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Pocas figuras políticas en Italia han estado en el ojo del huracán mediático en el presente siglo como Silvio Berlusconi. Como funcionario público, ha sido uno de los hombres más poderosos de la política italiana durante más de veinte años, ocupando el cargo de jefe de gobierno de su país durante varios períodos. También es reconocido por tener una trayectoria empresarial de renombre y por ser un emperador de los medios de comunicación que ha conseguido adentrarse en el anillo selecto de los hombres más ricos del mundo, llegando incluso a ser la persona más adinerada de su país. Es el típico burócrata que seduce a sus partidarios con verborrea y carisma y que alquila las influencias a cambio de esa sustancia verde que contenta a los bolsillos. Pero su carrera también ha estado manchada de negocios turbios como el perjurio, el fraude fiscal, desfalco, la prostitución de menores y el abuso de autoridad. O sea, la degeneración en su estado más puro. Ese período de su vida parece ser el centro de atención de la nueva película de Paolo Sorrentino titulada “Loro”. 

Esta película de Sorrentino me produce un enorme regocijo cuando veo el ejercicio estético que se despliega sobre una porción de la biografía de Silvio Berlusconi. Posee una abundancia de estilo que es contagiosa cuando estallan las orgías festivas, la elegancia, el hedonismo más salvaje, el erotismo interminable, las mujeres exóticas, los personajes histriónicos que viven del lujo. Me recuerda su obra cumbre, La grande bellezza, y también Il divo, ambas protagonizadas por su actor predilecto, Toni Servillo. En esta ocasión, se beneficia de una portentosa actuación de Servillo cuando este encarna la silueta de Berlusconi con un magnetismo que resulta cautivador y con la cual Sorrentino concibe un retrato al desnudo sobre la falacia, la corrupción y el tráfico de influencias en las altas esferas del poder burocrático en la sociedad italiana contemporánea.

Aunque tarda un tiempo en ilustrar a Berlusconi, supongo que para generar una sorpresa (cosa que consigue), me entretiene bastante en lo que aparentemente son dos relatos que se conjuntan. El primero es el de Sergio Morra (Riccardo Scamarcio), un hombre de negocios que gestiona el reclutamiento de jóvenes hermosas, en su mayoría prostitutas, para sobornar a los políticos locales y obtener licencias fuera de los procedimientos normales. Es un hombre muy ambicioso y elegante que recorre las calles de Roma disfrutando del placer en una especie de bacanal desenfrenado donde reina la vanidad, la prostitución, las drogas, el alcohol y el sexo más orgiástico. Lo único que Sergio desea es adentrarse en el círculo de Silvio Berlusconi (Toni Servillo) para expandir su esquema de negocios; y lo consigue a través de Kira (Kasia Smutniak), una mujer cercana al mandatario que se acuesta con él. El segundo describe a Berlusconi, tanto en los interiores como en los exteriores de su mansión, rodeándose de una manada de políticos, de vividores y de gente muy influyente de los que necesita algún tipo de favor, a pesar de que en el fondo el matrimonio con su esposa, Verónica Lario (Elena Sofia Ricci), se desmorona, y su partido, Forza Italia, ya no se halla en el firmamento gubernamental. 

Servillo, quien a las órdenes de Sorrentino había interpretado a un político de la talla de Giulio Andreotti en la película “Il divo”, vuelve a interpretar a un individuo de la política italiana moderna. Personifica a Berlusconi como un sujeto astuto, espontáneo, magnánimo, cínico, que cae rendido ante los placeres de la vida y los vicios del poder que transforman su codicia en acciones éticas sin escrúpulos. Edifica la viva imagen de un magnate que, debajo de la máscara de poder, se muestra impertérrito ante cualquier exigencia política, disimula la decepción con altura  y esconde el temor de una vejez que amenaza con arrebatarle su vitalidad, aunque siempre está acompañado de dotes de oratoria que pueden convencer a quien sea, como si se tratara de un mercader que vende productos adulterados a bajo costo. Su actuación está estilizada por su gran registro gestual y un eficaz trabajo de maquillaje que modela con autenticidad la réplica del político. Incluso también interpreta al empresario Ennio Doris, en una escena en la que un peculiar plano-contraplano lo pone en diálogo consigo mismo (Berlusconi) para fabricar una acertada metáfora de una corrupción que tiene el mismo rostro y que carece de identidad moral alguna. 

