En mi crítica de esta semana hablo de Historia de un matrimonio, la nueva película de Noah Baumbach.



Mi historia con el cine de Noah Baumbach es como la de un matrimonio destruido por diferencias irreconciliables. Sus películas me parecen autoindulgentes y artificiosas. Me topé con su estilo por pura casualidad hace muchísimos años atrás, al leer los comentarios elogiadores de los críticos y comentaristas que caían rendidos ante las películas de este señor, como si se tratara del realizador más prodigioso de una generación. Mientras veía esas películas, me preguntaba qué es lo que tiene de especial que te relaten una y otra vez la cotidianidad, los problemas familiares y las relaciones de gente insufrible en la ciudad de Nueva York. Entiendo que la reiteración puede ser un verdadero tostón, sobre todo porque no hay que ser tonto para darse cuenta de que algunas de las historias que pone en pantalla casi siempre tienen un carácter semi-autobiográfico. La única razón por la que siempre regreso a su filmografía se debe a la esperanza que me mantiene sujeto a encontrar la película de este cineasta que, en mi opinión, pueda conmoverme. Todavía sigo esperándola.

Algo similar me ha pasado recientemente viendo la nueva película de Baumbach estrenada en Netflix, titulada Historia de un matrimonio, la cual han vendido como una cinta monumental, con una llovizna de elogios que la catalogan como una película “excelente” y una “obra maestra”. Pienso seriamente que vi otra película o que se equivocan. Lo que veo es regular. Tiene un arranque satisfactorio planteando las raíces de una ruptura conyugal a la que se enfrenta una dupla conformada por un director de teatro y una actriz. Habla del desamor, de las heridas anímicas del pasado, de la cuota de tolerancia, de la lucha por el resguardo del chiquillo, del papeleo de los abogados oportunistas dentro de un sistema penal intolerante, del difícil proceso de divorcio, de las disputas conyugales, de unos padres que lamentan en el fondo que el rompimiento afecte a su pequeño inocente. Goza de una banda sonora de Randy Newman que busca ser empática, diálogos veraces que en ocasiones se extienden innecesariamente y unas actuaciones de gran registro dramático de Adam Driver y Scarlett Johansson. Pero, sorprendentemente, a pesar de contar con esos elementos que aportan cierta sustancia al relato, no logro emocionarme por la tragedia de Charlie y Nicole y mi interés se reduce a escenas minúsculas.

Adam Driver, Scarlett Johansson y Azhy Robertson. Imagen cortesía de Netflix.

Escrita con un guion de Baumbach, la película comienza describiendo la vida de Charlie (Adam Driver) y de Nicole (Scarlett Johansson) a través de una secuencia que relata lo que piensan mutuamente con una voz en off. Charlie describe a Nicole, una ex actriz de cine adolescente, como una mujer condescendiente que escucha a los demás, una ciudadana ejemplar, siempre dispuesta a ayudar en las etapas familiares más dificultosas y a ser amable con sus seres queridos. Creció en Los Ángeles, rodeada de actores y directores de películas y series de televisión, algo en lo que no le fue tan bien y terminó haciendo teatro con él. Es una madre que quiere mucho a su vástago y nunca se cansa de jugar con él. Es una persona competitiva, afectuosa y sincera.

Por otra parte, Nicole narra que lo que adora de Charlie es su temperamento imperturbable, la tenacidad que le permite obtener lo que quiere, la impaciencia que tiene para lidiar con situaciones y hasta para comer adecuadamente una rebanada de pizza, la emotividad que lo pone a derramar lágrimas con facilidad. Viene de una familia disfuncional y empezó desde abajo. Es un hombre organizado, meticuloso y autosuficiente, propenso a tolerar todos los cambios de ánimo de Nicole, que adora muchísimo ser papá y compartir con su hijo Henry (Azhy Robertson), pero sobre todo aprecia su vocación de director teatral.

Nicole (Scarlett Johansson) y Charlie (Adam Driver). Foto de Netflix.

A partir de esa descripción delante un terapeuta, el argumento de la película se dedica, única y exclusivamente, a retratar las causas y las consecuencias del período de separación de esa pareja que ya no sabe lo que es el sexo, en escenas que incluyen la mudanza de Nicole y de Henry a la casa de la abuela en la ciudad de Los Ángeles, la permanencia de Charlie en Nueva York para elaborar una obra en Broadway, la lacrimógena confesión de Nicole ante la manipuladora abogada Nora (Laura Dern) que desea saber cómo era la relación con Charlie, la entrega de los documentos de divorcio con la ayuda de la madre y la hermana de Nicole, un diminuto momento intimista para dormir al niño, la hilarante reunión de Charlie con el descarado y costoso abogado Jay Marotta (Ray Liotta), los instantes de Charlie compartiendo con Henry durante Halloween, la atrayente contienda judicial entre los abogados que trabajan en el pleito de disgregación, la discusión amistosa en el departamento de Charlie que se convierte en una amarga porfía de más de diez minutos, escenas que se repiten y, finalmente, la victoriosa custodia del niño en manos de la madre que se separa exitosamente del padre.

Scarlett Johansson, Azhy Robertson y Adam Driver. Imagen cortesía de Netflix.

Con las circunstancias que atraviesan los personajes principales, Baumbach (que anteriormente ya había tratado el divorcio en su película Historias de familia) traza un estudio sobre el matrimonio desde la óptica de la compasión, la paciencia y la aflicción, utilizando el divorcio como objeto de distracción.

