Dumbo (2019)


Este remake de la clásica, aburrida y racista película animada de Disney de 1941 no consigue conmoverme en lo más mínimo, aunque aprecio algunos instantes en los que el estilo visual de Burton adorna cada rincón de la puesta en escena con el vestuario extravagante, la dirección de arte que decora los escenarios de la segunda mitad con diseños arquitectónicos del art-déco y un montón de personajes raros de un colorido circo que me importa muy poco, incluyendo elefantes generados por ordenador. Es artificiosa, trivial, cargada de una reiteración que no permite que las ideas imaginativas puedan elevarse. El argumento coloca a Dumbo al cuidado de una familia encabezada por el manco Holt Farrier, que regresa de la guerra, y sus hijos, Milly y Joe. Ellos trabajan en un circo para el señor Medici, el dueño de la troupe, quien les asigna la tarea de cuidar al elefante recién nacido que ha sido apartado de su madre, Jumbo. Es a partir de ese ligero detonante que me abraza un letargo que se hace constante cuando veo al elefante orejón convirtiéndose en el hazmerreir de todo el circo y del público espectador, los reiterativos vuelos de Dumbo (cuento más de cinco) por encima de los espectadores cuando aprende a volar gracias a la bondad de los niños y de una pluma blanca simbólica, la motivación baladí del acartonado villano Vandevere de Michael Keaton al intentar aprisionar al paquidermo y monetizar su habilidad de vuelo, el desperdicio actoral de un reparto que cuenta con Colin Farrell, Eva Green, Danny DeVito y Alan Arkin. Me sorprende mi increíble capacidad para permanecer indiferente con la historia del elefante volador que forma parte de los líos de un acto circense. Es una película sin encanto sobre la libertad y el valor de los vínculos familiares.

Calificación: 4/10

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