Sinopsis: El argumento de esta obra lo desvela el propio título: el film consiste en un sólo plano de los trabajadores de la fábrica Lumière saliendo de la misma tras concluir su jornada laboral. Su importancia en la historia del cine es capital, puesto que se trata de la primera película que fue proyectada comercialmente para un público.

"La salida de los obreros de la fábrica Lumière" está catalogada, generalmente, como la primera producción en la historia del cine. Es un corto francés en blanco y negro producido y dirigido por Louis Lumière. Es el primer trabajo de cine en que se empleó un argumento y que no parece un documental. Forma parte de la primera presentación comercial del cinematógrafo Lumière el 28 de diciembre de 1895 en el Salón Indien del Grand Café, 14 del Boulevard de los Capuchinos, en París, siendo la primera de las diez películas proyectadas en el recinto. Como todas las primeras películas de Lumière, esta película fue realizada en un formato de 35 mm con una relación de aspecto de 1.33:1. Fue filmada por medio del cinématographe.


Ficha técnica
Título original: La sortie des usines Lumière
Año: 1895
Duración: 46 seg
País: Francia
Director: Louis Lumière
Guion: Louis Lumière
Música: 
Fotografía: Louis Lumière
Reparto: 
Calificación: 10/10
Sinopsis: En 1976, una adolescente de clase media baja lucha para sobrellevar la vida con su familia neurótica de nómadas en las afueras de Beverly Hills.

Ficha técnica
Título original: Slums of Beverly Hills
Año: 1998
Duración: 1 hr 31 min
País: Estados Unidos
Director: Tamara Jenkins
Guion: Tamara Jenkins
Música: Rolfe Kent
Fotografía: Tom Richmond
Reparto: Natasha Lyonne, Alan Arkin, Marisa Tomei, Mena Suvari,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


La ópera prima de Tamara Jenkins como directora y como guionista (con ciertos fragmentos autobiográficos) es una comedia dramática que me resulta contagiosa con la historia de la familia judía de clase media que intenta convivir en los suburbios de Beverly Hills en el año 1976, a partir de las experiencias narradas con una voz en off de una joven que se llama Vivian interpretada por Natasha Lyonne. La actuación meticulosa de Lyonne consigue un registro placentero cuando su personaje, Vivian, atraviesa una crisis juvenil que la coloca en un estado de ánimo movedizo, con la curiosidad sexual típica de la adolescencia, en situaciones insólitas que sostiene con su padre y sus hermanos en los tiempos de mudanza al trasladarse a unos apartamentos baratos porque apenas tienen dinero para mantenerse. El sentido del humor de la familia me produce mucha risa, sobre todo con el padre que interpreta Alan Arkin, quien es un hombre divorciado al que no le va muy bien trabajando como vendedor de carros y, también, con la prima adicta a las drogas personificada por Marisa Tomei. Además de las actuaciones, observo diálogos hilarantes colmados de ironía, los peculiares soliloquios de Vivian y Rita, el uso escueto del color rojo para simbolizar la vitalidad y la espontaneidad, una ambientación auténtica del período y la estupenda banda sonora que incluye clásicos de los setentas. Con esos elementos, Jenkins erige una comedia negra que comunica metáforas sutiles sobre los vínculos de una familia disfuncional, las inseguridades de una adolescente y la condición socioeconómica de gente que desea salir del hueco aunque sea vendiendo el Cadillac. Aunque las sorpresas son minúsculas, paso un rato agradable y simpatizo con el desarrollo de todos los personajes. Es una película de mayoría de edad sincera y muy encantadora.  

