Hermanas
Sinopsis: Una periodista incipiente de Staten Island es testigo de un brutal asesinato en el apartamento vecino de una modelo franco-canadiense, pero la policía no cree que el crimen haya tenido lugar. Con la ayuda de un detective privado, ella busca la verdad.

Ficha técnica
Título original: Sisters
Año: 1972
Duración: 1 hr 33 min
País: Estados Unidos
Director: Brian De Palma
Guion: Brian De Palma, Louisa Rose
Música: Bernard Herrmann
FotografíaGregory Sandor
Reparto: Margot Kidder, Jennifer Salt, Charles Durning, William Finley
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


No sé lo que estaba pensando Brian De Palma para concebir una película tan retorcida como 'Hermanas', pero la trama de las gemelas siameses es fenomenal y me atrapa hasta el final inesperado. De su etapa temprana, es una cinta de terror slasher y thriller psicológico que define los semblantes de su estética al establecer parámetros visuales que resultan muy impactantes, consiguiendo por medio del encuadre un calculado homenaje al cine de Hitchcock a través del plano subjetivo que enmarca el voyerismo desmesurado, el sobreencuadre que divide pantallas para enfatizar el encierro y situaciones paralelas, el marcado travelling lateral que desplaza la acción de la cámara por espacios inaccesibles, el primer plano agobiante que captura el horror más perturbador. La trama sigue a un hombre, Phillip, y una actriz canadiense, Danielle, en la noche que tienen una cita. En el departamento ocurre un asesinato. Coincidencialmente del otro lado de la ventana, en el apartamento de enfrente, a una periodista, Grace Collier, le toca observar el acto escabroso y como testigo del crimen llama a la policía, pero cuando los agentes de la ley no creen en nada de lo que dice, se pone en la piel del detective para tratar de resolver el homicidio con la ayuda de un investigador privado. Me parece muy convincente el rol de Margot Kidder como la lunática gemela, de William Finley como el cirujano psicopático y el de Jennifer Salt como la periodista enloquecida. El aparato de intriga que De Palma elabora con esa trama es bien sólido cuando formula un argumento sobre la opresión patriarcal, las trampas de la identidad (simbolizado con las dos hermanas) y los traumas psicológicos provocados por el sufrimiento y el abuso sexual, presentado a través de una mujer que gradualmente pierde la cordura en una secuencia demencial que, acompañada del leitmotiv de la música Bernard Herrmann, termina siendo una experiencia tan visceral como alucinante.

Esta semana comento la película 'Bacurau', de los directores brasileños Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles.




Hace un par de años vi una película brasileña que logró cautivarme. Me atrevo a decir que su director, Kleber Mendonça Filho, es ya uno de los directores brasileños más significativos de los últimos años. Se titulaba Aquarius. Y no me equivocaba. Este señor, junto con Anna Muylaert, es uno de los renovadores del nuevo cine brasileño que es aclamado en cualquier festival de cine internacional. Solo tuve que apreciar la fenomenal actuación de esa gran actriz llamada Sonia Braga para corroborarlo. En la cinta Braga interpreta a una antigua crítica musical que vive jubilada en su apartamento y se niega a venderlo para entablar una contienda contra una empresa muy poderosa, cargando con el remordimiento y la culpa de un trágico pasado familiar. Como nunca antes había interactuado con el cine del cineasta, lo que vi en ese entonces me resultaba estremecedor por su elaboradísimo discurso de la descomposición empresarial del sector inmobiliario. Entiendo que Filho fue crítico de cine antes de ser realizador de cortometrajes y documentales, pero después de esa película lo único que me interesa es lo que me pueda contar con algún largometraje de ficción. 

Aprovechando el confinamiento para olvidarme de la horrible pandemia, pude ver la más reciente película de Filho titulada Bacurau. Es su tercera película como director. La filma junto a Juliano Dornelles. No tengo la más mínima idea de lo que lo ha motivado a rodarla, pero me parece fascinante e insólito su relato de violencia en el pueblo de los olvidados. Aunque anticipo con facilidad la premisa de venganza para dividir a los buenos de los malos, me quedo enganchado durante dos horas con los personajes variopintos que presenta y la estética depurada que, sutilmente, instaura una simbiosis entre los géneros como el drama, el western, el slasher, el suspenso y la ciencia-ficción. Sus componentes narrativos ocultan fuertes alegorías políticas debajo de las acciones simples de los protagonistas, apelando a una desigualdad que ha recorrido generaciones hasta alcanzar la contemporaneidad de Brasil, donde los políticos corruptos utilizan la ayuda extranjera para eviscerar a los campesinos y aprovecharse de sus tierras. Señala el pasado para describir el presente. Eso explica, supongo, las múltiples referencias a los guerrilleros folclóricos representada con la cotidianidad de esos aldeanos que viven tranquilamente en una aldea remota en el norte del país. 

