Crítica de 'Nomadland': viajes de una nómada solitaria

En su tercer largometraje, la directora Chloé Zhao relata una historia emotiva y melancólica sobre una mujer que se convierte en una nómada de carretera. 


Nomadland


Hace cuatro años atrás recuerdo que la directora Chloé Zhao, en una entrevista para la revista Vogue, comentaba su encanto por el viejo oeste norteamericano. “Tengo una obsesión con el viejo Oeste”, dijo con mucha tranquilidad. De esa fascinación dirigió su debut como directora, Songs My Brothers Taught Me. Y más adelante lo amplificó rigurosamente en su segundo esfuerzo, El jinete, un western contemporáneo que casi me saca lágrimas con su retrato austero y conmovedor de un vaquero que queda incapacitado para montar a caballo luego de un accidente y que, de alguna manera, emprende un viaje por el oeste estadounidense para buscar una nueva identidad, a pesar de que en el camino solo halla desasosiego, frustración y una inseparable pasión hacia los caballos y el rodeo. Son películas habitadas por caballos, gente perdida en planicies, paisajes hermosísimos a merced del ocaso y una mescolanza discreta de documental y ficción. Fue entonces cuando me di cuenta que su poética del viaje no solo refleja el carácter identitario de su cine con personajes rotos que anhelan encontrar las respuestas perdiéndose en los páramos desérticos, sino que, además, también le sirve para reinventar los mecanismos genéricos y la mitología que envuelve el western con el fin, supongo, de contar historias de los sujetos que en la actualidad habitan esos lugares y pertenecen a una clase social desfavorecida.

Esto lo reafirmo nuevamente tras ver Nomadland, el tercer largometraje de Zhao en suelo norteamericano que trata, precisamente, de una viuda de 60 años que vive en su camioneta y se desplaza viajando por el oeste estadounidense para olvidarse de la miseria. El guion lo firma Zhao, basándose en el libro de no ficción Nomadland: Surviving America in the Twenty-First Century, escrito por Jessica Bruder. Tuvo su estreno en el pasado Festival Internacional de Cine de Venecia, donde ganó el León de Oro a la mejor película. Entiendo que ha maravillado a muchos críticos que la catalogan como algo excelente. A mí, contrariamente, me parece una muy buena película, nada fuera de lo ordinario. Tiene panorámicas bellísimas, así como un ritmo contemplativo que toca mi sensibilidad cuando aprecio la estupenda actuación de Frances McDormand. Lo más cautivante, a mi parecer, es que adquiere la forma de un western contemporáneo que mezcla el documental y la ficción, pero también se presenta como un drama de carretera que dialoga de manera sutil con tópicos como la soledad, la independencia y los duros efectos de la recesión económica sobre personas obligadas a vivir como nómadas por las carreteras para descubrir el significado de la autosuficiencia a lo largo de los espacios abiertos. 


Frances McDormand. Fotograma de Fox Searchlight Pictures.


La película se ambienta en 2011, en la localidad de Empire, Nevada, y narra la historia de Fern (Frances McDormand), una mujer de unos 60 años que pierde su empleo tras el cierre de una planta de yeso en la que ha laborado durante años debido al colapso económico de 2008. Su esposo, que también trabajaba en la factoría junto a ella, falleció recientemente. Impulsada a renunciar a sus bienes materiales por la etapa difícil, vive en la parte trasera de una furgoneta recién comprada y, sin mucha prisa, decide viajar por el país para tratar de localizar su lugar en medio de la marginación que la afecta. Acepta trabajos de cuello azul, incluyendo un servicio temporal como empacadora en un centro logístico de Amazon durante el invierno, o lo que sea que le permita ganarse la vida honradamente por su situación socioeconómica. Un día, una amiga y compañera de trabajo llamada Linda (Linda May) la invita a pasarse unos días en un asentamiento nómada en el desierto organizado por un tal Bob Wells (Bob Wells), el cual brinda apoyo moral y alimento a los que están en una precariedad similar. Aunque ese muestra circunspecta a quedarse, luego cambia de opinión y se establece junto a la comunidad de nómadas, aprendiendo en el trayecto a sobrevivir por sí misma. 


Frances McDormand como Fern. Foto de Fox Searchlight Pictures.


Fern no es ostentada como una mujer frágil y dependiente, sino, al contrario, como una mujer con una personalidad fuerte, taciturna, magnánima, que busca un poco de libertad y de felicidad efímera transitando por las autopistas desoladas y las llanuras adornadas de montañas neblinosas. A mí me cautiva verla interactuando con otros nómadas que narran sus fatídicas experiencias, haciendo sus necesidades básicas en el pasto o en la camioneta, reemplazando el neumático de su furgoneta gracias a su amiga Swankie, visitando distintos campamentos de nómadas, realizando labores comunitarias como si fuera una misionera, trabajando en restaurantes de comida rápida o en fábricas, sintiendo una atracción por su colega David (David Strathairn), emancipándose en una naturaleza que le produce una calma ante la tempestad que la rodea. Es posible que antes de perderlo todo era una persona que dependía de su marido para tomar decisiones, pero cuando este murió se vio forzada a elegir una ruta que la ayudase a olvidar. De ese modo, su camioneta es su refugio, donde canta y reflexiona aprovechando su estadía en la inmensidad del campo. Su viaje se transforma en una especie de catarsis que la ayuda a sanar las heridas del pasado mientras es absorbida por el medioambiente y por desconocidos que, a pesar de las contrariedades, son tan afables y honestos como ella.