Los personajes que exhibe actúan en casi todas las escenas como una familia con un fuerte vínculo afectivo, cuya unión es amenazada luego por la desconfianza y el desprendimiento afectuoso. El equilibrio se refleja también por la aparente desesperación que disimulan para mantener la calma y el dolor intrínseco que los resquebraja al comunicar que todavía se siguen queriendo como esposos. Ambos sufren en silencio. La culpa de separarse no hace feliz a Charlie ni a Nicole, porque desean con todas sus fuerzas que la disolución termine de otra forma, aunque al final lo aceptan como tal sin remordimientos. Ofrecen momentos que poseen sustancia dramática. Pero la teatralidad de la puesta en escena obstruye el naturalismo, convirtiéndolos en marionetas al servicio de un histrionismo calculado. 

Laura Dern como Nora y Scarlett Johansson como Nicole. Imagen pertenece a Netflix.

Baumbach encierra subtextos que manifiestan las permutas en el negocio del matrimonio, en una sociedad donde, aparentemente, se recurre a la cultura del victimismo y se sanciona al hombre posmoderno, simbolizado por el fracaso de Charlie como padre y el ascenso de Nicole como actriz y como madre. Aunque mayormente expone los claroscuros de Charlie y Nicole, su discurso propone que los roles se han invertido y que la mujer contemporánea se ha emancipado del orden patriarcal de antaño, controlando su destino y catalogando al marido compasivo como un inepto que depende de ella.

La lectura enuncia que Nicole, apoyada por las destrezas manipulativas de una abogada inescrupulosa, consigue vengarse de lo que le ha hecho Charlie (por el adulterio que cometido con la asistente de dirección) en una confrontación legal resuelta en los tribunales, dejándolo como una víctima al quedarse con el niño y al obligarlo a viajar desde Nueva York hasta Los Ángeles para estar cerca de él. El triunfo de Nicole se traduce en desdicha para Charlie, que se lamenta rompiendo paredes. Pero, irónicamente, significa la igualdad de condición para los dos.

Imagen cortesía de Netflix.
La película, que está basada parcialmente en las experiencias del divorcio que tuvo Baumbach con Jennifer Jason Leigh, adquiere un balance adecuado entre el drama, el romance y una comedia plana que solo percibo cuando están los divertidos abogados interpretados por Liotta y por Dern. Subrayo su acertado uso del color para encerrar significados emocionales, el sobreencuadre que manifiesta la incomunicación entre dos personas, los fundidos a negro que resaltan el paso del tiempo, el primer plano que encuadra el desconsuelo, la prolongada duración de los planos y las correctas interpretaciones de Driver y Johansson, como esa pareja atormentada que destruye su propio núcleo matrimonial. Sin embargo, siento que lo que puntualiza lo he visto antes. La supuesta paradoja amorosa, contada desde el punto de vista del marido solitario y la esposa angustiada, me deja indiferente. El resultado me parece superficial, previsible y poco emotivo. Hubiese preferido la versión de los abogados.


Ficha técnica
Título original: Marriage Story
Año: 2019
Duración: 2 hr 16 min
País: Estados Unidos
Director: Noah Baumbach
Guion: Noah Baumbach
Música: Randy Newman
Fotografía: Robbie Ryan
Reparto: Scarlett Johansson, Adam Driver, Laura Dern, Azhy Robertson, Alan Alda,
Calificación: 6/10


Tráiler de la película 



¿Qué piensas de esta película? ¿te ha gustado?
Sinopsis: Dos hermanas se reencuentran después de mucho tiempo separadas. Una regresa por el delicado estado de salud de su padre, mientras que la otra pretende que nada ha cambiado. Junto a la madre, las tres se verán obligadas a reconstruir el pasado y a enfrentar los desafíos que aparecen en el presente.

Ficha técnica
Título original: La quietud
Año: 2018
Duración: 1 hr 57 min
País: Argentina
Director: Pablo Trapero
Guion: Pablo Trapero, Alberto Rojas Apel
Música: Papamusic
Fotografía: Diego Dussuel
Reparto: Bérénice Bejo, Martina Gusman, Edgar Ramirez, Graciela Borges, Joaquín Furriel
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Este drama argentino dirigido por el provocador Pablo Trapero me seduce y me impacta con la historia de las hermanas pertenecientes a una familia aburguesada que esconde secretos escabrosos. Comienza con el accidente cerebrovascular del avejentado patriarca, donde las hermanas, Mia y Eugenia, se reúnen con su madre Esmeralda para enfrentar la difícil situación. La junta de las tres mujeres tiene lugar en una lujosa hacienda, pintada de un color rojo pasional y peligroso, ubicada en las afueras de la ciudad llamada "La quietud". En los interiores de la mansión, las mujeres se ven obligadas a confrontar los traumas emocionales y las confidencias de un pasado común vivido en la época de la dictadura militar argentina, revelando cosas como fantasías sexuales cercanas al incesto, el adulterio premeditado, embarazos no deseados, altercados emocionales entre la madre y las hijas, la confesión de una violación insospechada y las diabluras programadas por la madre y el padre durante tiempos políticos difíciles. Los sórdidos incidentes se van desentrañando con los diálogos y con escenas ejecutadas con una destreza formal que caracteriza el estilo de Trapero, con planos hermosísimos que transmiten el sentido de culpa de las protagonistas, una música extradiegética que refuerza estados de ánimo y sutiles plano secuencias que se desplazan con gran fluidez en algunas escenas (el del funeral es muy elegante). Me parece maravilloso el trabajo actoral de Martina Gusmán y Bérénice Bejo como las hermanas afectadas emocionalmente por las heridas familiares, y, sobre todo el de la veterana Graciela Borges como la madre que llora a discreción por todo el dolor intrínseco que ha acumulado con los años. Me creo la histeria, el desafecto, la ira, la tristeza y la venganza de esas protagonistas, la profundidad psicológica de sus personajes es creíble. Es una película muy emotiva sobre los vínculos afectivos de una familia disfuncional.

Sinopsis: Un hombre no se queda quieto para tomarse una fotografía, colmando la paciencia del fotógrafo.

