"Us": El terror de conocerse a sí mismo [crítica]



Sospecho que al director Jordan Peele ha llegado a un estatus en el que puede hacer lo que le dé la gana en Hollywood. Las dos películas que ha dirigido (en el momento en que escribo estas líneas) no solo han revitalizado el decadente género del terror haciendo que muchísima gente se interese por ellas, sino que, también, han recaudado una millonada tal en la taquilla que, imagino que tiene muy contentos a los ejecutivos de la Universal para que él haga lo que desee. Una de ellas es Get Out, la ópera prima de bajo presupuesto con la que debutó en 2017 y con la que me propició muchos sustos cuando atestiguaba su tesis de terror social sobre los prejuicios raciales. El éxito garantizado de Get Out le hizo dirigir la otra película. Se trata de Us. Y es otra propuesta de terror con un comentario social, pero ahora apuesta por el clásico argumento del doppelgänger para crear algo insólito y visceral. 

Con esta película, Peele experimenta nuevamente con el terror psicológico y los subterfugios del subgénero de home invasion, pero con la intención de utilizar el tema del doble malvado para concebir una poderosa parábola sociopolítica sobre una desigualdad que está presente en todos los estratos de la sociedad estadounidense. Su narrativa es ligera, retorcida, inquietante. Casi no siento los sustos, pero el suspenso me atrapa. Los giros de la trama me sorprenden. La musicalización es correcta. Combina el ritmo con una porción mesurada de violencia, humor y una atmósfera tan apocalíptica como ilusoria. Cuando vislumbro esas lecturas, el miedo cobra sentido y me creo tan despavorido como la familia afroamericana que intenta sobrevivir a la catástrofe. Observo asimismo una estupenda actuación de la camaleónica Lupita Nyong’o. Su presencia eleva la narración que por intervalos es previsible. Es un ejercicio de género que, además de entretener con su horror fantástico, me invita a reflexionar.  

La historia de la película nos pasea por las vicisitudes de una familia afroamericana, desde la óptica de la matriarca, Adelaide Wilson (Lupita Nyong’o); una mujer que en la infancia, visitando un parque de diversiones con sus padres en la playa de Santa Cruz, sufrió un trauma psicológico al entrar en una casa maldita llena de espejos, descubriendo a una muchachita idéntica a ella. Superada la herida en la adultez, Adelaide vive con su esposo, Gabe (Winston Duke), y sus dos hijos, Zora (Shahadi Wright Joseph) y Jason (Evan Alex), en una residencia en California. Son una familia pudiente. Aprovechando el verano, deciden irse de vacaciones a una casa de veraneo situada en un bosque en los alrededores de un lago y muy cercana a la playa donde transcurrió el incidente de Adelaide. Todo sigue su curso normal. No obstante, una noche la familia recibe la visita inesperada de cuatro seres siniestros vestidos de rojo,  todos cogidos de la mano como si estuviesen simbolizando una unión. Se ponen en pie delante de la vivienda. Uno de ellos sostiene una tijera larguísima en sus manos. Adelaide y su familia se sienten amenazados. Y pronto descubren que los individuos fantasmales son los dobles de ellos mismos. 

Peele, con guion firmado por él mismo, evade los regodeos narrativos y las explicaciones innecesarias para ir directo al grano: a poner a la familia Wilson a sufrir en circunstancias aberrantes para que, en medio de la noche más aterradora y del amanecer de los muertos, se mantengan unidos ante la adversidad. El terror automatizado que atraviesan desnuda el lado más oscuro de la condición humana y logra que ellos puedan conocerse a sí mismos, mientras resisten a la invasión de gemelos anómalos con voces guturales. En el camino de ellos hay pugnas a tijerazos, niños incendiados como mártires, cadenas humanas a prueba de muros marca Trump y referencias bíblicas que reflejan el pandemónium. Peleando con su propia sombra, cada miembro de la familia Wilson aprende a superar sus temores internos, a remodelar lo que conocían como moralidad, a reflexionar sobre las cosas que deshumanizan y dividen al hombre. La más afectada es la protagonista, Adelaide, quien combatiendo a su doppelgänger, Red, conoce los males laminados en la realidad cotidiana como el hambre, la pobreza, la inequidad. Pero, también, aprende a ser una mujer robustecida que reconoce el significado verdadero de ser madre. 

Poco me importa que la trama elaborada por Peele no indague en la supuesta naturaleza de los dobles o en algunas situaciones arregladas a favor de la familia afroamericana, que bien podría salirse de los componentes del género. La hipérbole está justificada. Lo que me interesa es la manera tan lúcida en que son presentados los paralelismos alegóricos entre clases sociales. Entre los pobres y los ricos. Entre los negros y los blancos. Los claroscuros de cualquier colectividad capitalista. Las entelequias vestidas de carmesí encarnan las minorías de personas que viven oscurecidas en la miseria absoluta, que han sido evisceradas por la exclusión, que no tienen techo para vivir, que recogen el menú del basurero para encontrar algo de comida cuando tienen hambre, que visten de un rojo ensangrentado que evoca sacrificio para exigir un trato más humano, que manejan las tijeras para romper las cadenas de esa esclavitud. Se esconden tras las sombras de una mayoría de individuos que han sido iluminados con el bienestar social (simbolizado con conejos). La familia Wilson y la familia de vecinos caucásicos, Josh (Tim Heidecker), Kitty Tyler (Elisabeth Moss) y sus dos hijas, forman parte de esa división étnica y social que refleja, a modo de metáfora, la disconformidad engendrada por el mercantilismo más feroz en el mundo del consumo. 

Con estos textos sobre la pantalla, Peele edifica una película de terror novedosa que, a pesar de la aparente predictibilidad en la que sé con antelación que la familia negra va a subsistir por la fuerza, me ha mantenido enganchado del asiento durante dos horas que pasan volando. La estética de su mundo es pesadillesca, me resulta muy atrayente. El leitmotiv de Luniz, I Got 5 on It, me trae recuerdos. La actuación doble de Lupita Nyong’o me transmite espantos muy marcados. Lo más irónico, sin embargo, me pasó al salir del cine luego de verla. Caminaba por la acera en medio de la oscuridad. Era de noche. Llovía mucho. No tenía sombrilla. De repente, como la luz de un rayo en la tormenta más agitada, me iluminó un anuncio publicitario que decía: “todos somos iguales en dignidad y derechos.” Me detuve a pensar en medio de la lluvia. El anuncio me sacó una sonrisa de esas que son irónicas. Creo que a eso se refiere el “nosotros” de la película. Y su antítesis es el terror que todos ignoramos, ese que reside en nuestro interior que hace que nos fraccionemos.


Ficha técnica
Año: 2019
Duración: 1 hr 59 min
País: Estados Unidos
Director: Jordan Peele
Guion: Jordan Peele
Música: Michael Abels
Fotografía: Mike Gioulakis
Reparto: Lupita Nyong'o, Winston Duke, Elisabeth Moss, Tim Heidecker
Calificación: 7/10







Sinopsis: Adelaide Wilson es una mujer que vuelve al hogar de su infancia en la costa junto a su marido, Gabe, y sus dos hijos, para una idílica escapada veraniega. Después de un tenso día en la playa con sus amigos, Adelaide y su familia vuelven a la casa donde están pasando las vacaciones. Cuando cae la noche, los Wilson descubren la silueta de cuatro figuras cogidas de la mano y en pie delante de la vivienda.