El vendedor de tabaco
Caigo rendido ante los efectos dormitivos de esta película austríaca titulada El vendedor de tabaco, durante casi dos horas en las que no me presenta nada que sea novedoso o decididamente emotivo. La dirige un tal Nikalous Leytner, director que desconozco pero que al escudriñar su catálogo me doy cuenta de que es un versado en las películas para televisión. No es que se trate de algún pecado, pero me parece un drama histórico de mayoría de edad insustancial, nimio, con aroma a telefilme de History cuando atraviesa terrenos comunes para narrar su fábula sobre desilusión, psicoanálisis y antisemitismo. Se ambienta en Viena en 1937 y comienza con la historia de Franz, un chico de diecisiete años que ha viajado desde el campo donde vive con su madre para instalarse en la tienda del señor Otto Trsnjek, un vendedor de tabaco que lo toma como su aprendiz y le enseña a administrar la tienda y a atender a los clientes que la frecuentan, entre los que se encuentra el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. La mayor parte de la trama se centra en la amistad que desarrolla el chico con el vendedor y con Freud, a quienes los ve como figuras paternales, así como el amor que siente por una joven cabaretera que lo pone a soñar hasta humedecer la cama. En un principio me resulta interesante observar los sueños extraños y muy simbólicos que este tiene en un lago, sobre todo porque de alguna manera amplían su espectro de frustración, los deseos reprimidos y la necesidad de hallar en el amor el camino hacia la madurez en medio de la tragedia. Pero a fin de cuentas no deja de parecerme un narrativa inane y rutinaria, en la que Leytner emplea hasta la saciedad el recurso de la analepsis subjetiva para subrayar lo que piensa el protagonista en su interior acartonado, repitiendo la cotidianidad de sus personajes hasta hacerme pensar en la llegada de los créditos cuando, de forma apresurada, muestra una alegoría política algo trivial sobre la raíz del nazismo. Los diálogos son producto de un guión de bolsillo. La carencia de ritmo es tan evidente como los tabacos que se fuma Freud. Lo único que posee autenticidad es la reproducción del período y, por supuesto, la actuación de Bruno Ganz como Freud. El resto es un melodrama sin pena ni gloria, tan desgastado como las cenizas de un cigarro.
 
Ficha técnica
Título original: The Tobacconist (Der Trafikant)
Año: 2018
País: Austria
Director: Nikolaus Leytner
Guion: Klaus Richter , Nikolaus Leytner
Música: Matthias Weber
Fotografía: Hermann Dunzendorfer
Reparto: Simon Morzé, Bruno Ganz, Johannes Krisch, Emma Drogunova
Calificación: 5/10




Crítica breve de la película 'El vendedor de tabaco', dirigida por Nikolaus Leytner y protagonizada por Simon Morzé y Bruno Ganz.
Sangre en el río

Ocupo una parte del viernes por la noche viendo Río de sangre, de Howard Hawks, pero a la media hora me doy cuenta de que pierdo mi tiempo como una canoa perdida en un río. Me parece un western bastante anodino que, a pesar de contar con la estética atípica de Hawks, avanza al ritmo de una diligencia vacía durante dos horas en las que no pasa nada emocionante o significativo y todo sucede por inercia con los personajes huecos que me presenta, en la misma línea que la regular 'Río rojo'. Se ambienta en 1832 y relata la historia de Jim Deakins, un vaquero que viaja a caballo por las llanuras desérticas y se hace amigo de Boone Caudill, un prófugo armado con un rifle. Luego de un par de golpes de efecto para probar la hombría de ambos, la trama los coloca en el trayecto de una expedición organizada en una barcaza por Zeb (el tío de Boone) y un francés de nombre Frenchy, la cual tiene como objetivo viajar hacia Yellowstone por el río Missouri con una guía india para comercializar pieles en el territorio de los indios Blackfoot. Hawks, quizá motivado por la necesidad de hacer algo diametralmente opuesto a los terrenos habituales del western, emplea una puesta en escena que encuadra las acciones de los personajes con cierta prudencia, a merced del gran plano general que captura las praderas inmensas, recurriendo al sonido diegético y la elipsis para revelar intenciones, evadiendo a veces las confrontaciones violentas para presentar los dilemas morales de esos cazadores que se enfrentan a una tierra inhóspita e inexplorada. Sin embargo, presiento que no le inyecta fuerza a las situaciones del argumento, muchas de las cuales terminan pareciéndome previsibles. Y mantiene el desarrollo de los personajes en la superficie para favorecer la típica pragmática hawksiana que se encuentra en sus diálogos, pero con unos efectos dormitivos e innecesariamente largos en los que se habla más de la cuenta, sobre todo el protagonista que narra la travesía. Su preocupación se concentra en el choque colonial entre los tramperos y los indígenas del noroeste estadounidense, así como de la actividad del comercio como medio de diplomacia entre las dos culturas. Tampoco funciona el triángulo amoroso entre Kirk Douglas, Elizabeth Threatt y Dewey Martin. Se nota claramente que infravalora el potencial dramático de Douglas, cuya magnética actuación como ese vaquero cínico y prepotente eclipsa a todos los personajes. Lo único notable que hallo se limita a la presentación auténtica de los nativos americanos, alejada de los estereotipos comunes y explotados por Hollywood, aunque no siempre funcione así. El resto es una tontería. 