Los residentes de Bacurau. Imagen cortesía de Vitrine Filmes.

No percibo en ningún momento que el argumento se establezca desde la óptica de un solo protagonista, pero es evidente que parte de uno para mostrar un amplio collage de figuras. Lo observo cuando Teresa (Bárbara Colen), una mujer joven y de mirada serena, atraviesa una larga carretera acompañada de un amigo que conduce un camión de agua. En el trayecto se topan con una camioneta accidentada repleta de ataúdes, donde se visualiza a un hombre muerto tirado en el suelo y se evoca un simbolismo que anuncia la muerte. Halando una mochila rojiza, Teresa se dirige hacia Bacurau, su aldehuela natal, para asistir al funeral de su abuela Carmelita, una señora de 94 años que ha fallecido en circunstancias extrañas. Los aldeanos le dan una cálida bienvenida, exceptuando Domingas (Sonia Braga), la doctora que causa un alboroto en medio de la muchedumbre. Teresa carga el féretro junto otros familiares. La ceremonia inicia con un canto tradicional sobre fantasmas y temores. Y Teresa se queda hipnotizada al observar como del sarcófago sale agua, producto de ingerir una droga psicotrópica. Más adelante, todos sostienen y agitan un pañuelo blanco para señalar la pureza del alma que ha partido al otro mundo.  


Bacurau
Bárbara Colen como Teresa. Imagen cortesía de Vitrine Filmes.

Con el tiempo veo la vida cotidiana de los lugareños del ficticio Bacurau y me doy cuenta de las características de cada uno, junto a su desequilibrada condición socioeconómica por los locales del poblado, además de las costumbres que describen sus personalidades. Hay un autobús escolar abandonado que refleja que no tienen una educación de calidad, en el consultorio médico Domingas alberga a unos pacientes que piensan que la resaca es una enfermedad severa, hay un prostíbulo instalado en una furgoneta, el DJ comunica con su micrófono las noticias del día, la escuela donde el profesor confirma frente a los pequeñines el hecho desconcertante de que Bacurau ni siquiera se halla en el mapa de Google, como si se tratara de un poblado fantasma propenso a las desgracias más inesperadas. En realidad son víctimas de la autoridad que quiere desplazarlos para apropiarse del territorio, de una administración que les ha quitado el acceso a los estipendios básicos para subsistir. A pesar de todo, todavía preservan la identidad cultural que los mantiene sujeto a sus tradiciones ancestrales. 

Los aldeaniegos no sospechan que algo malo suceda ni se percatan de su aparente vulnerabilidad, pero una serie de golpes de efecto agudizan el problema de la trama fuera de campo. El primero es la llegada del alcalde deshonesto que espera ser electo y piensa comprar voluntades a costa de la ignorancia, ofreciendo libros y alimentos vencidos a cambio de que voten por él, cosa que la gente de Bacurau rechaza rotundamente cuando se esfuman para protestar, ya que son golpeados por la escasez de agua atenuado por la represa cerrada. El segundo es el incidente relacionado a un agricultor que anda en su triciclo por el páramo y se asombra al ver un platillo volador en el cielo. El tercero son los agujeros de los disparos en el camión de agua. Quizá el más importante es la aparición de unos forasteros que andan en motocicletas y acribillan brutalmente a una familia. Y Pacote (Thomas Aquino), que secretamente es un matón y fugitivo que se esconde el pueblecito con otro nombre, dilucida que hay un grupo bien grande de militares que viene para atacar el municipio, por lo que decide pedirle ayuda a Lunga (Silvero Pereira), otro perverso de Bacurau que ha estado en el infierno y que tiene el pasatiempo de decapitar personas con un machete. 

Imagen de "Bacurau"
Sonia Braga como Domingas. Imagen cortesía de Vitrine Filmes.

Con esa trama, Filho se propone única y exclusivamente a retratar el enfrentamiento violento entre los habitantes de la villa que anhelan vengarse por el asesinato de sus seres queridos y los paramilitares psicopáticos financiados por el alcalde. En la primera mitad se resaltan las rutinas folclóricas, los rituales como el capoeira, el consumo de drogas alucinógenas y el modus vivendi de los miembros de Bacurau, cuya existencia se ve punteada por la ineptitud de un gobierno que los mantiene a perpetuidad bajo el aparato de la pobreza, la privación del agua, un sistema de salud inadecuado, la falta de enseñanza que los encierra en un círculo de desconocimiento y las raíces culturales que representan los rasgos autóctonos del vecindario. 

