El luchador (1949)


Este drama de boxeo y cine negro, dirigido por Robert Wise para la RKO, tiene algunos factores que me resultan interesantes, pero no creo que sea tan fabuloso con su argumento sobre la redención de un boxeador fracasado. Cuenta la historia de un boxeador treintañero que siente una gran culpa por haber lastrado su carrera pugilística en combates arreglados y que, en lo más soterrado de su conciencia, desea una última pelea para disfrutar de una gloria efímera. Ese boxeador que la protagoniza está muy bien interpretado por el siempre convincente Robert Ryan (era boxeador en sus años de juventud), consiguiendo fidelidad dentro y fuera del cuadrilátero; su rostro comunica cinismo y un tedio imborrable producido por años de miseria. Lo acompaña Audrey Totter como la esposa preocupada que anhela que su marido escape de esa vorágine del hampa del boxeo. Pero la química de ambos es demasiado artificiosa para creermela. Son personajes mecánicos que habitan una trama tan previsible como las contiendas, en la que sé de antemano que el protagonista va a pelear y tendrá su momento soñado a cambio de traicionar a los gánsters del libro​. La prolongada secuencia de la lucha, sustentada por el uso del plano general, no consigue emocionarme y la siento muy trivial en cada esquina del ring. De ese mundo me atrae su atmósfera lúgubre, en el pequeño pueblo en el que la fatalidad está a la vuelta de la esquina. También el sobreencuadre, las miradas del plano-contraplano y la elipsis simbólica que anticipa la tragedia del protagonista y las notas morales de sus sueños perdidos. Es una película mediana.

Calificación: 6/10

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