"The Sisters Brothers": Hermandad en el viejo oeste [crítica]



Pienso que el género western de las últimas décadas está atravesando una especie de terreno espinoso que le imposibilita avanzar para contar ficciones que sean diferentes. Con el paso de los años son pocos los estudios que se arriesgan a disfrazar a un actor de jinete para que monte a caballo y desenfunde su pistola frente a una cámara. Ninguna productora en su sano juicio se aventura a realizar un producto semejante en una época en la que la tribu de consumidores de cine practica el onanismo mental más salvaje con las películas de superhéroes. Dudo mucho que recupere el esplendor que tuvo con esos westerns tan fenomenales en los que participaban John Wayne o Clint Eastwood, íconos inolvidables del género. Simplemente ya no es tan rentable. La popularidad ha decrecido. El tiempo de los hombres sin nombre y de los forajidos que luchan contra indios se ha terminado. Es muy raro ver el estreno de una o varias películas del oeste en estos días. Casi ninguna llega a las salas de cine. No obstante, he visto una que me parece interesante. La dirige el francés Jacques Audiard (Read My Lips, Un Prophete, Dheepan) y ha sido rodado en Europa. Se trata de The Sisters Brothers. Y es un western atípico que aprovecha su fábula del lejano oeste de una manera muy distinta a lo que he visto en años recientes.

Audiard, en su primera película de habla inglesa, regenta un western que se destaca, casi siempre, empleando los parámetros del género con mesura. En las secuencias de tiroteos pone a los enemigos mayormente fuera de campo, a oscuras, de lejos, para que solo los diálogos de los personajes, los sonidos y las chispas de la pólvora impriman poesía visual a la brutalidad que eso refleja. Su violencia es poética. Me pasea por la mayoría de los escenarios que se ven este tipo de películas: pueblecitos hechos a base de madera, cantinas repleta de borrachos y buscapleitos, caravanas dirigidas por diligencias, pistoleros que cabalgan por las praderas, escenas de descanso frente a la tranquila iluminación de las fogatas mientras los vaqueros dialogan y los jamelgos descansan. Su mirada del viejo oeste por momentos me impresiona con sus hermosos paisajes y la historia de los malhechores hermanos Sisters que habitan un mundo violento, durante la fiebre del oro, en el que todo se negocia a tiro limpio por la ley del revólver. Y no me queda de otra que disfrutar el viaje.

La película se sitúa en el año 1850 en el oeste de los Estados Unidos. Allí soy testigo de las acciones de los hermanos Eli (John C. Reilly) y Charlie Sisters (Joaquin Phoenix), bandoleros que trabajan haciendo encargos para un adinerado señor llamado Commodore (Rutger Hauer). A lo largo de los años han creado una reputación al haber matado a muchísimos bandidos y al cobrar la recompensa detrás sus víctimas. Son temidos en todos los pueblos por los que pasan, capaces de matar a sangre fría a cualquiera que se interponga entre sus pencos y ellos. Un día su jefe, Commodore, les ordena que se dirijan a California para asesinar a un químico llamado Hermann Kermit Warm (Riz Ahmed), que ha descubierto un método para encontrar oro en los ríos con mucha facilidad. En el camino de esos protagonistas hay ímpetu, hostilidad, lealtad, avaricia que destruye vidas y un discreto retrato sobre la hermandad que impone su poder frente a la independencia.

