En mi crítica de esta semana comento 'Diamantes en bruto', la nueva película de los hermanos Safdie.



Hace unos años descubrí el cine de los hermanos Benny y Josh Safdie. Hubo una aclamación universal de una de sus películas estrenada en Cannes, festival al que supuestamente solo llegan obras cinematográficas de un prestigio intachable. Los tildaban como la nueva revelación del cine independiente norteamericano. Fue viendo Good Time, una película de robos en la que ponían a Robert Pattinson en la piel de un ladrón que intenta sacar a su hermano de la cárcel luego del atraco fallido a un banco. Aunque contaba con un ornamento visual que me parecía vistoso, no me convenció para nada y hasta el día de hoy la sigo considerando una película sin muchas luces. Sus películas, al parecer, se sostienen con una estructura circular, reiterativa, que tiene la única finalidad de contar la cotidianidad de unos personajes acuciados, maltratados por las adicciones, que están al límite de una autodestrucción segura en una jungla de asfalto, construidos a partir de una elipsis muy brusca y de unos planos (en especial el primer plano) que buscan señalar la tensión a la que se exponen. Más allá de sus virtudes estéticas, supongo que ese es su estilo y que no lo van a cambiar por nada del mundo. Allá ellos. Sus películas me dejan indiferente, aburrido en el peor de los casos.

La película más reciente de estos jóvenes directores se titula Diamantes en bruto, estrenada recientemente en la plataforma de streaming de Netflix. La veo entusiasmado, deseando no repetir la experiencia vivida con su película anterior. Y ¿adivina qué? No me emociona. Puede ser lo que sea, menos una joya. Los realizadores, presumo, se esmeran en narrar nuevamente la historia de un derrotista en la ciudad de Nueva York. Ahora su protagonista es un judío adicto al juego que administra una joyería en la metrópoli. Para contarlo, recurren a una fotografía de Darius Khondji que añade estilismo a la puesta en escena, y a una banda sonora electrónica elaborada con los sintetizadores de Daniel Lopatin para subrayar estados de ánimo. Pero no puedo decir lo mismo de la narración. Me fatiga la histeria. Siento que la trama es episódica y, por momentos, errática describiendo la odisea del estafador neoyorquino que solo le interesa vender una piedra importada de una mina de diamantes en Etiopía.

Adam Sandler como Howard Ratner. Fotograma cortesía de A24.

El guion de la película lo firman los hermanos Safdie junto a su colaborador Ronald Bronstein, y describe las circunstancias de ese judío adicto a los juegos de apuesta llamado Howard Ratner (Adam Sandler). Ratner dirige una joyería clandestina con su asistente Demany (Lakeith Stanfield) en el distrito de Diamond de Nueva York. Viste completamente de negro, comenzando con una chaqueta de cuero, unas gafas de sol, una correa Gucci que adorna su cintura y varias cadenas de lujo que rodean su cuello de para lucir lo más gánster posible. Según cuentan es carismático. Busca convencer a todos los clientes con palabrerías. Pero no está en su mejor momento. Está endeudado hasta los dientes. Le debe una enorme suma de dinero a su cuñado prestamista, Arno (Eric Bogosian). Ha acordado divorciarse de su esposa, Dinah (Idina Menzel), después de las pascuas. Y tiene que satisfacer las exigencias de su bella amante, Julia (Julia Fox), que trabaja en su tienda. Los problemas que tiene piensa resolverlos vendiendo un ópalo muy raro que le ha llegado de una mina en África en la que laboran unos mineros judíos etíopes.

Kevin Garnett, LaKeith Stanfield y Adam Sandler. Foto de Netflix.

Aunque en la superficie las acciones de Howard poseen cierto carisma y emulan a esos estafadores carismáticos que se encuentran en el cine criminal de los años 70 y 80, lentamente abandono mi interés por lo que le pasa cuando trata de recuperar la piedra preciosa. Mi presión sanguínea se mantiene estable cuando lo observo paseando por las calles de Nueva York y hablando por su móvil con gente muy turbia. No hay nada chocante. La intensidad no llega hasta mí. La única razón por la que le entrega el ópalo a Garnett es porque tiene planificado de antemano un esquema maestro para cobrar más dinero de la cuenta. Es víctima de una avaricia enfermiza, de los vicios del egoísmo, de las falacias calculadas. Y, a mi juicio, me sorprende que esté bien interpretado por Adam Sandler cuando meticulosamente cambia el acento, conjetura el lenguaje corporal y modula las expresiones del judío ludópata que escupe monedas de oro al abrir la boca. Pero pienso que la motivación de su personaje es insustancial.