Ficha técnica
Título original: The Big Sky
Año: 1952
País: Estados Unidos
Director: Howard Hawks
Guion: Dudley Nichols
Música: Dimitri Tiomkin
Fotografía: Russell Harlan
Reparto: Kirk Douglas, Dewey Martin, Steven Geray, Elizabeth Threatt,
Calificación: 5/10





Crítica breve de la película 'Sangre en el río', dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Kirk Douglas y Dewey Martin.
Dragonwyck
Me parece que Dragonwyck no solo se trata de la ópera prima de Joseph L. Mankiewicz, sino también de una de las películas tibias de su catálogo. Como drama de época, cuenta con una recreación glamurosa del período, así como con actuaciones convincentes de Vincent Price y Walter Huston, pero no deja de parecerme un melodrama convencional que emplea inútilmente a la muñeca de porcelana que interpreta Gene Tierney y se ve afectado, en cierta medida, por una metáfora sobre la moralidad religiosa que hace que la trama sea previsible en varias escenas. Se ambienta en el siglo XIX y me cuenta la historia de Miranda Wells, la hija inocente y humilde de un granjero que sueña con el día en que un príncipe azul la invite a su castillo para enamorarse y vivir felices para siempre. La trama le concede ese deseo cuando es invitada al castillo Dragonwyck, donde vive un primo lejano de su madre, Nicholas Van Ryn, su esposa moribunda y su hija. No me sorprende para nada que ella se case con el aristócrata que enviuda; ni tampoco que ese mismo terrateniente, haciendo honor a su título, abuse de su riqueza ancestral para quitarle la tierra a los pobres granjeros arrendatarios de Nueva York. El problema fundamental supongo, es que el argumento presenta lagunas y se torna predecible por la manera en que Mankiewicz, empleando la elipsis simbólica, el sonido diegético y la banda sonora de Newman, amplifica la moraleja religiosa que está visible en las escenas en que el aristócrata refinado e impío revela su lado oscuro y es castigado por la gracia divina que da inicio a la tragedia. También desarrolla a medias el subtexto sobre el clasismo, la desigualdad campesina y la guerra Helderberg. Los diálogos carecen de pujanza. Solo encuentro notable, primero, el diseño de producción en los interiores de la mansión lujosa y siniestra donde todo está decorado hasta el más mínimo detalle y, segundo, algunas de las actuaciones principales. Price ofrece los momentos de mayor intensidad al interpretar al patrón elegante de presencia villanesca, valiéndose de las expresiones que imprime de manera muy creíble con su rostro, la gestualidad y la voz. Asimismo aprecio el rol breve de Huston como el padre conservador y temeroso de dios. Desafortunadamente ni eso impide que me parezca un romance gótico algo superficial, acomodado por el visto bueno de Zanuck y los censores de Breen.


Ficha técnica
Año: 1946
País: Estados Unidos
Director: Joseph L. Mankiewicz
Guion: Joseph L. Mankiewicz
Música: Alfred Newman
Fotografía: Arthur C. Miller
Reparto: Gene Tierney, Walter Huston, Vincent Price, Glenn Langan
Calificación: 6/10




Crítica breve de la película 'Dragonwyck', dirigida por Joseph L. Mankiewicz y protagonizada por Gene Tierney y Vincent Price.

Perro ladrador, poco mordedor
La ópera prima de Bong Joon-ho me hace pasar un rato placentero con las ocurrencias de unos personajes extrañísimos. Se titula Perro que ladra no muerde. Cuentan que en el momento de su estreno en el año 2000, tuvo una acogida un poco tibia de parte del público surcoreano. Me da la impresión de que no estaban muy preparados para lo que podía ofrecer Bong como director. A mi parecer se trata de una comedia negra en la que Bong, en su debut, mezcla géneros y emplea una amplia economía de recursos estéticos para trazar una observación social muy afilada sobre el desempleo, con una trama en la que abunda el humor negro y las situaciones absurdas que de alguna manera consiguen sorprenderme durante un tiempo, aunque pocas veces llego a reírme por lo que sucede. Relata la historia de Ko Yun-ju, un académico y profesor universitario desempleado que vive en un complejo de apartamentos con su esposa embarazada Eun-sil, mientras piensa en el soborno para salir de la miseria y desarrolla el hábito de torturar y matar a los perros de los vecinos que ladran en los pasillos del edificio. Toda la trama gira en torno a los caninos, con una serie de escenas absurdas en la que Ko, en su búsqueda de autodescubrimiento, manifiesta sus frustraciones y se topa con un collage de personajes variopintos del barrio, unos cómicos y otros muy siniestros, como el conserje que se roba los perros perdidos para guisarlos en una olla, el indigente que come perros, la anciana solitaria que pasea su perro, la dueña de una tienda de juguetes y una contable que aspira hacerse famosa. Ellos, por así decirlo, son los verdaderos "perros", cuyos ladridos son ignorados, representados a modo de alegoría para enunciar las contrariedades del desempleo y la falta de oportunidades en la sociedad surcoreana. La destreza de Bong se hace evidente por la forma en la que los encuadra empleando diversos mecanismos audiovisuales que magnifican las acciones, donde mayormente se destaca el campo-contracampo, el plano subjetivo, el ralentí, la elipsis, el reencuadre, la iluminación, los colores, el sonido diegético y los travellings de seguimiento, muy presentes en la secuencia de la persecución. También altera el tono de la narrativa intercambiando géneros como el thriller, la comedia, el terror y el crimen. Quizá pierde ritmo en algunos instantes, pero no deja de parecerme una buena película. Se nota claramente las intenciones de un autor en proceso de maduración.

