Sinopsis: Cuando Hipo descubre que Chimuelo no es la única Furia Nocturna, debe buscar "Mundo Oculto", una utopía secreta de dragones, antes de que un tirano contratado llamado Grimmel lo encuentre primero.

Ficha técnica
Título original: How to Train Your Dragon: The Hidden World
Año: 2019
Duración: 1 hr 44 min
País:  Estados Unidos
Director: Dean DeBlois
Guion: Dean DeBlois
Música: John Powell
Fotografía: John Alton
Reparto (voces): Jay Baruchel, America Ferrera, F. Murray Abraham
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 

Esta tercera entrega de "Cómo entrenar a tu dragón" representa una conclusión satisfactoria de la trilogía, me divierto mucho viendo nuevamente a Hipo y a su inseparable amigo, Chimuelo, en una aventura fantástica y muy emotiva que habla de la importancia los vínculos familiares, la amistad que perdura en el tiempo y la libertad de seres que yacen en un cautiverio pacífico. Los personajes que muestra han madurado y los problemas que a los que deben lidiar me sorprenden cuando se enfrentan a un cazador de dragones llamado Grimmel que intenta cazar y, dentro de sus posibilidades, matar a un dragón Furia Nocturna. El argumento se construye sobre la idea del liderazgo que desarrolla Hipo con el pueblo Vikingo que vive en la tranquilidad, en el que aparecen los personajes secundarios que aportan comicidad, las manadas de dragones que surcan los cielos de la isla de Berk, la cotidianidad que exhibe las costumbres de los vikingos. Está elaborada con unos efectos visuales asombrosos, con una animación propensa a cualquier tipo de detalle de ambientación y diseño de personajes. También cuenta con escenas y secuencias muy emocionantes, como la introducción en la que Hipo y sus secuaces liberan a unos dragones aprisionados, el hilarante y tierno ritual de cortejo entre Chimuelo y Furia Luminosa, la infiltración en la base enemiga, la cómica cautividad de Brutilda en manos de Grimmel, el climático enfrentamiento entre la tribu de Hipo y la banda de Grimmel para rescatar a los dragones. Lo consigue, casi siempre, con una cohesión que se sostiene durante de una hora y media. El final me ha sacado lágrimas, la despedida me conmueve. Es una película encantadora, sincera y muy entretenida.


La directora Claire Denis asegura que la idea de su más reciente película, High Life, le llegó a la mente hace más de quince años. En una entrevista sobre el proyecto, dijo que "tenía un guion que era naturalmente en inglés, porque la historia tiene lugar en el espacio y, no sé por qué, pero para mí, la gente habla inglés, o ruso o chino, pero definitivamente no francés en el espacio". En ese tiempo, escribió los primeros borradores del guion y tenía en cuenta a Philip Seymour Hoffman para el papel principal. Pero con la muerte repentina de Hoffman había desistido y buscaba a otro actor anglosajón. Más tarde, su búsqueda había terminado cuando quedó cautivada por la presencia de Robert Pattinson durante el proceso de casting. Y quizás ha sido una decisión muy acertada. Con Robert Pattinson en el rol protagónico concibe una película de ciencia ficción muy enigmática que se escapa de los convencionalismos del género y crea un personaje misterioso muy difícil de imaginar en manos de otro actor con la misma edad.

La película, que marca el debut anglosajón de Denis, me hipnotiza seriamente con la meticulosa puesta en escena y con una conceptualización que aborda temas como la paternidad vinculada al sacrificio, los enigmas de la sexualidad, la concepción de la vida y, sobre todo, la condición humana que mantiene al ser humano anclado a la supervivencia y a una autodestrucción segura. Es agobiante, sosegada, lóbrega, propensa a la violencia más terrorífica y al erotismo retorcido. Su estilo visual posee características que elaboran un rico homenaje al cine de Tarkovsky y películas como Stalker o Solaris. Se ambienta en el espacio intergaláctico en futuro lejano y trata el argumento de un padre y su hija confinados en el aislamiento más absoluto de una nave espacial mientras se dirigen a un agujero negro. Y lo narra con un protagonista interpretado con cierto magnetismo por Robert Pattinson. Con Monte, junto a otros secundarios interpretados por Juliette Binoche, Mia Goth y André Benjamin, Denis emplea el racconto intrusivo y prolongado para relatar los orígenes de los personajes y el propósito de la misión, cosa que rápidamente me absorbe con las revelaciones inesperadas. 