Adam Sandler, Eric Bogosian y Tommy Kominik. Foto cortesía de Netflix.

Casi siempre su provocación comienza con un encontronazo baladí, como en la escena en que es emboscado por Arno y sus guardaespaldas en el parqueo de la escuela de su hija y es hallado desnudo en el baúl del carro por su cónyuge, la pelea iniciada por celos y la decepción en la fiesta organizada por The Weeknd en una discoteca cuando va para pedirle el ópalo a Demany, la anticipada escena de la subasta en la que convence a su suegro para que oferte por la gema un precio superior al que ofrece Garnett, o la anticlimática confrontación cuando distrae a los matones de Arno para que Julia escape con el dinero de la venta del ópalo para apostarlo todo.

Adam Sandler y Julia Fox. Imagen de A24 Productions.

Todo el barullo del ópalo se formula para componer un texto visible sobre las consecuencias de la ludopatía, representado en la escena en que Howard se enfrenta a los cobradores de deuda con sus trampas retóricas y termina siendo ejecutado de un disparo a la cabeza por la apuesta del millón que logra ganar. Es el capitalismo más voraz que destruye la moralidad del hombre. Sin embargo, excavando en su argumento hay algo más soterrado, más invisible. Se trata de una denuncia histórica sobre la explotación neocolonial y las diferencias étnicas de dos pueblos que comparten el problema ancestral de la opresión: los judíos y los judíos etíopes (los Beta Israel).

Está muy presente en el vínculo étnico entre Howard Ratner y el Kevin Garnett ficticio. Uno es judío norteamericano; el otro es afroamericano que siente una conexión con los judíos etíopes. En las últimas décadas, como miembros de la comunidad judía, los Beta Israel han emigrado desde Etiopía hacia Israel como parte de operaciones de rescate para sacarlos de su situación socioeconómica, pero, a pesar de todo, allí son una minoría que se han enfrentado a la xenofobia y la discriminación por pequeños sectores de la sociedad. Este conflicto se proyecta en la película a través de la simbología del diamante de sangre que pasa de una mano a otra causa de la identidad cultural, aunque trasladada a la situación actual de los Estados Unidos. Howard le cede el ópalo a Garnett como un símbolo de liberación que rompe la condena de la segregación, el racismo y la exclusión. Y su sacrificio, ganando la apuesta millonaria del juego televisado, es la culpa transformada en redención que busca aminorar los atropellos cometidos contra los judíos etíopes que esperan unirse a la tribu y que todavía son explotados por las corporaciones mineras en la región de Wolo en Etiopía.

Adam Sandler como Howard. Imagen de A24 Productions.

La película de los hermanos Safdie consigue hacerme pensar con ese discurso, pero no logro empatizar con las desgracias a contrarreloj de un protagonista impertinente que lleva toda la vida acumulando riquezas, lo cual, desafortunadamente, me parece un poco indulgente. Me importa poco lo que le sucede por arte de magia, como su don profético para ganar apuestas. Casi no hay fuerza en lo que me cuentan, aunque se repone cerca del inesperado clímax cuando todo el lío se resuelve a tiro limpio. Destaco los mecanismos visuales desplegados en cada plano y el montaje que preserva el ritmo interno del relato, así como los roles secundarios de Kevin Garnett (interpretándose a sí mismo) y la desconocida Julia Fox. Lo otro lo olvido rápido. No creo que sea la película monumental que muchos dicen que es. No me parece la gran cosa.


Ficha técnica
Título original: Uncut Gems
Año: 2019
Duración: 2 hr 11 min
País: Estados Unidos
Director: Ben Safdie, Joshua Safdie
Guion: Ronald Bronstein, Ben Safdie, Joshua Safdie
Música: Daniel Lopatin
Fotografía: Darius Khondji
Montaje: Benny Safdie, Ronald Bronstein
Reparto: Adam Sandler, Julia Fox, Kevin Garnett, Idina Menzel, Keith Stanfield,
Calificación: 6/10


Tráiler de la película

Sinopsis: Yoav es un joven israelí que llega a la capital francesa con grandes expectativas, decidido a deshacerse de su nacionalidad lo más rápido posible. Para él, ser israelí es como un tumor que debe ser extirpado. Convertirse en francés, por otra parte, simplemente significaría su salvación. Para borrar sus orígenes, Yoav primero decide no hablar una sola palabra de hebreo. El diccionario se convierte en su mejor compañero.

