El regreso de Mary Poppins (2018)


Esta secuela tiene propiedades estéticas que la acercan al mítico clásico de Disney de 1964, sobre todo en el apartado musical, en las coreografías de danza y en los coloridos escenarios londinenses por los que se pasea la estrambótica niñera voladora que ahora interpreta Emily Blunt. Se ambienta durante los años de la gran depresión y hay personajes conocidos que vienen de la antecesora y otros que son relativamente nuevos. Trata la historia de Mary Poppins cuando arriba nuevamente en Londres para encargarse del cuidado de los niños y ayudar a la nueva generación de la familia Banks, quienes pasan por una situación económica muy grisácea. Lo insólito es que, a pesar de lo hermoso que es su tratamiento visual y de algunas interpretaciones correctas, como la de la irregular Emily Blunt como Mary Poppins y la de una efímera Meryl Streep (nuevamente mostrando su destreza para los acentos), no me contagia lo que veo, siento que la narración es poco imaginativa y pierde el encanto cuando sus personajes transitan los lugares consabidos de la fábula optimista y esperanzadora producida en los almacenes del género. Su magia se esfuma para favorecer una temática repetitiva sobre las responsabilidades parentales y la imaginación de los niños. La dirige el director Rob Marshall (cuyas películas aborrezco y esta es otra más en el catálogo), el cual parece tan desesperado en reproducir la cinta de Stevenson y la memorable Julie Andrews, que se olvida de otorgarle algún tipo de emotividad al asunto. Es melindrosa, aburrida y por momentos excesivamente ingenua.

Calificación: 6/10

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