Como son personas de escasos recursos en una comunidad rural completamente aislada, se limitan a sobrevivir con las pocas ayudas que reciben. Pero como no es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar, en la segunda mitad toda la tranquilidad de ellos se transforma en brutalidad cuando los terroristas, armados hasta los dientes de drones en forma de platillos voladores y armas largas, asesinan a niños y ancianos de la localidad como si fuera un juego de amoralidad, despertando así la ira dormida de los moradores que desean exterminar de una vez por todas la opresión sistemática proveniente de los oligarcas. 

Bacurau
Udo Kier y Sonia Braga. Imagen cortesía de Vitrine Filmes.

Aunque a mi juicio el conflicto que Filho establece con esos sujetos puede parecer previsible y en cierto modo inexcusable, nunca deja de ser sugestivo por la manera tan esclarecedora con la que me permite examinar, a través de metáforas cuidadosas, un alegato sobre el ejercicio del poder político que destruye la dignidad del hombre de clase trabajadora en las zonas rurales. Los rústicos de Bacurau representan a a los bajos estratos sociales, y los mercenarios de Michael (Udo Kier) simbolizan a los contratistas privados de la oligarquía, los extranjeros, los de arriba, que en compañía de la presidencia tienen la intención de borrarlos del mapa para robarle los terrenos y lucrarse del dolor ajeno, verdad que escapa a la luz en la escena climática donde los provincianos, luego de matar a los foráneos, se vengan del síndico clientelista montándolo encima de un burro, desnudo y con una máscara que evidencia sus falacias. 

Bacurau (2019)
Udo Kier. Imagen cortesía de Vitrine Filmes.

Filho muestra una sociedad donde la corrupción y la amoralidad es la norma, y las reglas las impone el más necesitado. En otras palabras, conforman una colectividad irrelevante para los burócratas del oficialismo, en el peor de los casos “invisible”, que protestan respondiendo con el mismo salvajismo para exigir sus derechos, casi como una versión actualizada de los cangaceiros (las alusiones históricas son clarísimas en la secuencia del museo). Es una radiografía soterrada del clima sociopolítico de la actualidad de Brasil. 

Muchos afirman que esta película, galardonada en el pasado festival de cine de Cannes con el Premio del Jurado, es en su totalidad un weird western por la marcada narrativa que despliega con su estilismo visual, pero si bien hay elementos que lo evidencian, creo que por la cantidad de géneros que se fusionan es más adecuado que es una especie de fábula distópica inclasificable. Está atiborrada de personajes memorables, como Braga haciendo de doctora neurótica, Pereira como el desquiciado bandido y Kier como el soldado ensortijado por un ambivalente código de ética. También de símbolos que adornan cada rincón del encuadre comunicando cuestiones relacionadas al sufrimiento, la decadencia y la esperanza. No sé si se trate de la mejor película del director, pero me la paso genial viendo el resultado de su material de denuncia. La experiencia de verla me parece tan lisérgica como sorpresiva.    


Ficha técnica
Título original: Bacurau
Año: 2019
Duración: 2 hr 12 min
País: Brasil
Director: Kleber Mendonça Filho, Juliano Dornelles
Guion: Kleber Mendonça Filho, Juliano Dornelles
Música: Mateus Alves, Tomaz Alves de Souza
Fotografía: Pedro Sotero
Montaje: Eduardo Serrano
Reparto: Bárbara Colen, Thomas Aquino, Udo Kier, Sonia Braga,
Calificación: 7/10


Tráiler de la película



Sinopsis: Las historias paralelas cuentan la situación actual de dos ex amantes: Nora es una madre soltera que viene a cuidar a su padre con enfermedad terminal; Ismael, un músico brillante encerrado en un sanatorio mental, planea escapar.

Ficha técnica
Título original: Kings and Queen (Rois et reine)
Año: 2004
Duración: 2 hr 30 min
País: Francia
Director: Arnaud Desplechin
Guion: Arnaud Desplechin, Roger Bohbot
Música: Grégoire Hetzel
FotografíaÉric Gautier
Reparto: Emmanuelle Devos, Mathieu Amalric, Catherine Deneuve, Noemie Lvovsky
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