Willow (Scarlette Lindsey) y Monte (Robert Pattinson) en el jardín de la nave. Imagen cortesía de A24.

Con una narrativa que rechaza los tapujos de la linealidad, la película comienza en las profundidades del cosmo, donde seguimos a un cosmonauta llamado Monte (Robert Pattinson) que realiza tareas de mantenimiento mientras intenta calmar a una bebé que lloriquea fuertemente. Aquella bebita es la hija de Monte y se llama Willow (Scarlette Lindsey como bebé Willow; Jessie Ross como Willow adolescente). Están encerrados en una nave gigantesca, en la que sobran los pasillos iluminados de luces de neón y salas repletas de computadoras y botones. Tienen un pequeño jardín, de los que Monte obtiene los alimentos que necesita para alimentar a Willow. Ellos aparentemente se encuentran en dirección a un agujero negro y son los únicos supervivientes de la cuadrilla. Poco se sabe del equipo hasta que, mediante flashbacks, Monte empieza a recordar el pasado que revela su historial criminal, junto con los otros pasajeros a bordo. Son un grupo de condenados a muerte que han sido utilizados por el gobierno como conejillos de india para formar parte de un experimento científico que tiene la exclusiva labor de lanzarlos hacia un agujero negro cercano al sistema solar para investigar cómo funcionan.

Boyse (Mia Goth) en un fotograma de la película. Imagen cortesía de A24.

Denis encuadra a los personajes como seres atrapados en una cárcel: la nave (que lleva el número siete de la suerte). La nave en este caso metaforiza el planeta Tierra. Y todos ellos, quienes están vestidos de un rojo que evoca maldad, conforman una agrupación multicultural (rasgo usual en el cine de la cineasta), representan a los humanos que la habitan y que se autodestruyen lentamente cuando enloquecen y se dejan seducir por las necesidades más primitivas. Logra escenas perturbadoras de gente que, poco a poco, se pierde en la desesperación, en la soledad, en el insoportable vacío, donde no faltan los experimentos bizarros sobre la sexualidad humana, la preservación de la especie, la importancia de los ecosistemas que permiten la subsistencia, los cuerpos de los astronautas que se pierden en la oscuridad del espacio. Suceden cosas insólitas, como el hecho de que la nave está equipada con The Fuckbox (la caja de follar), un extraño dispositivo utilizado obsesivamente por la tripulación para practicar el onanismo porque el sexo se ha prohibido (la escena de Binoche montada en la máquina es sensual y muy poética). Toman un líquido que parece extraído de las muestras de orina que toma la peligrosa doctora Dibs (Juliette Binoche), quien también utiliza el semen de los hombres para llevar a cabo un procedimiento de inseminación artificial en las mujeres mientras todos duermen. Aunque al final todos mueren brutalmente por el angustioso efecto de reclusión, Monte es el único con las cualidades genéticas necesarias para subsistir. 

Dibs (Juliette Binoche) y Monte (Robert Pattinson). Imagen cortesía de A24.

Pattinson, en su primera colaboración con Denis (ya se hallan preparando la siguiente película), consigue una interpretación verdaderamente cautivadora cuando se pone en la piel del astronauta que debe lidiar con un pasado maldito y las responsabilidades de ser un padre en un clima tan inhóspito como el del espacio exterior. Se siente muy genuino cuando se ríe, cuando reflexiona o cuando estalla de ira por situaciones escabrosas. Preserva una mirada extraña que resulta muy hipnótica cuando Denis lo encuadra en un primer plano, trasmitiendo sensaciones que transitan por la serenidad, lo imperturbable y lo introspectivo (la película se narra desde su punto de vista). Convierte a Monte en un personaje que funciona como una balanza moral, alguien que junto con su hija representa la redención y la esperanza de toda la humanidad porque se niegan a perder la suya. Es una de sus mejores actuaciones como actor. 

