Crítica de 'Estación zombie 2: Península': una tontería de zombis

El director de 'Train to Busan' regresa al experimento de terror de zombies con una secuela defectuosa y aburrida que nunca llega a ser entretenida.

Estación Zombie 2: Península

Hace ya unos cuatro años que se estrenó Tren a Busan, la película de acción y terror del cineasta surcoreano Yeon Sang-ho. Fue la primera película live-action de Yeon, pues antes del estreno era conocido por ser director de películas animadas. No recuerdo el momento exacto en que la vi, pero todavía me invade esa sensación de pánico y de tensión cuando pienso en su argumento de terror posapocalíptico de zombis que se gesta en las entrañas de un tren con destino al otro mundo, en donde un padre de familia y su hija buscan escapar a toda costa del expreso de los muertos vivientes. En cierta medida es entretenida, y revitaliza ese subgénero desgastado del horror de zombis. Aunque parece una simple película de terror zombi, tiene ciertas lecturas sociopolíticas sobre los estereotipos diversos que predominan en la sociedad surcoreana, algo que Yeon había explorado previamente en la irregular ‘Estación zombie: Seúl”, la precuela animada que presenta el origen de la horrífica epidemia de zombis en forma de parábola social. Desde entonces, el director se mantiene aferrado a la construcción de un universo cinematográfico de zombis. 

Estación zombie 2: Península es la última película en el catálogo de terror de zombis de Yeon, en la que experimenta nuevamente con las figuras guturales adictas a la luz del día. Estaba programada para estrenarse en el Festival de Cine de Cannes, pero debido a la pandemia del coronavirus el festival se canceló y terminó exhibiéndose primero en otras regiones. Desconozco las intenciones de Yeon para expandir la saga. Pero a juzgar por lo que veo, su necesidad solo se sustenta en la taquilla fácil. Es una película de acción y terror que sufre de la maldición de las secuelas, un producto fútil de zombis que abandona cualquier rastro de sustancia con una narrativa apresurada y unos personajes desechables tan blandos como la arcilla. Se aleja totalmente del estilo que hizo tan genial a la predecesora. Pese a los efectos visuales y algunas secuencias de acción que son decentes, no consigue emocionarme en lo más mínimo y percibo de inmediato que la distopía posapocalíptica es un pastiche muy evidente entre Escape de Nueva York y Mad Max



La película narra la historia de Jung Seok (Gang Dong-won), un capitán de la marina que conduce un vehículo junto a su hermana mayor, su esposo Chul-min (Kim Do-yoon) y su sobrino Dong-hwan (Moon Woo-jin), con el fin de llegar a un barco de refugiados que les permita salvarse. En el camino, se topa con una familia que le implora que se lleva a su pequeña hija, pero los ignora por temor a que estén infectados y contagien a los suyos. En el interior de la embarcación, un hombre enfermo se convierte en zombi y contamina a numerosos pasajeros, incluyendo a su hermana y su sobrino. Jung, profundamente afectado, los ve morir de lejos al lado de su cuñado Chul-min. Cuatro años después del fatídico evento, Jung deambula por las calles de Hong Kong, atormentado psicológicamente por no poder salvar a sus seres queridos. Sin embargo, su vida cambia cuando es contratado por unos mercenarios hongkoneses para recuperar un botín de millones de dólares oculto en un camión abandonado en la península en cuarentena de Corea.

Durante la operación nocturna, Jung y su equipo hallan la furgoneta inerme cargada de las bolsas que contienen las papeletas. Sin embargo, en el instante en que son perseguidos por los zombis también son emboscados por una milicia rebelde dirigida por el sargento Hwang (Kim Min-jae), un psicótico y megalómano jefe del sector. En una carrera que termina en una lluvia disparos, la furgoneta se accidenta y Jung se separa del grupo, dejando que Chul-min sea capturado y el resto de la escuadra sea acribillada por la pandilla de Hwang. 

Gang Dong-won como Jung-seok
Gang Dong-won como Jung-seok. Fotograma de Next Entertainment World.

De ese modo, un montaje de tiempos alternativos segmenta los problemas de los personajes para extender el relato innecesariamente. Jung-seok es rescatado por unas jovencitas que son conductoras agresivas, y en la guarida se da cuenta de que la madre de ellas, Min-Jung (Lee Jung-hyun), es la mujer que años atrás le pidió ayuda en la carretera, aunque no lo dice porque necesita de su auxilio para socorrer a Chul-min, recobrar el dinero del camión y huir de la península en el buque los espera en el puerto de Incheon. Chul-min, en cambio, es obligado a participar en un juego macabro del sargento Hwang en el que los prisioneros encerrados en una celda deben sobrevivir una ola de zombis para la satisfacción personal del público amoral. Y dos de los subalternos de Hwang, el asustadizo cabo Kim (Kim Kyu-baek) y el despreocupado capitán Seo (Koo Kyo-hwan), descubren las mochilas con el dineral en efectivo dentro del furgón y secretamente ejecutan un plan para robárselo escapando de la península aprovechando el desconocimiento del superior. Al final, todos comparten la intención de fugarse de la isla de la codicia, sobreviviendo por todos los medios a una corrida acelerada y una balacera constante, en un terreno baldío atiborrado de una horda de zombis mortíferos que acechan en cualquier lugar.  

Kim Do-yoon como Chul-min
Kim Do-yoon como Chul-min. Imagen de Next Entertainment World.


La trama no ofrece muchas sorpresas con la supuesta misión suicida para encontrar la fortuna extraviada, en la mayoría de las escenas todas las acciones de los personajes son, a mi parecer, demasiado previsibles, cargadas de motivaciones que, a pesar tener cohesión, nunca dejan de ser superficiales. Es hasta ridícula la ingenuidad de los antagonistas para descifrar lo que pasa. El detonante compuesto por el robo del dinero es un mecanismo narrativo tan insignificante como innecesario, pero funciona, supongo, para que el protagonista pueda redimirse en la climática persecución que acaba en los alrededores del muelle con el avaricioso Seo, donde salva a una herida Min-jung de los zombis que los persiguen y elimina la culpa que lo abrumaba en silencio, logrando, dicho sea de paso, una alegoría moral muy trillada sobre las consecuencias de la avaricia y la valorización de la solidaridad, cosa que, imagino, encaja cuidadosamente en estos tiempos en que la sociedad se desmorona a pedazos por causa de una peste.    

Estación zombie 2: Península


No sé si a estas alturas el director de The Fake y Psychokinesis pretende seguir expandiendo inútilmente su franquicia de terror de zombis surcoreanos, pero me parece que no va para ninguna parte si sigue atravesando esta ruta tan facilona. Su película es decididamente aburrida, poblada de personajes momificados, de persecuciones fatigosas que se resuelven atropellando hordas de zombis (exceptuando la del clímax a contraluz), de un villano de cartón que es malo sin ningún motivo aparente. Alcanza cotas cercanas a la serie B. Es una secuela un poco torpe para mi gusto. 


Ficha técnica
Título original: Train to Busan 2
Año: 2020
Duración: 1 hr 55 min
País: Corea del Sur
Director: Yeon Sang-ho
Guion: Yeon Sang-ho, Ryu Yong-jae
Música: Young-gyu Jang
Fotografía: Lee Hyung-deok
Reparto: Gang Dong-won, Lee Jung-hyun, Lee Re,
Calificación: 5/10

Tráiler de la película


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