado con múltiples escenas retrospectivas que permiten conocer el pasado, me parece placentero cuando veo a Claire dando clases ante sus alumnos, compartiendo la custodia de sus dos hijos con su exmarido Gilles, manteniendo un romance con el distante Ludovic y, retorcidamente, asumiendo en Facebook la identidad falsa de una joven de 25 años para tratar de seducir a distancia a Alex, uno de los compañeros de su amante. Se trata del retrato subjetivo de una mujer obsesiva que se refugia en una identidad virtual a través de las redes sociales para tratar de olvidar el dolor, la frustración producida por el hueco emocional y los roles sociales preestablecidos de la mujer de mediana edad, además de la negación que la atormenta ante el temor de envejecer y de no volver a ser joven, cosa que la hace mantener cierto anonimato para evitar una posible decepción amorosa con el tipo que solo ha visto en redes sociales. Hay escenas gratificantes, diálogos concisos, giros inesperados, una melodiosa banda sonora y planos elegantes que describen en todo momento los estados de ánimo y los pensamientos intrínsecos de esa mujer con la psicología fragmentada que miente y no es honesta consigo misma para encontrar una autoaceptación y un placer efímero que la vejez le ha quitado. Nada de eso fuese posible, supongo, sin esa genuina interpretación de Binoche que aprovecha la mirada y sus cualidades expresivas para comunicar el desasosiego, la infelicidad y los conflictos interiores de su personaje. Es una película satisfactoria. Un drama con rastros psicológicos en el que Nebbou señala, una y otra vez, los riesgos morales de la comunicación digital.   

Ficha técnica 
Título original: Who You Think I Am (Celle que vous croyez)
Año: 2019
Duración:  1 hr 37 min
País: Francia
Director: Safy Nebbou
Guion: Safy Nebbou, Julie Peyr
Música: Ibrahim Maalouf
Fotografía: Gilles Porte
Reparto: Juliette Binoche, Charles Berling, François Civil, Nicole García
Calificación: 7/10


Crítica breve de la película 'No soy quien crees', dirigida por Safy Nebbou y protagonizada por Juliette Binoche.