Crítica de 'La vida ante sí': retorno liviano de Sophia Loren

En su tercer largometraje como director, Edoardo Ponti filma de nuevo a la eterna Sophia Loren en un cuento acomodaticio sobre inmigración, amistad y maternidad. Es un regreso aceptable de la estrella del cine italiano. 


La vida ante sí


Si no me equivoco Sophia Loren, una de las grandes actrices de la segunda mitad del siglo XX y de las últimas leyendas vivientes del cine clásico de Hollywood, tenía aproximadamente más de diez años sin estelarizar un largometraje. Sus apariciones se han reducido a retiros y regresos esporádicos, breves, discretos. En la década pasada solo apareció en una película de TV italiana y en un cortometraje dirigido por su hijo Edoardo Ponti, basado en una obra de Jean Cocteau. En el 2014, recibió el premio a la trayectoria del American Film Institute. También ha estado presente en premiaciones como los Óscar y los Globo de Oro, siempre preservando el glamour y la belleza por la que ha sido conocida. Su distanciamiento con el cine parece irrevocable. Sin embargo, a su avanzada edad todavía demuestra que posee la vitalidad suficiente para hacer un último regreso a la gran pantalla, aunque esta vez el adiós parece que es definitivo.

La eterna diva de 86 años regresa a las órdenes de su hijo Edoardo en La vida ante sí, un melodrama que se ha estrenado recientemente en la plataforma de streaming de Netflix. Lo pude descubrir hace unos cuantos días y me interesaba verlo porque, a mi juicio, posiblemente se trata de la carta de despedida de Loren. Mis razones para reseñarla son netamente históricas. Porque no creo que la actriz regrese nuevamente al cine después de esta. Como drama, tiene un arranque que me entusiasma con las interpretaciones notables de Loren y del pequeño Ibrahima Gueye, pero lentamente atraviesa un terreno convencional, previsible y redundante que le remueve todo el vigor con el que inicia la crónica del niño inmigrante que rememora los días en que una prostituta octogenaria lo cuidaba como si fuera su madre; algo que funciona momentáneamente, digamos, para acentuar metáforas subterráneas sobre la inmigración, los vínculos familiares y los duros golpes que da la vida, con un estilo visual que elabora una especie de homenaje al neorrealismo italiano. 


Sophia Loren e Ibrahima Gueye. Imagen de Netflix.


La película relata la historia de Momo (Ibrahima Gueye), un chico que en su condición de inmigrante senegalés, se encierra a llorar en los interiores de un sótano. En un principio no se sabe el porqué, pero por medio de un delicado racconto describe su experiencia como delincuente, recorriendo las calles de una costa de Italia para robar los objetos valiosos que se encuentra por allí. Un día le roba el bolso a una señora que anda por la calle y huye despavorido para que no lo agarren. En la casa, donde es acogido por el noble Dr. Coen (Renato Carpentieri), es obligado a devolver las pertenencias a la señora porque esta es, por casualidad de la vida, Madame Rosa (Sophia Loren), una vieja amiga del doctor. Él se disculpa con ella, a pesar de que ella se muestra molesta por lo que le pasó. En ese instante, el doctor Coen le propone a Rosa que se haga cargo del chiquillo, ya que él está demasiado viejo para cuidarlo y ella proporciona cuidado infantil a los huérfanos y a los hijos de prostitutas. Acepta acogerlo a regañadientes.


Sophia Loren y Iosif Diego Pirvu. Foto de Netflix.


El lazo maternofilial entre Madame Rosa y Momo tarda un tiempo en desarrollarse porque sus personalidades son volátiles y evidentemente similares. Rosa es una mujer terca, directa, flexible, que antes era una prostituta y ahora en la vejez oculta un pasado trágico que no deja de atormentarla, quedando a veces en un estado de shock cuando recuerda los horrores que vivió en el Holocausto. Momo, en cambio, es un niño rebelde, espontáneo, bondadoso, cuya verdadera madre murió en manos de su padre y está dispuesto a hacer lo que sea con tal de mejorar su difícil situación socioeconómica, incluyendo la venta de drogas de un traficante local que lo pone a ganar dinero fácil. En medio de la crianza dificultosa, se aparece como mediadora una prostituta transexual llamada Lola (Abril Zamora), que comprende los estados de ánimo de Rosa y la ayuda a orientar a los niños que tiene a su cargo. Momo también se adapta haciéndose amigo de Iosif (Iosif Diego Pirvu), un niño indio que también está bajo la protección de Rosa. Cuando se revela el terrible pasado, el vínculo florece porque al parecer comparten las consecuencias del abandono, el sufrimiento y la muerte. El dolor y la confianza los une. Y poco a poco Madame Rosa entiende al muchacho hasta tratarlo como si fuera su propio hijo y Momo, por el contrario, la ve a ella como la madre que extraña.