Ficha técnica
Título original: Chez le photographe
Año: 1900
Duración: 1 min 00 seg.
País: Francia
Director: Alice Guy-Blaché
Guion: Alice Guy-Blaché
Música: Muda
Fotografía: Alice Guy-Blaché
Reparto: 
Calificación: 7/10

En esta lista repaso las mejores películas de la década estrenadas desde el año 2010 hasta el año 2019.




A pocas semanas de terminar la década, recurro una vez más a mis atrevidos criterios personales para subirme a la moda de hacer listas sobre las mejores películas de la década, algo que llevo haciendo durante varios años. El listado lo he organizado en orden de relevancia numérica. Comenzó con más de 1000 películas estrenadas en los últimos diez años que, con mucho entusiasmo, tuve la oportunidad de ver en mi sala de proyección personal y en los interiores de las salas de cine. Luego la selección se redujo a 80 películas. No estoy seguro de que por ahora la lista llegue a las 100 películas, pero con el tiempo se irá actualizando y se conseguirá la meta deseada.

Ahora que miro hacia atrás, me doy cuenta de que ha sido una década valiosísima que dejó grandes películas y que sembró las bases de una nueva transformación en la experiencia colectiva de ir al cine, sobre todo con la abundancia de contenido audiovisual desatado por las guerras del streaming que ha iniciado Netflix contra los gigantescos estudios de cine de Hollywood.

El panorama ha cambiado bastante y el cine se encuentra, como siempre, en un estado constante de evolución, pero a diferencia de las décadas pasadas, todo parece indicar el ritmo con el que se mueven las tendencias es endiabladamente rápido. Es por eso que hoy en día las recomendaciones son más necesarias que nunca para que las películas memorables no se olviden con tanta facilidad.

Mi listado recopila las que considero como las mejores películas de la década (aunque lo que corresponde sería decir "decenio"). Está organizado partiendo de las listas anuales que redacto sobre las mejores películas de un año. No he utilizado otra cosa que mi controvertido sistema de evaluación, que sé de antemano que puede irritar a muchos cinéfilos kantianos que no estén de acuerdo con el resultado. Allá ellos.

La lista de se irá actualizando periódicamente a medida que se añadan nuevas películas correspondientes a un año específico.

A continuación mi listado:


82. Hunt for the Wilderpeople (2016)
77. The Man From Nowhere (Ajeossi)  (2010)
76. The King's Speech (2010)
75. American Hustle (2013)
74. Room (2016)
73. 127 Hours (2010)
72. Captain Phillips (2013)
71. Django Unchained (2012)
70. Captain Fantastic (2016)
69. Toy Story 3  (2010)
68. Skyfall  (2012)
67. Mommy (2014)
66. Once Upon a Time In... Hollywood (2019)
65. Sing Street (2016)
64. Snowpiercer (2013)
63. Dunkirk (2017)
62. Dheepan (2015)
61. Hugo (2011)
60. First Man  (2018)
59. True Grit (2010)
58. Jackie  (2016)
57. BlacKkKlansman  (2018)
56. Spotlight (2015)
55. Gone Girl  (2014)
54. I, Tonya (2017)
53. Tinker Tailor Soldier Spy (2011)
52. Omar (2013)
51. Arrival (2016)
50. The Artist (2011)
49. Gravity (2013)
48. Whiplash  (2014)
47. Birdman or (the Unexpected Virtue of Ignorance) (2014)
46. Manchester by the Sea (2016)
45. 12 Years A Slave  (2012)
44. Capernaum (Capharnaüm)  (2018)
43. Cloud Atlas (2012)
42. Zero Dark Thirty  (2012)
41. Son of Saul (Saul fia) (2015)
40. Cold War (Zimna wojna)  (2018)
39. Blade Runner 2049 (2017)
38. The Favourite  (2018)
37. Black Swan (2010)
36. The Grand Budapest Hotel  (2014)
35. Shutter Island (2010)
34. Gett: the Trial of Viviane Amsalem (Gett) (2014)
33. Before Midnight (2013)
32. Take Shelter (2011)
31. Victoria  (2015)
30. Roma (2018)
29. Kumiko, the Treasure Hunter  (2014)
28. El abrazo de la serpiente (2015)
27. Her (2013)
26. Parasite (Gisaengchung) (2019)
25. Mad Max: Fury Road (2015)
11. La La Land (2016)
10. The Wolf of Wall Street (2013)
09. 
Coming Home (Gui Lai) (2014)
08. 
Timbuktu (2014)
07. 
Toni Erdmann (2016)
06. 
Boyhood  (2014)
05. 
The Master (2012)
04. 
The Irishman (2019)
03. 
Incendies (2010)
02. 
The Social Network (2010)
01. Inception (2010)




¿Te ha gustado esta lista? ¡Menciona tus películas favoritas de la década!

En mi crítica de esta semana comento 'Érase una vez en... Hollywood', la nueva película dirigida por Quentin Tarantino.




El día que Quentin Tarantino anunció su nueva película, Once Upon a Time in… Hollywood, cruzó por mi cabeza una idea que estaría firme hasta el momento del estreno. Tarantino había afirmado que estaría ambientada en la ciudad de Los Ángeles en el año 1969 y que se basaría parcialmente en los asesinatos de Sharon Tate y de sus colegas perpetrados por la familia Manson. También dijo que el guion que escribió durante cinco años sería lo más cercano en términos narrativos a Inglourious Basterds y a su obra maestra Pulp Fiction. La noticia implicó un choque emocional que me dejó pensativo, porque sigo religiosamente las cintas de este director como si estuviera asistiendo a un evento irrepetible de un profeta del cine. Su historial habla por sí solo. Me dio la sensación de que en su novena película reescribiría la historia de esos trágicos acontecimientos accediendo a una ficción revisionista como lo había gestado anteriormente (muchos hasta se refieren a un posible universo cinematográfico de Tarantino). Hoy me doy cuenta de que no me equivocaba.