Con la estampa de Berlusconi, Sorrentino elabora un discurso de una sociedad italiana individualista y egocéntrica en la que la competitividad es lo único importante. El tono con el que lo dirige es satírico, propenso al libertinaje, para ridiculizar a los burócratas de saco y corbata que muchas veces hacen falsas promesas a la gente de clase trabajadora que se sacrifica y que siempre sufre los efectos de una prolongada pobreza, simbolizado con las secuencias del terremoto de L'Aquila, en la cual Berlusconi se aparece para prometer cosas triviales e insignificantes para ese sector social que vive sumido en la miseria, anticipando paralelamente el declive de su cúpula administrativa. Asimismo en la escena en la que Berlusconi utiliza su palabreo sugestivo y la mentira más descarada para persuadir por teléfono a una señora con el fin de que compre lo que él ofrece. Su crítica demoledora refleja que la calumnia y las falsas promesas forman parte de un instrumento que es recalcitrante en la cotidianidad de los políticos italianos como Berlusconi. 

Durante su estreno en Italia, la película de Sorrentino estuvo dividida en dos partes que en su totalidad suman cuatro horas de metraje. En esta nueva versión internacional, el metraje sostiene un ritmo que pasa volando en dos horas y media. Y me cautiva mucho lo que veo, tanto en la narración como en su pomposo estilismo visual. Tiene personajes interesantes, como el impertinente Sergio Morra de Riccardo Scamarcio, la Kira de Kasia Smutniak y el tremendo Silvio Berlusconi de Toni Servillo; una banda sonora que vigoriza cada una de las escenas fiesteras y travellings muy inquietos que refuerzan los estados de ánimo más alucinógenos. Puede que le sobre alguna que otra subtrama y que el ritmo tropiece en algunos rincones, pero es una película muy estilizada a la hora de retratar las banalidades de una burguesía que vive ensimismada en el patetismo, de políticos corruptos y deshonestos que se embriagan con la posverdad, de arribistas imprudentes que bailan al compás del dinero en un castillo de la avaricia que derrumba. Es una película entretenida, pantagruélica, impresa con un esteticismo suntuoso que nunca deja de seducir a mis retinas. 


Ficha técnica
Año: 2018
Duración: 2 hr 31 min
País: Italia
Director: Paolo Sorrentino
Guion: Paolo Sorrentino, Umberto Contarello
Música: Lele Marchitelli
Fotografía: Luca Bigazzi
Reparto: Toni Servillo,  Elena Sofia Ricci,  Riccardo Scamarcio,  Kasia Smutniak
Calificación: 7/10






Sinopsis: Silvio Berlusconi (Toni Servillo) se encuentra en el momento más complicado de su carrera política, recién salido del gobierno y con las acusaciones de corrupción y de sus conexiones con la mafia a punto de llegar a los juzgados. Sergio Morra (Riccardo Scamarcio) es un atractivo hombre hecho a sí mismo que sueña con dar el salto de sus cuestionables negocios de provincia a escala internacional. El camino más rápido para conseguirlo es acercarse a Silvio, el hombre más poderoso de Italia. Para Sergio solo hay una manera de llamar la atención de Il Cavaliere: las fiestas, las velinas, las extravagancias y el exceso.


Vice es una película biográfica que pone en el tapete un tema que nunca pasa de moda: el poder, esa sustancia adictiva que corrompe la moralidad del ser humano y que lo destruye cuando se deja invadir por una cosa tan irremediable como la ambición. Apartada de los convencionalismos del género, narra la trayectoria de Dick Cheney, personaje siniestro de la política contemporánea estadounidense que durante los dos gobiernos de George W. Bush utilizaba todo su poderío para tomar decisiones (incluso por encima del presidente) que afectarían al mundo entero. Y el retrato es interesante. A través de la figura de Cheney, catalogado como el vicepresidente más poderoso de la historia de los Estados Unidos, se muestra a puertas cerradas la vida de un burócrata discreto que, desprovisto de todo escrúpulo moral, se burla de la democracia para conseguir intereses personales.

La película, dirigida por Adam Mckay (director de la parodia financiera The Big Short), adquiere un ritmo vigoroso al cristalizar la historia del vicepresidente maligno, repartiendo los mejores momentos entre el drama biográfico, la comedia negra y la crítica sociopolítica más explícita. Hay cinismo, hipocresía, amoralidad y falacias en la crónica, adornada, casi siempre, como una afilada sátira sobre los vicios del poder y la manipulación burocrática que se pasea por los pasillos de las altas esferas políticas. Siempre conserva su naturaleza bufonesca y metaficcional, principalmente cuando los personajes rompen la cuartad pared para hablarle a la cámara. Su trabajo de maquillaje es riguroso, y el montaje logra conferir un estilo de falso documental (cercano al cine de Stone) que salta en el tiempo contando varias facetas de la carrera política de Cheney, interpretado magníficamente por un Christian Bale que está irreconocible.

