Slacker (1990)

El término slacker, según el diccionario, es un anglicismo que hace referencia a una persona que carece de ambiciones y evade las responsabilidades. En el buen sentido de la palabra, se trata de un holgazán. Slacker es también el título de la segunda película de Richard Linklater como guionista y director. Filmada en 16mm con un presupuesto diminuto, es un comedia dramática con la que Linklater imprime por primera vez los semblantes de su estilo, encuadrando con travellings meticulosos a personajes diversos que hablan de la cotidianidad mientras caminan por las calles. Por más que su estructura me parezca novedosa desde un punto de vista formal, no me cautiva la vida de esos personajes que presenta en un simple día en Austin, Texas. La cámara sigue a los protagonistas, en su mayoría son jóvenes inadaptados de la generación X, mientras conversan con extraños o con conocidos que se encuentran por las vías. Las conversaciones duran pocos minutos. Ninguno permanece en la misma escena y a veces el último en aparecer comienza la siguiente, en una especie de círculo de causalidad que funciona como enlace de continuidad. El collage de personajes en un principio me pone a pensar cuando sus coloquios abordan temas como la historia política, al anarquismo, la filosofía existencial y las teorías conspirativas, en el que destaco el diálogo introductorio de Linklater como el pasajero que filosofa en el taxi, el aficionado a los ovnis y la chica que vende la prueba de Papanicolaou de Madonna. Pero al rato me fatiga la repetición insistente de los perezosos marginados, de personajes vacíos y molestamente apáticos que son tan planos como la superficie de una hoja en blanco. No hay ningún tipo de vigor en sus acciones. Creo que su discurso sobre la exclusión, la libertad y la condición social es interesante, pero es una película de culto con una narrativa algo baladí.  

Calificación: 5/10

0 comentarios:

Publicar un comentario