No puedo dejar de pensar en lo contagioso que es 'Reyes y reina', el melodrama tragicómico que dirige el director francés Arnaud Desplechin. Lo que cuenta me hace reír, me entristece y me pone a cavilar cuando observo la crónica de una mujer y de un hombre que aparentemente viven encerrados en la cárcel de la autoconmiseración. Ella es una galerista de arte y madre soltera que lidia con la responsabilidad de cuidar a su hijo, el dolor producido por el suicidio de su primer amante y la enfermedad terminal de su padre. Él en cambio es un violinista extrovertido y algo rebelde condenado a un sanatorio mental para apaciguar su alocada personalidad. Son Nora Cotterelle y Ismaël Vuillard, dos personajes atormentados por los fantasmas del pasado que una vez fueron amantes. Son dos protagonistas, interpretados por Emmanuelle Devos y Mathieu Amalric, que me resultan cautivadores por la manera tan expresiva en que comunican emociones como el disgusto, la tristeza, el miedo, la angustia y la felicidad. Su registro dramático es lacónico, orgánico, tan sólido como la estatuilla de un César, especialmente el de Amalric como el irreverente músico azotado por el exceso, el pesimismo y la locura. La trama construye las acciones de los personajes, mayormente, con el montaje paralelo para separarlas a través del espacio y el tiempo y describir los momentos más angustiosos de las vicisitudes de ambos, aunque por el empleo de la analepsis me parece que todo el relato está siendo narrado por Nora cuando comenta su crisis emocional. Y el estilo es escueto y muy extravagante. No hay desperdicio en ninguna escena. Las dos horas y media pasan volando por el frenesí constante del ritmo. Es una película muy agridulce sobre las trampas de la soledad, las dificultades de las relaciones conyugales y los dilemas filosóficos de los vínculos familiares. 
Sinopsis: Ann Sutton, una cleptómana casada con un conocido psiquiatra, es sorprendida por el malvado David Korvo, que la hipnotiza y trata de convertirla en coartada para un crimen.

Ficha técnica
Título original: Whirlpool
Año: 1949
Duración: 1 hr 52 min
País: Estados Unidos
Director: Otto Preminger
Guion: Ben Hecht, Andrew Solt
Música: Arthur Miller
FotografíaArthur Miller
Reparto: Gene Tierney, Richard Conte, José Ferrer, Charles Bickford,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Encuentro fascinante el argumento de Vorágine, de Otto Preminger. Es una película que me mantiene enganchado durante hora y media al conjuntar el cine negro policial y el thriller psicológico con una trama retorcida sobre hipnotismo, chantaje y asesinato. La protagonizan Gene Tierney, Richard Conte y José Ferrer. Escrita con un guion de Ben Hecht, la historia trata sobre Ann Sutton, una cleptómana casada con el reputado psiquiatra William Sutton, cuya vida se va cuesta abajo cuando David Korvo, un hipnotizador y chantajista que la ayuda para limpiar su nombre, la hipnotiza y la manipula para convertirla en coartada y asesinar calculadamente a otra mujer que intenta revelar su lado delictivo. A pesar de la aparente simplicidad del relato, lo que observo me deja tan hipnotizado como los personajes porque el sentido de ambigüedad moral recurre a la praxis del hipnotismo y del psicoanálisis para examinar a fondo los temas tempranos del director como los recuerdos, los celos y las falacias, como si se tratara de la única forma de ahogarse en el torbellino fatalista del crimen. La trama es escueta escondiendo los secretos, dosificando la carga de intriga y equilibrando el punto de vista de la víctima, el asesino y el policía. Preminger también utiliza recursos estilísticos como el primer plano, la iluminación expresionista y los travellings elegantísimos para amplificar la sospecha, las intenciones y los temores intrínsecos de los personajes. Hay asimismo una música destacable de David Raksin. Me parecen muy transparentes las actuaciones de Tierney como la cleptómana perseguida (su segunda colaboración con Preminger), Conte como el psicoanalista convertido en detective y Charles Bickford como el investigador atormentado por el pasado, aunque todos se ven eclipsados por la magnética presencia de Ferrer como el villano carismático y obsesivo. Es un sólido film noir sobre los efectos corrosivos de la manipulación.    

Sinopsis: Anna, Elsa, Kristoff, Olaf y Sven abandonan Arendelle para viajar a un antiguo bosque de una tierra encantada con destino al otoño. Se proponen encontrar el origen de los poderes de Elsa para salvar su reino.

