Crítica de 'El hombre gris': agentes aburridos de Netflix

 Esta nueva película de acción de los hermanos Russo sigue de forma plana la tendencia de Netflix de meterse de lleno en las superproducciones con grandes estrellas. 


El agente invisible


El hombre gris, mejor conocida por el título en inglés de The Gray Man, es la primera película de acción que adapta Netflix sobre la popular saga de novelas de espionaje de Mark Greaney, autor que era colaborador de Tom Clancy y durante un tiempo continuó su legado escribiendo parte los libros de Jack Ryan. Por lo que sé, el proyecto estuvo en el infierno de desarrollo durante muchos años. La producción fue anunciada originalmente en 2011 y tenía al director James Gray listo para dirigirla con Brad Pitt en el rol principal. El papel luego fue reescrito tras la salida de Pitt, que iba a ocupar Charlize Theron como protagonista femenina. Ninguna versión se pudo concretizar y pasaron muchos años hasta que Netflix, en el afán de establecer productos clónicos de acción para contentar a los fieles suscriptores (como ya lo habían hecho con la fatigosa Misión de rescate), reanimó la producción en 2020 con presupuesto de $200 millones de dólares y el anuncio de que la dirigirían los hermanos Russo, junto a Ryan Gosling y Chris Evans como protagonistas.

No sé cómo se maneja a fondo la materia presupuestaria de las finanzas de las superproducciones del gigante del streaming, pero tras haberla visto esta semana no tengo la menor duda de que es un ejemplo de cómo desperdiciar el dinero invertido. Me parece una de las cintas más aburridas del cine de acción de la actualidad. No tiene riesgo o alguna situación de peligro que me enganche. Solo veo que refleja la ausencia de creatividad de los hermanos Russo, porque, a decir verdad, se toma dos largas horas para repetir su gira mundial de tiroteos, peleas y persecuciones al servicio de la pirotecnia mareante de agentes de la CIA que parecen copias recicladas de Jason Bourne, sin que los personajes escapen de la zona de los clichés que habitualmente son explotadas por los thrillers de espías.


Ana de Armas y Ryan Gosling. Fotograma de Netflix.



El argumento se sitúa primero en un pequeño prólogo en 2003, donde el alto funcionario de la CIA, Donald Fitzroy (Billy Bob Thorton) visita a un prisionero condenado por matar a su padre abusivo para defender a su hermano cuando era adolescente, con el fin de ofrecerle su libertad a cambio de trabajar para la CIA en un programa secreto de asesinos con el nombre código de Sierra. Luego del encuentro, sigue en 2021 a ese asesino profesional de la CIA llamado en clave como “Sierra Six” (Ryan Gosling), mientras realiza una misión en Bangkok junto a su compañera, la agente Dani Miranda (Ana de Armas), para liquidar un objetivo que es sospechoso de vender secretos de seguridad nacional, siguiendo al pie de la letra las órdenes del oficial de la CIA Denny Carmichael (René-Jean Page), de realizar la tarea sigilosamente para no causar daño colateral. La operación sale mal y procede a despachar a los militares, pero antes de eliminar al rufián en un último enfrentamiento en la azotea descubre una memoria encriptada que detalla la corrupción de su superior, que utiliza su poder en la agencia para ampliar el espectro de diabluras por el mundo y cerrar el programa Sierra iniciado por el antiguo jefe para satisfacer los benefactores que controlan todo desde las sombras. Debido a la información comprometedora, Sierra Six se convierte en un fugitivo de la CIA porque se niega a entregar el disco hasta esclarecer el asunto.


Ryan Gosling como Sierra Six. Imagen de Netflix.



La trama de espías tiene un arranque más o menos interesante porque veo en el personaje de Sierra Six el tipo de espía sinuoso, reservado y extremadamente letal que puede resolver cualquier problema con su astucia y un poco de pericia, además de que su motivación se sustenta en el pilar de la confianza y el sentido del deber para demostrar que está entrenado para asesinar. Esto es particularmente cierto cuando se niega a ser evacuado por el equipo del villano y llama su confidente Fitzroy, ya jubilado, para solicitar extracción; porque de cierta manera ve en él al padre que nunca tuvo y a su sobrina con enfermedad cardíaca como su hermana pequeña a la que debe proteger. La secuencia del avión, en la que Six se enfrenta a unos soldados, es tensa y me mantiene mínimamente sujeto del asiento. Pero luego me asalta un aburrimiento que lentamente remueve mi interés cuando el protagonista se envuelto en el dilema ético al enfrentarse en cada país europeo con una caterva de paramilitares liderado por un mercenario carismático y sociopático que responde al nombre de Lloyd Hansen (Chris Evans). El dilema ético, que consiste en rescatar a la sobrina secuestrada por el villano a cambio de pasar la memoria con la data que intenta descifrar, es lo que impulsa al protagonista a justificar el enorme conteo de muertos y destrucción que ocasionan sus acciones violentas para exterminar a los asesinos que lo persiguen porque su cabeza tiene un precio de recompensa. El caso es que los caminos por los que transita se vuelven terriblemente convencionales.





