Crítica de 'Tenet': la paradoja del espía invertido

La nueva película de Christopher Nolan tarda un tiempo en arrancar, pero no por eso deja de ser una aventura trepidante de espionaje y ciencia-ficción. 


Tenet



Antes de haber visto el adelanto de Tenet, de Christopher Nolan, ya tenía cierto conocimiento sobre la palabra del título y, también, sobre los palíndromos. Palíndromo es una palabra que proviene del griego palin dromein, y significa algo así como ‘volver a ir atrás’. Se refiere a una palabra que se puede leer de igual forma al derecho o al revés. Sin importar el orden, sea como se lea, preserva su sentido. Su final es el comienzo y su comienzo es el final. Incluso cualquiera con un cerebro mínimamente funcional se ha topado con ellas, armando rompecabezas de palabras, descifrando crucigramas en los periódicos, mirando los costados de las cartas de los juegos de azar, haciendo encajar los fragmentos faltantes hasta formar una secuencia que se lee de la misma forma de izquierda a derecha, o viceversa. Pero al parecer, la idea de Nolan se origina del cuadrado Sator, un enigmático palíndromo que, a la fecha, nadie sabe con certeza su significado.

Esa idea es, a mi juicio, el hilo conductor que articula los engranajes de Tenet, una película de ciencia-ficción en la que Nolan edifica, visualmente, una experiencia retorcida y frenética de espionaje internacional que se estructura como si fuera un palíndromo narrativo de dualidades y retrocausalidad. Originalmente estaba pautada para estrenarse en julio de 2020, pero la pandemia frustró los intentos y se pospuso indefinidamente, hasta que los ejecutivos de Warner Bros. decidieron lanzarla mundialmente a finales de agosto de una manera escalonada en algunos países. Como no fui al pase de prensa, nunca la vi en los cines. Pude verla aprovechando que se encuentra disponible gracias a la generosidad de San Internet y, aunque en un principio detecto momentáneamente una carencia de ritmo y una ligera carga de exposición de diálogos que me impide simpatizar por las acciones del protagonista de John David Washington, me causa una impresión considerable cuando a mitad de camino construye su concepto metafísico de la inversión temporal, con unas secuencias de acción muy tensas que en todo momento llevan el sello de eso que llaman originalidad. 


John David Washington y Robert Pattinson. Foto de Warner Bros.


El prólogo presenta al protagonista (John David Washington) como un agente anónimo de la CIA que participa en una operación encubierta en un teatro de ópera de Kiev, Ucrania, que ha sido tomado por unos terroristas, donde tiene la tarea de rescatar a un espía doble y recuperar un extraño artefacto metálico en forma de cubo. En medio de una sinfonía de balas, intenta a la vez desactivar una bomba y alguien le apunta sobre su cabeza, pero es salvado por un misterioso soldado embozado que lleva un llavero rojizo sobre su mochila. Luego es capturado por unos soldados rusos que lo torturan en las vías de dos trenes que corren paralelamente en sentido opuesto. Al tomar la píldora de cianuro de su compañero, El Protagonista, convulsiona hasta fallecer. Tras el colapso, resucita en una cama luego de estar en coma, donde es recibido por su jefe, Fay (Martin Donovan), quien le dice que la misión anterior era solo una prueba para algo mayor. Acepta el encargo de una organización llamada Tenet, el cual consiste en evitar un cataclismo global desatado en el futuro por un arma que tiene la capacidad de borrar el pasado invirtiendo el flujo del tiempo.

Previo a su partida, El Protagonista visita primero a una doctora que le explica cómo funciona eso de invertir el tiempo al estudiar unas balas que tienen la entropía invertida y se mueven en dirección opuesta a través del tiempo. Le dice que todos los objetos confiscados han sido suplidos por los agentes de Tenet del futuro en una cápsula del tiempo que, en lugar de moverse hacia delante, se mueve hacia atrás, pero este sospecha que algunas balas se han fabricado en el presente, por lo que decide investigar. Rastrea el caso hasta Bombay, India, donde se une a Neil (Robert Pattinson), otro espía que parece conocerlo bien, con el fin de infiltrarse en la mansión de Priya Singh (Dimple Kapadia), una traficante de armas y miembro de Tenet. Su motivo se amplifica cuando la señora le dice que el hombre detrás de las municiones es Andrei Sator (Kenneth Branagh), un oligarca ruso que ha acumulado una fortuna cuantiosa traficando armas y obras de artes y que, figuradamente, se comunica con el futuro. Para llegar a este, se relaciona con Katherine "Kat" Barton (Elizabeth Debicki), una tasadora de arte y esposa separada de Sator que vive infelizmente, bajo una opresión patriarcal constante que la aleja de su hijo. Por lo tanto, negocia la libertad de esta a cambio de información.