Los hermanos Sisters son personajes de personalidades muy disímiles y están estupendamente interpretados por los correctos Joaquin Phoenix y John C. Reilly. Uno es extrovertido, está atormentado y goza de la impulsividad. El otro es taciturno, algo tonto, pero esconde un corazón gentil detrás de la frialdad. Y me creo lo que hacen. Phoenix como Charlie Sisters es el hermano menor que asume el liderazgo y actúa como una figura patriarcal con su hermano mayor, Eli. Es cínico, soberbio y posee una predilección para los problemas. Cuando no está matando rufianes, se va de parranda a buscar mujeres y a emborracharse en la cantina más cercana, siempre acompañado de su hermano. No obstante, Reilly como Eli Sisters es la antítesis de Charlie. Se muestra como un hombre indeciso que ha sido siniestrado por el pasado, desolado por la culpa de no haber podido ejecutar a su abusivo padre para salvar a su familia, pero, también, desea abandonar la vida de matón. Le añade un componente cómico a la aventura de ambos, como en la escena en la que con una cara de despistado aprende a utilizar el cepillo de dientes o cuando intenta acostarse con una prostituta.

Estos protagonistas, Charlie y Eli, son los estereotipos habituales del vaquero norteamericano más salvaje que sabe utilizar la pistola, pero que es vulnerable como cualquier persona a cosas tan terribles como el abuso patriarcal, el dolor desatado por la traición, la mordedura de una araña (alegoría del sufrimiento y la vulnerabilidad), la imposibilidad de adaptarse a la modernidad, la amputación de un brazo y los servicios funerales que simbolizan que el western, como género, está muriendo. Esos significados se complementan con las acciones que toman al reunirse con el cordial cazarrecompensas John Morris (Jake Gyllenhaal) y con el hombre que buscan, Hermann Kermit (Riz Ahmed). Cuando se reúnen con John Morris y con Hermann Kermit visualizan una posibilidad de escapar de la miseria y negocian con ellos para buscar oro. Pero, como era de esperarse, la codicia los arruina y los deshumaniza. Los cuatro personajes representan las dicotomías de dos clases sociales que colisionan por un bien común.

Audiard, guiado por un sentido estético insondable, encuadra a los hermanos Sisters regularmente en planos de dos para deconstruir la mitología estructural del western y, a la vez, elaborar una poderosa metáfora textual sobre los claroscuros ideológicos presentes en una sociedad norteamericana que se desmorona desde el interior cuando sus habitantes se matan por las riquezas para construir sus sueños utópicos (metaforizado en la secuencia de la búsqueda de oro en el río). Imprime sobriedad al viejo oeste. Percibo autenticidad en su construcción del período. Coloca la cámara en espacios grandilocuentes que ofrecen un sentido de desplazamiento. Su depuración narrativa crea giros que rompe con los estándares del género, como la climática visita de Charlie y Eli para acabar con Commodore y sus secuaces y se sorprenden al saber que él ya está muerto. Pone a sus personajes a contemplar la redención en una sociedad que los aguijonea abruptamente hacia la fatalidad, la mezquindad y la incertidumbre. En medio de la oscuridad que eso supone, está el otro lado del visor, la luz que resalta el humanismo más pacificador de una familia unida que es la única salvación posible. Su western me ha gustado. Muy pocas veces he visto algo así en este género.


Ficha técnica
Año: 2018
Título originalLes frères Sisters
Duración: 2 hr 02 min
País: Francia, Estados Unidos
Director: Jacques Audiard
Guion: Jacques Audiard, Thomas Bidegain
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Benoit Debie
Reparto: Joaquin Phoenix, John C. Reilly, Jake Gyllenhaal, Riz Ahmed
Calificación: 7/10





Sinopsis: En el año 1850, Charlie y Eli Sisters viven en un mundo salvaje y hostil, en plena fiebre del oro. Tienen las manos manchadas de sangre: la sangre tanto de criminales como de personas inocentes. No tienen escrúpulos a la hora de matar. Es su trabajo. Charlie (Joaquin Phoenix), el hermano pequeño, nació para matar. Eli (John C. Reilly), sin embargo, sueña con llevar una vida normal. Ambos son contratados por el Comodoro para encontrar y matar a Hermann Kermit Warm (Riz Ahmed), un buscador de oro. De Oregón a California arranca una caza despiadada, un viaje iniciático que pondrá a prueba el demencial vínculo entre los dos hermanos.

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