Póster de 'Amantes'

No sé si me conmueve lo que veo en Amantes, el drama romántico de James Gray que cuenta con una sólida actuación de Joaquin Phoenix, pero lo cierto es que me resulta previsible y algo convencional su relato sobre las etapas del desamor y las relaciones tóxicas. Me invade la sensación de que ya me lo han contado cientos de veces, con la única diferencia de que ahora el protagonista es un derrotista con tendencias suicidas. Ese perdedor se llama Leonard, un hombre solitario, depresivo y agobiado psicológicamente que vive en casa de sus padres intentando por todos los medios sanar las heridas de un pasado que le hace pensar en su relación sentimental fracasada. Justo cuando piensa que todo está perdido en su vida amorosa, conoce a Sandra, la hija del socio de su padre, una chica sencilla de origen judío que verdaderamente lo quiere. Mantienen un noviazgo. Pero el problema surge cuando él se obsesiona con Michelle, la rubia misteriosa que desempeña el papel de la vecina de al lado, comenzado así un triángulo amoroso que le sirve de remedio para no decepcionarse más. A partir de ese episodio, la trama se vuelve redundante retratando los conflictos emocionales de ese sujeto confundido y adolorido que solo desea un poco de afecto para superar la frustración, pero no me cabe la menor duda de que la actuación de Phoenix le imprime una autenticidad fascinante con su meticulosa expresividad. Logra una buena química en las escenas que comparte con Gwyneth Paltrow y Vinessa Shaw. Aunque pocas veces cae en el sentimentalismo barato, creo que la mayor falencia de la película radica en la falta de pujanza dramática y de espesor psicológico del romance neoyorquino, dejando que la blandura narrativa borre cualquier rastro de sorpresa hasta el final feliz indulgente que aparenta ser amargo. Al menos se deja ver.

Calificación: 6/10

Crítica breve de la película 'Amantes', dirigida por James Gray y protagonizada por Joaquin Phoenix y Gwyneth Paltrow.

Póster de 'Tormento'
'Tormento', del director japonés Mikio Naruse, es un melodrama que logra conmoverme con la química maravillosa entre Hideko Takamine y Yûzô Kayama. No creo que se trate de una de sus grandes obras, pero la historia que relata con los protagonistas de Takamine y de Kayama adquiere una sutileza contagiosa cuando registra una tragedia de amor imposible entre una viuda y su cuñado que, dicho sea de paso, también le sirve a Naruse para imprimir una observación social sobre los efectos corrosivos del capitalismo en los núcleos del comercio, los rígidos prejuicios de la estructura familiar japonesa y la inclusión de la mujer de clase trabajadora en la sociedad japonesa posguerra. Describe la vida de Reiko, una viuda de guerra que administra el negocio [un minimercado] perteneciente a la familia de su difunto esposo, a pesar de que intenta por todos los medios mantenerlo a flote frente a la imponente competencia del supermercado de enfrente. La existencia de Reiko da un giro cuando Koji, el problemático hermano de su marido, decide ayudarla en el minimercado y, a la vez, le confiesa los sentimientos que tenía guardado en el baúl de su conflictivo interior. Cada escena me resulta cautivante con los diálogos sobrios, los encuentros cotidianos capturados por la lente Jun Yasumoto y la música empática de Ichiro Saitô que transfiere sensaciones intimistas. Algunos componentes amplifican el estilo visual que encuadra a esos personajes, como el uso del fundido encadenado para resaltar el paso del tiempo, el plano-contraplano y la elipsis simbólica que enuncia la desdicha. Las actuaciones de Takamine y de Kayama son demasiado orgánicas, comunicando el despertar de sus emociones con las miradas, la calculada gestualidad y una profunda carga psicológica. El plano final es una cosa devastadora. Es un shomin-geki agridulce y pesimista de Naruse sobre la gente ordinaria incapaz de adaptarse a los cambios sociales del período posguerra. 

 Ficha técnica
Título original: Yearning (Midareru)
Año: 1964
Duración: 1 hr 38 min
País: Japón
Director: Mikio Naruse
Guion: Zenzo Matsuyama
Música: Ichiro Saitô
Fotografía: Jun Yasumoto 
Reparto: Hideko Takamine, Yûzô Kayama, Mitsuko Kusabue, Yumi Shirakawa,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'Tormento', dirigida por Mikio Naruse y protagonizada por Hideko Takamine y Yûzô Kayama.

