Tres vidas de mujer (1932)


Lo más destacable de este melodrama criminal dirigido por Mervyn LeRoy es la forma en que el montaje construye elipsis muy correctas para condensar el tiempo de la narración en una sola hora de metraje, usualmente empleando raccords con los intertítulos subjetivos de los periódicos con el fin de resaltar el paso de los años y algunos eventos históricos, como si se tratara de un espectador que está "leyendo" la historia. En su relato, muy al estilo del Women's Picture de la era Pre-Code, soy partícipe de tres mujeres que con el paso de los años caen rendidas a cosas inaceptables para la época como el alcohol, el típico adulterio y la frivolidad femenina que sitúa la acción en los tiempos de la ley seca y luego por la Gran Depresión. Allí se encuentran con la amistad, la codicia, la suspicacia, la impotencia, la desesperanza. Ellas están interpretadas con un reparto de lujo encabezado por Joan Blondell, Ann Dvorak y una joven Bette Davis relegada a un rol de segunda mano. Y su encanto no me convence, pero lo tolero para ver en qué termina el asunto que apunta a la inclusión de la mujer desamparada en la sociedad norteamericana. Hallo asimismo cierto magnetismo en las actuaciones de Warren William y de un efímero Humphrey Bogart (en su primer rol del estereotipo de gánster). Me parece una película apresurada, tonta, errática, carente de algún tipo de sorpresa cuando quiere contar tantas cosas sin detenerse a desarrollar los personajes.

Calificación: 5/10

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