Sinopsis: A pesar de haber empezado una prometedora carrera de escritor, Ryota va de desilusión en desilusión. Se ha divorciado de Kyoko y gasta todo el dinero que gana como detective privado apostando en las carreras, por lo que finalmente no puede pagar la pensión alimentaria de su hijo de 11 años, Shingo. Ahora Ryota intenta ganarse nuevamente la confianza de sus seres queridos y formar parte de la vida de su hijo. La situación no parece fácil, pero un día un tifón obliga a toda la familia a pasar una noche juntos…

Ficha técnica
Título original: After the Storm (Umi yori mo mada fukaku)
Año: 2016
Duración: 1 hr 58 min
País: Japón
Director: Hirokazu Koreeda
Guion: Hirokazu Koreeda
Música: Hanaregumi
Fotografía: Yutaka Yamasaki
Reparto: Hiroshi Abe, Kirin Kiki, Yoko Maki, Lily Franky, Isao Hashizume,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Con Después de la tormenta, el director japonés Hirokazu Koreeda consigue conmoverme nuevamente con una radiografía de problemas familiares. La película trata la historia de un novelista fracasado que trabaja parcialmente como detective para pagar la manutención de su hijo a la esposa de la que recientemente se ha divorciado. Su nombre es Ryôta Shinoda y está interpretado con un gran registro dramático por Hiroshi Abe. Es un hombre mediana de edad, padre de familia, de aspecto descuidado y adicto a los juegos de apuestas, que vive frustrado porque la vida lo ha golpeado con una tragedia familiar (la muerte de su padre) que le impide avanzar y responsabilizarse con la crianza de su vástago. Aunque intenta reformar la relación familiar con su hijo y su ex esposa, choca con la dura realidad producida por su inestable condición socioeconómica, los tropiezos del pasado y su increíble incapacidad para adaptarse a las vicisitudes de la adultez. Además de Abe, presenta otras actuaciones destacables, como la de Kirin Kiki como la abuela preocupada y la de Yôko Maki como la madre espontánea. El argumento, elaborado con cierta simplicidad, contiene escenas profundas que describen la cotidianidad, diálogos que tienen inclinación por el realismo, personajes emotivos colmados de sinceridad. Con el infortunio que atraviesa Ryôta y su familia, Koreeda, con meticuloso control formal del encuadre, erige una observación enriquecedora sobre los vínculos familiares y las obligaciones parentales. Con la tormenta simboliza el dolor y la culpa a la que se enfrenta la familia, cosa que derrotan con el perdón a plena luz del día, en el momento adecuado para reconstruir lo que se ha perdido tras la tempestad, diciéndonos que siempre hay tiempo para una segunda oportunidad. Es una película cautivante, sencilla y muy humana.


Las sectas, como se define el concepto en las últimas décadas, son organizaciones de carácter religioso que están estructuradas para propagar doctrinas ideológicas y una especie de fundamentalismo perverso. Se componen de personas que, usualmente, se congregan para compartir ideas y creencias similares. Las comunidades formadas, en su mayoría minoritarias, operan en una clandestinidad que es impenetrable para el resto de la sociedad, instaladas en lugares aislados, teñidas de secretismo, donde realizan episodios siniestros, actitudes de índole amoral y actos dañinos orquestados por los seguidores bajo el mandato irrevocable de líderes enfermos que no están muy bien de la cabeza. En algunos casos las prácticas resultan fatales para los integrantes como en los del Templo del Pueblo o la Puerta del Cielo, en otros suceden con menos agudeza pero con el mismo nivel de fanatismo como pasa con la Cienciología y los Niños de Dios.

La naturaleza destructiva de las sectas y la manera en que adoctrina a sus simpatizantes parece ser, a mi juicio, el punto de partida de Midsommar, la segunda película del director Ari Aster tras la irregular Hereditary. Aster, quien está catalogado como el nuevo profeta del género del terror (algunos ya lo consideran un autor de primer orden), le confiere a la película componentes estéticos que logran cristalizar, con muchos significados impresos en el encuadre, las costumbres macabras en las entrañas de un culto pagano, mostrando el horror visceral a plena luz del día, en unos campos en los que predomina el vestuario y un decorado extravagante, a partir de una tragedia familiar que resquebraja la psicología de la joven Dani que interpreta Florence Pugh. Aunque percibo que es interesante la idea con la que se narra la historia, no puedo de decir lo mismo de la ejecución, pues retratando los problemas de Dani se vuelve reiterativa, baladí, poco emocional al desarrollar a unos personajes acartonados sin textura psicológica y las situaciones colocadas de antemano para producir provocaciones con las que, dicho sea de paso, permanezco indiferente.