Willow (Jessie Ross) y Monte (Robert Pattinson) acercándose al agujero negro. Imagen cortesía de A24.

La película supone la primera incursión de la realizadora francesa al género de la ciencia ficción minimalista, algo que le da un giro de 360 grados a una filmografía que incluye títulos como Viernes noche, 35 tragos de ron y Un bello sol interior. Pero sin renunciar a los ademanes de identidad que componen su estilismo y los significados que están al servicio de la abstracción vocacional, donde la deshumanización y los fluidos líquidos como el esperma y la sangre esmaltan los pasadizos de una nave espacial muy oscura. Está estructurada con planos muy interesantes que comunican emociones diversas, una secuencia asombrosa que pone mi imaginación a volar al presenciar la espaguetificación de una astronauta que es devorada por un agujero negro y un clímax muy metafórico en el que la singularidad de un agujero negro simboliza el futuro incierto de la humanidad. Se destaca también una banda sonora que aporta estridencia a la atmósfera opresiva que se presenta en las entrañas de la nave. Aunque me sé de memoria algunos de los mecanismos del género que emplea Denis, no deja de resultarme provocativa. Es un viaje sensorial de ciencia-ficción, uno que es existencial, lúbrico y muy estimulante.

Ficha técnica
Año: 2018
Duración: 1 hr 53 min
País:  Francia
Director: Claire Denis
Guion: Claire Denis, Jean-Pol Fargeau, Geoff Cox
Música: Stuart Staples, Tindersticks
Fotografía: Yorick Le Saux, Tomasz Naumiuk
Reparto: Robert Pattinson,  Juliette Binoche,  Mia Goth,  André Benjamin,
Calificación: 7/10






Sinopsis: En la profundidad del espacio profundo, Monte y su hija Willow viven completamente aislados a bordo de una nave espacial. No siempre estuvieron solos: eran parte de un grupo de condenados a muerte que aceptaron conmutar sus sentencias por participar en una misión con destino al agujero negro más cercano a la Tierra.
Sinopsis:  Mike Hagen es un periodista deportivo y Marilla Brown Hagen, una diseñadora de moda de éxito. A pesar de que pertenecen a mundos muy distintos, tras una breve y apasionada relación se casan. Poco después de la boda, la convivencia provocará conflictos que ponen de manifiesto las enormes diferencias que existen entre ellos.

Ficha técnica
Título original: Designing Woman
Año: 1978
Duración: 2 hr 07 min
País:  Estados Unidos
Director: Vincente Minnelli
Guion: George Wells
Música: Andre Previn
Fotografía: John Alton
Reparto: Gregory Peck,  Lauren Bacall,  Dolores Gray,  Tom Helmore
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 

Esta comedia romántica de Minnelli me resulta muy placentera cuando trata a fondo la crisis conyugal entre un periodista deportivo y una diseñadora de moda. La protagoniza Gregory Peck y Lauren Bacall, y ambos están maravillosos cuando los personajes que interpretan se ven implicados en unos conflictos maritales bien gordos que los ponen a divagar entre las mentiras piadosas, los celos más impertinentes y las enormes diferencias que ponen al matrimonio en jaque. En la cotidianidad de ellos se pone de manifiesto un melodrama muy apacible que disfruto enormemente con el estilo visual de Minnelli, en unas escenas rodadas casi en su totalidad en planos generales, de las que se extraen momentos antológicos, como la pelea de boxeo que molesta a la esposa, el desfile de moda atestado de un hedonismo que incomoda al marido, la fiesta del miércoles por la noche donde colisionan dos mundos incompatibles de la estratósfera social, los instantes de recelo en los restaurantes con mesa para cuatro donde se sospecha de un triángulo amoroso, los atrevidos números musicales que hacen alusión al cine del director, sobre todo durante la secuencia de la riña final en el callejón en la que se resuelve el problema con los puños y la danza (los bailes de Jack Cole son estupendos). Para contarlo se recurre a un sutil racconto que se narra desde la perspectiva de cuatros personajes que relatan todo con la voz en off, a lo largo de un metraje de dos horas que en pocas ocasiones pierde el ritmo. Se destaca también el ampuloso diseño de producción, el elegante vestuario, los colores que tiñen de viveza la puesta en escena. Es una película desopilante, estilosa y muy entretenida.
Sinopsis:  Luke Martin (Jon Voight) es un soldado que vuelve inválido a su hogar, paralizado de cintura para abajo. En el hospital de veteranos le atiende una voluntaria llamada Sally (Jane Fonda), esposa de un militar que combate en Vietnam. Ambos se enamoran. Cuando el marido, el capitán Bob Hyde (Bruce Dern), regresa del frente. Sally se ve forzada a elegir entre su esposo y su amante.

