Regreso sin gloria (1978)

Sinopsis:  Luke Martin (Jon Voight) es un soldado que vuelve inválido a su hogar, paralizado de cintura para abajo. En el hospital de veteranos le atiende una voluntaria llamada Sally (Jane Fonda), esposa de un militar que combate en Vietnam. Ambos se enamoran. Cuando el marido, el capitán Bob Hyde (Bruce Dern), regresa del frente. Sally se ve forzada a elegir entre su esposo y su amante.

Ficha técnica
Título original: Coming Home
Año: 1978
Duración: 2 hr 07 min
País:  Estados Unidos
Director: Hal Ashby
Guion: Waldo Salt, Robert C. Jones, Rudy Wurlitzer, Nancy Dowd
Música: George Brand
Fotografía: Haskell Wexler
Reparto: Jon Voight,  Jane Fonda,  Bruce Dern,  Robert Carradine,  Penelope Milford,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película 

Ashby le confiere un estilo tan enérgico a esta película, que me mantengo pegado a la pantalla como un imán durante dos horas que pasan volando. Aunque en un principio se me hace predecible por culpa de un insospechado raccord que anuncia el romance, la disfruto bastante. Se ambienta a finales de los años 60 y trata la historia de una mujer que tiene una relación extramarital muy apasionada con un veterano parapléjico que conoce mientras trabaja de voluntaria en un hospital veteranos de la guerra de Vietnam, luego de que su marido haya partido hacia la guerra para servir a su país. Los problemas que atestiguo en cada escena me importan y me conmueven, sobre todo cuando se presenta al veterano desilusionado que se ha quedado inválido y en silla de ruedas por culpa de un patriotismo que lo ha traicionado, a la mujer que abre los ojos para darse cuenta de las cruentas consecuencias de los efectos psicológicos de la guerra en los soldados y al veterano inestable que regresa a casa con la mente bien jodida a causa del trastorno por estrés postraumático. Los personajes interpretados por Jane Fonda, Jon Voight y Bruce Dern son de tres dimensiones, atiborrados de un alcance dramático sólido y muy intenso. La puesta en escena por la que se pasean despliega una estética muy atrayente, repleta de planos interesantes que encuadran emociones diversas. Cuenta con una banda sonora maravillosa repleta de unos clásicos inolvidables que magnifican el trazo dramático de algunas escenas. El poder de la película cobra mayor fuerza cuando Ashby elabora un alegato antibélico sobre las inferencias de la deshumanización en los tiempos de la guerra, las heridas del hombre que nunca sanan.

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