Crítica de 'First Love': amor en tiempos de yakuza

En mi crítica de esta semana comento 'First Love', la nueva película de Takashi Miike.



Con una filmografía de más de 100 películas, el cine del prolífico director japonés Takashi Miike es uno que a mi parecer todavía se sigue reinventando. Miike es conocido por un estilo transgresor que imagino que a los espectadores más sensibles les podría provocar desmayos, o en el peor de los casos, una sucesión de infartos. En una entrevista Miike afirmó que su madre fue a ver Ichi the Killer junto a unos amigos sin saber de qué se trataba y al salir de la proyección le dijo: “¿pero qué has hecho?” La realidad es que es un cineasta que no se anda con pendejadas. Va al grano. Su estética empuja la censura hasta lo limítrofe. Puede contener violencia extrema, un sentido del humor retorcido, perversiones sexuales, realismo mágico y una acción que es tan potente como caricaturesca, además de caracterizarse por mezclar los géneros como el crimen, el suspenso, el terror y la comedia. Sus personajes por lo general son criminales extranjeros y miembros de la yakuza atrapados en un círculo de coincidencias, alevosía y resarcimiento, impulsados casi siempre por un ambiguo sentido del honor. Algunas veces me aburre con películas que prefiero no recordar, pero en otras logra entretenerme cuando se mantiene fiel a sus raíces formales.

El realizador de películas como Fudoh: the New Generation y Cementerio Yakuza regresa al territorio que le pertenece en First Love, su película más reciente. La quería ver desde hace un tiempo. Se ha estrenado en diversos festivales de cine de todo el mundo, pero como me desespero fácilmente me vi obligado a rastrearla por los callejones más oscuros del Internet para verla en la comodidad de mi casa. Y valió la pena. Me entretiene durante más de una hora y media que arranca con una apertura trepidante que no me alcanza ni para pensar en otra cosa que no sea la historia que veo en pantalla. Es hilarante, caótica, ultraviolenta. Establece una fusión genérica muy novedosa entre el romance, la comedia, el thriller y la acción. En su narración pasan cosas rarísimas que me sorprenden mucho cuando un boxeador, una prostituta, un policía, unos chinos de la tríada y unos yakuza se cruzan por el camino y se ven implicados en un anillo de brutalidad desatado por un tráfico ilícito de drogas. Lo que sucede ya lo he visto antes, pero Miike me ayuda a olvidarlo porque, con esa plétora de personajes motivados por la ética más turbia, evoca el estilismo visual de sus clásicos del cine yakuza sin agotar en ningún momento su fuselaje rítmico.

Masataka Kubota como Leo. Foto cortesía de Signature. 

El guion lo firma el usual colaborador de Miike, Masa Nakamura. La trama al principio se me hace un poco complicada de seguir, pero cuando los detonantes establecen el conflicto inteligentemente, me acomodo y la disfruto. Cuenta el periplo de Leo (Masataka Kubota), un joven boxeador que anhela la gloria. Leo se gana la vida trabajando en un restaurante chino en Kabukichō para costear su carrera de boxeo. Ha ganado unas cuantas peleas, pero luce indiferente ante los triunfos. Un día pasa por una dificultad cuando es noqueado del cuadrilátero por un tumor cerebral descubierto recientemente por un doctor, el cual le dice que no tiene esperanzas de sobrevivir y que su profesión como boxeador se ha terminado. La noticia lo coloca en un estado meditabundo por las calles de Tokio.

Paralelamente a las acciones de Leo, una muchacha llamada Yuri usa el seudónimo de Mónica (Sakurako Konishi) y se ve forzada a prostituirse y a consumir drogas para saldar las deudas de su padre abusivo. Es mantenida como prisionera en un apartamento que también es utilizado como un centro para el intercambio de drogas por un yakuza llamado Yasu (Takahiro Miura) y su novia Julie (Becky). Pero Yuri no sabe que está en peligro, pues un yakuza, Kase (Shota Sometani), y un policía corrupto, Ōtomo (Nao Omori), planean utilizarla como carnada para esquematizar un contrabando de drogas. Ōtomo saca a Yuri de la vivienda por la fuerza. Ella huye despavorida mientras Ōtomo la persigue, pero se encuentra por coincidencia con Leo, quien en seguida golpea a Ōtomo en la cara al dilucidar que este intenta hacerle daño a la chica desconocida. Leo decide acompañarla, aunque desconoce que le espera una noche enormemente salvaje.