Ficha técnica
Título original: Barking Dogs Never Bite (Flandersui gae)
Año: 2000
Duración: 1 hr 51 min
País: Corea del Sur
Director: Bong Joon-ho
Guion: Bong Joon-ho, Song Ji-ho, Derek Son Tae-woong
Música: Jo Seong-woo
Fotografía: Yong-kyou Cho, Yeong-gyu Jo
Reparto: Lee Sung-jae, Doona Bae, Byeon Hie-bong, Kim Ho-jung,
Calificación: 7/10




Crítica breve de la película 'Perro ladrador, poco mordedor', dirigida por Bong Joon-ho y protagonizada por Lee Sung-jae y Bae Doona.
La llorona
No sé si La llorona se trate de una obra trascendental del terror, pero la manera en que emplea los mecanismos del género para subrayar el pasado lóbrego de la sociedad guatemalteca me resulta sutil, poética y, en cierta medida, escalofriante. Es la tercera película en la trilogía del desprecio de Jayro Bustamante, cineasta que ha puesto al cine guatemalteco en el mapa desde la conmovedora Ixcanul. La forma en que está construida alrededor del viejo mito folclórico, le permite a Bustamante ejecutar sus destrezas formales para dialogar sobre el racismo, el clasismo y la deshumanización de una sociedad guatemalteca que ha llorado lágrimas de sangre y exige justicia por las tragedias del pasado, con un tratamiento visual muy atmosférico y personajes sobrios que se quedan con uno al rodar los créditos. Me cuenta la historia de una familia de burgueses guatemaltecos que, tras el juicio político del patriarca y general retirado, Enrique Monteverde, quien es acusado de genocidio, se refugian en su mansión con temor a salir para no ser linchados por una muchedumbre indignada por el resultado del proceso que declara como absuelto al señor. El detonante del asunto se imprime con la llegada de Alma, la mucama de etnia ixil que, como si se tratara de un espectro, desestabiliza el ánimo de del anciano culpable hasta llevarlo al corredor de la paranoia cuando escucha el grito de la llorona detrás de las paredes. De todas las actuaciones del reparto, consigo ver autenticidad en la de María Mercedes Coroy, quien en su segunda colaboración con el director utiliza la mirada y la gestualidad con mucha credibilidad para transmitir la ira soterrada de esa mujer de ojos grandes y de figura fantasmal que saca a la luz las verdades que ocultan los mentirosos de la burguesía corrupta. Bustamante la encuadra con un riguroso control compositivo. Casi toda la acción se desarrolla en los interiores de la casa. Su estética se despliega con un buen manejo de la iluminación, el sonido diegético, la elipsis y planos muy simbólicos que transfieren la cuota dosificada de terror y, dicho sea de paso, funcionan para amplificar una metáfora soterrada sobre el genocidio contra el pueblo ixil de 1982 perpetrado por la dictadura de Efraín Ríos Montt. Su material de denuncia social condena silenciosamente esos hechos históricos, y también muestra la indignación de las comunidades indígenas afectadas. Su mezcla de cine político y terror supernatural es tan perturbadora como ingeniosa.

Ficha técnica
Título original: La llorona
Año: 2019
Duración: 1 hr 36 min
País: Guatemala
Director: Jayro Bustamante
Guion: Jayro Bustamante, Lisandro Sánchez
Música: Pascual Reyes
Fotografía: Nicolas Wong
Reparto: Sabrina De La Hoz, Margarita Kénefic, María Mercedes Coroy, Julio Diaz
Calificación: 7/10





Crítica breve de la película 'La llorona', dirigida por Jayro Bustamante y protagonizada por María Mercedes Coroy y Sabrina De La Hoz.
Intemperie
Asisto con cierto interés a la película más reciente del director español Benito Zambrano, pero pasada la media hora no me causa ni frío ni calor lo que veo en pantalla. Se titula Intemperie. Y está basada en la novela homónima de Jesús Carrasco. Se trata de un drama que toma prestado los componentes genéricos del western para contar una historia algo convencional sobre miseria, llanuras desoladas e infancia maldita en la España posguerra. El protagonista es un niño que, cansado del abuso a perpetuidad que sufre en manos de un capataz fascista, huye del pueblo y atraviesa a pie una explanada desértica en la que solo se respira el olor a huesos, llevando consigo objetos valiosos robados que sirven para justificar la plana motivación del villano y sus secuaces. Aunque en un principio me veo atraído por su relato rural de los desamparados en la tierra de nadie, no supone para mí nada fuera de lo ordinario que el chiquillo, en medio de su huida, se tope con un pastor solitario que parece sacado del nuevo testamento de los vaqueros y se convierte en su salvador. Zambrano desentraña la trama con una narrativa del bolsillo en la que se registran las acciones de los personajes de una manera acomodaticia y previsible que, poco a poco, pierde la sustancia dramática cuando el hombre misterioso con el pasado trágico asume un rol paternofilial y salva al muchachito del tiránico latifundista de cartón de Luis Callejo. Son personajes que le sirven a Zambrano para elaborar lecturas políticas muy soterradas sobre la manera en que el poder se coloca por encima de los miserables por medio de la violencia implacable, pero también los sacrificios del hombre honesto para limpiar el camino polvoriento con la escoba de la solidaridad. Las pocas cosas que extraigo se limitan, primero, a ese estilo visual que captura la atmósfera desolada empleando el gran plano general y el campo-contracampo durante gran parte del metraje para señalar la sensación de perdición y de hostilidad a la que se enfrentan los personajes. La naturaleza hostil y sórdida de esos paisajes funciona casi como otro protagonista. Lo segundo sería la interpretación creíble de Tosar que con la mirada serena y los gestos programados comunica las heridas del cabrero taciturno que una vez fue legionario y perdió a los suyos. Lo otro me importa poco. Es un drama tan regular como el polvo del desierto.

Calificación: 6/10




Crítica breve de la película 'Intemperie', dirigida por Benito Zambrano y protagonizada por Luis Tosar y Luis Callejo.

El director afroamericano Shaka King ofrece una propuesta interesante sobre la biografía del activista y líder de las Panteras Negras, Fred Hampton, así como de un informante deshonesto el FBI.