Ficha técnica
Título original: Coming Home
Año: 1978
Duración: 2 hr 07 min
País:  Estados Unidos
Director: Hal Ashby
Guion: Waldo Salt, Robert C. Jones, Rudy Wurlitzer, Nancy Dowd
Música: George Brand
Fotografía: Haskell Wexler
Reparto: Jon Voight,  Jane Fonda,  Bruce Dern,  Robert Carradine,  Penelope Milford,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 

Ashby le confiere un estilo tan enérgico a esta película, que me mantengo pegado a la pantalla como un imán durante dos horas que pasan volando. Aunque en un principio se me hace predecible por culpa de un insospechado raccord que anuncia el romance, la disfruto bastante. Se ambienta a finales de los años 60 y trata la historia de una mujer que tiene una relación extramarital muy apasionada con un veterano parapléjico que conoce mientras trabaja de voluntaria en un hospital veteranos de la guerra de Vietnam, luego de que su marido haya partido hacia la guerra para servir a su país. Los problemas que atestiguo en cada escena me importan y me conmueven, sobre todo cuando se presenta al veterano desilusionado que se ha quedado inválido y en silla de ruedas por culpa de un patriotismo que lo ha traicionado, a la mujer que abre los ojos para darse cuenta de las cruentas consecuencias de los efectos psicológicos de la guerra en los soldados y al veterano inestable que regresa a casa con la mente bien jodida a causa del trastorno por estrés postraumático. Los personajes interpretados por Jane Fonda, Jon Voight y Bruce Dern son de tres dimensiones, atiborrados de un alcance dramático sólido y muy intenso. La puesta en escena por la que se pasean despliega una estética muy atrayente, repleta de planos interesantes que encuadran emociones diversas. Cuenta con una banda sonora maravillosa repleta de unos clásicos inolvidables que magnifican el trazo dramático de algunas escenas. El poder de la película cobra mayor fuerza cuando Ashby elabora un alegato antibélico sobre las inferencias de la deshumanización en los tiempos de la guerra, las heridas del hombre que nunca sanan.
Sinopsis: Durante la Guerra de Corea, el soldado Zack, que ha recibido un disparo en la cabeza, es el único superviviente de su pelotón. Tras ser hecho prisionero por el enemigo, consigue escapar gracias a la ayuda de un niño coreano huérfano. Ambos se unirán a un nuevo pelotón cuya misión es conquistar una posición enemiga en un templo budista. Sin embargo, cuando llegan, el sitio parece desierto.

Ficha técnica
Título original: The Steel Helmet
Año: 1951
Duración: 1 hr 25 min
País:  Estados Unidos
Director: Samuel Fuller
Guion: Samuel Fuller
Música: Paul Dunlap
Fotografía: Ernest Miller
Reparto: Gene Evans,  William Chun,  Steve Brodie,  Robert Hutton
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 