En términos generales, los hermanos Russo edifican la narración con los engranajes oxidados del cine de acción de espías, pero caen en la trampa de la rutina al colocar al agente invencible en una serie de circunstancias que no suponen para mí ningún trazo de sorpresa cuando combate contra el antagonista y sus secuaces, tocando de forma previsible el manual de Jason Bourne: balaceras repetitivas, persecuciones internacionales como guía turística, conspiraciones de la CIA, agente con el pasado oscuro que huye de mercenarios para solventar la cuestión del rescate matando a todo el que se cruce en su camino con ametralladoras, cuchillos y pistolas. De nada sirve el humor blando que adorna los diálogos como descanso entre los fuegos artificiales. Apenas tienen tiempo para dialogar y reparar la falta de cohesión interna que se debilita con cada lluvia de balas. Lo ensamblan todo sin emoción, a desganas, con un estilo aparatoso que a ratos me resulta excesivamente zigzagueante con el abuso del encuadre móvil que anda de moda y captura la acción con una cámara que vuela sobre las calles, además de emplear ocasionalmente secuencias de acción con un efectismo generado por ordenador que luce bastante pobre en los tiroteos de las avenidas de Praga por las que pasa el tranvía.


Chris Evans como Lloyd Hansen.



Los personajes están interpretados, eso sí, por un reparto central que muestra su compromiso para las escenas más riesgosas que no involucran CGI, aunque muchas veces permanecen en el territorio de los estereotipos superfluos que no añade ninguna dimensión a su desarrollo. No le veo magnetismo a Gosling cuando interpreta de nuevo, como si estuviera encasillado, a un individuo imperturbable, de pocas palabras, que está atrapado por el pasado y demuestra su destreza física para los combates cuerpo a cuerpo y los tiroteos programados a plena luz del día. Tampoco a la bella Ana de Armas como la agente secundaria que ayuda al protagonista en los momentos de corrección política para salvar su carrera y pelea como una fiera contra matones que siempre la lanzan al suelo, en un rol secundario algo similar al que hizo en la pasada cinta de James Bond. Solo alcanzo a entretenerme un poco con el villano sociópata que interpreta Evans; en una mezcla extraña de elegancia, perversidad y one-liners con alivio cómico. El resto del reparto apenas rellana cada una de las casillas de descripción del insulso guión.

Con esta película tengo la impresión de que el negocio de Netflix ahora se trata de clonar las viejas fórmulas manoseadas por Hollywood durante años, con el fin de evitar la caída de usuarios suscritos que se incrementa con cada mes, de gente que se ha cansado de tragarse el mismo contenido mientras sus bolsillos se quedan vacíos con la subida de mensual de los precios (a veces pagando por contenidos que ni llegan a ver). También la sospecha de que los hermanos Russo tienen poca cosa que contar luego de su incursión en el UCM. Aquí tocan el pastiche de los mecanismos bondianos sin ningún tipo de vergüenza hasta el clímax de la infiltración en la residencia croata, donde abunda la gratuidad para que los dos agentes renegados acaben con un ejército completo con poca o ninguna dificultad y salven a la joven del marcapasos. Dicen que han anunciado la secuela y un posible spin-off para expandir la franquicia, pero dudo mucho que me aventure a ver semejantes mercancías luego de lo que me han ofrecido en esta.


Ficha técnica
Título original: The Gray Man
Año: 2022
Duración: 2 hr 03 min
País: Estados Unidos
Director: Anthony Russo, Joe Russo
Guión: Joe Russo, Christopher Markus, Stephen McFeely.
Música: Henry Jackman
Fotografía: Stephen F. Windon
Reparto: Ryan Gosling, Chris Evans, Ana de Armas, Billy Bob Thornton, Regé-Jean Page, Alfre Woodard, Jessica Henwick,
Calificación: 5/10





Crítica de la película 'El agente invisible', dirigida por Anthony Russo y Joe Russo, y protagonizada por Ryan Gosling y Chris Evans.



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