Póster de 'Capone'
No sé lo que estaba pensando el director Josh Trank para dirigir una nueva biopic sobre la vida de Al Capone, pero su película sobre el infame gánster norteamericano, titulada simplemente Capone, es un drama biográfico con una narrativa tan anodina e inerte que ni siquiera la actuación meticulosa de Tom Hardy puede corregirla. Su pecado [imagino que en su afán de hacer algo diferente] se debe al retratar el ocaso de un gánster desde una perspectiva psicológica, rechazando mostrar a Caracortada como un hombre intocable con un inmenso poder con el fin de presentar su lado vulnerable, dejándolo como víctima de cosas desagradables como el miedo, la ansiedad y las trampas del pasado ocasionadas por las secuelas de una demencia interminable producida por la neurosífilis. Se ambienta en 1947 y retrata el último año de vida de Capone en su lujosa mansión en Palm Island en Florida, luego de pasar 10 años en prisión por los crímenes que cometió, donde vive con su devota esposa Mae y su familia, condenado a sufrir los graves efectos de la enfermedad, orinando y defecando en la ropa, fatigado por la pérdida de memoria y un juicio defectuoso, ensimismado en el violento pasado, aprisionado por una paranoia que lo hace ver los fantasmas de las víctimas, acosado por la vigilancia constante del FBI. No pasa absolutamente nada que sea intenso o revelatorio. No hay ni una sola escena en la que un golpe de efecto suponga alguna sorpresa en la efigie de Capone, repitiendo la misma mecánica de mostrarlo perdido en el laberinto de la culpa y los recuerdos. Al menos la actuación de Hardy es fidedigna cuando captura la repugnante existencia del mafioso con los movimientos, los gestos y una expresividad mesurada, a pesar del maquillaje barato que adorna su rostro. El resto me resulta tan infumable como las cenizas de un puro.

Calificación: 4/10



Crítica breve de la película 'Capone', dirigida por Josh Trank y protagonizada por Tom Hardy. 
No consigo emocionarme ni en lo más mínimo viendo 'Judy y Punch', la comedia negra australiana que representa el debut de la guionista y directora Mirrah Foulkes. Tiene cierta autenticidad recreando la época, pero la narrativa es tan insulsa, anodina y previsible que lastra el comentario que imprime sobre la injusticia, la sororidad y la violencia doméstica en el entorno heteropatriarcal, representado a modo de parábola a través de las marionetas de cachiporra de tradición inglesa, Punch y Judy. Desde la primera secuencia me doy cuenta de que los dos títeres anuncian la desgracia cotidiana. Cuenta la historia de los marionetistas Judy y Punch, quienes tienen un popular espectáculo de marionetas en el pueblo de Seaside. Judy es una mujer tolerante y alegre, encargada de limpiar el desorden de su esposo; Punch es un hombre talentoso como marionetista e ilusionista, aunque tiene problemas de alcoholismo y es un irresponsable. Un día la existencia de la pareja se pone cuesta abajo cuando sucede una tragedia y Judy, siendo la víctima del daño irreversible, decide vengarse de su marido. Esa trama tan acartonada me la han repetido en tantas ocasiones que no me sorprende para nada ninguna de las acciones de esos personajes que, en efecto, parecen marionetas de plástico en un teatro ambulante que es utilizado por Foulkes para esclarecer temas actuales como el abuso, la opresión patriarcal y la independencia femenina desde la óptica de la feminidad. No le interesa darle profundidad a los personajes. Lo comunica con un simbolismo poco sutil. Las actuaciones de Damon Herriman y Mia Wasikowska me parecen creíbles para lo que describe la fábula, pero cuento con los dedos sus escenas memorables y apenas llego a una. Los personajes que interpretan carecen de fuerza expresiva. Al final, cuando la película termina, siento que he perdido esa cosa tan preciada que llaman tiempo.