Fotograma cortesía de A24.
La película comienza en un crepúsculo oscuro en la que Dani (Florence Pugh), sollozando por leer un correo de su hermana bipolar, atestigua una acción que la deja marcada: el suicidio de la hermana junto con el aparente homicidio de sus padres. Para extinguir la angustia, busca refugio afectivo en su novio, Christian (Jack Reynor), el cual la acompaña disimulando su falta de afecto y el deseo de que quiere terminar con el noviazgo, cosa que la misma Dani ya sospechaba al sentirlo distante. Un año después del accidente, Dani se suma al viaje planificado durante el verano por Christian y sus amigos para dirigirse a la provincia de Hälsingland en Suecia, con el fin de visitar un festival tradicional en la comuna ancestral de los hårga que se celebra cada 90 años. Una vez allí, la aldea escandinava luce paradisíaca y todo transcurre con cierta normalidad, pero luego empiezan a ocurrir, como es de esperar, los ritos turbios, las drogas alucinógenas, los festines hechos a base de agua y comida contaminada y las muertes insólitas en la claridad. Y no hay tiempo para escapar o llamar a la policía.

Christian (Jack Reynor) y Dani (Florence Pugh). Imagen cortesía de A24.

Cuando Dani y Christian se instalan en el círculo de los hårga, Aster despliega mecanismos narrativos y visuales que construyen el sectarismo terrorífico por el que transitan. El efectismo funciona por momentos, sobre todo al describir la llegada de ellos por la carretera con un desencuadre meticuloso que enuncia lo retorcido, el uso del plano general y del plano medio para corroborar la incomunicación que los rodea, la sobreimpresión de los períodos alucinatorios y de desrealización, la profundidad de campo para presentar diversos semblantes de las festividades (casi siempre acontece algo en segundo plano), la iluminación que suplanta las tinieblas, la utilización discreta del color azul y del blanco para comunicar la rigidez de los sacrificados y la pureza de los iniciados, la violencia dosificada en los ceremoniales desatados por el gerontocidio más salvaje y las hogueras humanas, los gritos emitidos por los pueblerinos al presenciar los sucesos brutales, el simbolismo esotérico que acentúa la autarquía de la mujer a través de pictografías. Sin embargo, las escenas carecen de brío y terminan siendo previsibles, los personajes son víctimas de una sobrecarga de exposición que solo los exhibe para justificar un discurso ideológico y el metraje es, en mi opinión, excesivamente largo para relatar una premisa tan simple.

Florence Pugh como Dani. Fotograma de A24.

La película, firmada con un guion de Aster, presenta a Dani (interpretada correctamente por Florence Pugh) como la chica final, la víctima a tiempo completo a la que todo le sale bien. Desde el principio, es palpable que su relación sentimental atraviesa un lapso de lejanía cuando su cónyuge, Christian, se muestra insensible y egocéntrico hacía ella. La condescendencia es más evidente cuando los miembros de la colectividad la tratan con compasión y bondad, a pesar de la desconfianza que les tienen a los invitados. Los traumas psicológicos ocasionados por el infortunio familiar la mantiene en un estado de duelo perpetuo que se amplifica cuando ella se acostumbra a las tradiciones horrendas de los hårga. Su descenso a la locura es visible al rodearse de mujeres que, aparentemente, sienten su dolor intrínseco y la acompañan emitiendo bramidos extraños. Asume la monstruosidad como algo natural. Y todas las heridas del pasado se transforman en venganza. Es por eso que, a modo de alegorías, cuando Dani está con su nueva familia de adoradores asciende al trono redimida como una reina por el “poder del solsticio” y ordena la incineración del prometido impasible que le ha sido infiel junto con los cadáveres de los turistas irrespetuosos y misóginos, imponiéndose la luminosidad frente a la oscuridad, adornando su rostro de una sonrisa ambigua que la independiza de las ataduras emocionales y de la ausencia de amor.

