Viaje a Grecia

El domingo por la noche, buscando alguna película que me saque alguna risotada, me siento a ver Viaje a Grecia de Winterbottom y, para sorpresa mía, es igual de entretenida que las antecesoras. La química maravillosa entre Steve Coogan y Rob Brydon hace de esta cuarta comedia sobre viajes culinarios por países europeos una experiencia tan disfrutable como un paisaje turístico, manteniendo los ingredientes previos de El viaje, Viaje a Italia y Viaje a España. En este episodio Coogan y Brydon recorren las carreteras de Grecia siguiendo los pasos de Ulises en la Odisea, viajando desde Troya hasta Ítaca mientras hablan sobre diversos temas en los interiores del coche y realizan las paradas ocasionales en los restaurantes más cercanos para degustar de la gastronomía que ofrece el país. Durante los siete días en que está estructurado su viaje, disfruto mucho de las conversaciones que ellos entablan sobre los mitos griegos, las impresiones de actores famosos, la literatura, la filosofía de Platón y Aristóteles, las películas de Schlesinger, la industria del entretenimiento y, sobre todo, los logros y las tragedias personales. Parte del encanto imagino que se debe a que Coogan y Brydon interpretan a versiones ficticias de sí mismos, y Winterbottom los deja improvisar parcialmente en casi todas las escenas, por lo que es normal que las discusiones cómicas que ellos sostienen se desarrollen con cierta naturalidad. Brydon interpreta al comediante optimista y burlón que está ansioso por personificar a algún famoso en la mesa, mientras que, por el contrario, Coogan interpreta al actor cínico y ególatra que siempre saca a relucir sus logros y piensa que lo sabe todo. Ellos son tan buenos en esto que no puedo evitar reírme una vez más viendo sus ocurrencias en medio del turismo europeo. Su comicidad me parece sabrosa por los diálogos y los gestos improvisados. Winterbottom captura su viaje por la autopista con hermosísimas panorámicas que sacan a relucir los paisajes montañosos y las costas griegas que invitan, casi como una publicidad del Ministerio de Turismo, a comprar un pasaje para llegar hasta ahí y probar la comida; además de las típicas escenas en los restaurantes que magnifican en todo momento el arte culinario de los chefs que preparan los mejores platos en los interiores de la cocina. Espero que este no sea su último viaje porque, a decir verdad, es tan agradable que me atrevería a ver su recorrido por toda Europa.

Ficha técnica 
Título original: The Trip to Greece
Año: 2020
Duración:  1 hr 43 min
País: Reino Unido
Director: Michael Winterbottom
Guion: 
Música: 
Fotografía: James Clarke
Reparto: Steve Coogan, Rob Brydon, Claire Keelan, Rebecca Johnson,
Calificación: 7/10



Crítica breve de la película 'Viaje a Grecia', dirigida por Michael Winterbottom y protagonizada por Steve Coogan y Rob Brydon.

El profesor

Con una duración de casi tres horas, El profesor es una película gansteril que avanza como la bala de una pistola y supone, al menos para mí, una sólida ópera prima de Giuseppe Tornatore. No sé por qué había durado tanto tratando de rastrearla, pero supongo que se debe a que es una cinta bastante difícil de conseguir por estos lugares. Tornatore la dirige con un pulso que, a pesar de emplear al pie de la letra las convenciones del cine de gánsteres, nunca pierde el efectismo para narrar el ascenso y la caída de un jefe mafioso. Las observaciones de su discurso sobre el monopolio de la violencia y el precio del poder, en cierta medida, están basadas en la figura de Raffaele Cutolo, el poderoso gánster italiano que fundó una nueva célula de la camorra napolitana. Su historia se ilustra cuando el protagonista, Franco, que responde con el apodo de "El profesor", es un preso que se gana el respeto de los demás reos tras desafiar a un jefe anciano de la camorra que también está instalado en el recinto y controla todo, mientras aprovecha su posición aventajada desde la cárcel para reformar a la organización criminal convenciendo a miles de criminales con sus estrategias heterodoxas. La trama, que sigue la estructura clásica de tres actos, me resulta bastante contagiosa cuando describe las actividades delictivas de ese gánster que con su carisma y fullería inaugura un imperio del crimen desde los interiores de una cárcel, impartiendo órdenes a los soldados, desatando guerras territoriales con otros jefes camorristas, desafiando a la policía y a los políticos corruptos y, sobre todo, ejecutando a sus enemigos en asesinatos violentos. Ben Gazzara da vida a ese gánster amoral con una intensidad que se traga la pantalla y que, casi siempre, me resulta creíble cuando lo interpreta como un hombre ambicioso que es tan perverso como carismático a la hora de perseguir sus tropelías en contra la de la camorra tradicional. Hay brutalidad, caos, traiciones y giros inesperados. El director de Cinema Paradiso preserva el ritmo y encuadra la odisea del personaje con una puesta en escena bastante estilizada en la que abunda, ocasionalmente, el encuadre móvil que dinamiza cada plano con la cámara inquieta y una música muy melodiosa de Nicola Piovani, además de unos diálogos tan afilados como una navaja. Y pocas cosas se le escapan de lugar. Su debut me parece imperdible.