Calificación: 4/10

Crítica breve de la película 'Judy y Punch', dirigida por Mirrah Foulkes y protagonizada por Mia Wasikowska y Damon Herriman.
Póster de 'La ansiedad de Veronika Voss'
Logro sorprenderme viendo La ansiedad de Veronika Voss, la penúltima película del director alemán Rainer Werner Fassbinder y la tercera en su trilogía BRD. La razón por la que me cautiva, supongo, se debe a esa estética meticulosa que evoca en la puesta en escena el estilo visual de los melodramas clásicos de Hollywood, compensado de paso con actuaciones de lujo y un retrato agridulce sobre el ocaso de una actriz sumergida en la desesperación, la nostalgia y la melancolía. Se ambienta durante el milagro económico alemán en los años 50 y relata la vida de Robert Krohn, un periodista deportivo que conoce en medio de una noche lluviosa a Veronika Voss, una actriz reputada que gozó de un estrellato sin precedentes en los tiempos de la UFA del Tercer Reich y que ahora vive una vida amargada y trágica que la mantiene atada al pasado. Como Veronika es una diva adicta a los somníferos y a una neurosis que la pone a delirar en los interiores de una institución psiquiátrica, Robert se propone investigar sobre la existencia miserable que la atormenta. Con esa trama de la actriz hundida en la depresión y las drogas, basada parcialmente en la vida de Sybille Schmitz, Fassbinder captura el malestar de una sociedad posguerra manchada por el oportunismo y la corrupción, así como un discreto homenaje al cine. Lo ejecuta con mecanismos muy sutiles como la analepsis, el sobreencuadre, el picado-contrapicado, travellings laterales, la iluminación expresionista, los pomposos escenarios y la música diegética que se escucha fuera de campo. También me resulta muy creíble el rol de Hilmar Thate como el periodista convertido en detective y el de Annemarie Düringer como la siniestra doctora, pero me contagia con mayor grado la actuación orgánica de Rosel Zech como esa actriz alemana desilusionada. El desenlace anticlimático es insólito. Es una sólida película de Fassbinder.

Ficha técnica
Título original: Veronika Voss (Die Sehnsucht der Veronika Voss)
Año: 1982
Duración: 1 hr 44 min
País: Alemania 
Director: Rainer Werner Fassbinder
Guion: Peter Märthesheimer, Pea Fröhlich
Música: Peer Raben
Fotografía: Xaver Schwarzenberger
Reparto: Rosel Zech, Hilmar Thate, Cornelia Froboess, Annemarie Düringer,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'La ansiedad de Veronika Voss', dirigida por Rainer Werner Fassbinder y protagonizada por Rosel Zech.

La película más reciente en el catálogo de Netflix, 'La vieja guardia', mezcla trivialmente la acción más convencional con la fantasía de superhéroes.


Póster de 'La vieja guardia'


La sequía de películas contemporáneas me obliga a escudriñar los catálogos de las plataformas de streaming para poder reseñar algo que sea lo más actual posible. Cada día se hace más difícil. Cuando escasea el contenido acudo como un corsario a los rincones oscuros de la Internet para ver lo que consigo. Pero consumo tan rápido las listas de películas de la actualidad que ya puedo percibir el final. Las grandes cadenas de cine siguen cerradas y la industria paralizada se mantiene al margen de la situación, esperando a que ocurra algún milagro que extermine la pandemia y permita abrir las salas de cine para que el público asista en masa para consumir los usuales blockbusters que ponen en oferta. Pero hasta ahora todo parece una quimera. Solo me queda explorar los servicios de streaming. Aunque abundan las opciones, el proveedor más cercano por estos lados sin duda sigue siendo Netflix, donde cada semana hay estrenos que me permiten escoger los productos como si estuviera en un supermercado. Muchas veces encuentro películas muy entretenidas y hasta excelentes, pero tristemente en la mayoría de las ocasiones me topo con unos bodrios que me obligan a cuestionar el supuesto contenido de calidad que ofrece la plataforma. 

La algarabía que se ha desatado por la entrada más reciente en el catálogo original de Netflix, me ha llevado a ver 'La vieja guardia', una película de acción y de aventura que dirige la directora Gina Prince-Bythewood. Está basada en la novela gráfica de Greg Rucka. Por los comentarios y el entusiasmo con el que ha sido recibida, la veo pensando que se trata de algo renovador cuando aborda premisas filosóficas tan desgastadas como la inmortalidad y el destino que, admito, despierta mi interés, a pesar de la aparente falta de profundidad. Desconozco si eso cuenta como originalidad. Pero todo lo que observo me decepciona cuando mezcla trivialmente la acción más convencional con la fantasía de superhéroes, con unos personajes de plástico tan vacíos como figuras de acción de juguete y una narrativa tan aburrida que ofende mi ingenuidad. Casi no me sorprendo mirando la odisea de esos inmortales que luchan contra el líder megalómano de una corporación farmacéutica. Ni siquiera la presencia de un reparto encabezado por Charlize Theron puede rescatar la hecatombe del argumento. 

Charlize Theron como Andy
Charlize Theron como Andy. Imagen de Netflix.

