Swinging Safari (2017)


No sé lo que pensaba el director australiano Stephan Elliott y todos los involucrados en la producción de 'Swinging Safari', pero no negar el hecho de que su película me hace perder el tiempo viendo el disparate que presenta. Es una película descomunalmente mediocre, insulsa en potencia y sin nada de gracia que utiliza la comedia y una narrativa muy pobre para abordar temas sobre la nostalgia, la familia y la adolescencia. Es tan mala que me siento como Sherlock Holmes investigando una cloaca. Y no encuentro nada en el fondo. Mínimo hay que estar bajo una fuerte dosis de sustancias psicotrópicas para apreciarla. Ya nada me sorprende. La historia, ciertamente autobiográfica, se ambienta en los años 70 y describe la vida de un adolescente que llega a la mayoría de edad en un pequeño pueblo australiano durante un tiempo en el que la locura, la rebeldía y la revolución sexual está en pleno apogeo. Con una voz en off, el muchacho narra los acontecimientos (siendo adulto), que incluyen las ocurrencias de él y sus amiguitos mientras se la pasan filmando películas caseras en super-8 para homenajear el género slasher, las atrevidas fiestas que celebran las familias, las orgías festivas de los padres y los vecinos que celebran, la pérdida de la inocencia, la llegada de ballena azul del tamaño de Australia que es arrastrada a la orilla de una playa local y un sinnúmero de situaciones que me importan un carajo. Es de notar que la ballena podrida simboliza la decadencia social y el estancamiento de una generación, razón en la que se sustenta las motivaciones de unos personajes acartonados con los que veo actores reconocidos (incluyendo a Guy Pearce) desperdiciando su talento. Solo se destaca el vestuario y el colorido estilo visual que meticulosamente reconstruye la época. Todo lo demás es un tostón que me resulta infumable.

Calificación: 2/10

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