Ficha técnica 
Título original: The Professor (Il camorrista)
Año: 1986
Duración:  2 hr 44 min
País: Italia
Director: Giuseppe Tornatore
Guion: Giuseppe Tornatore
Música: Nicola Piovani
Fotografía: Blasco Giurato
Reparto: Ben Gazzara, Laura del Sol, Lino Troisi, Leo Gullotta, Nicola Di Pinto,
Calificación: 7/10


Crítica breve de la película 'El profesor', dirigida por Giuseppe Tornatore y protagonizada por  Ben Gazzara y Laura del Sol.

El F.B.I. en acción
El largo visionado de El F.B.I. en acción me hace pensar, durante dos horas y media bastante largas, que se trata de una película en la que J. Edgar Hoover reemplaza a Mervyn LeRoy en la silla del director. No por nada las malas lenguas del rodaje afirmaban que Hoover, quien era amigo personal de LeRoy y coproductor, supervisó toda la filmación para garantizar la autenticidad y eligió personalmente a James Stewart para el papel principal porque le parecía que proyectaba una imagen honesta, además de dejar también a dos agentes del FBI para que observaran en todo momento las actividades en el set. Quiero pensar que estoy equivocado, pero es demasiado obvio. La película de LeRoy, que emplea de forma convencional y rutinaria los elementos del cine policial, parece casi un anuncio propagandístico muy apologista sobre los hombres con la placa del FBI. Las observaciones que presenta, en cierta medida, señalan las virtudes de ese popular órgano investigativo de los Estados Unidos desde la óptica de los agentes en el campo que combaten el crimen organizado para proteger a la sociedad, pero también blanquea sus defectos institucionales de una manera muy calculada. Todo luce demasiado limpio. Se ilustra con la historia de Chip Hardesty, un hombre que trabaja para la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) desde su fundación y dicta una conferencia a los nuevos agentes reclutados por la organización. La trama, estructurada como una larga escena retrospectiva en la que ocasionalmente Chip describe los incidentes con la narración en voice-over, en un principio me parece tensa, pero pronto me canso de la rutina de los agentes del orden que arrestan a psicópatas que plantan bombas, luchan contra miembros del Ku Klux Klan, investigan una serie de asesinatos de nativos americanos, persiguen espías comunistas y adquieren autoridad legal para portar ametralladoras Thompson y realizar arrestos a gánsteres notorios, sobre todo cuando se intercambian con ligeras escenas familiares para mostrar el lado paterno del protagonista. A lo largo de su metraje, me asalta la sensación de que las sorpresas escasean como la munición de una pistola y rara vez los conflictos mostrados suponen para mí un poco de intriga. Desde luego, se deja ver por Stewart, quien, como siempre, ofrece una interpretación modesta y creíble como ese policía federal que captura criminales dentro y fuera de las fronteras estatales. Pero no deja de ser un drama policial algo más que olvidable.

Ficha técnica 
Título original: The FBI Story
Año: 1959
Duración:  2 hr 29 min
País: Estados Unidos
Director: Mervyn LeRoy
Guion: John Twist, Richard L. Breen
Música: Max Steiner
Fotografía: Joseph F. Biroc
Reparto: James Stewart, Vera Miles, Murray Hamilton, Nick Adams
Calificación: 5/10



Crítica breve de la película 'El F.B.I. en acción', dirigida por Mervyn LeRoy y protagonizada por James Stewart y Vera Miles.