La historia comienza luego de una breve escena donde los protagonistas se muestran moribundos con múltiples heridas de bala sobre sus rostros. Un tiempo antes, se presenta la protagonista, Andrómaca de Escitia (Charlize Theron), también conocida como Andy, una mujer enigmática y fría que se reúne con Booker (Matthias Schoenaerts), Joe (Marwan Kenzari) y Nicky (Luca Marinelli) para discutir los asuntos relacionados a una misión ultra secreta encomendada por el ex agente de la CIA, Copley (Chiwetel Ejiofor). Todos son soldados de élite que aparentemente pueden completar las tareas más peligrosas. Andy los convence para que acepten la propuesta de Copley: un encargo que consiste en liberar a un grupo de niños que han sido secuestrados en Sudán del Sur por unos paramilitares armados hasta  los dientes. Un helicóptero los transporta al lugar de la operación. Se infiltran con sus tácticas y de paso matan a unos cuantos soldados. Además de las ametralladoras, portan armas como espadas y hachas antiguas. 

Sin embargo, el escuadrón es emboscado y todos mueren acribillados por unos soldados. En esa escena, insólitamente logran revertir el deceso, curan sus lesiones y matan a sus agresores, revelando que sus habilidades curativas y regenerativas se debe en parte a que son inmortales. Al darse cuenta de que la trampa fue programada por Copley para evidenciar frente a la cámara su inmortalidad, Andy y los guerreros centenarios deciden ocultar sus rastros para seguir viviendo en el anonimato y que nadie descubra sus destrezas sobrehumanas. 

Charlize Theron y KiKi Layne
Charlize Theron y KiKi Layne. Fotograma de Netflix.

Mi problema con esos personajes es que detecto un desarrollo que añade motivaciones superficiales a los conflictos internos para que la trama no pierda la coherencia, pasándose la mayor parte del metraje lamentándose del pasado a través de una analepsis que hace que recuerden los períodos ancestrales que marcaron sus tragedias personales. 

Algunos como Joe y Nicky se regocijan por ser de los pocos que gozan de la vida eterna para amarse por siempre y combatir juntos. Book no supera la desgracia de haber sido testigo de la muerte de su familia a medida que ellos envejecían y él no, viendo el don de la inmortalidad como una maldición. Y la misteriosa Andrómaca, quien posiblemente tiene miles de años y proviene de la antigua Grecia, no revela los episodios trágicos que la desilusionaron, pero al tratar a Nile Freeman (Kiki Layne), la nueva integrante inmortal proveniente del ejército norteamericano, reconoce que se vio frustrada al no lograr salvar en la antigüedad a su compañera Quynh (Van Veronica Ngo), una inmortal que fue capturada por sacerdotes y fue sepultada en un sarcófago de hierro debajo del mar para ahogarse indefinidamente. Como son inmortales que llevan años transitando por la historia de la humanidad están cansados de intervenir. 

Charlize Theron como Andrómaca
Charlize Theron como Andrómaca. Foto de Netflix. 

Todas las escenas me resultan trilladas y terriblemente previsibles. Y pronto me invaden los bostezos cuando miro unas secuencias de acción sin ningún tipo de sorpresa, como el entrenamiento de la novata Nile Freeman al conocer el resto del equipo, la aparatosa captura de los protagonistas por las fuerzas del antagonista, el insistente y simulado romance gay de Joe y Nicky en medio de militares homofóbicos, la inseguridad de Nile al negarse a unirse a los inmortales para no abandonar a su familia, la tonta traición del herido Booker hacia Andy al enfrentar a Copley, la labor de rescate en el edificio corporativo que termina en un tiroteo ligero en el que los malos son exterminados por los buenos con los facilismos más habituales. Me sorprende que cambien de opinión apresuradamente al descubrir los planes malévolos de Steven Merrick (Harry Melling), el villano artificial que como ejecutivo farmacéutico desea dominar al mundo utilizando el material genético de los inmortales para contrarrestar los efectos del envejecimiento celular en la gente. La climática confrontación contra los agentes de seguridad es tan anodina que casi no le pongo atención cuando los héroes pelean para salvar a los suyos y la policía ni siquiera llega a tiempo a la escena del crimen.   