Ficha técnica
Título original: Frozen II
Año: 2019
Duración: 1 hr 43 min
País: Estados Unidos
Director: Chris Buck, Jennifer Lee
Guion: Jennifer Lee
Música: Christophe Beck, Frode Fjellheim
FotografíaTracy Scott Beattie, Mohit Kallianpur
Reparto (voces):  Kristen Bell, Idina Menzel, Josh Gad, Jonathan Groff
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Para olvidarme un poco de mi monótona existencia vi Frozen 2, una secuela animada bella y muy entretenida que me hace pasar un rato agradable durante una hora y media mágica. Al igual que con la antecesora, disfruto bastante lo que veo cuando detrás de la fantasía ampulosa se componen metáforas que hablan sobre la inseguridad, la hermandad y el empoderamiento femenino. La fábula se sitúa tres años después de los eventos de la predecesora, donde Anna, Elsa, Kristoff, Olaf y Sven viven en medio de una cotidianidad feliz y llena de paz en el reino de Arendelle. Pero la felicidad se tiñe de problemas cuando Elsa se ve perturbada por el canto de una sirena que viene desde una tierra lejana y está encadenada con su pasado. Así que para solventar el misterio las heroínas se disponen abandonar el pueblo para viajar a un antiguo bosque encantado donde se hallan todas las respuestas sobre los orígenes de los poderes de la princesa helada. Cuando emprenden el viaje me siento como un niño enganchado una vez más por la fórmula de Disney, viéndolos atravesar el peligroso bosque y topándose con personajes secundarios muy peculiares que amplifican el tono jovial y sorpresivo de la aventura. En lo visual, la animación me parece magnífica creando ese mundo mágico tridimensional, junto con los diseños de los personajes. Y en lo sonoro me dejo contagiar por actos musicales que, a pesar de extenderse innecesariamente, consiguen canciones inolvidables como "All Is Found", "Show Yourself" e "Into the Unknown". Esos elementos magnifican la narrativa añadiendo textura a los conflictos de las protagonistas cuando se enfrentan a los temores intrínsecos y externos que les impide reconocer el poder del amor y la reconciliación. Aunque el ritmo decae un poco, no dejo de quedarme cautivado por la nueva odisea de Elsa. Es una película animada muy divertida. 
Sinopsis: Tres hermanas se reúnen en Hanoi, Vietnam, para conmemorar el aniversario de la muerte de su madre. La complicidad entre las tres hermanas las lleva a compartir fantasías, temores y dudas, pero cada una de ellas guarda un secreto sobre sus sentimientos más íntimos, que terminarán por revelar.

Ficha técnica
Título original: The Vertical Ray of the Sun (Mùa hè chieu thang dung)
Año: 2000
Duración: 1 hr 52 min
País: Vietnam
Director: Tran Anh Hung
Guion: Tran Anh Hung
Música: Tôn Thât Thiêt
FotografíaMark Lee
Reparto: Tran Nu Yên-Khê, Nhu Quynh Nguyen, Le Khanh,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


'En pleno verano' es una película muy agradable del director vietnamita Tran Anh Hung. Es la tercera entrega en su trilogía de Vietnam después de 'El olor de la papaya verde' y 'Ciclo'. Protagonizada por Tran Nu Yên-Khê, cuenta la historia de tres hermanas que viven en Hanoi y se reúnen para conmemorar el aniversario de muerte de su madre. Cada una de ellas se enfrenta por separado a las vicisitudes de la cotidianidad, retratando la condición de la mujer vietnamita contemporánea. La hermana mayor, Suong, tiene un hijo apodado Ratoncito y está casada con Quoc, un fotógrafo botánico que es propenso a ausentarse del hogar durante largos períodos. Khanh, la mediana, se siente muy feliz de quedar embarazada de su esposo Kien, un escritor bloqueado que no puede terminar su novela. Y Lien, la menor, fantasea con el matrimonio y el embarazo, cosa que le comenta a Hai, el hermano mayor y artista plástico al que quiere mucho. El retrato de las tres edades de la mujer me resulta muy profundo cuando su vínculo dialoga con temas como el núcleo familiar, la hermandad y los dilemas morales de las relaciones conyugales, expresado casi siempre con una puesta en escena que emplea el color, la música y los sonidos para amplificar las emociones de las protagonistas como la felicidad, el disgusto, el miedo y la tristeza. El estilo captura la acción entre el naturalismo y la poesía visual. Hay planos bellísimos que me seducen en cada escena con la presencia omnipresente del verde esperanzador y del amarillo cálido del verano que comunica la vitalidad. Tiene sólidas actuaciones de Tran Nu Yên-Khê, Le Khanh y Nhu Quynh Nguyen como las hermanas que comparten el dolor de la desilusión en una sociedad patriarcal. El ritmo, distribuido mayormente con el montaje paralelo, es contemplativo y me invita a reflexionar. Lo que veo me resulta muy placentero.
Sinopsis: La fe de una pareja judía ultra ortodoxa se pone a prueba al recibir a dos hombres en su casa, ignorando que son fugitivos que han huido de prisión.

