Crítica de 'Fragmentos de una mujer': tragedia y dolor reprimido

En su debut anglosajón, el director húngaro Kornél Mundruczó narra una historia dura y triste sobre una mujer que cae en un abismo emocional. 


Fragmentos de una mujer


La primera imagen que aparece en Fragmentos de mujer es la de un gran plano general en la que se observa, en el centro de la composición, las dos columnas inacabadas sobre una base en lo que parece ser un puente en construcción a orillas de un río. Detrás de los pilares se aprecia también dos grúas mecánicas alineadas en conjunto, como si estuvieran custodiando algo. En la parte superior de las grúas, un ligero intertítulo surge en medio de estas y el cielo grisáceo para señalar una fecha entre los dos objetos: 17 de septiembre. A simple vista uno pensaría que no hay ningún significado, pero a mi modo de verlo está más que claro que se refiere al vínculo fracturado de dos personas y la imposibilidad de que se pueda reparar ante el trágico destino que les espera. Si penetramos un poco más en el núcleo de la imagen, dichas columnas se pueden transcribir como una radiografía del útero femenino, la matriz de la concepción, una que se halla en una fase constante de reconstrucción. Esa imagen es como si fuese la espina dorsal de las representaciones de la película, el preámbulo de lo que se desencadena durante dos horas que marcan el debut en el cine anglosajón del director húngaro Kornél Mundruczó.

Partiendo de ese concepto, la película de Mundruczó, estrenada en el pasado Festival Internacional de Cine de Venecia, me conmueve en algunos momentos cuando dialoga de manera muy intimista con tópicos como el duelo, la pérdida y el dolor reprimido de una mujer, los cuales son capturados con una gran actuación de Vanessa Kirby que me hace pensar de inmediato que su estrella en el paseo de la fama de Hollywood está asegurada. Hace menos de un año, ya me daba la impresión de que ella tenía un potencial oculto como actriz. Y tal parece que no me equivocaba. En Venecia, Kirby ganó la Copa Volpi a la Mejor Actriz. Muchos coinciden en que es su mejor actuación. Yo estoy de acuerdo. Cuentan que la historia del personaje que interpreta Kirby en parte fue escrito a partir de las experiencias de la guionista, Kata Wéber, la esposa del director, quien escribió el guión basándose en el duro episodio de haber perdido a su hijo por causa de un embarazo frustrado. Esos componentes, distribuidos en una sólida puesta en escena, hacen que la narración sea orgánica y bien escueta desarrollando el melodrama de una mujer que está a punto de dar a luz.


Shia LaBeouf y Vanessa Kirby. Imagen de Netflix.


La trama comienza presentando a Sean Carson (Shia LaBeouf), un hombre que está muy entusiasmado porque su pareja, Martha Weiss (Vanessa Kirby), se encuentra en sus últimas semanas de embarazo y espera recibir una niña. Ambos son una pareja joven y tienen mucho que aprender. Él es un obrero de cuello azul que trabaja en la construcción del puente que acabo de mencionar; ella en cambio es una ejecutiva de una empresa. No parecen hechos el uno para el otro, pero demuestran un apego incondicional por la bebé que esperan. La madre de Martha, la adinerada señora Elizabeth (Ellen Burstyn), les compra una minivan para dar inicio a la festividad, aunque en el fondo también lo hace para opacar al pobre nuero de clase obrera. En la casa, un pequeño sobreencuadre muestra a una embarazada Martha sentada de espaldas a la entrada de la puerta, observando la cama la posible criatura y el cuadro de imágenes ultrasonido colgado en la pared del cuarto de niños, meditando sobre la llegada de la maternidad.

A través del encuadre móvil y de un prolongado y meticuloso plano secuencia de casi media hora en los interiores del hogar, da por comenzada la noche del nacimiento, donde Martha tiene contracciones que anuncian el parto inminente. Cuando Martha rompe fuente, un nervioso Sean llama a la comadrona, Barbara, pero ella no se encuentra disponible, por lo que envía en su lugar a Eva (Molly Parker), una partera recomendada que tiene el nombre simbólico de aquella figura bíblica que da el fruto prohibido. Se respira tensión en el ambiente. Martha lucha contra el dolor, las náuseas y los eructos repentinos. La partera llega y la atiende rápidamente. Hay incomodidad, griterío, nerviosismo. La colocan en la bañera para tratar de calmar su ansiedad, mientras se abraza cariñosamente junto a Sean. Ya en la cama puja con todas sus fuerzas con la motivación que le da Eva para acelerar el proceso del parto. Aun colocándose en otra posición, el ritmo cardíaco de la niña presenta deficiencias y la preocupación se incrementa. Por el sufrimiento fetal, Sean, víctima del pánico, llama a emergencias. Inhalando y pujando, finalmente se escuchan los gritos de la bebé recién nacida que se ve saludable. La partera confirma que se escucha bien. Martha la carga entre sus brazos con una sonrisa de regocijo. Pero en el momento en que un sobreencuadre ostenta a una aliviada Eva frente a tres espejos que personifican su intranquilidad, se apertura una tragedia cuando la neonata padece el síndrome del bebé azul (tetralogía de Fallot) por la falta de oxígeno y trata de revivirla. Los paramédicos llegan, pero no pueden hacer nada. Es demasiado tarde. Fuera de campo, sufre un paro cardíaco y muere. Las sirenas de la ambulancia alumbran el peligro. Se funde a negro.


Molly Parker y Vanessa Kirby. Fotograma de Netflix.