Quizá lo único interesante que descubro en el film son los temas sobre el sufrimiento ancestral, las trampas de la memoria, los causalidades del destino y las consecuencias de la inmortalidad, representado por la existencia de unos individuos adoloridos por los corolarios psicológicos de la decepción, los engaños y los horrores históricos, sometidos a ver el fallecimiento de sus seres queridos en primera fila a lo largo de los años. Aunque los protagonistas desconocen los orígenes de la inmortalidad y el hecho de que sus acciones han alterado el curso de los acontecimientos más importantes de la historia, anhelan recuperar la mortalidad para liberarse del desasosiego que los atormenta desde hace siglos. Para ellos la mortandad es la última de las redenciones. El comentario, además, implanta una lectura un poco desencajada del vínculo de los estereotipos de la sociedad que son ignorados por su raza, su preferencia sexual y su condición física.
  
Marwan Kenzari, Matthias Schoenaerts, Charlize Theron, Luca Marinelli y KiKi Layne
Marwan Kenzari, Matthias Schoenaerts, Charlize Theron, Luca Marinelli y KiKi Layne. Imagen de Netflix


No sé si me pierdo de algo porque nunca he leído el cómic. Tampoco creo que lo haga. Pero no me cabe la menor duda de que la cinta de Prince-Bythewood es un disparate que no aporta nada que sea novedoso al género de superhéroes. La fábula de los héroes anónimos es tan reiterativa como la rueda de la fortuna. No les otorga nada de brío a los actores que pone en pantalla y sufre el impacto prolongado de una narración baladí al servicio de la corrección política y de unas coreografías de acción excesivamente flojas. Los cambios de tono le pasan factura, al igual que la ausencia de algún golpe de efecto que sea sorpresivo. Es otra de esas películas de acción vacías que abundan en la estantería de Netflix.  Creo que de entretenida no tiene absolutamente nada. 


Ficha técnica
Título original: The Old Guard
Año: 2020
Duración: 2 hr 05 min
País: Estados Unidos
Director: Gina Prince-Bythewood
Guion: Greg Rucka
Música: Volker Bertelmann, Dustin O'Halloran
Fotografía: Barry Ackroyd
Montaje:  Terilyn A. Shropshire
Reparto: Charlize Theron, Chiwetel Ejiofor, KiKi Layne, Chico Kenzari, Matthias Schoenaerts
Calificación: 4/10

Tráiler de la película


Afiche de 'Ya no estoy aquí'De esas películas exóticas que se encuentran en Netflix pude ver Ya no estoy aquí, del director mexicano Fernando Frías de la Parra. Me resulta muy cautivadora cuando Frías elabora un comentario socioantropológico esclarecedor sobre la inmigración, la transculturación y la identidad juvenil a través de un adolescente que se refugia en la música para olvidarse de la miseria y de la violencia que mancha su entorno social. Ese joven protagonista, Ulises, vive en un barrio marginado en Monterrey, donde pasa su tiempo liderando a una pandilla que se hacen llamar 'Los terkos', adoptando las señas y la jerga coloquial del pandillerismo, vistiendo la ropa característica de los cholos, adornando su cabeza con un raro peinado que resalta sus rasgos aztecas y bailando la cumbia rebajada en los espacios públicos. La estructura del relato describe la vida de Ulises en dos períodos. Primero, su estadía en México cuando es víctima de la delincuencia, deja a su familia y es obligado a escapar por la frontera tras recibir amenazas de muerte de un cártel local. Y, segundo, al emigrar hacia los Estados Unidos para enfrentarse a la dura realidad del inmigrante ilegal, incapaz de adaptarse, viéndose afectado por el desempleo, la discriminación, la incomunicación y la amenaza constante de deportación. Ulises está espléndidamente interpretado por Juan Daniel García Treviño y me parece muy orgánico cuando transmite la desilusión del personaje con los silencios, las miradas y la danza. Es encuadrado casi siempre con un plano general para señalar la soledad que enfrenta. Hay riqueza visual en las imágenes, colores descriptivos, diálogos auténticos y un ritmo placentero. Los mecanismos, supongo, reflejan el fenómeno de la hibridación cultural y la psicología de un individuo encarcelado en el pasado para olvidar el presente. Y no había visto nada semejante sobre la cultura urbana de los cholombianos. Es un drama desgarrador sobre la desaparición de una subcultura. 