Finalmente vi Érase una vez en…  Hollywood y digo, con toda la confianza, que se trata de la película más madura, controlada y estéticamente depurada que ha realizado Tarantino en esta etapa de su carrera. Me asombro, todavía más, al haberla visto a estas alturas sin recibir ni una sola gota de spoiler. Es una película que reescribe un pedazo de la historia a través de una ucronía cautivadora sobre la naturaleza ficcional del cine y el ocaso de los actores, así como un magnífico homenaje al crepúsculo del cine clásico de Hollywood a finales de los años 60, lapso en el que se avecinaba una transformación hacia una nueva era que cambiaría la trayectoria de muchísimos intérpretes. Hay humor, suspenso y la típica violencia del realizador. Su estilo visual me resulta preciosísimo cuando el cuidado compositivo adorna de cada plano con una meticulosa reconstrucción de la época y con múltiples alusiones de la cultura popular del cine y las series de televisión. También la increíble música que se escucha mayormente en las emisoras que escuchan los personajes al recorrer las calles de Los Ángeles y el ritmo preservado por una ejecución de montaje que hace que disfrute cualquier escena (dura más de dos horas y media) en la que se encuentran esos personajes olvidados por la industria llamados Rick Dalton y Cliff Booth, interpretados poderosamente por Leonardo DiCaprio y Brad Pitt.

Cliff Booth (Brad Pitt), Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y Marvin Schwarz (Al Pacino). Foto de Sony Pictures.

El argumento de Había una vez en… Hollywood (como se titula aquí en Hispanoamérica) comienza en un día soleado de febrero de 1969, donde el actor de Hollywood, Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), recuerda los instantes en los que era un popular actor de una serie western en blanco y negro titulada Bounty Law e intenta adaptarse a los cambios que enfrenta la industria del entretenimiento. Dalton es un actor establecido que pretende hacer una transición al mundo de las películas, pero el éxito que toca su puerta no es el que esperaba. Se ha quedado atrapado recordando su rol protagónico en The 14 Fists of McCluskey. De hecho, no ha sido tan afortunado. La inseguridad que manifiesta el tartamudo Dalton es producto de su declive actoral, de un trastorno bipolar con cambios de ánimo muy bruscos y de las secuelas producidas por el alcoholismo desenfrenado. Siempre anda acompañado de su inseparable amigo y doble de acción Cliff Booth (Brad Pitt), quien comparte circunstancias similares porque su profesión depende, en gran medida, de las decisiones de Dalton, razón por la cual le sirve como chofer mensajero en lo que encuentra trabajo.

Paralelamente a esto, se narra también la biografía de la actriz Sharon Tate (Margot Robbie) y su esposo, el director Roman Polanski (Rafał Zawierucha), quienes son los vecinos de Dalton en Cielo Drive y gozan del estilo de vida de las celebridades acudiendo a una fiesta en la mansión de PlayBoy a la que asisten Steve McQueen y Michelle Phillips.

Leonardo DiCaprio y Brad Pitt. Imagen de Sony Pictures.
Portando un cigarrillo en la mano y vistiendo una chaqueta de cuero como la de Steve McQueen, el atormentado Dalton se pasea por las carreteras de Los Ángeles en el Cadillac crema que maneja su compadre Booth. Aunque lo manifiesten pocas veces, Dalton y Booth le temen al amargo sabor del fracaso y andan esperando la oportunidad dorada para catapultar sus respectivas carreras. Para remediarlo, se reúnen con el agente de casting Marvin Schwarzs (Al Pacino), quien le aconseja a Dalton que haga spaghetti westerns en Italia, algo que no es de su agrado porque piensa que es un género mentecato. A pesar de que casi no consigue recordar sus diálogos, Dalton logra un papel de villano en el episodio piloto de la serie de vaqueros Lancer, aunque se siente muy insatisfecho. En cambio, Booth, que anhela regresar a la labor de actor de riesgo, lucha contra los prejuicios desatados por los rumores de que él asesinó a su esposa.

A mi juicio, estos personajes de Tarantino representan un punto medio entre el antiguo y el nuevo Hollywood. Dalton y Booth son los ignorados que están encarcelados por el pasado. Uno es el actor que desea la gloria que nunca llega; el otro es el que aspira a salir de las sombras para ser reconocido por sus habilidades. Por otra parte, Tate y Polanski, junto a Jay Sebring (Emile Hirsch) y sus allegados, son las celebridades que encarnan el futuro de Hollywood, siendo Tate la idealista e inocente estrella en ascenso que añade cierta honradez al cuento. Lo que tienen en común son las amenazas externas que pueden alterar el resultado de esa balanza, figurada por la secta de la familia Manson (en su mayoría adolescentes hippies) que preparan una ola de asesinatos de celebridades desde la guarida en el Rancho Spahn para satisfacer a su líder merodeador de mansiones llamado Charles Manson (Damon Herriman). Todos parecen muy ingenuos ante lo que está por pasar, con la excepción de Booth, que desempeña el rol de un detective cuando deja a la promiscua Pussycat (Margaret Qualley) en el rancho y sospecha de que algo anda mal en el domicilio del viejo George Spahn (Bruce Dern).

Leonardo DiCaprio como Rick Dalton y Brad Pitt como Cliff Booth. Imagen de Sony Pictures. 