Casco de acero representa la primera película bélica dirigida por el gran Samuel Fuller, filmada justamente iniciando la Guerra de Corea. Es la primera en tratar el conflicto y fue rodada con un presupuesto mínimo. Y lo que expone me conmueve. Trata la historia de un pelotón de soldados liderados por el sargento Zack que interpreta Gene Evans con mucha carga dramática. Zack, que ha recibido un disparo en la cabeza que casi lo mata, es el único superviviente de su pelotón. Es un hombre duro de matar, obstinado, propenso a la impulsividad y al cinismo. En el trayecto conoce a un niño coreano huérfano, a un médico afroamericano y a un pelotón de infantería liderado por un teniente que carece de dotes de mando. Todos ellos se enfrentan a las tropas comunistas que se esconden en la selva mientras avanzan hacia un puesto de observación en un templo budista. Y modelan un delicado comentario sobre el racismo que aísla a los norteamericanos cuando dialogan en medio de una contienda en la que la moralidad se va disipando con cada bala disparada. Esos subtextos sobre la moralidad y el racismo en tiempos de conflagración cubren la mayor parte de un metraje riguroso que siempre preserva el estado de cohesión. Cuenta con una atmósfera tensa, el picado-contrapicado que delata intenciones, planos de grupo para fortificar la unión, los sonidos agobiantes de los disparos, el simbolismo religioso sobre la desesperanza, la iluminación que comunica las emociones y el colapso psicológico de los soldados (como el fantasmagórico plano medio de Zack cuando lo invade la crisis nerviosa), el climático enfrentamiento en el que todo parece estar perdido. Puede que tenga una carga patriótica, pero el discurso antibélico me aprisiona cuando muestra la deshumanización de la guerra.

Siempre he creído que las galerías de arte son lugares muy interesantes. Conceden la libertad que los artistas necesitan para que puedan ser descubiertos y que sus obras sean expuestas ante un público amplio que los juzga mediante la observación. Uno va allí, camina por los pasillos, se codea con gente que supuestamente comparte el mismo gusto personal por el arte y disfruta apreciando las exhibiciones individuales o colectivas de pintores que, estando a las órdenes de los galeristas, esperan vender algún cuadro en su corta vida para entrar en el panteón de los grandes y no caer en el olvido absoluto. Y todo queda muy bonito y elegante por fuera, iluminado por la gallardía de los cuadros que adornan cada rincón de los corredores. Sin embargo, detrás de las cortinas se sostienen condiciones tan rígidas de valoración que simplemente se estrangula la ilusión de cualquier creador que desee acercarse. Es una cultura que establece como carente de valor todo lo que no entre dentro de sus términos limítrofes. En cada evento, suceden negocios bien turbios que desvalorizan la obra de arte y reducen al autor a una mera cifra comercial al servicio de la codicia.

Dan Gilroy, director de películas como la retorcida Nightcrawler y la insulsa Roman J. Israel, Esq., se propone abordar esa crónica de los vicios del galerismo en su nueva película titulada Velvet Buzzsaw. Y me resulta insólito y algo sorpresivo porque muchas veces he reflexionado sobre esa parte oscura de la industria del arte que, en ocasiones, pasa desapercibida. La esboza como una sátira sobre el mundo del comercio del arte y de las creaciones que son arrojadas al mercado de la competitividad agresiva y del dinero fácil, de la muchedumbre kitsch que habita las exposiciones para exhibir su frivolidad debajo de una máscara de hipocresía, de los que fingen un falsificado amor por el arte para alimentar la egolatría, presentado con un reparto de coral encabezado por Jake Gyllenhaal y René Russo (repitiendo con él desde su debut como director). También con una equilibrada dosis de terror psicológico que añade cierto nivel de sofisticación a las fórmulas esquemáticas del género, poniendo a los protagonistas a sufrir como víctimas en un denso aparato de delirios sangrientos desatado por un espectro inusitado. 

Rhodora Haze (Rene Russo) y Morf Vandewalt (Jake Gyllenhaal) en un fotograma de la película Velvet Buzzsaw. Imagen cortesía de Netflix.

La historia de la película se ambienta en el sector del arte en la ciudad de Los Ángeles y narra las vicisitudes de unos personajes muy peculiares. Comienza en una exhibición de arte en Miami en la que seguimos al crítico de arte Morf Vandewalt (Jake Gyllenhaal) cuando escanea con su ojo crítico los productos que son exhibidos allí. Morf es un hombre petimetre que usa su reputación para juzgar el destino de los trabajos artísticos. Y todos le temen a su criterio. En ese espacio, Morf se encuentra con Josephina (Zawe Ashton), una joven de acento británico que trabaja como asistente de una galerista muy reconocida y, también, con Rhodora Haze (René Russo), la apática dueña de una galería de arte. Luego con Gretchen (Toni Collette), una consejera de arte codiciosa que hace lo que sea para adquirir tablas valiosas y exponerlas en los museos de arte contemporáneo. Morf tiene una relación Josephina y trata de calmarla una vez que Rhodora la amenaza con arrebatarle su puesto laboral si no aumenta su desempeño.