Ficha técnica
Título original: Ha-Ushpizin
Año: 2004
Duración: 1 hr 30 min
País: Israel
Director: Giddi Dar
Guion: Shuli Rand
Música: Nathaniel Mechaly
Fotografía: Amit Yasur
Reparto: Shuli Rand, Michal Bat Sheva Rand, Shaul Mizrahi, Ilan Ganani
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Me causa una agradable sorpresa lo que observo en 'Ushpizin, los invitados', un drama con ciertos semblantes de comedia dirigido por el director israelí Giddi Dar y escrito con un guion de Shuli Rand. Rand también hace de protagonista. La historia trata sobre Moshé y Mali Bellanga, una pareja judía ultraortodoxa en condiciones de pobreza, sin hijos, que reside en la comunidad de Breslov en Jerusalén, Israel. Ambos rezan por un milagro de Dios, ya que atraviesan una situación económica difícil que les impide obtener un etrog necesario para prepararse para la festividad de Sucot. Después de una oración angustiada, ejecutada por un escueto montaje paralelo, Moshé y Mali son bendecidos mágicamente por la fortuna, recibiendo una sucá abandonada, un sobre con dinero de una caridad local y la posibilidad de comprar el preciado etrog para celebrar la fiesta especial. Pero como la felicidad del pobre dura poco, la tolerancia y la fe de los cónyuges es puesta a prueba cuando sus huéspedes (ushpizin) resultan ser dos fugitivos de la ley, siendo uno de ellos un antiguo amigo de Moshé. Cuando eso pasa, me conmuevo viendo la impotencia del matrimonio al resistir la impertinencia de los malhechores que contaminan la tradición y los obligan, irónicamente, a transformar su vida en el proceso de teshuvá cuando pecan mintiendo y enfadándose, aunque luego se arrepienten de sus errores con humildad, anhelando la absolución personal. Las acciones de los personajes le sirven a Dar para componer metáforas sobre los compromisos morales de la fe, las costumbres religiosas y las vicisitudes matrimoniales, con un reparto estupendo compuesto en su mayoría por actores no profesionales. Las actuaciones me parecen muy orgánicas, destacándose Shuli Rand como el judío que cuestiona la fe, y Michal Bat Sheva Rand como la esposa tolerante y devota que anhela un hijo. Es una película con una observación cultural muy interesante del pueblo judío. 

En mi crítica de esta semana comento 'Corpus Christi', la película del director polaco Jan Komasa.



La celebración de Corpus Christi siempre me ha parecido una ceremonia peculiar. En los tiempos en  de mi juventud asistía al ritual porque en el colegio católico en el que estudiaba obligaban a que todos los estudiantes a que fueran. Nunca fui muy religioso, era un escéptico, pero en aquel entonces era impensable que alguien rechazara el génesis dogmático de ese rito litúrgico. Con el paso de los años la cosa cambió. Y ahora el pensamiento crítico de la adultez me ayuda a cuestionarla. El término proviene del latín y significa ‘cuerpo de Cristo’. Su propósito es amplificar la fe de los creyentes de la Iglesia Católica en la presencia de Jesucristo a través del culto conocido como eucaristía, que funciona públicamente para rendirle el culto de adoración 60 días después de la fecha del Domingo de Resurrección. En pocas palabras, es una festividad de especial relevancia en las sociedades donde predomina el dogma católico, pero que debajo de todo es un pilar fundamental de la iglesia para perpetuar su autoridad.

Algo similar pasa en ‘Corpus Christi’, el título de una película polaca que vi recientemente y que dirige Jan Komasa. Estuvo nominada al Oscar de mejor película extranjera. No me disponía a escribir sobre ella, pero la impresión que me causó me obligó a hacerlo por el hecho de que ejecuta el significado de esa conmemoración religiosa como la parábola perfecta para describir una sociedad corrompida, a través del calvario personal de un delincuente que se hace pasar por sacerdote para escalar en la esfera social. Tanto el director como su guionista, Mateusz Pacewicz, afirman que basaron la idea en varios casos de fraude en el sacerdocio, una práctica que supuestamente es muy frecuente en Polonia, donde los individuos desfavorecidos se escabullen en la iglesia como sacerdotes falsos para gozar del reconocimiento y de los privilegios que les ofrece. Aunque examina a fondo una problemática del fenómeno en una localidad de Polonia, el asunto es tan universal que fácilmente puede encajar en cualquier país del mundo cuando trata temas como la hipocresía, los recovecos morales de la fe y la circunstancia social de los sujetos perdidos que buscan desesperadamente una identidad.

Bartosz Bielenia como Daniel. Imagen cortesía de Kino Świat.

Esto lo veo de inmediato al ver al protagonista, Daniel (Bartosz Bielenia), un joven que cumple una condena en un reformatorio de menores por asesinato en segundo grado. Daniel es rubio, con marcados ojos azules y un rostro que lo acerca más bien a los demonios de una sociedad. En la prisión trabaja haciendo tareas de carpintería, se divierte con actos malvados, deja que asalten a otros condenados, y recibe palizas de los bravucones más fuertes que él, pero a pesar de todo tiene el sueño de convertirse en sacerdote cuando salga de la cárcel. Para ello, constantemente escucha los sermones del clérigo designado en la prisión, el cual realiza oraciones con el fin de sanar la maldad de los jóvenes y que estos sean reformados para adaptarse al consorcio. El problema es que su historial delictivo se lo impide. Al cumplir su sentencia, el encargado, el padre Tomasz (Łukasz Simlat), le dice que ningún seminario  aceptaría a convictos como él. Lo primero que hace Daniel es acudir a una fiesta de música electrónica para drogarse, emborracharse y tener sexo con una desconocida.