Dani (Florence Pugh). Fotograma de A24.

Con ese relato pesadillesco en la cisma del desamor, Aster fabrica una metáfora sobre la emancipación de la mujer y los acaecimientos de las relaciones de pareja, además de criticar la escasez de empatía humana presente en los vínculos disfuncionales, simbolizado por la congregación pagana. Un lugar donde la doncella victimizada se encuentra atrapada por espejos que le impiden saber la verdad de las cosas. El problema fundamental radica en que la narrativa abandona cualquier intención de coherencia para repetir la prédica durante dos horas y media que se hacen eternas. La insistencia superflua lastra cualquier rastro de sorpresa.

Florence Pugh como Dani. Imagen de A24.

Puede que Midsommar se trate de una película de folk horror “diferente” por utilizar como resorte la perturbación en praderas resplandecientes, contrastando pesadamente con las convenciones genéricas de antaño en la que los elegidos destinados a morir siempre andan de noche a merced de lo umbroso. Para lograr el objetivo se sustenta en una banda sonora muy tenebrosa de Bobby Krlic y en un estilo visual, encuadrado por la lente atmosférica de Pawel Pogorzelski, que resulta novedoso (al igual que la dirección de arte) cuando adorna la ignominia más infernal con una fuerte imaginería simbólica vinculada a ceremonias joviales, rituales depravados y el gregarismo ominoso del que no tengo más remedio que sentirme aburrido. No obstante, el trato formalista no es suficiente. A medida que avanza pierde fuerza hasta caer en una repetición que roza lo fútil, exterioriza huecos irreparables en un argumento en el que prima una insustancialidad que tiene efectos letárgicos. Es una película que no queda del todo iluminada.


Ficha técnica
Título original: Midsommar
Año: 2018
Duración: 2 hr 27 min
País:
Director: Ari Aster
Guion: Ari Aster
Música: Bobby Krlic
Fotografía: Pawel Pogorzelski
Reparto:  Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia,
Calificación: 5/10


Tráiler de la película 



¿Qué piensas de esta película? ¿te ha gustado?
Sinopsis: La historia es tan simple como la broma que un chico le gasta a un jardinero pisando la goma cuando éste riega un jardín. En el momento en el que el segundo inspecciona la manguera para ver qué ocurre, el muchacho levanta el pie y el hombre acaba empapado, empezando la persecución para darle su escarmiento al niño. Simple, directo y efectivo. Uno de los primeros gags de la historia del celuloide, que arrancó la carcajada del entonces inocente y sorprendido público.

"El regador regado" está catalogada como la primera película de ficción de la historia del cine. Es un corto francés en blanco y negro producido y dirigido por Louis Lumière. Es el primer trabajo de cine en que se empleó un argumento y que no parece un documental. Se trata a la vez de la primera ficción cinematográfica, de la primera comedia y de la primera película para la que se diseñó un póster con el objetivo de promoción. La escena fue rodada en el jardín de la propiedad de los Lumière en La Ciotat. Fue exhibida en primer lugar en un sótano parisino el 10 de junio de 1895. Forma parte de la primera presentación comercial del cinematógrafo Lumière el 28 de diciembre de 1895 en el Salón Indien del Grand Café, 14 del Boulevard de los Capuchinos, en París, siendo la segunda de las diez películas proyectadas en el recinto. Como todas las primeras películas de Lumière, esta película fue realizada en un formato de 35 mm con una relación de aspecto de 1.33:1. Fue filmada por medio del cinématographe.

Primer póster en la historia del cine. El cartel fue pintado por Marcellin Auzolle, y en él aparece el jardinero mientras el agua le salpica la cara frente al público. 