La vida de Oharu
No creo en lo absoluto que La vida de Oharu sea uno de los grandes melodramas jidaigeki de Kenji Mizoguchi, a veces su estructura episódica se extiende más allá de lo necesario, pero reconozco que me conmueve y me hace cavilar su cuento sobre el sufrimiento de la mujer japonesa atrapada en la cárcel del estigma social y de la incertidumbre, en una sociedad patriarcal cruel y desigual que le impide encontrar la felicidad. Las observaciones que presenta, en cierta medida, reflejan las preocupaciones del cine de Mizoguchi del período posguerra, en el que examina de una manera trágica y muy pesimista la condición de la mujer que sufre bajo las rígidas tradiciones de los dominios patriarcales del Japón feudal. Se ilustra sutilmente con la historia de su heroína, Oharu, una mujer que es expulsada de la corte de Kioto y condenada al exilio junto con toda su familia simplemente por enamorarse de un criado que la ama, suceso que la pone a transitar por los caminos de servidumbre que parecen ineludibles. La trama, estructurada como un largo racconto por el guion de Yoshikata Yoda, conquista mi sensibilidad cuando observo a esa mujer desilusionada relatando los episodios más grises de su dura existencia durante la era Edo, atestiguando la muerte de los hombres que la hacen feliz, manchando el honor familiar, obligada a ser concubina de señores feudales, enfrentándose a la miseria, recibiendo los abusos de unos oportunistas malvados que la tratan como un objeto y ejerciendo la prostitución para ganarse la vida. La estética de Mizoguchi encuadra la tragedia de Oharu a través del control compositivo que es su sello formal, evitando la sensiblería sin perder los rastros de sutileza, con un estupendo manejo del encuadre móvil que captura la autenticidad de la época con elegancia, con el gran plano general estático que encuadra a los personajes en espacios amplios como si se tratara de una obra de teatro, la elipsis de estructura, el fuera de campo que subraya acciones que se fugan del encuadre y el uso meticuloso del sobreencuadre para señalar, en ocasiones, la imposibilidad de la protagonista de escapar de la desdicha. Particularmente me cautiva la actuación de Kinuyo Tanaka cuando ejerce una expresividad delicada para comunicar la desgracia de esa mujer con el pasado trágico cuyo destino parece estar gobernado por las tropelías de los hombres. El retrato de Tanaka me parece fino, sutil, contenido, en pocas palabras, difícil de olvidar cuando ilumina con su dharma cada cuadro de la puesta en escena.

Ficha técnica 
Título original: The Life of Oharu (Saikaku ichidai onna)
Año: 1952
Duración:  2 hr 17 min
País: Japón
Director: Kenji Mizoguchi
Guion: Yoshikata Yoda
Música: Ichiro Saitô
Fotografía: Yoshimi Hirano
Reparto: Kinuyo Tanaka, Tsukie Matsuura, Ichiro Sugai, Toshirô Mifune
Calificación: 7/10




Crítica breve de la película 'La vida de Oharu', dirigida por Kenji Mizoguchi y protagonizada por Kinuyo Tanaka y Toshirô Mifune.

Esta nueva entrega de la franquicia de Halloween en manos de David Gordon Green repite sin sustos ni sustancia las fórmulas bien conocidas del terror slasher. 


Halloween Kills



Las películas de terror de la saga de Halloween están constituidas como una parábola de la naturaleza del mal y la manera en que este colisiona con el miedo. Esta idea, visible desde la primera entrega de la Halloween (1978) de Carpenter, es proyectada a través de Michael Myers, el asesino de la máscara blanca que, con su puñal en la mano, siempre mata a varias personas en la noche de Halloween en la ciudad ficticia de Haddonfield y que a simple vista parece una figura casi inmortal. La violencia no afecta a Michael porque su sangre, metafóricamente, está constituida por ella y se alimenta del pavor de la gente. Michael encarna, por lo tanto, esa maldad invisible del ser humano que está en todas partes, alejada de cualquier espectro de moralidad o empatía y que forma parte del verdadero horror que está ahí afuera y que vemos a diario en las noticias, donde imperan los asesinatos, los suicidios, los traumas, los gritos, el dolor. La secuela de David Gordon Green de 2018, protagonizada por Jamie Lee Curtis, retoma brevemente esos conceptos y conserva la dureza del clásico slasher, pero apuntaba más bien a una alegoría sobre las tres edades de la mujer contemporánea y su robustez ante el peligro.

La película Halloween Kills, estrenada recientemente en las plataformas de streaming y en las salas de cine como una secuela directa de Halloween (2018), procede a reexaminar el rol del malignidad en la sociedad a través del psicópata Michael Myers, relegando a un segundo plano la óptica femenina encabezada por la fuerte Laurie Strode de Jamie Lee Curtis. Si la primera trataba sobre la mujer como víctima, esta, por el contrario, le presta mayor énfasis al camino del victimario y sus acciones. La dirige nuevamente Gordon Green, quien está comprometido para terminar esta nueva trilogía iniciada hace tres años. Pero la cosa no sale bien ni con el mismo director. A diferencia de la antecesora que, renovaba a la agónica franquicia de una manera perturbadora, esta no tiene nada que sea aterrador o emocionante. Me parece una secuela slasher tan plana como la superficie de un cuchillo sin filo, una que traviesa los territorios previsibles del libro de terror con un collage de personajes que están listos para morir en nombre de los sobresaltos baratos que, en lugar de aterrarme o ponerme los pelos de punta con el asesino serial de la noche de Halloween, solo logra que vea lo que pasa como un témpano de hielo.