Ibrahima Gueye como Momo. Fotograma de Netflix.


No creo que se trate de una de sus mejores actuaciones, pero Loren, en el ocaso de su carrera, me resulta orgánica y convincente comunicando, con sus facultades expresivas, el calvario interno de esa anciana tolerante que se refugia en el sótano para calmar el trauma y que solo desea orientar al niño que le da problemas, en una actuación que aparentemente evoca referencias y rastros palpables de algunos de sus roles de antaño cuando se enfada, cuando llora y cuando se ríe. Su presencia tiene un peso sustancial que amplifica la carga dramática de algunas escenas. A ella se suma el pequeño Gueye como el chaval enérgico que necesita de la afectividad maternal para tranquilizar su naturaleza inquieta. Los personajes que ellos interpretan tienen atributos interesantes que de alguna manera me llaman la atención durante las primeras escenas, sin embargo, no puedo evitar sentir una sensación de abulia en la segunda mitad cuando la redundancia arropa irremediablemente sus acciones hasta dejarme aburrido, con elementos facilones y un sentimentalismo burdo que jamás llega a mover mi fibra sensible.


Ibrahima Gueye y Sophia Loren. Imagen de Netflix.

 
Ponti los encuadra en una puesta en escena en la que abundan mayormente unos planos placenteros, picados que capturan la vulnerabilidad de los protagonistas, una subjetividad que retiene el punto de vista de Momo, la música diegética que sale de los audífonos del chico y el uso apresurado de la elipsis para señalar los momentos más importantes de la confraternidad entre la doña y el niño. El problema fundamental es que su estética hace muy poco o nada para corregir los defectos narrativos. Sus personajes se ablandan como el pan y pierden fuerza expresiva al solventar sus contrariedades. Deja su desarrollo a medias. Coloca secundarios que son inútiles. Los pone a dar demasiadas vueltas y pronto me canso de ver a Momo traficando narcóticos, discutiendo con Madame Rosa, jugando con los otros chavales, montando bicicleta por la ciudad para ser feliz, o hasta asistiendo a la clase de moralidad del señor que le da trabajo en una tienda de comestibles. Me espanta la cantidad de azúcar que le añade al argumento, aunque por suerte no soy diabético y lo digiero hasta el final lacrimógeno en el que solo siento un alivio al saber que todo ha terminado.

Anteriormente la historia de esta película, que está basada en la novela de Romain Gary, había sido llevada al cine en 1977 con el título de Madame Rosa, protagonizada por la gran Simone Signoret. En esta ocasión se cambian algunas cosas para que la adaptación funcione modestamente en estos tiempos que corren al tocar temas como la desigualdad a la que se enfrentan los inmigrantes ilegales y la amistad que rompe la cadena del prejuicio. Pero, sobre todo, para que la legendaria estrella del cine italiano resplandezca en una última oportunidad. Eso lo agradezco infinitamente. A decir verdad me regocija ver de nuevo a la protagonista de Dos mujeres, de De Sica. Pero desafortunadamente no consigue el efecto deseado, a pesar de las buenas intenciones. No hay nada remotamente conmovedor en el resultado. 


Ficha técnica
Título original: The Life Ahead (La vita davanti a sé)
Año: 2020
Duración: 1 hr 35 min
País: Italia
Director: Edoardo Ponti
Guión: Ugo Chiti, Edoardo Ponti, Fabio Natale
Música: Gabriel Yared
Fotografía: Angus Hudson
Reparto: Sophia Loren, Ibrahima Gueye, Renato Carpentieri, Abril Zamora,
Calificación: 6/10


Tráiler de la película


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