En esos momentos, la película me traslada a escenas estimulantes y profundamente sutiles que describen la cotidianidad de Dalton y Booth cuando ellos transitan por el Hollywood de 1969, como la vida sencilla de Booth en el remolque donde alimenta a su perra pit bull llamada Brandy en una escena antológica y ve las series de televisión de Dalton, la escena retrospectiva en la que Booth evoca el día que lo despidieron por tener una pelea con el arrogante Bruce Lee (Mike Moh) en el plató de ‘El avispón verde’, la rabieta de Dalton en los interiores de su tráiler, el diálogo que sostiene Dalton en el set de Lancer con una niña coprotagonista de ocho años que lo motiva para mejorar sus métodos interpretativos, la presencia omnipresente de las jóvenes hippie de Manson en las avenidas de Los Ángeles, el paseo de una fascinada Sharon Tate que termina en una sala de cine del Bruin Theater para ver su actuación en The Wrecking Crew.

Margot Robbie como Sharon Tate. Imagen cortesía de Sony Pictures.
El estilismo de Tarantino depura sobre el encuadre toda su proeza estética para revelar, una y otra vez, las idiosincrasias de los personajes, casi siempre apoyado de una espléndida fotografía de Robert Richardson y de un riguroso montaje paralelo de Fred Raskin que distribuye tiempos y preserva el ritmo de cada escena dentro de una estructura narrativa muy cohesiva.

En ocasiones, se vale de la analepsis abrupta que se instala en los pensamientos de los personajes, el plano de dos que enuncia el compañerismo, el plano-contraplano desencuadrado para comunicar desconcierto (la escena de Tate y la recepcionista en la entrada del cine), elegantísimos travellings laterales que encuadran el Cadillac de Dalton que conduce Booth en las autopistas de Los Ángeles, los planos medios a contraluz en los interiores del carro, la formidable música diegética puesta por los DJ de las emisoras que se oyen en el interior del vehículo, los formatos de relación de aspecto, la sublime colorización que añade clasicismo a la puesta en escena (parece filmada en los años 60), el maravilloso sobreencuadre encapsulado en los planos subjetivos que contienen una multitud de referencias a películas clásicas, el cine italiano y series de televisión sesenteras de acción y western. También el simbolismo del color amarillo, ya sea en el vestuario o sobre el escenario, para abarcar significados como la alegría, el poder, el optimismo y lealtad.

Brad Pitt como Cliff Booth. Imagen de Sony Pictures.
Quizá lo más interesante de la película es la manera en que desarrolla un comentario sobre los claroscuros de las celebridades cuando se exponen a las permutas socioculturales de una era específica, al tiempo en que también contextualiza las posibilidades metaficcionales del cine como medio de expresión. En la vida real el crimen de Sharon Tate en manos del clan Manson supuso una ruptura de la inocencia implantada por el hippismo en los años 60. Aquí sucede algo similar. Pero la narrativa permite que los personajes inventados puedan interactuar con los que existieron para invertir el curso de la historia conocida. Una ucronía en la que colisiona la crónica verídica y la invención.

Este revisionismo es visible en el tercer acto donde Tarantino reemplaza los hechos concretos por la leyenda para permitir que el infame homicidio de Sharon Tate se interrumpa por la intervención de Rick Dalton y Cliff Booth cuando los miembros de la familia Manson deciden ir primero a matar a Dalton en su residencia luego de un altercado con este en el parqueo y el incidente culmina en el exabrupto de violencia característico de Tarantino. Al final, el error ineludible de los asesinos es irrumpir en la morada de Dalton, sin contar con la intransigencia de Booth, su perra Brandy y el propio Dalton con su lanzallamas. La secuencia en sí es una metáfora del potencial que tiene el cine para denunciar a los psicópatas impunes de la vida real y honrar la memoria de las víctimas (especialmente de Sharon Tate), colocando a sus personajes como héroes que se redimen tomando la justicia en sus manos para proteger, dentro de los límites del relato cinematográfico, a los que no pudieron ser salvados en la realidad.

Rick Dalton (Leonardo DiCaprio). Foto de Columbia Pictures. 
Aunque predije que esto sucedería, me sorprende la capacidad de Tarantino para que su película termine siendo impredecible. En ninguna escena deja se brillante, lúdica y vigorosamente sutil cuando diluye todas las obsesiones del cineasta para trazar, con elementos autorreferenciales de todas sus películas, una revisión de su propia filmografía. Tiene actuaciones formidables de Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y la angelical Margot Robbie. Me conmueve mucho la conversación decisiva en la que Rick Dalton conversa con Jay Sebring (tras las líneas verticales de la verja de la casa que simboliza que ambos están confinados en los marcos de la ficción) y luego, marchando hacia un camino luminoso, es invitado al hogar de Sharon Tate y sus amigos, un lugar eterno en el que pueden convivir los actores que murieron y los que jamás existieron. El cine es un espejo de la verdad que pudo ser. Y esta deslumbrante fábula lo acaba de revalidar. 


Ficha técnica
Título original: Once Upon a Time in... Hollywood
Año: 2019
Duración: 2 hr 41 min
País: Estados Unidos
Director: Quentin Tarantino
Guion: Quentin Tarantino
Música: 
Fotografía: Robert Richardson
Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Kurt Russell, Al Pacino
Calificación: 8/10


Tráiler de la película 



¿Qué piensas de esta película? ¿te ha gustado?
Sinopsis: Situada en 1825 en Tasmania, una mujer irlandesa convicta busca venganza por la muerte de su familia. En su camino, se une a un rastreador aborigen llamado Billy, que también posee un pasado violento que le ha dejado marcado.