Ficha técnica
Título original: Synonyms (Synonymes)
Año: 2019
Duración: 2 hr 03 min
País: Francia
Director: Nadav Lapid
Guion: Nadav Lapid, Haim Lapid
Música: Paul Hepker, Mark Kilian
Fotografía: Shai Goldman
Reparto:  Tom Mercier, Quentin Dolmaire, Louise Chevillotte, Uria Hayik
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Encuentro muy provocativa la película 'Sinónimos', del director israelí Nadav Lapid. Posee drama, humor y una estética vibrante. Me resulta contagiosa por lo que describe de un insólito personaje llamado Yoav, cuya historia me divierte y me coloca en un estado de reflexión. Yoav es un joven israelí que no anda muy bien de la cabeza y que llega a París, Francia, con la esperanza de deshacerse de su nacionalidad israelita y olvidar un pasado de traumas psicológicos y conflictos familiares. Está avergonzado de ser judío por los claroscuros sociopolíticos de su país. Pero lo cierto es que disfruto de los diálogos ricos en retórica que salen de su mente, y de sus caminatas solitarias por las calles parisinas, donde anda preocupado por su condición socioeconómica, casi siempre mirando para todos lados como un paranoico, en unas escenas que lo ponen en una situaciones difíciles y en unos trabajos inusuales, como en la que es ayudado por un escritor generoso y la novia violinista que le proveen ropa y dinero, los relatos poéticos sobre su vida personal, su empleo en una agencia de seguridad, el alboroto que causa en la entrada de la embajada o en la discoteca, la retorcida sesión fotográfica con un artista plástico. Es un personaje de mucha fuerza expresiva, y está tremendamente interpretado por Tom Mercier. Le sirve a Lapid para erigir un discurso sociopolítico sobre la inmigración, el interculturalismo y las contradicciones de la identidad nacional para hablar de la manera en que el hombre posmoderno ha olvidado el significado de la igualdad de derechos (simbolizado por los sinónimos). Se destaca el encuadre meticuloso que cristaliza lo que piensa Yoav, principalmente con el plano subjetivo y agresivos barridos de una cámara en mano muy inquieta, además del empleo simbólico del color para subrayar la energía, la locura y el enojo. Es una película de múltiples significados. Me ha gustado mucho. 
Sinopsis: La verdadera historia de la denunciante de inteligencia británica Katharine Gun que, antes de la invasión de Irak en 2003, filtró un memorando secreto de la NSA que exponía una operación conjunta de espionaje ilegal entre Estados Unidos y el Reino Unido contra miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. El memorando proponía chantajear a los estados miembros para que votaran por la guerra.

Ficha técnica
Título original: Official Secrets 
Año: 2019
Duración: 1 hr 52 min
País: Reino Unido
Director: Gavin Hood
Guion: Gregory Bernstein, Sara Bernstein, Gavin Hood
Música: Paul Hepker, Mark Kilian
Fotografía: Florian Hoffmeister
Montaje: Megan Gill
Reparto:  Keira Knightley, Matt Smith, Ralph Fiennes, Matthew Goode, Indira Varma,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Admito que desconocía la historia de Katharine Gun, pero después de ver 'Official Secrets', la nueva película del director sudafricano Gavin Hood, me siento más que intrigado por lo que hizo. La película, basada en el libro 'La espía que intentó detener una guerra', es un drama biográfico con semblantes de thriller político que describe un fragmento de la vida de Katharine Gun, en el momento en que se convierte en una informante de inteligencia al servicio del gobierno británico y filtra, poco antes de la invasión de Irak en el 2003, un memorando clasificado de la NSA que expone diabluras burocráticas, revelando una operación conjunta de espionaje ilegal entre Estados Unidos y Reino Unido para chantajear a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y manipular la votación a favor de la guerra. Los personajes con los que la trama presenta el conflicto están desarrollados con solidez y diálogos enriquecedores, fruto de creíbles actuaciones de un reparto encabezado por Keira Knightley como la heroína titular, Matt Smith como un periodista y Ralph Fiennes como el abogado que elabora el argumento para la defensa. Puede que pierda un poco de ritmo en la segunda mitad cuando comienza la cacería política, pero encuentro sustancioso lo que pasa en cada escena, la descripción evoca la paranoia y el suspenso del cine periodístico cuando Katharine es perseguida por los agentes del gobierno, con un estilo cercano al docudrama al presentar a los actores reales de los hechos que, aproximándose al tercer acto, pasa también a ser un eficiente drama judicial. En su narrativa todo está mesurado. Apunta, asimismo, un alegato muy sutil sobre los abusos del poder, la ética del deber y el significado de la moralidad en tiempos de conflagración. Tiene planos bien compuestos y una banda sonora muy efectiva. Disfruto cada minuto de su metraje. Y reflexiono con lo que expone. Es una película estupendamente ejecutada.  