Ficha técnica
Título original: L'arroseur arrosé
Año: 1895
Duración: 49 seg
País: Francia
Director: Louis Lumière
Guion: Louis Lumière
Música: 
Fotografía: Louis Lumière
Reparto: François Clerc, Benoît Duval
Calificación: 10/10
Sinopsis: Joseph (Peter Mullan), un viudo alcohólico, violento y autodestructivo, encuentra una esperanza de redención en Hannah (Olivia Colman), una mujer muy religiosa a la que conoce a raíz de un altercado. Al principio Joseph se burla de su fe y da por supuesto que su vida de creyente debe de ser muy apacible, pero pronto descubre que, por el contrario, está llena de dolor y confusión. A medida que su relación se consolida, ambos se dan cuenta de que el amor y la amistad pueden encontrarse incluso en los lugares más oscuros.

Ficha técnica
Título original: Tyrannosaur 
Año: 2011
Duración: 1 hr 32 min
País: Reino Unido
Director: Paddy Considine
Guion: Paddy Considine
Música: Chris Baldwin, Dan Baker
Fotografía:Erik Wilson
Reparto: Peter Mullan, Olivia Colman, Eddie Marsan, Ned Dennehy,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


La primera película de Paddy Considine como director, adaptada de su cortometraje 'Dog Altogether', me produce sensaciones diversas cuando veo la historia de Joseph, un hombre cínico, irascible, propenso a la violencia y a una especie de nihilismo que lo mantiene atrapado en una vorágine de frustración, víctima de un desempleo que parece no tener fin, transitando día y noche por las calles del barrio sumergido en el alcoholismo con tal de olvidar su trágico pasado y el hecho de que ha matado a su perro de una patada. Para él, la soledad es un arma de doble filo a la que le teme, y necesita (aunque lo oculte) un poco de afecto que le entregue un pedazo de redención en su vida. La cosa cambia cuando el temperamental Joseph se encuentra con Hannah, una mujer cristiana, casada, de mucha fe, con la que se siente atraído. Ambos están interpretados de manera muy sólida por Peter Mullan y por Olivia Colman, quienes elevan la película con su registro dramático. Uno me resulta estremecedor como el derrotista autodestructivo, y la otra me conmueve en cualquier escena como la mujer que es víctima de los maltratos. De inmediato siento su dolor, su ira, su desasosiego. Con esos personajes, Considine elabora un tratado muy satisfactorio sobre la fuerza del cariño encontrada en los tiempos de oscuridad, la violencia contra la mujer y la condición social de gente golpeada por la recesión económica. La puesta en escena retrata la cotidianidad británica con un realismo social cercano al cine de Loach, apoyándose de elementos estéticos como la presencia del color azul que simboliza la confianza, la atmósfera grisácea que enuncia la melancolía, la elipsis que coloca la violencia fuera de campo. Es, en mi opinión, un drama demoledor sobre la volatilidad de la moral humana.
Este año el cine puertorriqueño se apunta de lleno en la carrera de la competitividad cinematográfica que abraza las aguas caribeñas, quizá para rememorar aquellos tiempos en los que Jacobo Morales ponía a la isla en lo alto transitando por los festivales de cine internacional. Prótesis es una película que encaja fácilmente en esa competencia y está destinada a exhibirse en los festivales de cine.

La película, dirigida por el debutante Ariel Annexy Labault —y firmada por un guion del mismo Annexy en colaboración con Eduardo L. Fabián, Juan Carlos Jorge, Gisela Rosario y Gina M. Vélez Martínez—, supone una bocanada de aire fresco a la comicidad que se ve por estos rumbos. Se trata de una comedia que utiliza los mecanismos genéricos a su favor, con una simplicidad contagiosa, cargada de un ritmo que decae en pocas escenas, además de contar con una estética de metacine que ofrece un ligero homenaje al proceso de realización fílmica. Aglutina estupendamente la farsa del absurdo con el humor negro para narrar la historia de un joven introvertido llamado Marcos que intenta escapar a los traumas de un pasado que le impide adaptarse a los cambios de la adultez.