Bartosz Bielenia y Eliza Rycembel. Foto de Kino Świat.

La historia de Daniel da un giro cuando es enviado a trabajar en un taller de carpintería en un pequeño poblado. Una vez allí acude a la iglesia local y, estableciendo una conversación con una muchacha llamada Marta (Eliza Rycembel), finge ser un sacerdote. Gracias al embuste se vincula con el vicario de esa iglesia, el cual es un cura con severos problemas de alcoholismo. Como el capellán se interna en una clínica de rehabilitación, Daniel se encarga de la iglesia. Al principio, la inexperiencia de Daniel se refleja al oficiar la misa y los deberes del sacerdocio cuando imparte confesiones, pero disfruta su nueva profesión hasta el punto en que su carisma contagia a los feligreses por sus métodos poco ortodoxos a la hora de predicar el evangelio. Su verborrea amplía la fe de los fervorosos que lo siguen. Todos lo tratan de manera acogedora, incluyendo el síndico, Marta y la señora Lidia (Aleksandra Konieczna), que es sacristán de la iglesia católica en la comunidad. Mientras se acostumbra a la cotidianidad y a la tarea de ser un eclesiástico respetado, surgen pequeños conflictos con los miembros de la aldea debido a un accidente automovilístico que traumatizó a los pueblerinos. Y Daniel, apaleado por el error, interviene en la discusión y causa controversia al afirmar que los restos del responsable de la tragedia sean enterrados en el cementerio al lado de la tumba de las víctimas.

Bartosz Bielenia como Daniel. Foto de Kino Świat.

Uno pensaría que Daniel, siendo un facineroso, causaría estragos tomando ventaja de su posición clerical. Pero sucede un giro inesperado. Komasa no exhibe a Daniel como un inescrupuloso y manipulador que busca beneficiarse de los demás, sino que, por el contrario, su faena se convierte en una especie de redención que lo libera de la desilusión, la culpa y la violencia. Se refugia en la mentira para encontrar la verdad y asume su espacio de poder con una sabiduría que le permite autodescubrirse. Y experimenta el amor al relacionarse con Martha. Por iniciativa propia, transforma su vida como si se tratara de un mesías bíblico. Su postura deísta lo lleva a pensar que Dios está por encima de las demarcaciones que impone el axioma religioso y que solo se alcanza la catarsis espiritual a través de la razón y la experiencia personal. Es un individuo que ha resucitado en una idiosincrasia que lo redime como persona, reflejando su catarsis en el momento en que insólitamente muestra signos de bondad, secunda al prójimo, hace que los devotos sean felices y que sientan confianza cuando van a la iglesia para ser hechizados por su retórica. Pero luego es víctima del desequilibrio moral de un pueblo cuando guía su rebaño hacia el sendero de la codicia, las viejas amistades que conocen su falsedad, el odio de los que envían cartas amenazadoras a una viuda, las mentiras de un párroco que miente para mantener el prestigio de la iglesia (el abate que niega ser alcohólico y el padre Tomasz en la escena final) y los burócratas corruptos (simbolizado con el alcalde) que esperan lucrarse con el dolor ajeno, regresando irónicamente a su estatus de miseria.

Bartosz Bielenia como Daniel. Fotograma de Kino Świat.

En la sociedad que exhibe la película todos son pecadores que anhelan ser redimidos y esconden secretos que se alejan de cualquier espectro moral, donde la dicotomía entre el bien y el mal se difumina cuando los líderes falsificados tienen la palabra. La ambivalencia le sirve a Komasa para elaborar una crítica demoledora de las trampas de la moralidad en los sistemas religiosos y sociales que, en ocasiones, obstruyen el caos que engendra la naturaleza humana. Utiliza símbolos religiosos que se yuxtaponen al texto político del relato. Polonia es un país eminentemente católico, dirigido por autoridades de carácter político conservador, por lo tanto el discurso tiene coherencia. Para el director, supongo, tanto el catolicismo como el conservadurismo comparten falencias comunes dentro de las estructuras sociales y no hay mucha diferencia entre una correccional y una iglesia. Los presenta como comarcas donde prevalecen las imposturas de los falsos profetas, las máscaras que ocultan la deshonestidad y la marginalidad invisible que produce conductas antisociales.

Bartosz Bielenia como Daniel. Fotograma de Kino Świat.

