Crítica de 'Historia de un matrimonio': paradojas de un divorcio

En mi crítica de esta semana hablo de 'Historia de un matrimonio', la nueva película de Noah Baumbach.



Mi historia con el cine de Noah Baumbach es como la de un matrimonio destruido por diferencias irreconciliables. Sus películas me parecen autoindulgentes y artificiosas. Me topé con su estilo por pura casualidad hace muchísimos años atrás, al leer los comentarios elogiadores de los críticos y comentaristas que caían rendidos ante las películas de este señor, como si se tratara del realizador más prodigioso de una generación. Mientras veía esas películas, me preguntaba qué es lo que tiene de especial que te relaten una y otra vez la cotidianidad, los problemas familiares y las relaciones de gente insufrible en la ciudad de Nueva York. Entiendo que la reiteración puede ser un verdadero tostón, sobre todo porque no hay que ser tonto para darse cuenta de que algunas de las historias que pone en pantalla casi siempre tienen un carácter semi-autobiográfico. La única razón por la que siempre regreso a su filmografía se debe a la esperanza que me mantiene sujeto a encontrar la película de este cineasta que, en mi opinión, pueda conmoverme. Todavía sigo esperándola.

Algo similar me ha pasado recientemente viendo la nueva película de Baumbach estrenada en Netflix, titulada Historia de un matrimonio, la cual han vendido como una cinta monumental, con una llovizna de elogios que la catalogan como una película “excelente” y una “obra maestra”. Pienso seriamente que vi otra película o que se equivocan. Lo que veo es regular. Tiene un arranque satisfactorio planteando las raíces de una ruptura conyugal a la que se enfrenta una dupla conformada por un director de teatro y una actriz. Habla del desamor, de las heridas anímicas del pasado, de la cuota de tolerancia, de la lucha por el resguardo del chiquillo, del papeleo de los abogados oportunistas dentro de un sistema penal intolerante, del difícil proceso de divorcio, de las disputas conyugales, de unos padres que lamentan en el fondo que el rompimiento afecte a su pequeño inocente. Goza de una banda sonora de Randy Newman que busca ser empática, diálogos veraces que en ocasiones se extienden innecesariamente y unas actuaciones de gran registro dramático de Adam Driver y Scarlett Johansson. Pero, sorprendentemente, a pesar de contar con esos elementos que aportan cierta sustancia al relato, no logro emocionarme por la tragedia de Charlie y Nicole y mi interés se reduce a escenas minúsculas.

Adam Driver, Scarlett Johansson y Azhy Robertson. Imagen cortesía de Netflix.

Escrita con un guion de Baumbach, la película comienza describiendo la vida de Charlie (Adam Driver) y de Nicole (Scarlett Johansson) a través de una secuencia que relata lo que piensan mutuamente con una voz en off. Charlie describe a Nicole, una ex actriz de cine adolescente, como una mujer condescendiente que escucha a los demás, una ciudadana ejemplar, siempre dispuesta a ayudar en las etapas familiares más dificultosas y a ser amable con sus seres queridos. Creció en Los Ángeles, rodeada de actores y directores de películas y series de televisión, algo en lo que no le fue tan bien y terminó haciendo teatro con él. Es una madre que quiere mucho a su vástago y nunca se cansa de jugar con él. Es una persona competitiva, afectuosa y sincera.

Por otra parte, Nicole narra que lo que adora de Charlie es su temperamento imperturbable, la tenacidad que le permite obtener lo que quiere, la impaciencia que tiene para lidiar con situaciones y hasta para comer adecuadamente una rebanada de pizza, la emotividad que lo pone a derramar lágrimas con facilidad. Viene de una familia disfuncional y empezó desde abajo. Es un hombre organizado, meticuloso y autosuficiente, propenso a tolerar todos los cambios de ánimo de Nicole, que adora muchísimo ser papá y compartir con su hijo Henry (Azhy Robertson), pero sobre todo aprecia su vocación de director teatral.

Nicole (Scarlett Johansson) y Charlie (Adam Driver). Foto de Netflix.