Lo que Morf desconoce es que, días antes, Josephina se encontró por accidente una colección de pinturas en el edificio donde vive, pertenecientes a un viejo artista que, al fallecer, había expresado el deseo de que fuesen destruidas, algo que ella ve como una oportunidad para exhibirlas en la pinacoteca de Rhodora y enriquecerse con la venta. Las pinturas tienen una enigmática expresividad que hipnotiza a todos los individuos que la observan. Aunque los ejemplares consiguen la admiración de los espectadores, asimismo desatan una siniestra fuerza sobrenatural que intenta destruir la existencia de todos ellos.  

Josephina (Zawe Ashton) y Morf (Jake Gyllenhaal) en un fotograma de Velvet Buzzsaw. Imagen cortesía de Netflix.

Este collage de personalidades, interpretados por unos actores de primera categoría, son los sospechosos habituales del microcosmo del arte contemporáneo. Morf es el crítico de arte con un prestigio intachable y armado hasta los dientes de adjetivos para evaluar los paneles, sin importarle en lo más mínimo si las palabras de sus artículos hieren la sensibilidad del artista que ha pasado tanto trabajo para crear una obra. Se muestra como un individuo narcisista, frívolo, con una predilección por la prepotencia y el perfeccionismo. Josephina es la colaboradora de la galerista que sucumbe ante el oportunismo porque lo único que desea es probar el éxito y las riquezas que provee la parcela del arte. Es por esa razón que roba las pinturas y forja un trato con Rhodora, entregándoselas con el fin de obtener un beneficio una vez que se comercialicen. Rhodora, en cambio, es la galerista ambiciosa que entregaría su alma al diablo con tal de que las colecciones sean vendidas a los clientes; ostenta una posición de poder y la utiliza para monopolizarlo todo, subastar los bosquejos a precios exorbitantes y garantizar así la fortuna de otros artistas como Piers (John Malkovich) y Damrish (Daveed Diggs), quienes se niegan a participar en los comercios nebulosos de los galeristas para dedicar toda su pasión al oficio.

Aunque no todas las piezas preservan la misma consistencia, los personajes que veo son sólidos y muy complejos. Me cautivan cuando sus obsesiones son reveladas, como si se tratara de un retrato que refleja las miserias de los vividores que transitan por el orbe del galerismo y que repudian los sacrificios de los autores. Un mosaico de figuras vacías que prolonga el ciclo de cosificación del arte dentro de una burbuja económica y manipulan a su antojo a los artistas que dejan su creatividad detrás del lienzo. Son personas que descubren el significado del miedo y la inseguridad a través del espíritu torturado de un pintor que se revela contra la superficialidad y la ruindad de aquellos que se interponen en el camino del arte. Todos ellos, exceptuando  Piers y Damrish, son víctimas de la venganza programada del arte de Vetril Dease (personaje basado en la biografía del ilustrador marginal Henry Darger), el cual regresa para asesinarlos utilizando los trabajos de arte por los que ellos han sentido algún tipo de vilipendio.

Josephina (Zawe Ashton) horrorizada en un fotograma de Velvet Buzzsaw. Imagen cortesía de Netflix.

Gilroy, quien también ha firmado el guion, elabora la puesta en escena con un tratamiento estético que adorna los interiores por los que circulan los protagonistas, manteniendo en cada plano un equilibrio apropiado entre la belleza compositiva y la violencia estilizada, con colores impávidos que notifican la frialdad aparente de todos ellos. Logra secuencias impactantes, como la de Gretchen desangrándose frente a una escultura esférica, o la de Josephina con las láminas que salen de los cubículos con la intención de pintarla hasta ahogarla en un colorido mural. Sus personajes estimulan mis sentidos, son provocativos, especialmente el articulista Morf Vandewalt que interpreta el meticuloso Jake Gyllenhaal (una especie de parodia a la figura del crítico universal) y la magnética galerista interpretada por Zawe Ashton que, siendo desconocida para mí, estampa un rol de mucha intensidad que en ningún momento me permite quitarle los ojos de encima. Curiosamente en algunas escenas se aferra al sobreencuadre y al contraplano para construir planos subjetivos desde la óptica de los frescos que cuelgan de la pared, como si se tratase de objetos que contemplan a los observadores.

