Cabeza rapada (2018)

Encuentro intenciones nobles en 'Skin', la película del director israelí Guy Nattiv. Si no me equivoco es su debut norteamericano. Tiene un arranque potente, pero en la segunda mitad pierde fuerza con su texto sobre la tolerancia, la inclusividad y la redención. Siento que atraviesa terrenos familiares. El protagonista es Bryon, un hombre que pertenece a una organización de supremacistas blancos, sintiéndose muy orgulloso de los tatuajes que honran al grupo y haciendo presencia en cruzadas racistas. Pero un día empieza a cambiar cuando el espíritu de la moral lo invade y decide darle la espalda al odio, la xenofobia, el racismo y la intolerancia diseminada por las ideologías de extrema derecha, ayudado de por medio por su esposa gordinflona y un activista afroamericano que es un profesional sacando a la clase white trash de las tinieblas del fascismo. Mi problema con la historia de Bryon es que me resulta mecánica cuando expone sus vicisitudes para señalar las consecuencias sociales y políticas de los movimientos de la 'alt right', algo que me han contado muchas veces y aquí carece de profundidad, quedándose en un lado que roza lo superficial. Sí reconozco, no obstante, la actuación de Jamie Bell cuando imprime autenticidad al conflicto intrínseco del protagonista que anhela la manumisión. Su desilusión me parece orgánica, al igual que Danielle Macdonald como la pareja que lo saca de los problemas; aunque no puedo decir lo mismo de los secundarios, cuyas acciones lucen previsibles. No escucho la música. El montaje es correcto manteniendo la cohesión en la primera mitad y colocando la prolepsis para evidenciar la lenta transformación del protagonista que intenta desesperadamente borrar los rastros del pasado, pero no logra contener el ritmo en el tercer acto con escenas que son innecesarias. Todo se vuelve redundante y, en el peor de los casos, indulgente. Al menos es un drama basado en hechos reales que se deja ver.

Calificación: 6/10

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