Michael Myers. Fotograma de Universal.



Halloween Kills comienza justo donde termina la predecesora, pero antes a modo de prólogo presenta al oficial Cameron Elam (Dylan Arnold) mientras encuentra a su compañero herido, el oficial Frank Hawkins (Will Patton), el cual se lamenta por no haber ejecutado al asesino Michael Myers cuando tuvo la oportunidad en aquella fatídica noche de Halloween de 1978. Mediante una prolongada escena retrospectiva, la acción se sitúa en el año 1978 de la cinta original, donde en medio de una persecución policial un joven Hawkins le dispara accidentalmente a su colega mientras persigue al fugitivo Michael Myers y trata de evitar que el Dr. Loomis lo mate en su casa de infancia junto a otros agentes del orden. La escena no solo interroga la eficacia de la policía, sino la manera en que hay crímenes que se simplemente se le escapa de las manos.

En la línea temporal del presente, situada el mismo 31 de octubre de 2018, en un bar cercano varios lugareños celebran el 40 aniversario del encarcelamiento de Michael Myers, entre los que hallan algunas víctimas que sobrevivieron y fueron testigos de la masacre de Halloween del 78, como Tommy Doyle (Anthony Michael Hall), Marion Chambers (Nancy Stephens) y Lindsey Wallace (Kyle Richards) y el padre de Cameron, Lonnie Elam (Robert Longstreet). Paralelamente, luego de haber sobrevivido al ataque de Michael, Laurie Strode (Jamie Lee Curtis), es trasladada de emergencia al hospital junto con su hija Karen (Judy Greer) y su nieta Allyson (Andi Matichak) para reponerse del dolor sufrido. La alegría de todos esos pobladores de Haddonfield se ve siniestrada por un ligero detonante que da por inaugurada la segunda matanza de la noche, cuando Micahel Myers huye del sótano en llamas de la morada de Strode y asesina a un grupo de bomberos con herramientas caseras.


Jamie Lee Curtis como Laurie Strode. Foto de Universal Pictures.

 

En términos generales, la película se toma la libertad de capturar unas cuantas referencias de las películas pasadas para que los fanáticos que rinden culto a Michael Myers se sientan contentos. Pero me parece que como secuela no tiene muchas sorpresas que digamos y su cojera se hace palpable cuando atraviesa los caminos habituales de la fórmula del slasher de segunda mano de serie B, por lo tanto no es tan difícil anticipar el resultado. Emplea los mecanismos conocidos cuando el psicópata enmascarado anda suelto por las calles nocturnas de un pueblo y despacha brutalmente con su cuchillo a todo aquel que se encuentre en su camino, sin importar la raza o el género, o si son hombres o mujeres, mientras los policías son mostrados como unos ineptos y las mujeres que han heredado la condición de chica final esperan el instante preciso para apuñalar al asesino en una vivienda atiborrada de cadáveres.

Green aprovecha esos elementos para añadir unos cuantos giros y ampliar la puesta en escena de terror con el gore que humedece el piso de sangre, pero se preocupa tanto por la exposición de violencia causada por el homicida que emblandece el componente de suspenso y rara vez consigue un momento que provoque miedo con los efectos de sonido barato y los escenarios oscuros. Los sustos son escasos. Su intención es la de utilizar las acciones de los personajes en un corto tiempo narrativo (tanto la antecesora como esta se desarrollan en una sola noche) para hablar esta vez sobre los corolarios de los linchamientos públicos y la inmoralidad como vía de venganza civil. O sea, que abandona la narrativa de Laurie Strode y la hija traumatizada para darle mayor protagonismo a los civiles atemorizados del condado.


Judy Greer como Karen. Foto de Universal Pictures.



Por un lado, muestra la sed de venganza de unos pobladores de Haddenfield que, al darse cuenta de que el verdugo anda suelto, se disponen a tomar la justica en sus manos y recorren las calles armados con bates, navajas y pistolas para eliminar al matón. Esta insurrección la encabeza Tommy, quien cansado de la ola de homicidios y de los traumas del pasado, forma una pandilla con los ciudadanos que piensan como él para perseguir a Michael y asesinarlo entre la multitud para impedir que pueda herir a más personas. Como es de esperar, los habitantes ejemplares violan las leyes para buscar la justicia ciega, y pronto la espiral de violencia escala hasta mutarse con el pánico, la paranoia y el descontrol de gente acorralada en un Halloween sangriento en el que prima la desesperación y la brutalidad. Esto es vivible con mayor impacto, quizá, en la secuencia del hospital, donde la muchedumbre colérica confunde a un preso con Michael y lo persigue por los pasillos vociferando “¡El mal muere esta noche!” hasta que lo obligan a saltar por la ventana para huir de la persecución, mientras los transeúntes de abajo miran el cadáver destrozado y son testigos de la barbarie que los pone a reflexionar. La escena, con un evidente señalamiento moral, cuestiona si la violencia es viable para resolver los males sociales.