Sinopsis: Ángela tiene doce años y tres medio hermanas por parte de padre cerca de los treinta. Es precisamente la muerte del padre lo que hace que las cuatro se conozcan. Ángela, nunca vivió con nadie diferente a él y no recuerda a su madre. Sus hermanas la dejarán al otro lado del país con una tía para evitar que quede a cargo del Estado. Es en este viaje de duelo, en el que Ángela, en pleno despertar de su cuerpo, reconoce con cada una de sus hermanas la feminidad, la sensualidad, los misterios del placer y del dolor, el cuerpo, la desgracia y el reto de ser mujer en estos caminos.

Ficha técnica
Título original: Niña errante
Año: 2018
Duración: 1 hr 21 min
País: Colombia
Director: Rubén Mendoza
Guion: Rubén Mendoza
Música: Las Áñez, Edson Velandia
Fotografía: Sofía Oggioni
Montaje: Andrea Chignoli, Rubén Mendoza
Reparto:  Loren Paz Jara, Carolina Ramírez, Lina Marcela Sánchez, Maria Camila Mejia
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Me agrada mucho el estilo naturalista que veo en Niña errante, el tercer largometraje de ficción del director colombiano Rubén Mendoza. Es una película de mayoría de edad que en ocasiones coquetea con el drama de carretera. Ofrece una mirada íntima, casi poética, sobre la hermandad, la sexualidad, el dolor y la soledad, a través de los ojos de una jovencita de unos 12 años llamada Ángela, la cual atestigua la muerte de su padre, y, en el funeral de este conoce a las tres hermanastras de su parte, hecho que la aflige porque se ha quedado sola (su madre la abandonó). El detonante iniciado por el duelo las reúne y hace que la trama establezca un vínculo que crece entre las hermanas cuando recorren las carreteras en un vehículo para dejar a Ángela en la casa de una tía al otro lado del país, cosa que me conmueve cuando conozco lo que piensan en ciertas escenas, como los planos subjetivos en los que Ángela medita en una selva verdosa que simboliza el crecimiento de su cuerpo y las inquietudes sexuales de la pubertad que atentan con terminar su período de inocencia, las discusiones entre las hermanas en la habitación del hotel, el soliloquio intimista en la bañera, la noche de parranda en la discoteca que termina en un asalto, el momento de unión familiar en la playa y la triste despedida. Todo luce contemplativo cuando erige sus metáforas feministas con sutileza. La sensualidad está mesurada. Debajo de la simpleza, se vale de elementos narrativos para desarrollarlas, como el fuera de campo, el primer plano, el campo-contracampo, el emocional leitmotiv de la banda sonora, y el uso del color verde. Tiene buenas actuaciones, encabezadas por la desconocida Sofía Paz Jara, quien me cautiva con su autenticidad. Es un retrato muy sólido sobre la feminidad y la independencia de la mujer. 
Sinopsis: Un científico coloca su propia cabeza viva encima de una mesa, y a continuación empieza a inflarla hasta que va aumentando de tamaño. El científico decide informar a su ayudante del descubrimiento y éste también quiere hinchar la cabeza, pero la llena demasiado y explota.

The India Rubber Head es una película de Georges Méliès la técnica de stop trick (truco de parar). Para crear la ilusión de una cabeza en expansión, Melies "amplió" su propia cabeza con una cámara y superpuso esto en la película. Recibió la idea de Albert A. Hopkins "Magic - Stage Illusions and Scientific Diversions".