Para dar a conocer a Cheney, la película recurre a Kurt (Jesse Plemons), un narrador intruso que ha sido testigo ocular y víctima de las resoluciones del funcionario por haber participado en la guerra contra Irak. Este narrador, como si fuera una especie de biógrafo no autorizado, nos cuenta los orígenes de Cheney desde que, en los años sesenta, es un donnadie a favor del alcohol que abandonó sus estudios en la universidad de Yale y un trabajador que cuelga cables para ganarse la vida en Wyoming, hasta los días en que es un vicepresidente que ejecuta órdenes drásticas en la Casa Blanca durante los atentados terroristas del 11 de septiembre; y, asimismo, de cómo la esposa de Cheney, Lynne Cheney (Amy Adams) lo influencia para que cambie su modus vivendi metiéndose a la política, comenzando a trabajar como republicano en el gobierno de Nixon y fijando su interés en el cargo diminuto que ostenta su jefe Donald Rumsfeld (Steve Carrell), dignatario carismático que Cheney idolatra y que, por cosas del destino, termina trabajando para él en el gobierno de George W. Bush (Sam Rockwell).

El argumento de la película, no obstante, representa a Cheney con la imagen de un déspota que se ha embriagado de poder para tomar ventajas políticas diseminadas en las estrategias polémicas a medida que asciende en el escalafón de los gobiernos republicanos de Gerald Ford, George H. W. Bush y George W. Bush (Sam Rockwell), en los que ostenta cargos tan prestigiosos como jefe de Gabinete de la Casa Blanca, o al servicio de la hostilidad como Secretario de Defensa durante la guerra del Golfo, o como el vicepresidente que juega a las marionetas con un futuro presidente que es algo ingenuo e inepto, aprovechando la oportunidad, casi siempre, para construir sus planes maquiavélicos detrás de la sombra de los que anhelan una nueva guerra subsidiaria, usualmente bajo el pretexto de combatir el terrorismo. Para Cheney, cuando la preponderancia crece, la ética decrece. A pesar de todo, es un padre de familia que ama a los suyos y que, cuando se halla fuera del gobierno, también disfruta con ellos, pero con un final feliz a mitad de créditos que simboliza una felicidad falsificada, pues en ese momento es el CEO de una corporación petrolera embarrada de negocios oscuros; la dicotomía ideal que comunica que tanto en la vida pública como en la privada tiene un control incalculable.

La chispa de la película radica en las actuaciones de Christian Bale, Amy Adams, Steve Carell y Sam Rockwell cuando crean personajes que energizan una puesta en escena trepidante. Bale, nuevamente alterando su físico para enriquecer la descripción del rol, logra una interpretación muy metódica como Cheney, robándose los gestos, la forma de hablar y hasta el lenguaje corporal del burócrata cuando habla moviendo la boca y la cabeza de un lado para otro, como si fuera una copia recién sacada de la máquina del original. Adams está muy bien interpretando a Lynne Cheney como una mujer reservada y muy inteligente, que funciona como el catalizador para algunas de las pericias más importantes del político, la esposa que está siempre al lado de su marido, pero que también es independiente. Carell y Rockwell son eficaces, pero solo son secundarios que aportan cierto grado de comicidad que se yuxtapone a la hermética personalidad del protagonista.

Con esta película, McKay no pretende santificar ni crucificar la silueta de Cheney, sino más bien, criticar la manera tan nefasta en que se maneja el poder tras las cortinas negras que imposibilita que la gente sepa la verdad. Y lo hace con un lúdico sentido del humor que apacigua la gravedad del asunto, recurriendo a metáforas (como la secuencia del pez mordiendo el anzuelo) y a planos de insertos que le otorgan a la narración una esencia de documental sobre los hechos históricos de trascendencia, con componentes subtextuales que aducen moralmente, tanto lo que hace el protagonista (con el monólogo de Bale rompiendo la cuarta pared para justificar las acciones de Cheney) como la sustancia ideológica de la cinta, la cual a modo de metaficción y con un tono muy cínico, termina en una autoparodia al final de los créditos con la discusión sostenida entre un conservador vestido de rojo y un liberal vestido de azul, revelando la ceguera de la sociedad estadounidense ante los esquemas políticos más relevantes. Su película es cautivadora y muy entretenida mostrando la caricatura de un gobernante maquiavélico.


