La colina de la deshonra (1965)


Con esta película, Lumet proyecta un discurso interesante sobre el hombre que se rebela contra una autoridad opresiva. Lo presenta con la historia de un grupo de soldados inadaptados en una prisión militar del norte de África durante la Segunda Guerra Mundial, que son prisioneros que luchan por sobrevivir frente al castigo barbárico que imponen unos guardias bien sádicos. El conflicto, en esa prisión teñida de campo militar que borra cualquier rastro de justicia, me resulta aburrido, pero reconozco al instante componentes estéticos que se destacan, al igual que las auténticas actuaciones y un efectivo blanco y negro. Se emplea travellings inquietantes que capturan la base desde cualquier ángulo, primeros planos que comunican la verdad, planos subjetivos que se meten en la piel de los reclutas maltratados, el plano-contraplano donde el picado perteneciente a los infelices magullados hacen frente al temible contrapicado de los superiores, sobre todo cuando se encuadra en primer plano al imponente Harry Andrews como el sargento mayor, Bert Wilson; posiblemente la actuación más dramática de la película junto con la de Sean Connery como Joe Roberts, el soldado que supone la balanza moral del equipo. La propuesta pretende ser agobiante, desapacible y cochina, aunque casi no me cautiva y me siento indiferente ante la brutalidad a la que se enfrentan esos personajes indisciplinados. La estructura, conferida por el montaje, le pasa factura a la narración, haciendo que se pierda el ritmo paulatinamente y solo se agudice la tensión hasta el tercer acto, donde Lumet resuelve su tesis contestataria sobre la condición humana, la jerarquía sistematizada de la sociedad y la libertad que para el individuo parece inalcanzable, en un mundo que aparentemente está condenado a repetir los mismos errores.

Calificación: 6/10

0 comentarios:

Publicar un comentario