John David Washington y Robert Pattinson. Imagen de Warner Bros.


Empleando algunos de los mecanismos habituales de la narrativa de espías, Nolan encuadra el viaje del protagonista con la trama típica de los thrillers de espionajes, de esas en las que el agente se la pasa viajando por ciudades para lucir trajes de Brooks Brothers, en estado de alerta y vigilancia permanente, conversando con oficiales veteranos del servicio de inteligencia británico, demostrando una lucidez palpable para hablar de varios temas, peleando con los tipos malos, estableciendo contactos que le permitan obtener información valiosa que lo acerquen al villano poderoso y su muñeca de porcelana, como si se tratara de un James Bond afroamericano preparado para una misión sin retorno. La diferencia es que incorpora elementos que transforman progresivamente la causa y los efectos de las acciones del personaje principal cuando este lucha para descubrir los secretos más recónditos de su realidad, donde en algunas ocasiones la segunda precede a la primera dentro de la misma linealidad, creando así su noción de tiempo invertido.

Nolan oculta intencionadamente el pasado del protagonista para hacer énfasis en el escalafón de su misión, como suele suceder con agentes de espionaje. Su prioridad es el desarrollo del conflicto. Aunque no hay pugna interna que se exteriorice en la superficie, exhibe a El Protagonista como un individuo introspectivo, de pocas palabras, frío como el hielo, tan seco como un Martini, peligroso como una Walther PPK, manteniendo un anonimato que lo distancia de las personas que conoce y cuya única motivación es el llamado del deber que viene del futuro, con la esperanza de encontrar un futuro alternativo para un planeta supuestamente condenado. Está bien interpretado por John David Washington, en un rol que suplanta la falta de carisma por la demanda física en las escenas de saltos, persecuciones y peleas. A su lado está una interpretación secundaria bastante mesurada de Elizabeth Debicki como la madre oprimida que desea estar junto a su hijo, así como Kenneth Branagh como el volcánico antagonista con el acento ruso.


Elizabeth Debicki y Kenneth Branagh. Foto de Warner Bros.


El problema que encuentro es que el montaje de Jennifer Lame luce algo apresurado, sin fuerza, para cohesionar el conjunto durante la primera mitad. A pesar de todo se va amplificando cuando se construyen secuencias de acción extensas y muy rítmicas que recuperan mi interés por las acciones del protagonista, sobre todo cuando a modo de preámbulo narra distintos puntos de vista utilizando montajes paralelos y de tiempos alternativos, acompañados de esa rigurosa banda sonora de Ludwig Göransson que amplía los instantes de peligro con una tensión que acelera mi transpiración.

Esas secuencias yo las clasifico en tres grandes arcos que componen el órgano revelador y más emocionante de la película. La primera es la secuencia del aeropuerto de Oslo en la que El Protagonista y Neil trabajan con el fijador Mahir (Himesh Patel) para robar el ítem de la instalación de Sator estrellando un avión que le garantiza el ingreso y, dentro de la bóveda, encuentran una máquina de la que emergen dos hombres enmascarados (uno invertido y otro normal) a los que combaten en un corredor, en los que la pelea sucede en reversa desde la óptica del protagonista. La segunda, quizá las más reveladora, es en la que El Protagonista y Neil asaltan un convoy custodiado para adquirir el plutonio en una autopista en Tallin, Estonia, pero se dan cuenta de que realmente es otro artilugio, en medio de una balacera en la que el protagonista, tras salvar a Kat, es apresado por los hombres de Sator y se revela la naturaleza insólita de la capsula del tiempo que este emplea para invertir el tiempo y moverse hacia atrás. La tercera es que le da un giro de tuerca al asunto cuando El Protagonista se invierte a través de la Turnstile (él percibe el mundo hacia atrás, aunque solo él está invertido y va hacia delante) con el objetivo de salvar a una moribunda Kat viajando una semana antes de vuelta a la infiltración del aeropuerto de Oslo para revertir su entropía, donde sorpresivamente entra a la bóveda y en los pasillos combate contra él mismo en reversa, dándose cuenta, por primera vez, que él mismo era el enmascarado invertido con el que había peleado anteriormente. 