Luego de ese detonante, la narrativa de la película se concentra en mostrar, con sobriedad y cierta melancolía, los episodios grises de la pareja cuando tratan de recomponer sus vidas para seguir adelante y luchar contra los lapsos emocionales provocados por el duelo. Y sus problemas me conmueven cuando visitan al médico forense para conocer los detalles del deceso prematuro, discuten sobre demandar a la partera por irresponsabilidad ética, caminando por las calles solitarias viendo la felicidad de los otros padres con sus hijos, anhelando tener un nuevo bebé que agote toda su cuota de placidez, planteando tomar la decisión de donar el cuerpo de la bebé a la ciencia, sosteniendo peleas acaloradas en la habitación del infante, atestiguando la huida de los deseos sexuales que apagan lentamente el fuego de la relación, contratando a una abogada para que la demanda sea lucrativa, chocando con las ideas conservadoras de la abuela, cometiendo adulterio, abriendo el camino hacia la separación inevitable. La que más sufre, aparentemente, es Martha, aunque sabe disimularlo. 


Vanessa Kirby y Ellen Burstyn. Imagen de Netflix.


Mundruczó no modela a Martha como una mujer débil y vulnerable de esas que se ponen a llorar hasta agotar una caja de pañuelos de Kleenex, sino, por el contrario, como una mujer fuerte, de mirada taciturna, que oculta bajo su rostro inexpresivo sus temores intrínsecos y el desasosiego producido por el duelo que la ata emocionalmente a los demás. Atraviesa dos etapas fundamentales de transformación luego del parto fallido. En la primera se le ve casi siempre distante, reservada, sufriendo internamente, vistiendo con atuendo rojizo que refleja claramente el valor que tiene para enfrentar la pesadumbre y el enojo interno que anhela escapar hacia la superficie, tolerando las quejas y los abusos de Sean, soportando las decisiones que su madre ejerce sobre su persona, visitando las tiendas de comestibles para comprar y comer manzanas tan rojas como la sangre que corre por sus venas, observando el show mediático de gente que pide a gritos que la partera se pudra en la cárcel. En la segunda empieza a valorar la vida equilibrando sus pensamientos (figurado por el color azul) y aprende a valerse por sí misma, independizándose del cónyuge inseguro que se acuesta con la abogada y de la madre manipuladora para decidir la suerte de los restos de su bebita y, por encima de todo, poniéndose del lado de la justicia para exculpar a Eva. Su cuento, es el de una mujer fragmentada que poco a poco recompone las piezas que faltan en su vida.

La actuación de Vanessa Kirby es, si no me equivoco, lo que sostiene la dimensión dramática de la película cuando comunica la carga emocional de Martha. Su autenticidad me resulta emotiva. No hay una sola escena en la que su desgracia no me parezca natural cuando camina, llora, conversa, mira con los enormes ojos azules y grita del dolor. Su compromiso físico me deja sin palabras en la escena del parto y en la escena en la que solloza mirando la fotografía de su recién nacida. Se siente muy creíble. Es capaz de proyectar simultáneamente la decepción, la frustración silenciosa y la angustia del personaje. Me atrevo a decir que es la mejor interpretación en su corta trayectoria como actriz. Está acompañada por roles secundarios notables de Shia LaBeouf como el esposo indeciso, y Ellen Burstyn como la matriarca controladora con el pasado funesto. 


Vanessa Kirby como Martha. Imagen de Netflix.


Ese personaje que interpreta Kirby le sirve a Mundruczó para construir un comentario muy discreto sobre la pena, visible en la desintegración de la pareja y el desconsuelo de la protagonista, pero al observar detenidamente me encuentro con otros textos relacionados a la fertilidad y la fuerza de concepción de la mujer, como si se tratara de un árbol que pone sus frutos durante varias temporadas. Esto es evidente en las escenas en que ella come manzanas y recolecta las semillas en el refrigerador hasta que brotan raíces. Las manzanas son de color rojo, al igual que el vestuario que lleva en ocasiones. El color rojo significa vida, amor. Las manzanas se refieren a la discordia, la paz interior y el renacimiento. Las sutiles panorámicas del puente en construcción a lo largo de los meses amplifica la metáfora. Por lo tanto, Martha cambia a medida que adquiere la confianza necesaria para discrepar con los prejuicios de los demás y aceptar la idea optimista de que puede todavía engendrar otra niña, palpable con mayor calado cuando esparce las cenizas de su hija en el río y, también, en la escena del epílogo en la que, años después, vestida de azul (anhelo, equilibro) ayuda a bajar de un árbol de manzanas a su pequeña hija mientras ruedan los créditos, consiguiendo, en efecto, lo que tanto deseaba.
 
Aunque percibo una caída minúscula de ritmo en la segunda mitad y de un tono moralista algo elemental, la película mantiene mi sensibilidad durante las dos horas en la que esclarece su relato íntimo y desgarrador sobre una mujer que se superpone a lo peor. No solo por el desempeño actoral, sino, además, por esa narración densa que encubre, debajo de la simplicidad, significados diversos sobre el verdadero poder de una mujer: crear vida. Mis ojos amenazan con humedecer mi cara cuando escucho la música melancólica y empática del gran Howard Shore. Pero se secan cuando veo el final feliz y esperanzador. Al menos eso no me quita el interés. Es un buen drama de Mundruczó.


Ficha técnica
Título original: Pieces of a Woman
Año: 2020
Duración: 2 hr 08 min
País: Estados Unidos
Director: Kornél Mundruczó
Guión: Kata Wéber
Música: Howard Shore
Fotografía: Benjamin Loeb
Reparto: Vanessa Kirby, Shia LaBeouf, Ellen Burstyn, Molly Parker, Iliza Shlesinger, Jimmie Fails,
Calificación: 7/10

Crítica de la película 'Fragmentos de una mujer', dirigida por Kornél Mundruczó y protagonizada por Vanessa Kirby y Shia LaBeouf. 

Tráiler de la película




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