Aladdín (2019)


Asisto muy entusiasmado a ver este remake de 'Aladino' de Ritchie, pensando en que viviría una vez más las sensaciones que me transmitía aquella película animada de Disney de 1992. Pero a la media hora me doy cuenta de que es un disparate que pone a prueba mi cuota de paciencia durante dos horas eternamente aburridas. La película trata la historia que me sé de memoria, pero ahora los personajes son de carne y hueso y Will Smith es el genio azulado generado por ordenador. Sitúa la acción ambientándose en un país árabe donde Aladino es un joven empobrecido, gandul y con una habilidad incomparable para robar lo que sea, que se enamora de la hija de un sultán, la hermosa princesa Jasmine. Para conquistarla asume el reto de ir a una cueva bien siniestra ubicada en el desierto para obtener una lámpara mágica que concede cualquier tipo de deseo. A partir de ese momento inicia una aventura tan seca y desabrida como la arena del desierto por el que transitan, en la que no me preocupo por otra cosa que no sea la hora de mi reloj. Quizá se destaca Smith como el genio encantador, pero me parecen de plástico desechable los personajes de Mena Massoud, Naomi Scott y Marwan Kenzari. No veo química alguna entre Aladino y Jasmine. Todo es apresurado, convencional, carente de emoción. El argumento es demasiado torpe y solo extiende una exposición mecánica en una aventura al servicio de lo previsible, de lo nimio, de lo superficial. Los decorados y el vestuario al menos son portentosos para mis ojos, aunque no puedo decir lo mismo de las canciones que me resultan molestas. Encierra en su interior un comentario ligero sobre el racismo, las diferencias de clases y la emancipación de la mujer. Es un producto rutinario sin nada de gracia.

Calificación: 3/10

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