Morf Vandewalt (Jake Gyllenhaal) en un fotograma de Velvet Buzzsaw. Imagen cortesía de Netflix.

La película es estimulante cuando encuadra su crítica de los esnobistas del arte que están a merced de una represalia taumatúrgica, en un rompecabezas que maneja los mecanismos del horror supernatural y el slasher más recóndito para comunicar metáforas sobre la naturaleza de un arte que, como acto de invención humano, preserva su esencia en la eternidad, hallándose por encima de la descomposición moral y de cualquier avaricia corporativista. Posee diálogos sutiles, un ritmo que es constante, una química maravillosa del reparto y una artificialidad calculada que se corresponde correctamente con las frivolidades del mundillo del arte que se describe en la trama. Encierra una ambigüedad que la hace impredecible. Se trata de un regreso formal del señor Gilroy. Su concepto sobre los marchantes del arte es original, pesadillesco, escalofriante. Está ejecutada con un estilismo que me entretiene, caigo rendido inmundamente ante los efectos de su locura.

Ficha técnica
Año: 2019
Duración: 1 hr 53 min
País:  Estados Unidos
Director: Dan Gilroy
Guion: Dan Gilroy
Música: Marco Beltrami
Fotografía: Robert Elswit
Reparto: Jake Gyllenhaal,  René Russo,  Zawe Ashton,  Toni Collette,  John Malkovich, Tom Sturridge,
Calificación: 7/10






Sinopsis: En el despiadado mundo del comercio del arte, Josephina (Zawe Ashton) encuentra por accidente un auténtico tesoro: un viejo artista clandestino, tras fallecer, deja tras de sí una maravillosa colección de cuadros con el deseo expreso de que éstos fuesen destruidos tras su muerte. Decidida a sacar buena renta de ellos, Josephina comienza a exponerlos ante algunos de los pesos pesados de la industria, incluyendo a su jefa Rhodora (Russo), al crítico de arte Morf (Gyllenhaal), y a la coleccionistas de arte Gretchen (Collette). Aunque la obra del artista logra la admiración del público, también despierta algo imperceptible y siniestro que amenaza con castigar a aquellos que se han beneficiado de su trabajo.


Sinopsis: Roger Ferris (Leonardo DiCaprio) es el mejor agente de la CIA. Su trabajo lo lleva de Oriente Medio a Washington. Cada uno de sus pasos depende de una voz al otro lado de un teléfono: la del veterano Ed Hoffman (Russell Crowe), responsable de las operaciones de la Agencia en todo Oriente Medio. Desde su confortable casa, Hoffman le sigue la pista a un líder terrorista que está sembrando el terror mediante atentados con bomba y parece capaz de eludir a la red de inteligencia más sofisticada del mundo. Para sacar a los terroristas de su madriguera, Ferris tendrá que entrar en su turbio mundo.

Ficha técnica
Título original: Body of Lies
Año: 2008
Duración: 2 hr 08 min
País:  Estados Unidos
Director: Ridley Scott
Guion: William Monahan
Música: Marc Streitenfeld
Fotografía: Alexander Witt
Reparto: Leonardo DiCaprio,  Russell Crowe,  Mark Strong,  Michael Gaston,
Calificación: 7/10
Sinopsis: En St. Robin, Francia, la paz del pueblo comienza a perturbarse cuando, el Dr. Rémy Germain (Pierre Fresnay), comienza a recibir anónimos firmados como El Cuervo, en los que se le exige que rompa su relación con Laura Vorzet (Micheline Francey), esposa del psiquiatra (Pierre Larquey) de la misma institución. Pronto, las misivas comienzan a señalar las faltas de muchos otros personajes del pueblo y se vuelve urgente descubrir quien está detrás de esta conspiración.