Ficha técnica
Título original: The Nightingale
Año: 2018
Duración: 2 hr 16 min
País: Australia
Director: Jennifer Kent
Guion: Jennifer Kent
Música: Jed Kurzel
Fotografía: Radosław Ładczuk
Reparto: Aisling Franciosi, Sam Claflin, Baykali Ganambarr,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Luego del estremecedor debut que tuvo con The Babadook, la directora australiana Jennifer Kent vuelve a la ruta del relato turbio con su nueva película titulada The Nightingale. Se trata de un drama, con ciertos registros de suspenso, ambientado en la Tasmania colonial del siglo XIX. Lo que narra logra asombrarme durante dos horas valiosas. Cuenta la historia de Clare, una mujer irlandesa convertida en convicta por unos crímenes que cometió fuera de campo en un pasado lejano. Clare vive con su familia en una casa en las profundidades de un bosque que a veces recorre con un cuchillo en la mano para tratar de espantar a las fuerzas hostiles. Un día, al ser testigo de un terrible acto de violencia cometido contra su familia, Clare pierde los estribos y decide recorrer la espesa selva de Tasmania junto a un rastreador de procedencia aborigen para perseguir y vengarse de los responsables de semejante episodio de brutalidad, incluyendo a unos oficiales británicos muy soeces que han perdido el sentido de moralidad. En la travesía de venganza de Clare, me quedo impactado cuando me doy cuenta de las atrocidades engendradas por los hombres blancos hacia los aborígenes australianos, de los prejuicios y de la intolerancia producida por la cruenta guerra que se libra en la isla, de la oscuridad de un bosque onírico y muy tétrico que parece sacado de los lienzos de Atkinson Grimshaw. Siento muy creíbles las actuaciones de Aisling Franciosi, Baykali Ganambarr y Sam Claflin. Subrayo también el estilo visual construido con las atmósferas grisáceas, la auténtica descripción de la época, el evidente simbolismo del ruiseñor y el uso del color para describir cosas como la ira, la tristeza y la muerte. Con una ejecución precisa, Kent concibe un film agobiante y conmovedor sobre la violencia contra la mujer y los corolarios del racismo fabricados por el colonialismo más implacable. Una mirada histórica imprescindible. 
Sinopsis: Inspirada en los acontecimientos históricos de la rebelión de los bóxers que tuvo lugar en China (1898-1901). Su argumento se centra en un grupo de misioneros cristianos bajo el cerco de los bóxers.

Este cortometraje de presenta uno de los primeros ejemplos en el cine en contar con más de una toma para crear un efecto de continuidad. La película de cuatro disparos, según Michael Brooke de BFI Screenonline, fue innovadora en contenido y técnica. Incorporaba un corte en ángulo inverso y al menos dos docenas de artistas, mientras que la mayoría de las películas dramáticas de la época consistían en elencos de una sola figura y muy pocas tomas. El historiador de cine John Barnes afirma que Attack on a China Mission tenía "la narrativa más desarrollada" de cualquier película inglesa hasta ese momento.

Ficha técnica
Título original: Attack on a China Mission
Año: 1900
Duración: 1 min 00 seg.
País: Reino Unido
Director: James Williamson
Guion: James Williamson
Música: Muda
Fotografía: James Williamson
Reparto: Mr. James, Mr. Lepard, Florence Williamson
Calificación: 7/10

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En mi crítica de esta semana comento 'El irlandés', la nueva película de gánsteres dirigida por Martin Scorsese.




Mi interés por ver el The Irishman comenzó hace unos doce años. En ese entonces todavía se encontraba en el infierno del desarrollo. Me enteré de su anécdota leyendo artículos sobre gánsteres y escudriñando posibles adaptaciones de libros similares. Inmediatamente quedé sorprendido al saber que uno de mis directores favoritos, Martin Scorsese, quería llevar al cine una adaptación de I Heard You Paint Houses, escrita por Charles Brandt. El libro detalla el expediente de Frank Sheeran, un presunto asesino a sueldo de la mafia que confiesa los crímenes que cometió trabajando para la familia Bufalino, incluyendo los homicidios de Joe Gallo y el sindicalista Jimmy Hoffa. Cuando leí la noticia que se produciría semejante película de gánsteres dirigida por Scorsese y protagonizada por Robert De Niro, el retirado Joe Pesci y Al Pacino no podía creerlo. Al ser abandonada por la Paramount por exceder el presupuesto deseado de 100 millones, perdí la esperanza de verla, aunque ella regresó a mí el día en que Netflix asumió el proyecto y puso la financiación en marcha. Hoy en noviembre de 2019, mi deseo se cumplió.

Después de esperar todos esos años, finalmente vi El irlandés, estrenada recientemente en la plataforma de Netflix. La vi en las profundidades de mi sala oscura. Y estoy tratando de disimular el impacto que me ha causado. Es una obra monumental sobre la postrimería del gánster norteamericano, la consagración culminante del tríptico de Scorsese iniciado por Buenos muchachos y continuado por Casino, pero ligeramente diferente en la ejecución. Está ejecutada con un estilismo imponente en el que todo parece afinadamente sincronizado con la narrativa prodigiosa del guion de Steven Zaillian, la meticulosa reconstrucción del período, las actuaciones formidables de tres actores legendarios, el rítmico montaje de Thelma Schoonmaker, la belleza fotográfica de Rodrigo Prieto y los increíbles efectos visuales de rejuvenecimiento. Me divierte, me entristece y me deja desolado cuando describe la naturaleza del poder a través de textos como el perdón, la alevosía y la lealtad. En sus tres horas y media de metraje nunca me siento cansado y la crónica de Frank Sheeran me intriga bastante, porque no solo delinea la carrera de un matón en el ocaso que recuerda los tiempos en que pintaba casas, sino también la moralidad corrompida de una nación que olvida el pasado con facilidad.

Robert De Niro como Frank Sheeran. Imagen cortesía de Netflix.

