La camarista (2018)

Sinopsis: Eve es una joven camarista quien trabaja en uno de los hoteles más lujosos de la Ciudad de México. Las jornadas tan extensas y laboriosas hacen que Eve no pueda cuidar a su hijo mientras trabaja, pero ella esta convencida de que su situación mejorará cuando sea ascendida a un mejor puesto.

Ficha técnica
Título original: La camarista
Año: 2018
Duración: 1 hr 42 min
País: México
Director: Lila Avilés,
Guion: Lila Avilés, Juan Carlos Marquéz
Música: 
Fotografía: Carlos Rossini
Reparto: Gabriela Cartol, Teresa Sánchez, Agustina Quinci,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película

La ópera prima de la directora mexicana Lila Avilés (proveniente del teatro), titulada 'La camarista', es una película que consigue colocarme en un estado de reflexión con la historia de la camarista que sufre en silencio por su posición socioeconómica mientras trata de adaptarse a los engranajes de la esclavitud del salario. Su nombre es Eve. Es una mujer procedente de una etnia indígena que trabaja como mucama en un lujoso hotel de la Ciudad de México, condenada a una existencia rutinaria y a la monotonía de las largas jornadas de trabajo que la mantienen alejada de su hijo, al estudio de las pertenencias olvidadas en una pequeña clase, a la servidumbre de los burgueses que explotan su currículo de mucama, a las amistades frívolas que se rigen por la ley del intercambio de favores, a la cruel imposibilidad de largarse de ahí para buscar una vida mejor. Es una persona reservada, sensible y muy honesta que es invisible para los seres que requieren de sus servicios. Evelia (como se llama la protagonista), interpretada con certero registro dramático y naturalista por la desconocida Gabriela Cartol, es un personaje muy conmovedor, repleto de una humanidad y de una empatía que me acerca a lo que piensa intrínsecamente. Le sirve a Avilés para componer un discurso crítico sobre la condición social de las trabajadoras domésticas, la dicotomía entre clases sociales y el redescubrimiento de la identidad femenina. La narración, desplegada en la totalidad en los interiores del hotel, logra una estética visual rigurosa que recurre casi siempre a encuadres estáticos, planos medios, planos generales, la meticulosa profundidad de campo que enuncia intenciones, un ritmo parsimonioso, diálogos sobrios expresados al mínimo, los silencios prolongados en las locaciones cerradas, el uso del color gris para transmitir sentimientos como la agonía, la decepción, la impotencia, el aislamiento, la soledad. Me parece una película sutil, intimista y muy cautivadora. 

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