Ficha técnica
Título original: The India Rubber Head (L'homme à la tête en caoutchouc)
Año: 1901
Duración: 3 min 00 seg.
País: Francia
Director: Georges Méliès
Guion: Georges Méliès
Música: Muda
Fotografía: Georges Méliès (B&W)
Reparto: Georges Méliès
Calificación: 8/10

Mira la película completa

En mi crítica de esta semana comento 'Puñales por la espalda', la nueva película de Rian Johnson.




Pocas veces confieso mi preferencia por los géneros cinematográficos, siempre me da pereza elegir más de uno, aunque los acepto por igual. No tengo remedio. Pero uno en particular logra estremecerme y me agrada más que todos los otros. Se trata del misterio, uno que usualmente coquetea con la verdad de las cosas como el hilo conductor de su narrativa. Le dicen whodunit. Es la pieza perdida en el rompecabezas. La identidad del que comete el delito. Cuando veo a un detective solventar un misterio frente a una congregación de gente rica siento una especie de catarsis que, en el mayor de los casos, se me hace imborrable cuando atestiguo la solución de la interrogante, especialmente en las películas detectivescas que tienen sus raíces en la novela policíaca de Agatha Christie y de Arthur Conan Doyle, y todas en las que se trate a puertas cerradas un caso de homicidio sin resolver, sin mencionar cualquier cosa que lleve el sello de prestigio de Hitchcock. Todavía recuerdo joyas del género como Y no quedó ninguno, Ocho sentencias de muerte, La huella, Asesinato en el Expreso de Oriente y Muerte a la media noche. La lista es tan inmensa como los sospechosos que esperan ser interrogados.

Un delicioso homenaje al whodunit se elabora con un tono lúdico en ‘Puñales por la espalda’, película con la que Rian Johnson (Brick, Looper, Star Wars The Last Jedi) reconstruye meticulosamente todas las piezas que lo componen para trasladar la fábula tradicional del detective a la contemporaneidad. Es intrigante, divertida, oscura. Es un thriller de misterio que despliega clasicismo y complejidad sin abandonar las inquietudes posmodernas. Su ritmo me parece consistente, porque no hay ni una escena en la que no me sienta como Sherlock Holmes o Hércules Poirot. Tomo la lupa durante dos horas de metraje que pasan volando. Observo giros que son muy sorpresivos. Disfruto muchísimo de la trama cuando reúne a un amplio cóctel de personajes malvados, los coloca en los interiores de una enorme mansión y permite que un detective excéntrico desentrañe el enigma. Se estructura como un misterio de salón. Está protagonizada por un reparto maravilloso. Me produce placer ver en pantalla la química de los intérpretes cuando se hallan confinados dentro de la vivienda mientras se manifiestan con diálogos ingeniosos que evidencian los rastros con cada minuto que avanza.

LaKeith Stanfield, Noah Segan y Daniel Craig. Imagen cortesía de Lionsgate.

Escrita con un guion de Johnson, la película arranca con la muerte de un autor de novelas policiales, Harlan Thrombey (Christopher Plummer). Es de noche. En lo profundo de la residencia nadie sabe todavía lo que ha sucedido. La familia duerme tranquilamente. Solo el silencio de las paredes conoce la verdad. A la mañana siguiente, el ama de llaves lo encuentra muerto, con la garganta cortada, en lo que pinta ser un suicidio. Dos investigadores llegan a la escena del crimen, el detective Elliot (Lakeith Stanfield) y el oficial, Trooper Wagner (Noah Segan). Un tercer sujeto se sienta justo detrás de ellos en segundo plano, la profundidad de campo subraya la importancia de ese observador silente. Los detectives comienzan a interrogar a los miembros de la familia para dilucidar lo que pasó.

Cada uno de los personajes ofrece un punto de vista distinto de lo que sucedió horas antes del asesinato, compartiendo maquinaciones siniestras que levantan cualquier tipo de sospecha cuando revelan, a través de escenas retrospectivas, lo que piensan del fenecido Harlan y la mutua intención de adueñarse de su fortuna. La analepsis corresponde a los pensamientos de los personajes para reconstruir los hechos. Sus acciones se vinculan como una telaraña de intrigas. Son como pequeños granos de azúcar alrededor de una dona bien gorda. Todo está afinadamente estructurado. En ese momento la figura anónima se levanta para cuestionarlos a todos utilizando sus propios métodos de indagación. Resulta ser el detective privado Benoit Blanc (Daniel Craig), que ha sido contratado por un desconocido para llegar al fondo del asunto estudiando las pistas falsas.

