12 Years A Slave (2013)


Un hombre que vive en Nueva York durante la década de 1840 es secuestrado y vendido como esclavo en el sur profundo..


Duración: 2 hr. 14 min.
País: Estados Unidos
Director: Steve McQueen
Guion: John Ridley (Biografía: Solomon Northup)
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong'o, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Brad Pitt

Reseña 
Por Yasser Medina 

La fenomenología de la esclavitud es una de las páginas más oscuras de la historia de la humanidad. Incluso, en las películas, la crudeza de dicho período se ha expuesto en varias ocasiones; sin embargo, no había visto la luz cinematográfica con los privilegios que se merece hasta 12 Years A Slave. Esta es, sin duda alguna, la obra maestra de Steve McQueen, y es de esas películas que muestra con profundidad la idiosincrasia frívola del ser humano.

En ese sentido, el poderío dramático de esta película es un material explícitamente gráfico y emocional que, además de funcionar como alegoría hacia el racismo del orbe, es un cine hecho para romper tabúes, para romper paradigmas; un cine que no teme expresar el vergonzoso pasado de una nación. Por eso anota la jugada ganadora con una dirección magistral, un formidable diseño de producción, unas actuaciones memorables, un guion versado y una banda sonora (de Hans Zimmer) extraordinaria.

Y debo decir que, aun sin saber la historia verdadera del libro "Twelve Years A Slave" de Solomon Northup, terminé envuelto con los estragos del negro. La historia comienza en el año 1841 en Washington, donde Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor) es un negro libre y, como tal, disfruta de la libertad mundana con su familia en una América palpada por el racismo y la esclavitud. Todo va bien hasta que un día determinado es drogado, secuestrado y vendido como esclavo en el sur profundo; pasando por las manos de varios terratenientes malvados para sobrevivir.

Durante su periodo como esclavo, Solomon, es un buscador de libertad que vive de los momentos efímeros. Usa hasta la más mínima mentira como recurso de supervivencia. En su rostro sentimos la desesperación, el miedo, la agonía. Así lo expresa todo. Por esa razón, Chiwetel Ejiofor se luce con una interpretación apabullante difícil de olvidar; probablemente la mejor de todo el año.

Esta película es sobre eso: Las actuaciones chocantes. Aparte de Ejiofor hay dos más que zarandean la pantalla. La primera, es la de Michael Fassbender interpretando a Edwin Epps, un maligno latifundista -demoledor de negros- que tiene un repudio indescriptible hacia los negros; cada vez que grita se transmite su rabia convincentemente, además de carecer de escrúpulos. La segunda, es la actuación de Lupita Nyong'o como Patsey, una esclava victimada por Epps que navega en un caudal de los ríos de las emociones y el sufrimiento con cada latigazo que recibe. En mi opinión, actuaciones inmensas que son dignas de enaltecer.

Por supuesto, McQueen, un director británico de raza negra, es un cineasta que crea arte. Su forma de mezclar el arte con la condición humana es indistinguible. Una prueba de eso fueron sus dos primeras películas: "Hunger" y "Shame", donde exhibe esa condición humanista con unos estruendos escénicos agobiantes.

Sin embargo, 12 Years A Slave es diferente; es un film donde los caminos de libertad se recorren a pasos de esperanza. Y aun siendo brutal, nos convertimos en testigos de las atrocidades raciales dentro de la historia. Hay escenas tan perfectamente construidas que, pensé que la acción desempañada por los actores en esos planos sucedía en realidad. Te hace sentir como si hubieras estado ahí.

Irónicamente esta experiencia visceral nunca hubiese ocurrido si los antepasados de Steve McQueen no hubieran sido esclavos. Y ya que ellos murieron cosechando los frutos de su emancipación, esta película funciona como un testamento cinematográfico inigualable que ejemplifica las truculencias por la que pasaron los esclavos afroamericanos. Este realismo nunca se había visto en el cine con tanta frialdad, y es tan real que nos hace ver la historia con la otra cara de la moneda, es decir, la que siempre había sido bloqueada con el escudo de la vergüenza.


8/10