Judy Greer, Jamie Lee Curtis y Andi Matichak. Imagen de Universal Pictures.

 

Por el otro, ilustra la odisea de Karen, Allyson y la recién operada Laurie cuando se enteran de la fuga de Michael por las avenidas de Haddonfield. La presencia de ellas es escasa por la decisión de Green de adoptar múltiples puntos vista alrededor del asesino. Pero, a pesar de que sus conflictos intrínsecos se mantienen en la superficie, el trato es más o menos aceptable. Después de ayudar a su madre en los pasillos del hospital inundado de pueblerinos asustadizos, tanto Karen como Allyson toman diferentes callejones para rastrear a Michael, el cual sigue asesinando a los residentes que se encuentra en el trayecto. Laurie piensa salir del hospital para matar a Michael ella misma, pero la herida abierta le impide abandonar el recinto, por lo que le pide a Karen que se una a la cacería liderada por Tommy. Cerca del clímax, Allyson, acompañada de un amigo, es emboscada por Michael en la residencia de infancia de este y, en medio de la turbación, lo apuñala varias veces en el estómago tras atestiguar la muerte de su amigo, pero es arrojada por las escaleras por Michael y se rompe la pierna. Karen, por su parte, llega a tiempo para rescatar a su hija y apuñala a Michael con una horca, quitándole la máscara para afectarlo psicológicamente y permitiendo que su hija escape.

 
Michael Myers en 'Halloween Kills'. Imagen de Universal Pictures.



En más de una hora y media de metraje no sucede nada espeluznante y todo se mueve con los engranajes del terror más convencional que, de paso, me saca unos cuanto bostezos cuando los aldeanos poseídos por el diablo apuñalan por la espalda y tirotean al psicópata de la máscara de goma. La secuencia del linchamiento del monstruo de 61 años me tiene sin cuidado, y tampoco me sorprendo al verlo levantarse como si nada para matarlos a todos en fila y luego se aparece por detrás de Karen y la apuñala hasta la muerte para desmitificar el tropo de la «final girl», mientras a distancia Laure observa por la ventana y tiene el presentimiento de que algo malo ha sucedido con su hija en la noche más larga de Haddonfield. Hay demasiados personajes y poco que explorar. Este segundo episodio de Halloween reproduce las fórmulas inútilmente para acumular el conteo de muertes violentas y cumplir con las cuotas del género slasher con un resultado bastante fútil y poco terrorífico. Cuento con los dedos el número de espantos y no llego ni a cinco. Me temo que es una rotunda decepción.


Ficha técnica
Título original: Halloween Kills
Año: 2021
Duración: 1 hr 45 min
País: Estados Unidos
Director: David Gordon Green
Guión: David Gordon Green
Música:  Cody Carpenter, John Carpenter, Daniel A. Davies
Fotografía: Michael Simmonds
Reparto: Jamie Lee Curtis, Judy Greer, Andi Matichak, Will Patton, Anthony Michael Hall,
Calificación: 5/10





Crítica de la película 'Halloween Kills', dirigida por David Gordon Green y protagonizada por Jamie Lee Curtis y Judy Greer.

