Con las horas contadas (1949)


Sinopsis: Frank Bigelow irrumpe en la jefatura de policía para denunciar que ha sido víctima de un asesinato. Al principio, el Comisario Jefe cree que se trata de un loco. Sin embargo, a medida que Bigelow va relatando los hechos, se da cuenta de que la historia es totalmente coherente y, si es cierta, un asesino anda suelto.

Ficha técnica
Título original: D.O.A
Año: 1949
Duración: 1 hr 23 min
País: Estados Unidos
Director: Rudolph Maté
Guion: Russell Rouse, Clarence Greene
Música: Dimitri Tiomkin
Fotografía: Ernest Laszlo
Reparto: Edmond O'Brien, Pamela Britton, Luther Adler, Beverly Garland,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película


Con las horas contadas es una intrigante película de cine negro de Rudolph Maté. Aunque la trama me resulta familiar en su presentación de fraude, pasión y homicidio, es lo suficientemente entretenida para quedarme enganchado con lo que le sucede al personaje interpretado por Edmond O'Brien. La historia relata las últimas horas de Frank Bigelow, un hombre que llega a una jefatura de policía para denunciar que ha sido víctima de un asesinato. Los policías sospechan que perdió el juicio (hasta yo), pero Bigelow, valiéndose de un prolongado racconto, va contando los hechos con precisión desde que trabaja como contador público, describiendo su carrera a contrarreloj para dar con el paradero del misterioso asesino que lo ha envenenado y descubrir, dicho sea de paso, a unos criminales corruptos que trafican ilegalmente un extraño químico radioactivo. El ritmo no decae nunca en una hora y media de metraje. Maté imprime su estilo visual a través de la lente de Laszlo, consiguiendo un efectivo uso de la iluminación, los travellings sutiles, las acciones continuas en un solo plano y las atmósferas urbanas que amplifican el estado de hostigamiento del protagonista que corre despavorido por la calles de la ciudad de San Francisco. Hay buenas secuencias de persecución, así como también buenos diálogos a puertas cerradas y tiroteos sorpresivos de soeces que se ocultan en las sombras. El misterio me mantiene pegado del asiento. No hay ni una sola escena en que la actuación de O'Brien no me parezca creíble cuando se pone en la piel de un hombre perturbado que tiene las horas contadas, transmitiendo la emoción con la mirada, el físico y el lenguaje corporal. También hay un buen rol secundario de Pamela Britton como la amada secretaria y una estupenda música de Dimitri Tiomkin. Al final, cerca del clímax fatalista, me siento cautivado por ese individuo que narra la verdad en medio de las circunstancias más imprevistas.


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