Ficha técnica
Título original: Ya no estoy aquí
Año: 2019
Duración: 1 hr 52 min
País: México
Director: Fernando Frías de la Parra
Guion: Fernando Frías de la Parra
Música: 
Fotografía: Damián García
Reparto: Juan Daniel García Treviño, Coral Puente, Angelina Chen, Jonathan Espinoza,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'Ya no estoy aquí', dirigida por Fernando Frías de la Parra y protagonizada por Juan Daniel García Treviño.
Póster de 'Jinete de ballenas'No me cabe la menor duda de que Jinete de ballenas es una película sumamente conmovedora de la directora Niki Caro. No esperaba que fuera así, pero me llevo una agradable sorpresa observando su cuento de inclusión, tradiciones ancestrales y heridas familiares. Se ambienta en el pequeño pueblo de una comunidad maorí de Nueva Zelanda, y relata la historia de una niña de once años llamada Paikea Apirana, quien nació bajo trágicas circunstancias y al crecer lucha contra la exclusión propiciada por su abuelo Koro, el patriarca de la familia que se mantiene sujeto al tradicionalismo ortodoxo más intolerante. Ella vive con sus abuelos. La chiquilla se siente excluida y confundida debido a las costumbres de la tribu Whangara, los cuales han mantenido durante miles de años un linaje entre los jefes que impide la inclusión de la mujer porque, según la regla, el descendiente que lleva el nombre de Paikea debe ser obligatoriamente un primogénito varón. El conflicto imprime una sutileza contagiosa cuando observo las discusiones familiares originadas por la autoridad del abuelo, la cotidianidad de la gente que preserva su identidad cultural, el vínculo poderoso que transforma la falta de afecto en una catarsis que disuelve la culpa, el destino de una persona elegida para borrar la desigualdad y preservar una tradición. Es muy acertado el uso del ralentí para ampliar los momentos de desesperación, del color para describir las emociones intrínsecas de los personajes y del simbolismo de la ballena que representa la esperanza de una generación que aprende el valor sanatorio del cambio y la reconciliación. Hay un comentario antropológico muy didáctico. Escucho, además, una banda sonora muy empática de Lisa Gerrard. Pero la verdadera revelación es la expresiva actuación de Keisha Castle-Hughes, quien logra cautivarme cuando transmite la cuota de dolor de Pai con la voz, la mirada y los gestos.

Ficha técnica
Título original: Whale Rider
Año: 2002
Duración: 1 hr 37 min
País: Nueva Zelanda
Director: Niki Caro
Guion: Witi Ihimaera
Música: Lisa Gerrard
FotografíaLeon Narbey
Reparto: Keisha Castle-Hughes, Rawiri Paratene, Vicky Haughton, Cliff Curtis,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 'Jinete de ballenas', dirigida por Niki Caro y protagonizada por Keisha Castle-Hughes
Como conozco los mecanismos del thriller psicológico de misterio como si fuera la palma de mi mano, encuentro algo convencional la ejecución de 'Transsiberian: expreso de medianoche', a pesar de que la premisa tiene un arranque prometedor que me pone a cuestionar, casi como un detective, las acciones de unos personajes que son víctimas de las mentiras, del miedo y de los impulsos irracionales. La película, dirigida por Brad Anderson, imprime un suspense hitchcockiano que se despliega modélicamente en los interiores de un tren que se dirige a las frígidas regiones de Rusia para presentar a unos turistas norteamericanos, Roy y Jessie, en el momento en que se relacionan con Carlos y Abby. Todo transcurre con normalidad mientras viajan en el ferrocarril por varias provincias rusas y se regocijan junto a unos pasajeros pintorescos, pero luego llega el nudo cuando Jessie comienza a sospechar de que Carlos y Abby ocultan algo y su marido, Roy, se pierde misteriosamente en una de las estaciones. Mi problema es que la trama carece de sustancia cuando emplea los subterfugios genéricos para propagar actos sombríos que se vuelven previsibles con las artimañas de drogas, asesinatos y corrupción policial. Me deja tan frío como una bola de nieve cuando esconden la verdad del asesinato para prolongar el asunto innecesariamente, cuando llega el inspector Grinko a investigar a los criminales que habitan el ferrocarril, cuando los buenos terminan siendo los malos para que los asesinatos tengan justificación. Las actuaciones me parecen aceptables, pero solo me veo perturbado por la presencia de Ben Kingsley como el siniestro oficial de narcóticos, verdaderamente me causa pavor con la mirada y el acento ruso. El gélido panorama es acertado transfiriendo la cuota visual del relato. El resto no tiene pujanza ni intriga. Cuando comienza la climática confrontación, ya es demasiado tarde para evitar el descarrilamiento narrativo. 

Calificación: 6/10



Crítica breve de la película 'Transsiberian', dirigida por Brad Anderson y protagonizada por Woody Harrelson, Emily Mortimer y Ben Kingsley.