Judas y el mesías negro

Si no me equivoco los libros recuerdan a Bobby Seale como uno de los fundadores y líderes más prominentes del Black Panther Party, famoso quizá por el polémico juicio de los ocho de Chicago en donde fue amarrado por órdenes de un juez racista en plena audiencia, pero no ha sido tan justa con la efigie de Fred Hampton. Como activista político, fue uno de los miembros más jóvenes en asumir la presidencia del partido en la filial de Chicago, y también la vicepresidencia a nivel nacional. Su habilidad natural para el liderazgo y la persuasión era notable en los discursos en que seducía a las masas con sus pensamientos revolucionarios. Pero su activismo radical lo puso en la mira del FBI, quienes lo consideraban una amenaza nacional. Su corta y trágica existencia ha sido retratada unas cuantas veces en documentales para la televisión. En el cine pocas veces se ha hecho una película sobre su vida. Por lo visto, Judas y el mesías negro, del director afroamericano Shaka King, es la primera que se encarga de hacerle justicia a su figura.
 
La película, estrenada hace ya dos meses en el Festival de Cine de Sundance y brevemente en la plataforma de streaming de HBO Max, relata un fragmento de la vida política de Hampton a través del vínculo que establece con un informante afroamericano del FBI que se infiltra en el partido de las Panteras Negras. No creo que sea una de las mejores películas del año, como afirman muchos medios de cine, pero sin lugar a dudas se trata de un drama histórico que, de una manera intrigante y sorpresiva, se toma dos horas para contar una historia sobre traición, política y causas revolucionarias, con dos actuaciones fascinantes de Daniel Kaluuya y Lakeith Stanfield que representan la cúspide de sus respectivas trayectorias como actores. No solo funciona muy bien como thriller policial, sino también como un drama biográfico que adquiere en algunos instantes la forma de un documental con las imágenes de los archivos históricos que, por encima de todo, le añade un carácter verdaderamente relevante a la travesía política ficcionalizada de Hampton.


Lakeith Stanfield y Jesse Plemons

 
Con una rigurosa recreación del período, la trama de la película se ambienta a finales de los 60 y me narra el relato de William “Bill” O’Neal (Lakeith Stanfield), un ratero de poca monta que tiene el hábito de robar automóviles haciéndose pasar por un agente federal, vestido como Humphrey Bogart y armado con una placa falsa para ahuyentar a sus víctimas. Luego de un intento de robo fallido, es arrestado por la policía. En la jefatura, el oficial del FBI, Roy Mitchell (Jesse Plemons), le ofrece retirar los cargos en su contra a cambio de que trabaje como encubierto y pueda infiltrarse en el Partido Pantera Negra (BPP). O’Neal acepta la tarea por el miedo que le tiene a la cárcel, aunque desconoce que el arquitecto de su misión es el jefe supremo de la institución, J. Edgar Hoover (Martin Sheen). Como infiltrado, su objetivo consiste en desestabilizar al partido desde adentro para sembrar la caída de Fred Hampton (Daniel Kaluuya), el líder de las panteras negras de Chicago que intenta crear una coalición de partidos revolucionarios en su lucha contra el poder que oprime a la gente.
 
La narración de la película, que se estructura como un racconto a través de los testimonios dramatizados de O’ Neal que se ejecutan, recurrentemente, en formato de falso documental con un sobreencuadre en plano medio corto, me resulta bastante entretenida cuando el infeliz protagonista se pasea por la delgada línea entre el deber policíaco organizado por el poder político más oscuro y la revolución política establecida por las minorías oprimidas de una sociedad desigual. Tiene escenas que son emocionantes por los golpes de efectos que logran que ciertas acciones de los protagonistas sean imprevisibles. La trama tiene sorpresas que se manifiestan con unos diálogos que son tan afilados como una navaja y me ponen a pensar con los alegatos políticos de corte socialista que salen de las argumentaciones de Hampton. El relato pocas veces atraviesa los terrenos acomodaticios del género, pero funciona por la forma estupenda en que se esbozan las motivaciones intrínsecas de los personajes principales cuando se pasean por los pasillos adornados de sujetos con boinas negras, gafas de sol, rifles y chaquetas militares. Se fragmenta en dos puntos vista.


Darrell Britt-Gibson, Daniel Kaluuya y Lakeith Stanfield. Imagen de Warner Bros.

 
El primero es el que sigue a O’ Neal como informante infiltrado en el partido de las panteras, trabajando para el diablo y para dios al mismo tiempo, ocultando su identidad para que no lo asesinen, aprisionado por una paranoia que lo persigue como una sombra en la pared, suministrando información a los puercos del FBI, pero, sobre todo, cumpliendo e involucrándose fuertemente en la cultura revolucionaria del Partido Pantera Negra, donde poco a poco se gana la confianza de Hampton y escala rápidamente en el esquema vertical de liderato de la organización, asumiendo el puesto de jefe de seguridad. Es un antisocial timorato, mezquino, cuya motivación se basa en el dinero fácil. Por su condición social y económica se ve obligado a cooperar con las autoridades. Curiosamente es el único miembro de las Panteras Negras que a veces no lleva puesta la boina negra ni las gafas, un símbolo claro que enuncia su posición como el traidor, el Judas que espera traicionar al mesías negro por unas cuantos dólares. Su motivación de ser una rata del FBI se debe al temor que le tiene a la prisión y, además, al anhelo de enriquecerse, palpable en las conversaciones que sostiene con el agente Mitchell, al que ve como un ciudadano próspero, donde disfruta de los placeres del capitalismo fumando puros y cenando en restaurantes exclusivos sin que nadie lo note. Pero cuando anhela encontrar el camino de la redención, es herido por el remordimiento y la imposibilidad de escapar del corral.