John David Washington. Fotograma de Warner Bros.


Las acciones de los personajes funcionan como si estuviesen atrapados en un cuadrado de Sator, condenados a repetir, sin darse cuenta, el mismo palíndromo de retrocausalidad para evitar el fin del mundo. Y cada uno de ellos simboliza cada una de las cinco palabras que organizan el palíndromo del cuadrado Sator: Sator, Arepo, Tenet, Opera, Rotas. Sator es el megalómano que planta la semilla del problema y lo hace girar con el Turnstile que le provee Rotas, con el fin de ensamblar inútilmente el algoritmo que invierta la entropía global para iniciar su implosión. Arepo es nada más y nada menos que El Protagonista en un futuro lejano (llamado Thomas Arepo), encargado de contactar a Kat con el celular que él mismo le da en el presente invertido y también es la mente maestra detrás de la formación de Tenet, preocupado siempre por que todo suceda exactamente como él lo experimentó en el pasado. Opera representa el esfuerzo de El Protagonista en el presente, cuyas decisiones alteran de una manera determinista el curso de los acontecimientos desde el asedio de Kiev. Y Neil, cuyo nombre al revés es “Line” (línea en español), es una especie de Kyle Reese, el que traza la línea temporal, el hijo pequeño de Kat que nunca vemos, un viajero del tiempo que sostiene la red del bucle temporal y comprende, así como Tenet, que su misión es custodiar el recorrido de su gran amigo en todas las direcciones, estando invertido durante años para viajar hasta donde está, reinvirtiéndose mientras está invertido, arriesgando su vida para salvarlo y que la gestión sea exitosa. Rotas en este caso corresponde a Priya, científica loca que ha diseñado el Turnstile y ha viajado en ella desde el futuro para esconderla en el pasado, asumiendo la identidad de una traficante de armas, mintiendo sobre Tenet y dándole falsas pistas al protagonista para que termine eliminando a Kat y a su hijo Max (Neil) y así Sator (su subordinado) pueda sobrevivir para ejecutar el plan de invertir el mundo. El hecho de que ellos hagan lo que hacen significa que el fin del mundo nunca pasó y por lo tanto su operación fue todo un éxito. Todos están conectados como si estuvieran en un laberinto necesariamente preestablecido, un fenómeno prefijado por las circunstancias producidas.


El Protagonista. Imagen de Warner Bros.


Una de las pocas quejas que tengo de esta película de Nolan es el tiempo que tarda en arrancar por la sobreexposición, pero una vez que las piezas están colocadas en su lugar, inicia una trama laberíntica que fabrica la paradoja del espía invertido con filosofía y teorías de física, donde por lo regular el efecto precede a la causa, donde antes del problema es después del problema, donde las repeticiones sucesivas suceden en trasfondos, con unos efectos especiales que me dejan boquiabierto. No deja de parecerme entretenida, sobre todo en esa climática confrontación donde los dos equipos militares, los azules que retroceden (invertidos) y los rojos que avanzan (lineales), se enfrentan al enemigo en una batalla a contrarreloj para impedir la detonación en diez minutos. Puede que haya que revisarla dos veces para examinar a fondo el palíndromo de personajes que muestra. Su deconstrucción de la ficción de espionaje es efectista, pero se mantiene efectiva e ingeniosa durante dos horas y medias que pasan volando como una nube de polvo. Me parece una mezcolanza estupenda entre El gran truco, Interestelar y Origen. Nunca había visto nada semejante en una película de espionaje.


Ficha técnica
Título original: Tenet
Año: 2020
Duración: 2 hr 30 min
País: Estados Unidos
Director: Christopher Nolan
Guión: Christopher Nolan
Música: Ludwig Göransson
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Reparto: John David Washington, Robert Pattinson, Elizabeth Debicki, Kenneth Branagh, Dimple Kapadia, Aaron Taylor-Johnson,
Calificación: 7/10


Crítica de la película 'Tenet', dirigida por Christopher Nolan y protagonizada por John David Washington y Robert Pattinson. 

Tráiler de la película


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