No hay ningún tipo de fisura en la actuación de McDormand como Fern. Me atrevo a decir que es una de las mejores interpretaciones de su carrera y, sin lugar a dudas, garantizo una nominación segura a mejor actriz en los Oscars. No me sorprendería si ganase su tercero. De una forma orgánica y muy contenida transmite el calvario interno de esa nómada con el lenguaje corporal, los silencios, la mirada serena y la expresividad mesurada que bajo el rostro feliz oculta el dolor áspero originado por la pérdida y la inestabilidad socioeconómica. Imprime el relato sensible de una mujer que encuentra terapéutico vagar por las carreteras para reconstruir su vida. Y desarrolla una química placentera al lado de David Strathairn, quien hace de interés sentimental interpretando como secundario a un nómada servicial, sincero y algo indeciso que desea acercarse a ella, aunque esta lo rechaza para seguir con su búsqueda de autodescubrimiento. No hay una escena en la que no me resulte creíble cuando ella lucha por sobrevivir buscando trabajo desesperadamente y medita su ciclo de desdicha en los interiores de su camioneta. 


Frances McDormand. Imagen de Fox Searchlight Pictures.


Al igual que en El jinete, Zhao emplea dispositivos estéticos que le permiten señalar de una forma ingeniosa los estados de ánimo que atraviesa la protagonista durante todo su recorrido. Su estilo visual se construye una vez más con la lente de Joshua James Richards. Los más interesantes, a mi juicio, son la iluminación atmosférica que despierta mi fe por el paisaje naturalista, el gran plano general con el que encuadra el panorama del desierto y las amplias praderas pobladas por centenares de camionetas estacionadas, los planos medios que revelan la placidez y la preocupación sobre la cara de Fern y los testimonios de unos actores no profesionales que se interpretan a sí mismos, casi como si se tratara un documental sobre los nómadas reales, de un sistema fallido que desafortunadamente los obliga trasladarse de un lugar a otro para subsistir porque ni siquiera una jubilación puede protegerlos ante la incertidumbre del desempleo y la vejez. Ejecuta una colorización cenicienta y fría como los cielos nublados que comunica la lejanía, la crisis y la pesadumbre existencial de las figuras de tercera edad que componen el encuadre. Asimismo usa constantemente el color azul sobre el vestuario de Fern para evocar sus ansias de liberación, y, además cuestiones como la confianza, la paciencia, la honradez y la estabilidad que la mantiene sujeta a las vibras positivas en medio de tanto desasosiego. Lo complementa en varias escenas con un leitmotiv empático y muy melodioso del compositor Ludovico Einaudi.

Aunque no considero que la película sea una obra sublime ni mucho menos de las mejores del 2020, como dicen algunos, no deja de parecerme un cuento de carretera muy escueto sobre la libertad de la mujer y los corolarios socioeconómicos producidos por la Gran Recesión que condujo al desplazamiento de cientos nómadas, algunos de los cuales provienen de pueblos fantasmas como Empire. Tiene planos hermosos y momentos que me ponen a cavilar sobre el lado humano de las cosas al observar el viaje de esa nómada solitaria que interpreta magistralmente Frances McDormand. Su viaje en camioneta por el oeste de los Estados Unidos me atrapa y en cada parada me cuenta algo agradable sobre la vida misma, con personas verdaderas que no pierden la esperanza y se dejan llevar de las rutas menos transitadas. No me despido de ella sollozando, pero salgo convencido de que Zhao, como cineasta, es una de las renovadoras del nuevo western. Es imperdible.


Ficha técnica
Título original: Nomadland
Año: 2020
Duración: 1 hr 48 min
País: Estados Unidos
Director: Chloé Zhao
Guión: Chloé Zhao, Jessica Bruder
Música: Ludovico Einaudi
Fotografía: Joshua James Richards
Reparto: Frances McDormand, David Strathairn, Linda May, Bob Wells
Calificación: 7/10


Tráiler de la película



Crítica de la película 'Nomadland', dirigida por Chloé Zhao y protagonizada por Frances McDormand y David Strathairn.

2 comentarios:

  1. Concuerdo contigo, es una película, muy humana, hermosa, reflexiva y contemplativa pero no por ello aburrida, pero algo le falto para ser maravillosa y que me sacudiera el moco.

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    1. Por supuesto. Es una buena película, pero no la obra magistral que muchos dicen que es.

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