La película comienza con el sutil plano secuencia de una cámara inquieta que recorre los pasillos de un asilo de ancianos, con el que se encuadra a un envejecido Frank Sheeran (Robert De Niro) postrado en silla de ruedas. Le habla a la cámara casi rompiendo la cuarta pared, como si se tratara de una confesión entre él y el espectador. Allí, recurriendo a prolongadas escenas retrospectivas, narra su historia cubriendo varias décadas, desde que era un soldado entrenado en el arte de matar hasta los tiempos en que, de caminero de poca monta de Pennsylvania, pasa a convertirse en un asesino a sangre fría contratado por una familia mafiosa liderada por el temido y prudente Russell Bufalino (Joe Pesci), con quien desarrolla una fuerte confraternidad que lo pone a prueba cuando, irónicamente, revela también una afanosa simpatía por el líder sindicalista Jimmy Hoffa (Al Pacino). A pesar de que lo que cuenta es estremecedor, cuando no se encuentra “pintando casas” (término codificado con el que los mafiosos designan la muerte de un hombre) para los gánsteres enviciados, es un señor que cuida de su familia, aunque le preocupa la lejanía de su hija Peggy.

Joe Pesci como Russell Bufalino y Robert De Niro como Frank Sheeran. Imagen de Netflix.

En su actividad delictiva, Sheeran comete violentos crímenes disparando casi siempre en la cabeza a las víctimas encargadas por Bufalino. En un principio se muestra como un sujeto sin escrúpulos que ha abandonado la sensibilidad, distanciado del remordimiento, teledirigido por un código conductual que le impone seguir órdenes para ser recompensado por sus acciones. No es un tipo de grandes aspiraciones dentro de la asociación criminal. Es más bien un peón utilizado para ejecutar el trabajo sucio de los jefes. Sabe que ni es italiano para llegar lejos, aunque el deber y la eficiencia que exhibe al despachar a los enemigos señalados Bufalino facilita que escale rápidamente en las filas de la mafia, ganándose el respeto de otras figuras poderosas del hampa como Angelo Bruno (Harvey Keitel), Felix "Skinny Razor" DiTullio (Bobby Canavale) y Anthony "Tony Pro" Provenzano (Stephen Graham), un cabecilla gremial ligado al crimen organizado que se opone a las políticas megalómanas de Hoffa luego de una riña con este en prisión. Ese mismo ideario se propone conseguir al entablar amistad con Hoffa, haciendo de guardaespaldas (que usualmente incluye asesinatos a punta de pistola a los miembros de la unión sindical) a cambio de la condecoración inesperada de obtener su propio sindicato. Al igual que Bufalino, Hoffa es muy cercano a Sheeran y su familia. Pero en el largo plazo, la distinción de pintar las paredes con sangre a las órdenes de esos señores se transforma en una tragedia.

Al Pacino como Jimmy Hoffa y Robert De Niro como Frank Sheeran. Imagen de Netflix. 

Con triángulo formado por Sheeran, Bufalino y Hoffa, Scorsese traza un estudio ingenioso de la corrupción y los límites de la autoridad desde la óptica casi subjetiva de un individuo brutal que, insólitamente, se halla en una encrucijada ética, pendiendo de un hilo muy delgado entre la lealtad y la traición. En primera parte de la película especifica el ascenso de Sheeran bajo el amparo de Bufalino, y en la segunda mitad se trata de su relación con Hoffa y el poderío que ejerce en el gremio de los transportistas, cosa que se tambalea de la noche a la mañana por la impulsividad de Hoffa, quien al salir de la cárcel, intenta recuperar el control de la Hermandad internacional de camioneros gobernada por Frank “Fitz” Fitzsimmons (Gary Basaraba) y administrada secretamente por la mafia de Bufalino. Sheeran asegura el éxito trabajando en ambos costados, pero las resoluciones tomadas obligan a Sheeran a elegir entre una de las dos facciones de sus mentores y en su rostro, por primera vez, se visualiza la incertidumbre cuando Bufalino le ordena que pueda persuadir a Hoffa para que renuncie a su cacería por el dominio sindical.

Stephen Graham como Tony Pro, Joe Pesci como Russell Bufalino y Domenick Lombardozzi como Fat Tony.

El relato de Sheeran le permite a Scorsese, asimismo, edificar en segundo plano trasfondos que examinan los acontecimientos más oscuros de la política norteamericana del siglo XX y los posibles arquitectos de la mafia que se involucraron en incidentes relacionados a la victoria electoral de John F. Kennedy en las elecciones de 1960, la distribución de armas de la CIA para los paramilitares anticastristas comandados por David Ferrie para la invasión de Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles en Cuba, el proceso judicial contra Jimmy Hoffa al ser acusado de soborno, las luchas internas entre el crimen organizado y los sindicatos de choferes, las confidencias de Hoffa que garantizan su “protección” frente al inconveniente con el irreverente Tony Pro, el asesinato de Jimmy Hoffa en manos de Sheeran en la entrada de una casa solitaria, luego de una de las secuencias más tensas de toda la película. 

En la puesta en escena de la película, Scorsese despliega todo su arsenal estético para concebir una especie de revisión al género gansteril que tanto le gusta, pero que se abstiene a la glorificación. Su estilo adquiere un sentido depuración sumamente controlado, alejado del frenesí que lo caracteriza, valiéndose de la narración invertida distribuida durante varias décadas, la voz en off muy recurrente de Sheeran que sirven de guía para clarificar sus pensamientos, la música extradiegética de clásicos que cruzan de una escena a otra, el concienzudo uso de la elipsis para representar los delitos a través de símbolos, el plano general que casi siempre encuadra a Sheeran en los momentos que dispara con su revólver, el ralentí de las escenas, los planos congelados, la colorización absorbente de la fotografía de Prieto que altera la tonalidad para corroborar el estado de ánimo de los personajes con el paso de los años, los movimientos de cámara sutiles producidos por travellings maravillosos, el color rojo omnipresente que enuncia el peligro y la violencia que se aproxima (en los vehículos o en el vestuario). El rasgo más notable son los efectos visuales de rejuvenecimiento digital aplicado sobre los actores para que se vean más jóvenes con el paso del tiempo.