Ana de Armas como Marta Cabrera. Fotograma de Lionsgate.

Recursos como el plano-contraplano, un contrapicado muy recurrente, el primer plano y unos soliloquios cargados de retórica subrayan la aguda metodología de Blanc a la hora de preguntar a los sospechosos, sometiéndolos a unas preguntas intensas que le imprimen dudas, falacias y gotas de sudor, así como también la amalgama de contradicciones y prejuicios contra los inmigrantes como Marta, quien está en problemas al ser la testigo principal en la noche del delito. Los interrogatorios le permiten conocer el estado en el que se encuentra deteriorada la relación familiar entre Harlan y sus hijos. Se da cuenta de que Harlan ha discutido fuertemente con su nieto Hugh, le ha cortado la remesa a su nuera Joni por haberle robado a causa de despedir de la empresa a su hijo Neil, le ha arrebatado a Walt el control de la editorial, y que Marta accidentalmente le ha suministrado una sobredosis de morfina en lugar de su medicación habitual. Aparentemente todos tienen un motivo para matarlo.

Katherine Langford, Toni Collette, Jamie Lee Curtis, Don Johnson, Michael Shannon, Riki Lindhome y Jaeden Martell.

Estos personajes están cuidadosamente desarrollados, con una serie de características muy peculiares que sacan a relucir atributos como la egolatría, los caprichos, la envidia, el odio, la humildad y la ética del deber, aunque toda la trama gira en torno al detective Blanc y la honesta enfermera llamada Marta. Algunos son más relevantes que otros. Pero me contagia la forma en la que se expresan, su lenguaje corporal tan comedido y las miradas en unos primeros planos que comunican la verdad a la que se quiere llegar. Están estupendamente interpretados por un elenco que evidencia una simbiosis gratificante. Algunos de los secundarios son redundantes, como Don Johnson, Toni Collette, Katherine Langford, Riki Lindhome, Edi Patterson y Chris Evans. Solo sirven para que la trama se movilice. Pero me agrada Jamie Lee Curtis como la testaruda y ambiciosa hija, Ana de Armas como la ayudante amable y asustadiza que suele vomitar cuando habla mentiras, Christopher Plummer como el anciano patriarca que usa el último respiro de perspicacia para desenmascarar la falsedad de su propia familia y Daniel Craig como el detective sagaz, desmedidamente educado, de verborrea sofisticada, con una voz grave, que puede analizar el pasado con unas conjuraciones brillantes.

Daniel Craig y Ana de Armas. Foto cortesía de Lionsgate.

Aunque las motivaciones de los personajes pueden parecer ligeramente triviales (como Harlan dejándole toda la herencia a Marta), son aprovechadas por Johnson para elaborar una pequeña lectura social sobre las injusticias a la que se enfrentan los inmigrantes y la manera en que unos burgueses recurren al engaño para escalar en la pirámide capitalista. Su discurso sobre el maltrato socioeconómico a los inmigrantes se mantiene durante todo el metraje. Una postura que apunta sus derechos. Y recurre a Blanc como el héroe que se encarga de limpiar la imagen de la bondadosa extranjera de procedencia latinoamericana, Marta, cuando es manipulada por los familiares desesperados que intentan persuadirla para que abandone el patrimonio y por el malévolo Ransom, quien intenta vengarse porque Harlan lo ha excluido del testamento. Los ricos son los malos y los pobres son los buenos. Es un film en el que los inmigrantes están protegidos por el escudo de la inocencia en la tierra de las oportunidades, justificado en la última escena en la que Marta observa a los Thrombey desde el balcón sosteniendo la taza de Harlan que dice: "Mi casa, mis reglas, mi café".

Jamie Lee Curtis como Linda Drysdale. Imagen de Lionsgate.