Shôta Sometani y Nao Ohmori. Imagen de Signature. 

Los personajes, sospecho, reflejan las inquietudes habituales del cine de Miike cuando sus decisiones se construyen a partir de la venganza, la traición, la codicia y el honor. Son estereotipos que coexisten en un mundo alevoso y desolador. Y están sólidamente interpretados. Kubota interpreta a Leo como el hombre correcto guiado por sus ideales, desilusionado por las trampas del destino, que se siente atraído hacia Yuri precisamente porque comparte el dolor del desamparo, al haber sido abandonado por su familia desde que era un niño. Konishi convierte a Yuri en la muchacha sensible resquebrajada por el pasado y una crisis de identidad que es su único refugio para olvidar las penas, reflejado en parte por sus demonios internos (la drogadicción), las alucinaciones que tiene de su padre en pantaloncillos (un simbolismo de que comunica que fue abusada física y psicológicamente) y de un antiguo compañero de clase que fue su primer amor. El romance entre Leo y Yuri florece en medio de una noche enredada que funciona para amplificar sus sentimientos cuando son perseguidos a tiro limpio por las tríadas y los yakuza.

Los yakuza de Gondō. Imagen de Signature. 

Hay otros secundarios que me parecen contagiosos. El primero es Sometani como Kase, quien representa al yakuza mentiroso y avaricioso alejado de cualquier norma de la organización, como si fuera una víbora que solo busca traicionar a todos, robando las drogas para instaurar su propio negocio; su impulsividad desmedida es la catarsis de todo el problema. El segundo es Omori como Ōtomo, el policía corrompido que no mide las consecuencias y es un poco torpe. Y el tercero es Seiyo Uchino como Gondō, el yakuza que es el líder imperturbable, frío y apegado a las reglas del deber y al código de justicia de su katana, cosa que justifica en la persecución cerca del clímax cuando se sacrifica para que Leo y Yuri puedan escapar, consiguiendo así la redención por los crímenes que cometió años atrás.

Sakurako Konishi y Masataka Kubota. Imagen de Signature.

Miike le imprime una energía implacable a cada secuencia de la película. La más significativa es, la climática confrontación que tiene lugar en los interiores de un supermercado cerrado, donde Leo y Yuri intentan salir vivos de una guerra a muerte entre las dos pandillas y su primera cita termina en un baño de sangre con la llegada de los agentes policiales. Hay persecuciones, tiroteos sangrientos, duelos de espadas, decapitaciones, desmembramientos con un toque cómico y hasta una escena de escape ejecutada con una animación muy colorida. Con una metáfora pone al amor por encima de la violencia. El montaje es muy acertado cuando emplea los tiempos alternativos y el tratamiento de la elipsis para contar las contrariedades de esos individuos en tan solo un día, así como la analepsis que acentúa los traumas remotos. Quizá por tratarse de una historia de amor nunca llega a alcanzar la cuota de violencia exagerada de sus otras obras, pero lo cierto es que no deja de impactarme en ninguna escena por el carácter absurdo y frenético de su relato pulp. Tomando el título de forma literal, se trata más bien de un homenaje al cine yakuza que es, más que nada, el primer amor del director japonés. 

Ficha técnica
Título original: Hatsukoi
Año: 2019
Duración: 1 hr 48 min
País: Japón
Director: Takashi Miike
Guion: Masa Nakamura
Música: Kôji Endô
Fotografía: Nobuyasu Kita
Montaje: Jonathan Morris
Reparto: Masataka Kubota, Shôta Sometani, Nao Omori, Jun Murakami
Calificación: 7/10


Tráiler de la película

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