En buenas manos (2018)

No consigo conmoverme cuando veo 'En buenas manos', la segunda película de la directora francesa Jeanne Herry. Las intenciones de su película son abiertamente sinceras, didácticas, pero me da la impresión de que una ligera capa de propaganda lastra los temas que aborda sobre el proceso de adopción, el cuidado infantil y el significado de la maternidad, subrayando una y otra vez lo impecable que es el sistema francés de seguridad social. Su sensiblería me deja indiferente. Se apoya de un collage de personajes para narrar la historia de Theo, un recién nacido que es entregado por su madre biológica a un programa de adopción del gobierno por razones ligadas a un padre desgraciado que se halla fuera de campo, y, también, de Alice, una mujer soltera de 41 años que lleva casi diez años luchando por ser madre. Paralelamente relata el papeleo de la adopción del bebé con una serie de personajes que apenas son necesarios para que avance la trama. Es previsible la travesía de la madre adoptiva y del infante necesitado. El encuentro es inevitable. Se respira el artificio. Los protagonistas que presenta están correctamente interpretados, aunque carecen de vigor. Veo a los actores, pero los personajes están ausentes, son huecos, con un desarrollo paupérrimo, de una sola dimensión, sin una sola escena en la que se destaquen. Hay poca sustancia cuando expresan cosas como el cariño, el desamor, la tristeza y el enfado. Creo que el problema fundamental se debe, en parte, al desacertado montaje que no logra cohesionar la narración adecuadamente, ensamblando el conjunto como si se tratara de un desbarajuste de escenas inconexas que solo buscan rellenar un metraje al que le falta ritmo. Al rato me harto de los coloquios de los asistentes sociales en la oficina de los asuntos legales, o de los conflictos familiares de gente del primer mundo que tiene la vida arreglada.

Calificación: 5/10

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