El segundo está presente cuando Hampton muestra su forma carismática de hacer política, convenciendo a los simpatizantes de otros partidos con sus facultades de oratoria para que se unan al movimiento y luchen unidos contra las injusticias, el racismo y la segregación de una nación, cosa que logra al concebir la Coalición Arco Iris, una alianza política multicultural que incluye a los Black Panthers, los Crowns, los Young Lords y otras pandillas callejeras de Chicago que comparten ideologías similares; es el líder que, blindado con palabras, desea acabar con las pugnas internas y trabajar por el cambio social no solo en la comunidad de Chicago, sino por todo los Estados Unidos. Pero en su batalla por la libertad y los derechos civiles se topa con el pez gordo de Hoover, presentado aquí como un conservador iracundo con tendencias racistas que no tolera el poder que alcanza el partido de un hombre negro como Hampton y emplea todo su poder desde las oficinas oscuras del FBI para silenciarlo y disminuir la influencia del Partido Pantera Negra. Estando en la cárcel, por haber robado un helado, se transforma en una persona más decidida que nunca, dispuesta a confrontar a los burócratas opresores para defender sus ideales.


Daniel Kaluuya y Lakeith Stanfield. Imagen de Warner Bros.


Las actuaciones de Stanfield y Kaluuya me parecen puro fuego expresivo cuando se convierten en esos dos individuos con pensamientos diametralmente opuestos. Son tan feroces como los rugidos de un león. Y no me cabe la menor duda de que son las más maduras de las carreras de ambos. Stanfield demuestra aquí su capacidad a toda marcha cuando maneja sus cualidades expresivas de una manera muy creíble para comunicar sensaciones como la sospecha, el titubeo y la confianza fingida, sobre el rostro de ese informante que abandona cualquier rastro de lealtad y se conforma con ser un peón para obtener beneficios propios. Por otro lado, Kaluuya es una potencia al cuadrado cuando se pone en la piel de Hampton utilizando la voz, la mirada y la gestualidad serena y contenida que hace que el personaje se sienta de tres dimensiones en cualquier primer plano. Es una interpretación muy metódica. Cuando él está en pantalla, la película se eleva con su presencia. No veo ni una sola escena en la que no me parezca genuino cuando abre la boca para decir verdades con la retórica de sus discursos. A ellos se suma un rol secundario destacado de Plemons como el agente rubio que evoca tensión con su rostro sonriente y parsimonioso.


Daniel Kaluuya y Lakeith Stanfield.


King no solo presenta los dilemas de un protagonista atrapado en las trampas de la ambivalencia política y de la culpa abrumadora, sino también la manera tan nefasta en que el poder manipula y oprime a la gente hasta dividirla. En su tratado, habla asimismo de los distintos los límites de la brutalidad policial, ostentada por oficiales de tez blanca que en todo momento abusan de la autoridad y violan los códigos de ética para aplacar a una minoría racial, manifestado quizá con mayor intensidad, primero, en la secuencia en la que los policías de uniforme azul tirotean e incendian la sede del partido Pantera Negra y, segundo, en la secuencia climática en la que el informante, como todo un Judas, envenena al hermano en quien confía antes de la llegada de unos agentes del FBI violentos que allanan la casa de Hampton y lo asesinan a tiros mientras duerme gracias al secobarbital que el Judas negro puso en su bebida. La única razón por la que no cae en el maniqueísmo es, a mi entender, porque exterioriza la realidad de un hombre negro oprimido que es manipulado por el hombre blanco y traiciona a los suyos con tal salvarse a sí mismo, acto que irónicamente consigue la división de una organización. A profundidad, propone que las comunidades afroamericanas pueden alcanzar una fuerza considerable si se unifican por una sola causa política.

Lo más interesante es que King toma prestados elementos del cine de Lee y de Scorsese para darle un estilo vibrante que se manifiesta, digamos, por algunos componentes estéticos que modifican la crónica del informante traicionero y conformista en una especie de híbrido entre Infiltrado en el KKKlan y Los infiltrados. Además capturar la época de los 60 y principio de los 70 de una manera estilizada y muy auténtica, usualmente acomodada con una buena banda sonora de jazz. Conjunta el cine policial con el cine político de índole biográfico. Y alterna el ritmo de la narrativa con un montaje acertado, propenso a compactar lo que cuenta por medio de la elipsis y a cambiar los tonos con momentos que en ocasiones se vuelven oscuros y trágicos. Su película encaja convenientemente en estos tiempos actuales de discrepancias y de protestas, donde los de abajo se rehúsan a ser pisoteados por los de arriba. La he disfrutado mucho.


Ficha técnica
Título original: Judas and the Black Messiah
Año: 2021
Duración: 2 hr 05 min
País: Estados Unidos
Director: Shaka King
Guión: Shaka King, Will Berson
Música:  Craig Harris, Mark Isham
Fotografía: Sean Bobbitt
Reparto: Daniel Kaluuya, Lakeith Stanfield, Jesse Plemons, Martin Sheen
Calificación: 7/10




Crítica de la película 'Judas y el mesías negro', dirigida por Shaka King y protagonizada por Daniel Kaluuya y Lakeith Stanfield.