Nada de eso fuera posible sin la fenomenal actuación de Bartosz Bielenia como Daniel. Su magnetismo me sorprende en cualquier escena. Ese actor desconocido, proveniente del sector del teatro polaco, faculta que el estudio del personaje sea esclarecedor cuando emplea sus mecanismos expresivos, valiéndose de la mirada penetrante, los gestos inesperados y los diálogos con el fin de que uno pueda conocer la raíz de sus acciones y la lucha intrínseca que perturba su psicología. Interpreta a un muchacho desesperado que solo halla crueldad en cada institución en la que permanece, amplificado primero, en la climática escena de la misa de despedida en la que revela su verdadera personalidad casi como un mártir (evidente referencia simbólica a la crucifixión de Cristo) y, segundo, en la secuencia en los interiores del reformatorio donde muele a golpes a su enemigo y se escapa hacia una incertidumbre segura bajo una cámara en mano que encuadra su agonía.

Bartosz Bielenia como Daniel. Imagen cortesía de Kino Świat.

Sospecho que los más ingenuos verán esta película como una revelación al servicio del catolicismo por la forma en la que dialoga con cuestiones relacionadas al pecado, la fe, la salvación y el perdón. Otros lo verían como una blasfemia sinigual al extraer paralelismos con la efigie de Jesucristo. Pero nada que ver. Si bien, son tocados con cierta ligereza, lo que hay claramente por detrás es un tratado filosófico que plantea la condición humana como la única misericordia posible y las diatribas políticas de primer orden que critican al status quo de una nación. El efecto se consigue con una puesta en escena sutil, un estilo visual bellísimo, una tonalidad grisácea y azulada que acentúa los pensamientos más profundos y un impostor reformado que encuentra la autonomía por medio de la engañifa. La premisa es tan original como insólita. Es un film muy conmovedor de Komasa. Hay que tomarlo en cuenta. Posiblemente sea una de las voces del cine polaco contemporáneo que hay que escuchar. 


Ficha técnica
Título original: Boze Cialo
Año: 2019
Duración: 1 hr 55 min
País: Polonia
Director: Jan Komasa
Guion: Mateusz Pacewicz
Música: Evgueni Galperine, Sacha Galperine
Fotografía: Piotr Sobocinski Jr.
Montaje: Przemyslaw Chruscielewski
Reparto: Bartosz Bielenia, Eliza Rycembel, Aleksandra Konieczna, Tomasz Zietek
Calificación: 7/10


Tráiler de la película


Sinopsis: La historia de una familia árabe en Israel desde 1948 hasta la actualidad.

Ficha técnica
Título original: The Time That Remains (Le Temps qu'il reste)
Año: 2009
Duración: 1 hr 49 min
País: Francia
Director: Elia Suleiman
Guion: Elia Suleiman
Música: Matthieu Sibony
Fotografía Marc-André Batigne
Reparto: Saleh Bakri, Yasmine Haj, Leila Muammar, Elia Suleiman,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Hay algo que me cautiva de 'El tiempo que queda', del director palestino Elia Suleiman. Es una película que a través de su estética, presumo, consigue una simbiosis muy peculiar entre el revisionismo histórico y la realidad social y política de los palestinos condenados a una discriminación intergeneracional que, aparentemente, solo se agudiza con el paso de los años. Nada cambia, todo se muta. Suleiman lo deja muy claro al retratar, con una mirada semiautobiográfica, los episodios de una familia palestina (su propia familia) que sufre los efectos prolongados de la beligerancia y la xenofobia institucional. La trama se ambienta a partir de 1948, durante la guerra árabe-israelí, donde el joven rebelde y solidario Fuad Suleiman intenta enfrentarse a los israelíes por su cuenta, pero es capturado y obligado a exiliarse en Nazaret. Años más tarde, Fuad vive con su hijo Elia y su esposa en un clima de tensión política, rodeándose de personajes variopintos en un barrio árabe, pensando en todo momento en la libertad de los suyos. La cualidad episódica de ese relato le sirve al director para examinar los acontecimientos políticos trascendentales de la historia palestina, empleando una serie de ornamentos formales como el color, el sobreencuadre, el campo-contracampo, la elipsis, la subjetividad y los sonidos, para añadirle cierta sutileza al encuadre, mayormente con el gran plano general que acentúa el aislamiento de los protagonistas. Con esos elementos dialoga con cuestiones como la soledad, la desilusión y la esperanza de la minoría palestina que permanece en su tierra esperando un mejor mañana. Y en ninguna escena pierde el humor lacónico y el toque absurdo, casi onírico, de una narrativa en la que escasean los diálogos. Me resulta peculiar el rol de Suleiman interpretándose a sí mismo y utilizando el silencio como un arma de protesta. La música también es estupenda. Es una película incisiva y muy conmovedora sobre el conflicto entre Israel y Palestina.