A partir de esa descripción, el argumento de la película se dedica, única y exclusivamente, a retratar las causas y las consecuencias del período de separación de esa pareja que ya no sabe lo que es el sexo, en escenas que incluyen la mudanza de Nicole y de Henry a la casa de la abuela en la ciudad de Los Ángeles, la permanencia de Charlie en Nueva York para elaborar una obra en Broadway, la lacrimógena confesión de Nicole ante la manipuladora abogada Nora (Laura Dern) que desea saber cómo era la relación con Charlie, la entrega de los documentos de divorcio con la ayuda de la madre y la hermana de Nicole, un diminuto momento intimista para dormir al niño, la hilarante reunión de Charlie con el descarado y costoso abogado Jay Marotta (Ray Liotta), los instantes de Charlie compartiendo con Henry durante Halloween, la atrayente contienda judicial entre los abogados que trabajan en el pleito de disgregación, la discusión amistosa en el departamento de Charlie que se convierte en una amarga porfía de más de diez minutos, escenas que se repiten y, finalmente, la victoriosa custodia del niño en manos de la madre que se separa exitosamente del padre.

Scarlett Johansson, Azhy Robertson y Adam Driver. Imagen cortesía de Netflix.

Con las circunstancias que atraviesan los personajes principales, Baumbach (que anteriormente ya había tratado el divorcio en su película Historias de familia) traza un estudio sobre el matrimonio desde la óptica de la compasión, la paciencia y la aflicción, utilizando el divorcio como objeto de distracción.

Los personajes que exhibe actúan en casi todas las escenas como una familia con un fuerte vínculo afectivo, cuya unión es amenazada luego por la desconfianza y el desprendimiento afectuoso. El equilibrio se refleja también por la aparente desesperación que disimulan para mantener la calma y el dolor intrínseco que los resquebraja al comunicar que todavía se siguen queriendo como esposos. Ambos sufren en silencio. La culpa de separarse no hace feliz a Charlie ni a Nicole, porque desean con todas sus fuerzas que la disolución termine de otra forma, aunque al final lo aceptan como tal sin remordimientos. Ofrecen momentos que poseen sustancia dramática. Pero la teatralidad de la puesta en escena obstruye el naturalismo, convirtiéndolos en marionetas al servicio de un histrionismo calculado. 

Laura Dern como Nora y Scarlett Johansson como Nicole. Imagen pertenece a Netflix.

Baumbach encierra subtextos que manifiestan las permutas en el negocio del matrimonio, en una sociedad donde, aparentemente, se recurre a la cultura del victimismo y se sanciona al hombre posmoderno, simbolizado por el fracaso de Charlie como padre y el ascenso de Nicole como actriz y como madre. Aunque mayormente expone los claroscuros de Charlie y Nicole, su discurso propone que los roles se han invertido y que la mujer contemporánea se ha emancipado del orden patriarcal de antaño, controlando su destino y catalogando al marido compasivo como un inepto que depende de ella.

La lectura enuncia que Nicole, apoyada por las destrezas manipulativas de una abogada inescrupulosa, consigue vengarse de lo que le ha hecho Charlie (por el adulterio que cometido con la asistente de dirección) en una confrontación legal resuelta en los tribunales, dejándolo como una víctima al quedarse con el niño y al obligarlo a viajar desde Nueva York hasta Los Ángeles para estar cerca de él. El triunfo de Nicole se traduce en desdicha para Charlie, que se lamenta rompiendo paredes. Pero, irónicamente, significa la igualdad de condición para los dos.

Imagen cortesía de Netflix.
La película, que está basada parcialmente en las experiencias del divorcio que tuvo Baumbach con Jennifer Jason Leigh, adquiere un balance aceptable entre el drama, el romance y una comedia plana que solo percibo cuando están los divertidos abogados interpretados por Liotta y por Dern. Subrayo su acertado uso del color para encerrar significados emocionales, el sobreencuadre que manifiesta la incomunicación entre dos personas, los fundidos a negro que resaltan el paso del tiempo, el primer plano que encuadra el desconsuelo y las correctas interpretaciones de Driver y Johansson, como esa pareja atormentada que destruye su propio núcleo matrimonial. Sin embargo, siento que lo que puntualiza lo he visto antes. La prolongada duración de los planos me fatiga. La supuesta paradoja amorosa, contada desde el punto de vista del marido solitario y de la esposa angustiada, me deja indiferente. El resultado me parece superficial, previsible y poco emotivo. Hubiese preferido la versión de los abogados.


Ficha técnica
Título original: Marriage Story
Año: 2019
Duración: 2 hr 16 min
País: Estados Unidos
Director: Noah Baumbach
Guion: Noah Baumbach
Música: Randy Newman
Fotografía: Robbie Ryan
Reparto: Scarlett Johansson, Adam Driver, Laura Dern, Azhy Robertson, Alan Alda,
Calificación: 6/10


Tráiler de la película 



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