Tráiler de la película



El chivo
Paso un rato más que agradable viendo El chivo, una comedia muda de dos carretes con la que disfruto durante 23 minutos de las ocurrencias de Buster Keaton. Además del humor fantástico, está contada con vigor y es muy divertida con los gags que Keaton efectúa con sus habilidades. Keaton la dirige en conjunto con Malcolm St. Clair. La trama sigue a un hambriento Buster mientras hace la fila para pedir pan gratis, aunque por una contrariedad termina siendo el último en la cola y pierde la oportunidad de obtener un pedazo. El hambre es un detonante que lo lleva a vagar por el pueblo, y los golpes de efecto lo colocan en una serie de infortunios muy graciosos cuando sus acciones lo llevan a ser confundido con un criminal en una estación de policías, dando inicio a persecuciones divertidísimas en las que el fugitivo Buster es perseguido por el jefe de la policía local que piensa que él es el verdadero delincuente. Particularmente encuentro muy entretenida la secuencia del camión, la del hospital y la climática escena del ascensor del hotel. No sé cuáles pertenecen a St. Clair o a Keaton, pero mi especulación me hace reconocer de inmediato las acrobacias que tienen impreso el sello estilístico de Keaton. Me resultan muy contagiosas. Es innegable en la secuencia del tren a gran velocidad que se acerca a la cámara, pasando de un gran plano general hasta detenerse con un plano medio de Keaton sentado en la parte delantera. Su estética, que concibe elementos cómicos que se verían más adelante en películas como La ley de la hospitalidad, Siete ocasiones y hasta en El maquinista de La General, me parece muy acertada al dinamizar ciertas escenas con el plano-contraplano, el plano subjetivo, el uso de una escena retrospectiva y, sobre todo, el plano general que magnifica la comicidad de los personajes que entran y salen del encuadre. Keaton asume el rol de Cara de Piedra con una destreza física que demuestra con los gags en los que corre por las calles, salta por las ventanas, se agacha por las puertas y nunca se detiene hasta tener a Virginia Fox en sus brazos, siempre manteniendo su expresividad estoica. Y no hay una sola escena en la que su autenticidad y su intensidad para la comedia se deje de sentir. Es una comedia con un efectismo muy ingenioso, aunque está lejos de ser una de sus mejores.

Ficha técnica
Título original: The Goat
Año: 1921
Duración:  23 min
País: Estados Unidos
Director: Buster Keaton, Malcolm St. Clair
Guion: Buster Keaton, Malcolm St. Clair
Música: muda
Fotografía: Elgin Lessley
Reparto: Buster Keaton, Virginia Fox, Joe Roberts, Malcolm St. Clai
Calificación: 7/10





Crítica breve de la película 'El chivo', dirigida por Buster Keatony y Malcolm St. Clair y protagonizada por por Buster Keaton.
Babyteeth
Compenso mi sesión de cine de los sábados por la noche viendo Babyteeth, conocida en español como El glorioso caos de la vida, una comedia dramática de mayoría de edad que tiene un comentario un poco honesto sobre la autoaceptación, la madurez y las enfermedades terminales, pero que no logra escapar de las fórmulas convencionales del melodrama de familia. Marca el debut como directora de la australiana Shannon Murphy, así como el de Eliza Scanlen como actriz. Se toma casi dos horas para relatarme los dilemas de Milla, una adolescente de unos 16 años que es diagnosticada con un cáncer terminal y se enamora de Moses, un traficante de drogas que de alguna manera la hace feliz mientras todavía tiene vida. La directora presenta el fuerte vínculo que se desarrolla entre los dos personajes cuando la atracción toca la puerta, mostrando de paso las fracturas de sus respectivas familias. Por una parte, muestra a Milla como una adolescente rebelde, curiosa y enamoradiza que oculta sus inseguridades bajo las pelucas de colores que coloca sobre su cabeza, que toca el violín para desahogar sus inquietudes, sintiéndose atraída por Moses porque es el único que la acepta como ella es, pero, sobre todo, como una joven que lidia con el matrimonio disfuncional de sus padres, el psiquiatra agotado, Henry, y la pianista adicta a los fármacos, Anna. Por la otra, exhibe a Moses como el joven antisocial con severos traumas y problemas de conducta que fue abandonado por su madre y ahora vive en las calles, transitando entre la delincuencia y las drogas. El problema, a mi parecer, es que los matices no son suficientes para compensar una redundancia que mantiene las contrariedades intrínsecas de los personajes en la superficie durante la segunda mitad, haciendo que los episodios agridulces pierdan la pujanza con las acciones repetitivas que están presentes en su vida cotidiana. Cuando eso sucede pierdo el interés por lo que le sucede a la protagonista. El trágico epílogo me deja impávido. Aunque reconozco que se deja ver por la actuación natural de Scanlen, quien comunica sutilmente con sus gestos la fragilidad de esa joven que abraza la inocencia, la decepción y la felicidad que trae consigo la maduración en el corto camino de la juventud. También hay roles secundarios muy aceptables de Ben Mendelsohn y Essie Davis. Lo otro me importa poco. Es una ópera prima con buenas intenciones, pero es algo irregular.
 
Calificación: 6/10

Crítica breve de la película 'El glorioso caos de la vida', dirigida por Shannon Murphy y protagonizada por Eliza Scanlen, Toby Wallace, Ben Mendelsohn y Essie Davis.




Zack Snyder presenta su versión alternativa de 'La Liga de la Justicia' y borra algunos de los residuos del film fallido de Whedon, pero no por ello deja de ser una película regular de superhéroes. 


La Liga de la Justicia de Zack Snyder


Si no me equivoco, todo el barullo de La Liga de la Justicia de Zack Snyder comenzó en 2017 cuando, en las redes sociales, una ola de fanáticos empedernidos de DC exigían una edición alternativa que reemplazara esa versión infumable y ligera de La Liga de la Justicia de Joss Whedon, la cual además tuvo una producción accidentada que un año antes terminó con la dimisión de Snyder. Armados con la tendencia #ReleaseTheSnyderCut, ganaron popularidad a la velocidad de Wally West con la esperanza de motivar a los ejecutivos de Warner Bros. para que le dieran luz verde a la versión inédita de Snyder. Los entusiastas crearon una petición en línea para el estreno del “Snyder Cut” que recibió más de 180 mil firmas. En ese momento nadie sabía si existía dicha versión. Y en reiteradas ocasiones los peces gordos de la Warner afirmaban que no tenían planes para lanzar una versión alternativa de la película. Pero la insistencia de los miembros del movimiento siguió adquiriendo fuerza. Después de tres años de especulaciones y teorías del fandom, Snyder confirmó que existía su versión original y que obtuvo el visto bueno de los agentes de Warner gracias a la aprobación del presidente de la compañía, quien lo reconoció la tenacidad del movimiento. Fue entonces cuando me enteré de que se filmarían escenas adicionales y sería estrenada exclusivamente en la plataforma de streaming de HBO Max.