Los santos de la mafia

En todo el transcurso del año 2021, todavía no he visto una película gansteril más dormitiva y agónica que Los santos de la mafia. Me resulta insufrible. Esta precuela de la aclamada serie "Los Soprano", estrenada recientemente en la plataforma de streaming de HBO Max y en las salas de cine, emplea de la manera más plana posible todas las convenciones del género gansteril con algunos guiños al cine de Scorsese con el fin, supongo, de que los fieles feligreses de la iglesia de Tony Soprano acudan como corderos a la misa y paguen la ofrenda a los curas de la Warner Bros. Yo, por suerte, no me encuentro en ese grupo demográfico, a pesar de que tengo que digerir sus dos horas fatigosas y eternas que avanzan como un Cadillac sin gasolina por la interestatal 95. La historia se ambienta durante las décadas de 1960 y 1970 en Newark, New Jersey, donde relata los tiempos violentos de la familia DiMeo desde la óptica del mafioso Dickie Moltisanti, mientras un adolescente Tony Soprano idolatra a su tío y lo ve como un modelo a seguir en medio de pugnas familiares, disturbios y guerras de pandillas. Mi problema con esta narrativa de origen es que en dos horas no sucede nada fuera de lo habitual, o algo que sea emocionante cuando sigo las acciones previsibles y rutinarias del gánster autodestructivo que liquida a sus seres queridos por la traición y los celos mientras se enfrenta a tiro limpio con los pandilleros afroamericanos y discute asuntos familiares de primer orden en la cena. De no ser por unas cuantas secuencias de acción donde reina la violencia, me atrevería a decir que es casi como un drama familiar que gira alrededor de la cotidianidad de una familia de mafiosos y de un chico que es testigo de sus diabluras, donde todo lo que hacen en cada escena es cenar platos con espaguetis y albóndigas, acudir a fiestas familiares en el patio trasero, entablar las discusiones matrimoniales de siempre y dispararle a los negros traicioneros que buscan controlar el territorio en medio de una ciudad que se quema por los disturbios. No le veo ningún tipo de fuerza al personaje que interpreta Alessandro Nivola, tampoco me acaba de convencer Michael Gandolfini como el joven Tony. Por lo menos reproduce el período con cierta autenticidad. Pero desafortunadamente es una película de gánsteres vacía que no ofrece nada nuevo.

Ficha técnica
Título original: The Many Saints of Newark
Año: 2020
Duración: 2 hr 00 min
País: Estados Unidos
Director: Alan Taylor
Guion: David Chase, Lawrence Konner
Música: 
Fotografía: Kramer Morgenthau
Reparto: Alessandro Nivola, Jon Bernthal, Vera Farmiga, John Magaro, Billy Magnussen, Ray Liotta, Michael Gandolfini,
Calificación: 4/10


Crítica breve de la película 'Los santos de la mafia', dirigida por Alan Taylor y protagonizada por Alessandro Nivola y Jon Bernthal.

Nadie sabe que estoy aquí
Nadie sabe que estoy aquí, ópera prima del director chileno Gaspar Antillo, es una película que, con un estilo naturalista, tiene intenciones nobles para dialogar con tópicos como la infancia, la frustración y la soledad, pero por momentos se torna tibia y poco enternecedora la travesía de aislamiento de su personaje principal, alcanzando una cuota de indulgencia que me impide simpatizar por lo que le sucede. Su protagonista es Memo, un hombre introvertido y reservado que vive junto a su tío en una granja ubicada a orillas del lago Llanquihue, donde hace la labor de granjero mientras manifiesta, a través de su silencio, la desilusión ocasionada por los traumas de la infancia que le impiden avanzar en la sociedad y lo mantienen en una especie de ostracismo cuando recuerda los días en que era un cantante infantil famoso, cantando cuando está solo como remedio y estableciendo también un vínculo afectivo con una mujer que lo visita inesperadamente. Antillo encuadra el estudio del personaje amparándose en una estética que aprovecha los silencios, el sobreencuadre, el punto de vista subjetivo, los planos panorámicos que evocan naturalismo, las escenas retrospectivas que reconstruyen el conflicto como material encontrado, el sonido diegético que enuncia las penurias y los diálogos que escudriñan el pasado mediante las canciones a capela. Esos componentes me permiten conocer las causas de la reclusión autoimpuesta de ese gordito con la voz inmaculada que atraviesa una crisis intrínseca por la falta de afecto producida, en efecto, por la discriminación en la infancia, la disfuncionalidad familiar y un minuto de estrellato secuestrado por el rival exitoso que se aprovechó de él cuando era su cantante fantasma. Memo, que fue un cantante famoso cuando era niño, todavía en el fondo anhela liberarse de la capa de desencanto para redimirse como un cantante porque sabe que el canto es lo que le apasiona aunque no haya posibilidad de conquistar el sueño. Jorge García interpreta a ese cantante fallido de una forma creíble, empleando los gestos con cierta sutileza para ilustrar el dolor de su personaje. Pero tengo la sensación de que su personaje camina por terrenos conocidos cuando la narrativa muestra la manera en que las redes sociales y los medios del show manipulan y falsifican la imagen de los marginados que no tienen oportunidad, visible quizás en el clímax arreglado de los quince minutos de fama de Warhol como acto de redención. El resultado, me temo, no supone nada revelador o emotivo.

Ficha técnica
Título original: Nadie sabe que estoy aquí
Año: 2020
Duración: 1 hr 31 min
País: Chile
Director: Gaspar Antillo
Guion: Enrique Videla, Gaspar Antillo, Josefina Fernández
Música: Carlos Cabezas
Fotografía: Sergio Armstrong
Reparto: Jorge García, Millaray Lobos, Luis Gnecco, Nelson Brodt
Calificación: 6/10


Crítica breve de la película 'Nadie sabe que estoy aquí', dirigida por Gaspar Antillo y protagonizada por Jorge García y Millaray Lobos.