El argumento de la película relata la existencia de Marcos desde que era un niño muy curioso por la naturaleza de los insectos, disfrutando jugar con centenares de ellos en el laboratorio de entomología de su padre. Un día sufre un accidente que cambia su vida para siempre y le da un giro psicológico que llega hasta su etapa de adulto. Marcos (Carlos Rivera Marchand) es un individuo introspectivo, tímido, meticuloso, ensimismado en un mundo que lo mantiene encerrado, al margen de las cosas que lo rodean. En ese tiempo, Marcos trabaja junto a Aguirre (Emmanuel "Sunshine" Logroño) en una tienda prostética en la que cada rincón está adornado con piernas y brazos prostéticos. Allí lidia contra sus recuerdos, pero el día menos pensado se encuentra un cadáver en una silla y se inicia la hecatombe, donde tiene que armarse de valor para enfrentar las desilusiones imprevistas, incluyendo las relaciones familiares, la gente entrometida del barrio en el que se filma una película de zombis, los clientes que anhelan prótesis especiales y la llegada inesperada del amor.

Carlos Rivera Marchand en un fotograma de la película. Foto cortesía de Producciones Cabeza.

Las actuaciones de la película, dentro del contexto en que se describe las acciones de los personajes, son correctas y muy acertadas; destacándose Carlos Rivera Marchand como el asustadizo y atormentado Marcos, Denise Quiñones como la extrovertida estilista que tiene una química maravillosa con Marcos, Yamil Collazo Díaz como el entrometido pedro (el personaje más hilarante del relato) y el enamoradizo señor Aguirre que interpreta Sunshine Logroño. Son actores que interpretan a personajes con los que se pasa un rato agradable durante una hora y media de metraje.

Aunque la película tiene un arranque algo precipitado introduciendo la raíz que traza la psicología de Marcos, Annexy sujeta la narrativa a una cohesión interna que nunca deja de aportar información relevante para el desarrollo del protagonista. Toda la narración sucede casi desde el punto de vista de Marcos. Lo comunica con elementos visuales y sonoros como el primer plano, el plano medio, el plano general, el plano-contraplano, planos de insertos que representan pensamientos íntimos atados al perfil de los insectos, el sonido y la música diegética que insinúa estados de ánimo, el picado-contrapicado que responde a situaciones concretas de tensión o de inseguridad, el uso narrativo del color, elipsis sutiles que modelan los miedos intrínsecos (cristales rotos, fuego simbólico, rostros sumergidos en un mar de sangre, etc.) y la analepsis que ayuda a comprender el núcleo familiar de Marcos. Sus componentes estéticos  hacen que la película sea placentera.

Carlos Rivera Marchand y  Denise Quiñones en un fotograma de la película. Foto cortesía de Producciones Cabeza.

Prótesis es una comedia entretenida, mordaz y muy lacónica retratando el significado de la culpa y la falta de afecto que, a modo de metáfora, cubre cada escena de los personajes que ostenta. La prótesis, la peluca, o cualquier tipo de atrezo, simbolizan la máscara acariciada por las personas para ocultar por debajo las heridas del pasado que paralizan cualquier intento de ajustarse a la cotidianidad y a las contrariedades sociales facturadas por la adultez, la necesidad de encontrar las partes ausentes en sus vidas. Por momentos mezcla géneros como el suspenso, el terror y el drama. Cuenta con una grata labor de montaje de Pedro Muñiz López, un estilo visual depurado y muy colorido fotografiado por la lente de Heixan Robles y una música empática de Sie7e. Representa, sin duda alguna, un debut satisfactorio del director Ariel Annexy Labault.