Yo no me disponía a escribir sobre esta versión de Justice League de Snyder, pero reconozco que el impacto cultural que ha tenido en esta semana, impulsado en parte por los activistas que perseveraron hasta convencer a Warner Bros. para que la realizara, me ha convencido para dedicarle unas cuantas palabras. Es una prueba de la influencia que ejercen los medios digitales para avivar la campaña de unos fans. Se trata de una película con la que Snyder impone su visión sobre los míticos superhéroes de DC y logra corregir algunos de los defectos de la atrofiada predecesora, añadiendo unas cuantas escenas que amplían el espectro de cohesión y las motivaciones intrínsecas de algunos de los personajes secundarios, así como la construcción de la mitología que rodea el génesis de La Liga de la Justicia, con un tono serio y oscuro que se encuadra con una relación de aspecto 4:3. Pero me temo que ni siquiera la nueva carga de componentes puede cauterizar los efectos de una narrativa regular de superhéroes en la que abunda la exposición y una falta de emoción que se registra durante cuatro horas que, a mi parecer, son excesivas.

 
La Liga de la Justicia. Fotograma de Warner Bros.



La historia de la película es muy similar a la anterior, aunque en esta ocasión se distancia ofreciendo una coherencia que se evidencia en el problema principal. Comienza tiempo después del sacrificio de Superman (Henry Cavill) para acabar con Doomsday, donde Bruce Wayne/Batman (Ben Affleck) viaja por el mundo con la finalidad de reclutar a un equipo de metahumanos que lo ayuden a proteger el planeta de una catástrofe segura. Su propósito, en un principio, se pone difícil. Llega hasta un remoto pueblo siberiano para intentar persuadir a Arthur Curry (Jason Momoa), mejor conocido como Aquaman, para que se una, pero este lo rechaza por el carácter rebelde que le impide darle importancia a semejante evento.

Paralelamente a eso, Diana Prince (Gal Gadot), que de día combate el crimen como Mujer Maravilla, se da cuenta de que la amenaza ya se encuentra en el planeta cuando las amazonas de su pueblo Themyscira, lideradas por la Reina Hipólita (Connie Nielsen), le envían una señal que confirman la presencia Steppenwolf (voz de Ciarán Hinds), un poderoso militar del planeta Apokolips que lidera un ejército de Parademons en busca de las tres Cajas Madre que se encuentran en la Tierra para unificarlas y terraformar el planeta a semejanza de su inhóspito mundo. Prince le cuenta la urgencia a Wayne y, en el trayecto, agilizan la agenda de reclutamiento. Wayne localiza a Barry Allen (Ezra Miller) y logra que se una al instante, mientras Diana se reúne con Victor Stone (Ray Fisher) en una avenida desolada. Al igual que Curry, Stone se niega a unirse. Sin embargo, cuando Steppenwolf ataca la ciudad de Atlantis y el laboratorio STAR donde trabaja el doctor Silas, el padre de Stone y científico que estudia una Caja Madre, tanto Aquaman como Cyborg adquieren la justificación necesaria para unirse a la liga.


Jason Momoa, Gal Gadot y Ray Fisher. Imagen de Warner Bros.



La narrativa se divide en seis capítulos y un epílogo para contar la odisea de los héroes que buscan salvar al mundo para complacer al fandom. La primera mitad se centra en los esfuerzos de Batman y Mujer Maravilla para incorporar a los superhombres e iniciar el anticipado espectáculo, mientras de paso Steppenwolf reúne dos de las tres Cajas Madres para redimirse por su fracasos del pasado y saldar la vieja deuda que tiene con su jefe, Darkseid (voz de Ray Porter), un tirano y conquistador de mundos que en el pasado, miles de años atrás, intentó reunirlas para dominar el planeta Tierra, pero fue derrotado abrumadoramente en una batalla por legiones de dioses, atlánticos, amazonas y las linternas verdes, perdiendo las tres cajas que desde entonces permanecían separadas y escondidas en distintas partes del globo. En la segunda, se concentra en las batallas de los justicieros para impedir que Steppenwolf unifique las cajas, así como la necesidad de revivir al Superman de traje negro usando la Caja Madre que está en posesión de Cyborg con el fin de que este también se una al grupo y puedan derrotar al antagonista con mayor facilidad.


Ben Affleck como Batman



Aunque el estilo de Snyder proporciona elementos coherentes que, a mi forma de verlo, sirven para desarrollar el conflicto central y justificar ciertas acciones de los personajes, me parece que su ecuación peca con unos cuantos excesos que le pasan factura a la narración y de alguna manera me mantienen en un estado de indiferencia con lo que veo en pantalla, como el abusivo metraje de cuatro largas horas en el que sobran las subtramas insignificantes y los diálogos triviales que solo funcionan para saturar el conjunto, el molesto uso del ralentí que en incontables secuencias solo me produce mareo cuando se extiende innecesariamente (agota el recurso de la cámara lenta hasta la saciedad), los personajes de plástico que a veces lucen como figuras de acción de Hasbro, las situaciones previsibles que aparecen a modo de déjà vu e imposibilitan que cualquier sorpresa potencial me parezca emocionante. La mayoría de sus secuencias de acción no me causan ninguna impresión cuando Batman y la cuadrilla salvan a la Tierra del villano que está condenado a fracasar para que los triunfadores posen para la foto icónica y los idólatras piensen que esto es una película fenomenal.


