El rey (2019)

No logro cautivarme con casi nada de lo que veo en 'El rey', el drama histórico del director australiano David Michod. Me parece aburrido. Sus dos horas y media se me hacen insufriblemente largas, a tal punto que hago pausas momentáneas para ir a la cocina prepararme un sándwich. Regreso y no pasa nada. No me queda más remedio que ver la hazaña del monarca que interpreta Timothée Chalamet. Se ambienta en Inglaterra durante el siglo XV y cuenta la historia de Hal, un príncipe algo caprichoso que, luego de la muerte de su tiránico padre y la de su hermano en una batalla, abandona la vida entre la plebe para asumir el trono como Enrique V, cuyas responsabilidades reales lo llevan a enfrentarse al ejército de los franceses en la batalla de Azincourt, a pesar de que rechaza en todo momento la vía de las armas y la violencia innecesaria. Como estoy cansado de leer la historia real del soberano durante la guerra de los Cien Años y su representación en las obras shakesperianas, lo que veo no supone ninguna sorpresa, me resulta previsible, en la típica trama donde el conflicto se resuelve por la ley de la espada para destapar de por medio un argumento sobre la traición, la lealtad y las maquinaciones palaciegas del poder en las altas esferas de la nobleza. Reconozco, no obstante, una interpretación creíble de Chalamet como el rey que ejerce el liderazgo con frialdad, aunque su presencia me deja tan indiferente como su mirada; prefiero la actuación secundaria de Joel Edgerton como Falstaff, el estratega sagaz y reservado. Aunque las secuencias de batalla no me emocionan y carecen de fuerza, observo autenticidad en el vestuario y la reconstrucción del período, además de una acertada música. El resto es demasiado plano para mencionarlo. Es una épica rutinaria.

Calificación: 5/10

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