Robert De Niro y Al Pacino.

Uno de los puntos fuertes de la película son las interpretaciones magistrales de Al Pacino (colaborando por primera vez con Scorsese), Joe Pesci (se dice que rechazo la oferta de actuar unas cincuenta veces) y Robert De Niro. Logran un registro dramático camaleónico. Pacino consigue una actuación magistral metiéndose en la piel de Hoffa, interpretándolo como un sindicalista impulsivo, terco, megalómano y con una predilección sinigual para provocar a sus enemigos al abrir la boca, quizá porque el vicio del poder le ha nublado el juicio; aunque también demuestra ser compasivo y honrado hacia los suyos, especialmente con Sheeran y su hija Peggy, por la cual siente un afecto especial. Pesci regresa al cine renunciando al estereotipo del mafioso psicopático para ponerse en los zapatos de un don sosegado y calculador que, con la mirada y con el gesto más mínimo de expresión, me transmite una sensación de turbación con su presencia amenazadora. De Niro, por otra parte, no le falta nada personificando al irlandés alto de ojos azules que durante su juventud no se arrepiente por sus actos, pero que con el paso de los años debe lidiar con la irreversible secuela de una ancianidad, que evocan una y otra vez, el dolor intrínseco que impide que la culpa se manifieste.

Robert De Niro en un fotograma. Imagen cortesía de Netflix.

Me despido de la película bajo una profunda reflexión, convencido de que he visto uno de los eventos cinematográficos más extraordinarios del siglo XXI. Salgo conmovido con las memorias de ese irlandés avejentado sometido al desliz de la soledad al final de su vida, incapaz de aguantar la carga emocional, avergonzado por las oportunidades perdidas y por traicionar a un gran amigo, agobiado por perder a su familia y por la hija que lo ha rechazado manteniendo el silencio como arma de protesta, esperando a que la muerte toque la puerta de su habitación para redimirse y desatenderse de los castigos impuestos por guardar secretos delicados. Es casi una obra maestra sobre la vejez, el significado del olvido y la mortalidad de los individuos. Está cargada de diálogos ingeniosos, de personajes memorables y de un ritmo muy consistente. Presenta las consecuencias del crimen organizado de forma compleja, épica y parsimoniosa. Me pone a pensar en que las decisiones que tomamos siempre estarán sujetas a los intereses personales de gente que ostenta la supremacía a toda costa. No me cabe la menor duda de que es una de las mejores películas de la historia del cine. 


Ficha técnica
Título original: The Irishman
Año: 2019
Duración: 3 hr 29 min
País: Estados Unidos
Director: Martin Scorsese
Guion: Steven Zaillian
Música: Robbie Robertson
Fotografía: Rodrigo Prieto
Reparto: Robert De Niro, Al Pacino, Joe Pesci, Stephen Graham, Harvey Keitel, Bobby Cannavale, Anna Paquin, Ray Romano,
Calificación: 9/10

Tráiler de la película 



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Sinopsis: En Leningrado, en un verano a principios de los 80, la escena del rock de la ciudad está en pleno apogeo. Viktor Tsoï, un joven músico que creció escuchando a Led Zeppelin, T-Rex y David Bowie, está tratando de hacerse un nombre. El encuentro con su ídolo Mike y su esposa, la bella Natasha, cambiará su destino. Juntos construirán una leyenda como pioneros del rock ruso.

Ficha técnica
Título original: Leto
Año: 2018
Duración: 2 hr 06 min
País: Rusia
Director: Kirill Serebrennikov
Guion: Lily Idov, Mikhail Idov, Kirill Serebrennikov
Música: Roman Bilyk
Fotografía: Vladislav Opelyants
Reparto: Teo Yoo, Irina Starshenbaum, Roman Bilyk, Anton Adasinsky,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Este musical dramático logra conquistarme con la biografía de las leyendas del rock soviético, Víktor Tsoi y Mike Naumenko. Lo que narra sobre estos dos músicos es interesante. Lo dirige el director ruso Kirill Serebrennikov, quien tuvo que terminar el montaje en circunstancias difíciles debido a su arresto domiciliario. Estilizada con un blanco y negro algo melancólico, se ambienta en un verano de la ciudad de Leningrado a principios de los años 80, donde la escena de rock underground florece, a pesar de la estricta vigilancia impuesta por unas autoridades soviéticas que se cercioran de que las bandas no causen alboroto y los espectadores permanezcan sentados en sus sillas como gente supuestamente civilizada. En ese lugar, Viktor Tsoï, un joven músico con ganas de superarse conoce al popular rockero Mike Naumenko y a su esposa, Natasha, con los cuales entabla una amistad que cambia su carrera profesional, cuando sus líricas son utilizadas como un medio de crítica social que es muy popular entre la muchedumbre. El relato de Viktor y Mike le sirve a Serebrennikov para construir una meticulosa parábola política sobre la sociedad rusa, en la que los pasajes de musicales, erigidos con música contagiosa de grandes artistas y una estética onírica de videoclip, representan el medio de escape, las quimeras y el librepensamiento de las personas que son silenciadas por el régimen que censura el arte para cumplir con una agenda ideológica, algo visible con la intromisión del escéptico anarquista que rompe la cuarta pared para recordarnos que lo que vemos es una fantasía. El estilismo visual es más sólido cuando recurre al sobreencuadre a color rodeado de intertítulos con las letras de las canciones y a los cuidadosos plano secuencias que encuadran a los personajes en las playas o por las frías calles de la Unión Soviética. Las actuaciones son fenomenales. Es una película atractiva que he disfrutado bastante.