En celebración del 50 aniversario de la Semana de la Crítica de Cannes, cuatro críticos de cine, Fabian Gaffez, Peter Howell, Liam Lacey y Jonathan Rosenbaum, participan en un panel de discusión que se centra en la definición cambiante de la crítica cinematográfica en el panorama actual. Este evento de TIFF Higher Learning se llevó a cabo el 20 de enero de 2012 en TIFF Bell Lightbox. 


Near Dark
Cuando cae la oscuridad es una película de culto en la que Bigelow conjunta de una manera acertada el neowestern con los tropos habituales del terror de vampiros, pero me parece que su viaje, que crea atmósferas bastante oscuras, avanza por carreteras previsibles y poco espeluznantes que no consiguen otra cosa que mantenerme en un estado de apatía cuando veo que sus personajes vampíricos se quedan en la superficie para responder a esa moda de vampiros rebeldes del cine de los 80. Su trama trata sobre un joven cowboy que, en una noche cualquiera, se dispone a seducir a una chica que anda de paseo por la ciudad, pero, para su mala suerte, tras una mordida en el cuello descubre que la mujer en cuestión es una vampiresa y pronto se da cuenta de que se ha convertido en una criatura de la noche, donde se ve obligado a compartir con los compañeros de ella que deambulan sin rumbo como nómadas vampiros, asesinando en la carretera a varias víctimas para alimentarse con su sangre. Bigelow captura la travesía sangrienta de esos vampiros, notablemente, con un estilo visual bastante absorbente que satisface mis retinas en varios planos a contraluz que son ejecutados con la iluminación y unos claroscuros que evocan el lado oscuro del relato, además de que su propuesta, con cierta originalidad, funciona a través de un híbrido genérico entre el road movie, el terror, el western y el romance para hablar sobre la maldad inherente y los lazos familiares como la única cura posible. También percibo como interesante los efectos especiales que reflejan las secuelas que produce el sol sobre la piel de estos seres nocturnos que tienen miedo a quemarse y exhalar humo para conservar la inmortalidad. El problema fundamental es que su retrato de vampirismo carece de impulso y de algún golpe de efecto que añada suspenso o tensión a la puesta en escena. Algunas cuestiones se quedan en el aire y la acción, en cuestión, es bastante chapucera (como esa confrontación policial de telefilme). El grupo de vampiros luce siniestro por fuera, pero tengo la sensación de que no tienen matices y son unidimensionales, a pesar de que algunos exteriorizan su pasado por medio de los diálogos. Solo Bill Paxton y la joven Jenny Wright me resultan cautivantes. El resto lo olvido rápido. Hay pocos momentos aterradores en su variante de vampiros y no hay muchas sorpresas que digamos, más allá de la gente que chupa sangre por puro placer.

Ficha técnica
Título original: Near Dark
Año: 1987
Duración: 1 hr 34 min
País: Estados Unidos
Director: Kathryn Bigelow
Guion: Kathryn Bigelow, Eric Red
Música: Tangerine Dream
Fotografía: Adam Greenberg
Reparto: Adrian Pasdar, Jenny Wright, Lance Henriksen, Bill Paxton, Marcie Leeds,
Calificación: 6/10





Crítica breve de la película 'Cuando cae la oscuridad', dirigida por Kathryn Bigelow y protagonizada por  Adrian Pasdar y Jenny Wright.