La película se destaca, a mi parecer, por esa trama retorcida que rinde tributo a los clásicos de intriga policial en salones cerrados y por equilibrar ingeniosamente la comedia, el crimen y el misterio. Reinventa los mecanismos del subgénero. Está elaborada con una estética depurada que magnifica elementos como los detallados escenarios de la morada, el montaje que cohesiona las escenas, el colorido vestuario que señala intenciones, la música que intensifica las emociones y un estilo visual espléndido que materializa el elegante y lóbrego mundo de los protagonistas. Me sorprende la confrontación final en la que Blanc pone a todos en la silla de las navajas (simbolizando el juicio capital para encontrar al culpable) para exponer sus punzantes dotes de deducción y lograr que el villano confeso pierda los estribos. Podría ver más películas con ese personaje. Tenía mucho sin divertirme con una película de estas. Es cautivadora. Con gusto la vería de nuevo.


Ficha técnica
Título original: Knives Out
Año: 2019
Duración: 2 hr 11 min
País: Estados Unidos
Director: Rian Johnson
Guion: Rian Johnson
Música: Nathan Johnson
Fotografía: Steve Yedlin
Reparto: Daniel Craig, Ana de Armas, Chris Evans, Jamie Lee Curtis, Toni Collette, Don Johnson, Michael Shannon, Christopher Plummer,
Calificación: 7/10


Tráiler de la película

Sinopsis: Sir Lionel Frost se considera a sí mismo el mayor investigador de mitos, monstruos y leyendas. Estos calificativos han sido cuestionados por su círculo más cercano, lo que le anima a comenzar una investigación por el noroeste americano en busca del Eslabón Perdido, una misteriosa criatura mitad humano, mitad bestia.

Ficha técnica
Título original: Missing Link
Año: 2019
Duración: 1 hr 33 min
País: Estados Unidos
Director: Chris Butler
Guion: Chris Butler
Música: Carter Burwell
Fotografía: Chris Peterson
Montaje: Stephen Perkins
Reparto (voces):  Hugh Jackman, Zach Galifianakis, Stephen Fry, Zoe Saldana
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Me divierto mucho viendo 'Sr. Link', la nueva película de animación en volumen de los estudios Laika, considerando el hecho de que me aburrieron las propuestas anteriores de la productora. Esta sí la disfruto. Es graciosa para mi gusto. La fábula de la historia relata las hazañas de Lionel Frost, hombre de ciencias y explorador predilecto, que se considera a sí mismo el mayor investigador de mitos, monstruos y leyendas, algo que se aprecia desde la primera secuencia en la que intenta capturar al monstruo del lago Ness. Su confianza choca con los miembros conservadores de un club muy selecto de esnobistas intolerantes que cuestionan las cosas que él cuenta. Para probar que ellos están equivocados, Frost se propone viajar por el noroeste americano para buscar el Eslabón Perdido (Pie Grande), una misterioso monstruo con aspecto de gorila humanizado. Así comienza todo. Su viaje me conquista con los hermosísimos escenarios por los que se pasea junto a su compañero gigantesco y a la mujer a la que ama, construidos a partir de un correcto trabajo de animación 'stop-motion' que en ningún momento abandona el nivel de detalle de los decorados ni el uso del color. Es un estilo visual portentoso. Los personajes son agradables, especialmente la química del trío conformado por el Frost, Sr. Link y la independiente Adelina. Las circunstancias que atraviesan me contagian de su humor, en unos conflictos que enriquecen las escenas, como la pelea en la taberna del pueblo del viejo oeste,  el robo de la bóveda, la contienda en el barco que navega en medio de la tormenta, la travesía por Europa y la climática secuencia en el gélido paraíso de Shangri-La. El ritmo narrativo es muy acertado, al igual que la empática banda sonora. Asimismo es interesante cuando aborda temas como la intolerancia, la exclusión, los prejuicios y el valor de la amistad. Es una aventura animada muy entretenida.


Sinopsis: Una mano cortada se escapa de un laboratorio con un objetivo crucial: volver a encontrar su cuerpo. A medida que avanza por los escollos de París, recuerda su vida con el joven al que una vez estuvo apegado... hasta que conocieron a Gabrielle.