Ficha técnica
Título original: Le corbeau
Año: 1943
Duración: 1 hr 32 min
País:  Francia
Director: Henri-Georges Clouzot
Guion: Louis Chavance, H.G. Clouzot
Música: Tony Aubin
Fotografía: Nicolas Hayer
Reparto: Pierre Fresnay,  Ginette LeClerc,  Micheline Francey,  Pierre Larquey
Calificación: 7/10


Crítica breve de la película

No creo que esta película de Henri-Georges Clouzot (con la que fue expulsado de Francia hasta 1947) esté a la altura de obras cumbres de su filmografía como 'La verdad', 'El salario del miedo' y la extraordinaria 'Las diabólicas', pero me intriga fuertemente durante hora y media con la trama de la figura anónima, apodada como El cuervo, que envía cartas muy malévolas con la intención de atormentar a un pequeño pueblo francés en el que la moral se ha corrompido por los tiempos de la guerra. El pueblo es presentado a través del doctor Germain, un médico con un pasado escabroso (antes practicaba abortos ilegales) actualmente llega al pueblo a trabajar y a mantener una relación con Laura Vorzet, la esposa de un reputado psiquiatra, y, con la neurótica Denise. Hay planos interesantes, travellings sutiles y elipsis simbólicas que anuncian la tragedia. Con un pulso estupendo para el suspense y el misterio al mejor estilo de Agatha Christie, en cada escena me siento inmerso en la paranoia local y en el pánico desatado por las cartas que envía El cuervo y por el amplio catálogo de sospechosos que me mantienen pensando en el posible culpable. Clouzot construye un argumento afilado como una navaja, oscuro, tenso, propenso a enunciar temas como el adulterio, los prejuicios y las calumnias, en un poblado en el que todos los habitantes parecen ocultar algo. Cuenta con sólidas actuaciones de Pierre Fresnay (qué presencia tan magnética) y, Ginette Leclerc y Micheline Francey y un trabajo de montaje que pocas veces pierde el ritmo y la cohesión narrativa. La secuencia final me asombra y toma por sorpresa. Es una buena película del director catalogado como el "Hitchcock francés".
Sinopsis: Historia de denuncia de las condiciones laborales en las fábricas a través de la ojos de Massa, un obrero modelo que, a raíz de un accidente, se hace sindicalista.

Ficha técnica
Título original: La classe operaia va in paradiso
Año: 1971
Duración: 2 hr 05 min
País:  Italia
Director: Elio Petri
Guion: Elio Petri, Ugo Pirro
Música: Ennio Morricone
Fotografía: Luigi Kuveiller
Reparto: Gian Maria Volonté,  Mariangela Melato,  Gino Pernice,  Salvo Randone,
Calificación: 7/10


Crítica breve de la película 

Este drama político de Petri, premiado con la Palma de Oro en el festival de cine de Cannes, toca mis tejidos de reflexión y me cautiva con su material de denuncia sobre las condiciones laborales en una fábrica que parece un infierno terrenal en el que los obreros de cuello azul son tratados como simples herramientas de explotación en el proceso de productividad. Retrata ese crítica socioeconómica y política con un protagonista maravillosamente interpretado por Gian Maria Volonté que se llama Lulú Massa, un joven treintañero que trabaja en una factoría al servicio de las maquinarias pesadas y al duro sometimiento de la esclavitud del salario, y que un día toma conciencia. Volonté consigue otorgarle sobriedad y fuerza expresiva al atormentado personaje, sobre todo cuando este conversa con los sindicalistas, cuando escucha a los marxistas que luchan por una causa utópica a favor del proletariado, cuando está con su familia en el hogar digiriendo la chatarra visual que provee la televisión, o cuando se cansa de la rutina laboral que lo manipula y lo explota hasta llevarlo a los límites verticales de la cordura. La fábrica es simbolizada como una cárcel de la que nadie escapa de la autoridad ni de las jornadas mecánicas que deshumanizan al hombre. En ese lugar oscuro, en el que se siente la claustrofobia y la agobiante tensión producida por el estrés, Lulú y sus compañeros son encuadrados con una utilización calculada del primer plano, el plano detalle que captura el trabajo de las máquinas y sutiles movimientos de cámara propiciados por el encuadre móvil, además de una estridente banda sonora de Morricone que me seduce con el leitmotiv de la marcha de obreros. Es un film escueto con su argumento sobre la lucha de clases sociales.