Her (2013)


Un escritor solitario desarrolla una relación probable con el sistema operativo recién comprado que está diseñado para satisfacer todas sus necesidades.


Duración: 2 hr. 16 min.
País: Estados Unidos
Director: Spike Jonze
Guion: Spike Jonze
Reparto: Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Olivia Wilde

Reseña 
Por Yasser Medina 


El cine de Spike Jonze (Being John Malkovich, Adaptation) siempre se toma su tiempo para desarrollar ideas fortuitas. Para eso debe configurar el guion, las escenas y los personajes de una manera original. Pero, ¿qué tan original? Bueno, si por original llamamos a un escritor solitario que tiene una relación sentimental con un sistema operativo de inteligencia artificial, definitivamente estamos ante una.


Y es que Her es un drama romántico que raya en lo excéntrico y no tiene miedo en mostrar la profundidad de la psicología de las relaciones humanas. Nunca antes había visto un idilio de este calibre en el cine. Es sutil, inteligente, sentimental y, por encima de todo, opera en otros niveles escénicos con la espectacular actuación de Joaquin Phoenix; una de las mejores en toda su carrera.

Esta película es sobre el desarrollo dramático del personaje que Phoenix escenifica. No hay trama. Solo una historia progresiva que se transforma en romance de ciencia-ficción. Comienza en un mundo futurista, en la ciudad de Los Ángeles, donde echamos un vistazo a la vida de Theodore Twombly (Joaquin Phoenix), un escritor solitario que recién ha salido de una relación turbulenta con su antigua cónyuge, Catherine (Rooney Mara). Él cree que la vida no tiene sentido porque ya lo ha sentido todo -sensorialmente hablando-, pero ese todo cambia cuando compra un sistema operativo con capacidad de inteligencia artificial. Ese SO es Ella (Her), y la nombra Samantha (voz de Scarlett Johansson). Ellos se atraen. Y Samantha, inevitablemente, logra cambiar la mentalidad de Twombly con su personalidad; hasta el punto de terminar en una extraña relación humano-máquina.

Esta relación de Theodore y Samantha es la piedra angular de la historia, y debo admitir que son personajes verdaderamente peculiares. Samantha es un sistema operativo que trasciende en el ciberespacio por los caminos de la inteligencia artificial. Ella no comprende las emociones humanas, pero trata de emularlas a la perfección; y a pesar de no poseer un cuerpo físico, actúa como si sintiera. Theodore, por su parte, es el escritor aislado -casi geek y gamer- con cara de nerd -bigote, lentes, cabello despeinado- que busca respuestas a preguntas sobre el sentido de la vida. Pero, ¿las podrá encontrar?

Él transmite todo su pesar y su depresión a través de los flashbacks. Es como si la vida pasa a través de sus ojos con nihilismo y no puede comprender las emociones de una relación. Su rostro tiene todo esos atributos emocionales, y es por esa razón que, Joaquin Phoenix, hace clic en la pestaña sensacional con esta interpretación. Tiene carisma para hacer que este personaje sea real, más aún en las escenas que presentan largos monólogos.

Y claro que los diálogos son un complemento, pero Her no es solamente un romance tecnológico, es una alegoría que presenta la verdadera naturaleza de las relaciones humanas en un contexto futurista. Y sabemos que es una condición psicológica que no se puede explicar, pero lo vemos hoy en día; en una sociedad donde pasamos más tiempo con aparatos tecnológicos que con cualquier otra persona. En cada escena nos dice: sentimos poco, pensamos demasiado. No estamos convirtiendo en ordenadores.

En esta película, Jonze deja claro que en un futuro no muy lejano tendremos ordenadores conscientes, dotados de sentimientos y que tendrán su propia personalidad. Tu mejor amigo será una computadora. Hablarás con ella. Te mirará la cara y sabrá reconocer tu estado de ánimo. Conocerá tu alma y tu corazón mejor que nada ni nadie. Todos estaremos "solos".

Aunque las metáforas están ahí, es un film encerrado en un cuarto de dolor y la única puerta es la soledad social. Por esa razón, hay escenas tocantes que nos hacen reír, llorar y pensar en lo que los personajes principales están transmitiendo: lágrimas de enternecimiento.

¿Ajá? Y ¿un amorío cibernético tendría corazón? Quizá no, pero en un sentido metafórico, sí. Jonze, quien también escribió el guion, da un retrato sincero, con humor palpable, sobre el humano que no entiende las conexiones humanas y la inteligencia artificial que sí las entiende. En ese sentido es una paradoja futura, y ya que Her comunica la aglomeración de este concepto, creo que me he enamorado, virtualmente, de esta película.

8/10