Ficha técnica
Año: 2019
Duración: 1 hr 33 min
País: Puerto Rico
Director: Ariel Annexy Labault
Guion: Ariel Annexy Labault, Eduardo Fabian, Juan Carlos Jorge, Gisela Rosario Ramos, Gina Vélez
Música: David Rodríguez Labault
Fotografía: Heixan Robles
Reparto:  Carlos Rivera Marchand, Denise Quiñones, Sunshine Logroño
Calificación: 7/10


Tráiler de la película


Sinopsis: Los fotógrafos abandonan la cubierta de un bote en grandes cantidades. En el fondo se puede ver un puente sobre el río. El video cubre a un grupo que se ha reunido en Neuville para el Congreso de Sociedades Fotográficas. La película se produjo en la mañana y luego se proyectó al congreso esa tarde.

Es un corto francés de 1895 en blanco y negro producido y dirigido por Louis Lumière. Forma parte de la primera presentación comercial del cinematógrafo Lumière el 28 de diciembre de 1895 en el Salón Indien del Grand Café, 14 del Boulevard de los Capuchinos, en París, siendo la tercera de las diez películas proyectadas en el recinto. Como todas las primeras películas de Lumière, esta película fue realizada en un formato de 35 mm con una relación de aspecto de 1.33:1. Fue filmada por medio del cinématographe. Se proyectó por primera vez el 12 de junio de 1895. Pudo haber sido la primera película rodada para y mostrada a sus destinatarios (los miembros del Congreso de Sociedades Fotográficas) en el mismo día en que fueron filmados.

Ficha técnica
Título original: Neuville-sur-Saône: Débarquement du congrès des photographes à Lyon
Año: 1895
Duración: 41 seg
País: Francia
Director: Louis Lumière
Guion: Louis Lumière
Música: 
Fotografía: Louis Lumière
Reparto: P.J.C. Janssen
Calificación: 8/10

Sinopsis: Un aspirante a escritor, Sinan Karasu, regresa a su pueblo natal en Turquía, pero se siente abrumado por las deudas y problemas que tiene su padre.

Ficha técnica
Título original: The Wild Pear Tree (Ahlat Agaci) 
Año: 2018
Duración: 3 hr 08 min
País: Turquía
Director: Nuri Bilge Ceylan
Guion: Nuri Bilge Ceylan, Akin Aksu, Ebru Ceylan
Música: 
Fotografía:Gökhan Tiryaki
Reparto:  Dogu Demirkol, Murat Cemcir, Hazar Ergüçlü, Bennu Yildirimlar,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Con un ritmo parsimonioso distribuido durante tres horas, esta película del director turco Nuri Bilge Ceylan me pone a pensar seriamente al exponer un enriquecedor tratado filosófico sobre los dilemas existenciales del hombre posmoderno, representados con la historia de un joven adulto, Sinan Kanasu, que como aspirante a escritor se halla encarcelado en el recinto de las dudas, del pesimismo, de la incertidumbre, de la culpa irremediable que parece robarle su destino en los momentos en que es golpeado por el desempleo producido por los efectos de una fuerte recesión económica colocada fuera de campo, pero que se refleja por la condición socioeconómica de su familia. Caminando sin una dirección aparente por todo el pueblo, por los bosques repletos de perales silvestres y rodeado de una atmósfera grisácea en la que en ocasiones sobrevuelan aves que simbolizan la desgracia, Sinan, interpretado con gran registro dramático por Dogu Demirkol, transita por las calles como un solitario que actúa como observador social de las cosas, dialogando con un rico mosaico de personajes que incluyen al padre adeudado con el que tanto pelea que también es profesor, los políticos con los que intenta conseguir fondos para publicar su libro, los amores perdidos del pasado, los amigos con los que critica la fe religiosa y la moralidad, los escritores con los que sostiene discusiones sobre la literatura, ética y las vicisitudes humanas. Y todo se reduce a la desdicha de un vínculo parental. La puesta en escena dota al encuadre de múltiples significados impresos en la naturaleza, los diálogos tienen vocación por la filosofía, los picados enuncian frustraciones e impulsos suicidas, el plano subjetivo comunica el estado de desrealización de Sinan cuando imagina situaciones reales para imprimirlas en su obra. Aunque le sobra exposición, logra contagiarme con su intimismo, su melancolía y su poesía visual.