Night Comes On (2018)

Veo buenas intenciones en 'Night Comes On', película que representa el debut como directora de Jordana Spiro. Lentamente cuenta la historia de Angel LaMere, una joven afroamericana de unos 18 años de edad que sale de un centro de corrección de menores. La analepsis la traslada al pasado, para ponerla a recordar los tiempos en los que era feliz junto a su madre y su pequeña hermanita, Abby. Los diálogos relatan la tragedia. Su padre mató a su madre en frente de ella. El trauma del presente la pone a pensar en algo siniestro. Compra un revólver con la intención de vengarse matando a su padre, y yo me quedo observándola con indiferencia cuando ella camina preocupada por las calles acompañada de su hermana. Porque ni siquiera se nota que están pasando hambre. Su situación socioeconómica parece que no es relevante. Aunque reconozco que el personaje principal está interpretado correctamente por Dominique Fishback, siento que le falta una capa dramática, me convence solo en algunas escenas, como la discusión que sostiene con su hermana en el barrio, la parsimoniosa escena en la playa junto a su hermana, la compra de la pistola en la casa del vendedor de armas, el encuentro con el padre irresponsable y el climático plano-contraplano en el que asume el rol matriarcal para cuidar a su hermana. El resto de su narrativa es muy previsible. Pero se destacan elementos como los escenarios empobrecidos que aportan autenticidad a lo que se describe, el color verde que subraya la esperanza que acecha a los personajes y la música empática que busca desesperadamente sacarme lágrimas, cosa que difícilmente consigue. Es una película sobre una familia disfuncional y la raíz de la desigualdad social, construida alrededor de temas como el perdón, la reconciliación y la tolerancia, pero la abundancia de exposición imposibilita cohesionar y convertir los pequeños momentos en grandes ideas, dejando la narrativa de la familia rota en un terreno previsible.

Calificación: 6/10

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