Darkseid



Los pocos momentos que son de mí agrado se limitan, primero, a la participación de Cyborg y, segundo, a la de Flash. Cyborg es presentado espléndidamente como un individuo fracturado que, tras el trágico accidente en el que perdió a su madre y la mitad de su cuerpo, vive atormentado por no poder cumplir su sueño de ser estrella de futbol americano, como un ser confundido por el traje robótico que le otorgó su padre para salvarle la vida y que lo mantiene en el anonimato como un vigilante cibernético que controla cualquier sistema informático a su antojo. Diría que gran porción de la trama gira alrededor de él, sobre todo cuando emplea sus habilidades robóticas para la resurrección de Superman y, en cierta medida, para evitar la unidad de las tres cajas que conlleve al fin del mundo. Por otro lado, Flash es un persona que añade comicidad con sus ocurrencias, motivado en el fondo por realizar un acto responsable con sus poderes que haga sentir orgulloso al padre que cumple condena en la cárcel, cosa que efectúa en la estupenda secuencia climática en la que viaja más rápido que la luz para revertir el tiempo en que el villano unifica las tres cajas y destruye el mundo.


Ray Fisher, Ezra Miller, Ben Affleck, Henry Cavill, Gal Gadot, Jason Momoa. Imagen de Warner Bros.

 

Si bien recurre a los mecanismos básicos del género de superhéroes con la pirotecnia cuantiosa de efectos visuales y la música empática con tintes heroicos de Tom Holkenborg que describe la existencia de los héroes con sus piezas electrónicas y orquestales, nada de lo que veo en esta película supone para mí algo relativamente sorprendente. Por lo menos, Snyder le devuelve la seriedad y el liderazgo a Batman, además de que ofrece un comentario aceptable sobre la relevancia de la dinámicas grupales como causa de victoria, visible quizás en la batalla final en que los personajes derrotan al antagonista con la misma igualdad de superpoderes, mientras se despliega una cantidad considerable de guiños que señalan su universo compartido de DC con las visiones posapocalípticas que tiene Batman y la aparición superflua de Martian Manhunter. Estoy seguro de que su esfuerzo supera el bodrio de Whedon, pero aun así no deja de ser una propuesta redundante. Como producto de superhéroes tiene sus momentos, pero ofrece menos de lo que venden en las redes sociales los seguidores de la iglesia de Snyder.


Ficha técnica
Título original: Zack Snyder's Justice League
Año: 2021
Duración: 4 hr 02 min
País: Estados Unidos
Director: Zack Snyder
Guión: Chris Terrio
Música:  Junkie XL
Fotografía: Fabian Wagner
Reparto: Ben Affleck, Gal Gadot, Ezra Miller, Jason Momoa, Ray Fisher, Henry Cavill, Amy Adams, Joe Morton, Amber Heard, Jared Leto, J.K. Simmons,
Calificación: 6/10


Crítica de la película 'La Liga de la Justicia de Zack Snyder', dirigida por Zack Snyder y protagonizada por Ben Affleck, Henry Cavill y Gal Gadot.


Tráiler de la película




The Little Stranger
Agoto una buena cuota de paciencia con el visionado de Extraña presencia, la película más reciente del director Lenny Abrahamson. Se trata de un cuento gótico de terror y misterio que alberga un estilo visual algo atmosférico, pero ni esa elegancia impide que se presente una trama fatigosa sobre clase, fantasmas y secretos de familia. Es una adaptación de la novela homónima de Sarah Waters. El protagonista es el Dr. Faraday, un médico que regresa de visita a la mansión Hundred Halls en la Gran Bretaña posterior a la Segunda Guerra Mundial, donde se relaciona con una familia aburguesada que atraviesa dificultades financieras y cuestiona el mito del fantasma de la primera hija de la familia que merodea los aposentos de la casa. Con la voz en off y unos cuantos flashbacks, me relata su infancia infeliz cuando caminaba por la gigantesca mansión, la frustración silente que le causa haber sido ignorado por su procedencia social y su deseo de casarse con la heredera. Pasada la hora me doy cuenta de que no va a ninguna parte y las supuestas inquietudes de los personajes se convierten en una redundancia provocada por los mecanismos superfluos del argumento: muchos diálogos triviales, personajes sin fuerza, acciones insignificantes que solo funcionan para ampliar el espectro psicológico de ese doctor obsesionado con la clase que en el fondo desea vengarse de los burgueses que frustraron la otra mitad de su infancia. Domhnall Gleeson tiene algo de perversidad en su rostro inexpresivo, pero a su personaje le falta un poco de textura, al igual que el de Ruth Wilson. Son actuaciones de una sola dimensión. Me parece más acertado el rol secundario de Charlotte Rampling como la matrona de la propiedad. Aunque la estética de Abrahamson hace lo posible para construir esa atmósfera oscura con los decorados victorianos de la residencia y la cámara de Ole Bratt Birkeland, a mi parecer no tiene ningún tipo de suspenso y los instantes de horror, que se ejecutan fuera de campo con algunos significados para añadirle sustancia a la narrativa, se derrumban como un castillo de naipes. No hay nada siniestro o revelador. Evado los giros inesperados con facilidad. Y los golpes de efecto no me provocan ningún tipo de miedo cuando la presencia sobrenatural camina del otro lado de las paredes para que los protagonistas se asusten. Creo que es la película más anodina del director de La habitación.

Calificación: 5/10

Crítica breve de la película 'Extraña presencia', dirigida por Lenney Abrahamson y protagonizada por Domhnall Gleeson.