Marruecos
A pesar de su pomposidad y de una extravagante actuación de Marlene Dietrich, encuentro que Marruecos es un melodrama pre-code al que le faltan unas cuantas luces que iluminen su romance previsible. Me parece igual de tibia que otras películas del director del mismo período como El expreso de Shanghai y Capricho imperial, ambas también protagonizadas por Dietrich. Esta es la segunda colaboración de las siete colaboraciones entre Dietrich y Von Sternberg. Está ambientada en Marruecos durante los años 20 y trata sobre un soldado legionario y una cantante de cabaret con problemas económicos que se enamoran bajo el telón de fondo de la guerra del Rif, pero cuya relación se complica por un playboy rico que se enamora también de la cabaretera y se dispone a comprar su afecto con dinero y joyas. El inicio, digamos, tiene unas cuantas escenas interesantes, como por ejemplo la larga secuencia del cabaret en la que Dietrich canta vestida con un frac masculino y tiene el atrevimiento de besar a otra mujer mientras el hombre que la atrae la mira desde lejos dispuesto para seducirla, o la despedida del soldado que se va a la guerra y deja atrás a la mujer que ama. Particularmente también es bastante elegante la manera en que Von Sternberg habitualmente emplea la iluminación para acentuar emociones, los travellings laterales de seguimiento y unos decorados que capturan la esencia y el exotismo en la puesta en escena, dando cierta autenticidad a las locaciones disfrazadas de escenarios marroquíes. El problema, sin embargo, es que el romance se desarrolla de una manera superficial y apenas hay sustancia detrás de las motivaciones de los personajes que solo responden a estereotipos hollywoodenses de los años 30 y aparecen por las dunas marroquíes por causa de los lazos del destino y de la pluma del guionista Jules Furthman que adapta la novela de Benno Vigny. Su romance imposible, desafortunadamente, no tiene encanto y los diálogos, incluso tratándose de los inicios del sonoro, son bastante pobres. Con una buena pulida de guión, el resultado hubiera sido otro. Pero al menos me cautiva la mirada y los gestos empleados por la expresividad de Dietrich para comunicar las dudas y las inquietudes de esa emperatriz de las dunas con un pasado afectivo bastante agridulce. La presencia de Dietrich, por así decirlo, ilumina la pantalla y eclipsa de inmediato a los personajes apagados de Gary Cooper y Adolphe Menjou.

Ficha técnica
Título original: Morocco
Año: 1930
Duración: 1 hr 32 min
País: Estados Unidos
Director: Josef von Sternberg
Guion: Jules Furthman
Música: Karl Hajos
Fotografía: Lee Garmes
Reparto: Marlene Dietrich, Gary Cooper, Adolphe Menjou, Ulrich Haupt, 
Calificación: 6/10



Crítica breve de la película 'Marruecos', dirigida por Josef von Sternberg y protagonizada por Marlene Dietrich y Gary Cooper.
Magnum Force
Reconozco Magnum 44 es una película policial que no me produce ningún emoción significativa y ni siquiera la presencia de Eastwood como el policía embarrado, que ciertamente tiene sus momentos intensos, impide que como secuela de Harry, el sucio tenga un resultado ligero y claramente convencional. Si la primera me parecía genial porque nunca antes había visto a un policía de San Francisco sostener una magnum con tanta ferocidad, en esta el asunto parece repetirse sin muchas sorpresas y con lecturas morales bastante previsibles que no impulsan al personaje hacia ninguna dirección. En esta ocasión, la trama arranca cuando el inspector Harry Callahan, por su comportamiento que se pasa por la frente la ética policial, es transferido del departamento de homicidios a la unidad de vigilancia, pero como siempre sospecha de los crímenes que ocurren en la cuidad y utiliza los métodos menos éticos para resolverlos, su superior, el teniente Briggs, le devuelve su puesto para que investigue por su cuenta una serie de homicidios perpetrados por unos policías de tránsito misteriosos que aprovechan la posición para actuar como vigilantes por las calles diurnas de San Francisco. El caso en un principio me intriga cuando Callahan, a punta de pistola, rastrea las pistas de los homicidas que matan a criminales en las patrullas motorizadas aprovechando la placa y el revólver, en algunas secuencias que siguen al pie de la letra las convenciones del cine policial, pero luego tengo la sensación de que innecesariamente atraviesa los terrenos habituales de siempre y pierde la fuerza de impacto cuando las rutinas policiales se hacen evidentes. Los personajes secundarios parecen estar colocados como señales de las vías públicas. A pesar de todo, me resulta creíble la actuación de Eastwood como ese anti-héroe que se ensucia las manos y cuestiona los límites del liderazgo policíaco, aunque los guionistas parecen haberle quitado unos cuantos matices que lo transforman en un personaje unidimensional: el policía bueno que resuelve los crímenes violentos usando la astucia y disminuyendo su inclinación ético-moral para justificar la violencia. Frost captura los problemas exteriores del personaje, pero deja pasar por lo alto lo que hay en su conflictivo interior, dejando que Callahan detenga a los vigilantes para dialogar sobre la corrupción policial, las injusticias de la ley y los dilemas éticos en manos del cuerpo del orden. El clímax por lo menos funciona. Pero es un cine policial de ritmo lerdo y reiterativo, muy distanciado de la predecesora de Siegel.

Ficha técnica
Título original: Magnum Force
Año: 1973
Duración: 2 hr 04 min
País: Estados Unidos
Director: Ted Post
Guion: John Milius, Michael Cimino
Música: Lalo Schifrin
Fotografía: Frank Stanley
Reparto: Clint Eastwood, Hal Holbrook, Mitchell Ryan, David Soul
Calificación: 6/10





Crítica breve de la película 'Magnum .44', dirigida por Ted Post y protagonizada por Clint Eastwood y Hal Holbrook.