Ficha técnica
Título original: I Lost My Body (J'ai perdu mon corps)
Año: 2019
Duración: 1 hr 21 min
País: Francia
Director: Jérémy Clapin
Guion: Jérémy Clapin, Guillaume Laurant
Música: Dan Levy
Fotografía: Yves Bélanger
Reparto (voces): Hakim Faris, Victoire Du Bois, Patrick d'Assumçao
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Me llevo una agradable sorpresa viendo a 'Perdí mi cuerpo', la película de animación francesa estrenada en la plataforma de Netflix. Es impredecible, simple y muy poética. Cuenta la insólita fábula de una mano amputada que, aparentemente, cobra vida en los interiores de un laboratorio porque anhela arrastrarse hasta volver a encontrarse con el cuerpo al que pertenece. La travesía de la mano es muy conmovedora cuando me pasea por las calles de París, presentando golpes de efecto minúsculos que la colocan frente a una paloma entrometida, los oscuros interiores de un zafacón, el hostil mundo de las ratas que habitan en las alcantarillas del metro, la orilla del río de la soledad, la casa de un hombre y su perro. Una acción paralela a la de la mano también describe la existencia vacía de Naoufel, un joven repartidor de pizza con un pasado trágico que se enamora de una muchacha llamada Gabrielle. El meticuloso montaje paralelo disecciona la simbiosis evidente que hay entre la mano y Naoufel, partiendo de la elipsis, de sutiles raccords, de escenas retrospectivas que construyen el rompecabezas y de una multitud de planos cargados de significados simbólicos (las moscas, el mapamundi, la lata, el ave muerta, el libro feminista, el iglú, la grúa, etc) para comunicar metáforas sobre el destino, la exclusión social, la falta de afecto, la culpa interminable y el sacrificio que es necesario para superar las heridas del pasado que obstaculizan cualquier intento de ajustarse a la cotidianidad y a las contrariedades de la adultez, esa necesidad de hallar las partes ausentes de la identidad. El estilo visual proyecta una animación preciosa que se presta a los detalles. También se destaca la música empática de Dan Levy y el inteligible uso del color. Puede que el relato de amor sea un poco trivial, pero no deja de ser profunda, triste y desgarradora con los personajes que presenta. Es una emotiva película del director debutante Jérémy Clapin. 
Sinopsis: Richard Jewell era un guardia de seguridad en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, el cual descubrió una mochila con explosivos en su interior y evitó un número mayor de víctimas al ayudar a evacuar el área poco antes de que se produjera el estallido. En un principio se le presentó como un héroe cuya intervención salvó vidas, pero posteriormente Jewell pasó a ser considerado el sospechoso número uno y fue investigado como presunto culpable.

Ficha técnica
Título original: Richard Jewell
Año: 2019
Duración: 2 hr 10 min
País: Estados Unidos
Director: Clint Eastwood
Guion: Billy Ray
Música: Arturo Sandoval
Fotografía: Yves Bélanger
Reparto: Paul Walter Hauser, Sam Rockwell, Kathy Bates, Jon Hamm, Olivia Wilde,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Basada en hechos reales, 'Richard Jewell', la nueva película de Clint Eastwood, cuenta una historia muy insólita que me cautiva durante dos horas al retratar a un individuo verdaderamente honesto cuya vida es convertida en un infierno por los prejuicios desatados por la presión mediática y la ineptitud de las autoridades gubernamentales estadounidenses que supuestamente representan la ley y el orden mientras hacen todo lo contrario para investigar un caso. Relata el drama de Richard Jewell, un guardia de seguridad que trabaja en un concierto celebrado en el Parque Centenario con motivo de los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996, donde descubre una mochila con unas bombas y alerta a los oficiales presentes para evacuar el área y reducir el posible número de víctimas antes del estallido. Después del incidente, Jewell es retratado por los medios como un auténtico héroe que salvó vidas, pero luego de la intervención del FBI y de la prensa sensacionalista, su imagen iluminada de hombre bueno se oscurece cuando lo señalan como presunto culpable. El conflicto de esa trama hace que me quede pegado del asiento durante dos horas, con un ritmo acogedor que retrata la cotidianidad de Jewell y de los secundarios que lo rodean, como su madre Barbara "Bobi" Jewell y su amigo, el abogado Watson Bryant. Hay muy buenas actuaciones del reparto, destacándose la de Paul Walter Hauser como el héroe honesto injustamente inculpado, Sam Rockwell como el abogado que defiende lo que es éticamente correcto y Kathy Bates como la madre preocupada por la evidente inocencia de su hijo. El estilo visual se siente fidedigno reconstruyendo la época de los 90. Se erige, asimismo, metáforas sutiles sobre la injusticia, los prejuicios, la redención, la honestidad, las debilidades de las autoridades y las trampas del sensacionalismo que contaminan la mirada de una sociedad. Es una película que me resulta emocionante, está muy bien contada.