Ficha técnica
Año: 2018
Duración: 2 hr 12 min
País: Estados Unidos
Director: Adam McKay
Guion: Adam McKay
Música: Nicholas Britell
Fotografía: Greig Fraser
Reparto: Christian Bale,  Amy Adams,  Steve Carell,  Sam Rockwell,  Jesse Plemons,
Calificación: 7/10





Sinopsis: Explora la historia real sobre cómo Dick Cheney (Christian Bale), un callado burócrata de Washington, acabó convirtiéndose en el hombre más poderoso del mundo como vicepresidente de los Estados Unidos durante el mandato de George W. Bush (Sam Rockwell), con consecuencias en su país y el resto del mundo que aún se dejan sentir hoy en día.

El cine de Yorgos Lanthimos es uno que, en los últimos años, se ha convertido en la panacea de los festivales internacionales de cine, ganándose una manada de seguidores que ya lo consideran como el nuevo profeta de la vanguardia cinematográfica. Se caracteriza por estampar, con temas perversos y un humor negro, la posición actual del hombre en una sociedad posmoderna que le ha arrebatado la naturaleza. Suele estar habitado por personajes raros e inexpresivos que solo tienen tiempo para lo retorcido, lo rupturista, lo deshumanizante, en películas que poseen cierta originalidad, pero que también son cuantiosamente plúmbeos por la abundancia de exposición calculada. Y me importa muy poco. Casi nunca me identificaba con su estilo. Encuentro terriblemente soporíferas películas como Kynodontas, Alpeis, The Lobster, The Killing of a Sacred Deer, hasta al punto de que había perdido el interés por su excéntrico universo.

No obstante, la cosa ha cambiado con The Favourite, la más reciente película de este director que me ha devuelto la esperanza por su cine, trabajo que marca la tercera vez que atraviesa los terrenos de producción anglosajones. El guion lo ha escrito Deborah Davis y Tony McNamara, quienes reemplazan al coguionista habitual de Lanthimos, Efthymis Filippou. Y el resultado es grandioso. Tiene un arranque prometedor que siempre conserva el ritmo. Me ha dejado anonadado con el barroquismo visual que atestiguo en su puesta en escena y en unas actuaciones magistrales de Rachel Weisz, Emma Stone y, muy especialmente, Olivia Colman como la reina Ana. Hay celos, traición, intimismo. Las situaciones de las protagonistas son provocativas, el juego de obsesión y poder es retorcido, el retrato de las tres edades de la mujer es sofisticado cuando recurre al humor más absurdo para dibujar las idiosincrasias de unos aristócratas que han olvidado su condición humana.

La película está ambientada en Inglaterra en el siglo XVIII y relata la historia de la reina Ana (Olivia Colman) y una mujer que es como su mano derecha, Lady Sarah (Rachel Weisz), la duquesa de Marlborough. O sea, la favorita. Y para la reina Ana es un momento difícil. A pesar de su estado de salud delicado, Ana debe lidiar con los asuntos políticos para liderar a su país en medio de la guerra contra Francia. Pero la realidad es que Ana no hace nada. Las decisiones estatales las toma Lady Marlborough, quien aprovecha el carácter inestable de la monarca y su estrecha relación con ella para hacer lo que se le antoje. Las circunstancias se complican cuando llega al palacio la nueva sirvienta y prima de Lady Marlborough, Abigaíl (Emma Stone), que trata de desestabilizar el vínculo íntimo entre Lady Marlborough y la reina Ana para convertirse en la nueva favorita y así lograr salir de la miseria.

Estas tres mujeres simbolizan la inconformidad, la manipulación y la venganza, amplificado por el choque de personalidades que prevalece entre la reina y sus cortesanas. La reina Ana, interpretada por una brillante Olivia Colman, representa la efigie de una mujer insegura, ciclotímica y petulante que siente una necesidad de afecto para cubrir las pérdidas del pasado (sus hijos son figurados como conejos) y escapar de las presiones políticas del presente, refugio que consigue al mantener una relación sexual y de amistad con la posesiva Lady Marlborough y que, asimismo, sirve para ocultar las garras de una autoridad invisible que la mantiene al tanto de todo. Igual sucede con la dominante Lady Marlborough (una inmensa Rachel Weisz) cuando descarga su verborrea manipulativa con la reina, o cuando manifiesta envidia y una rabia soterrada hacia su rival Abigail en un declive emocional que agrieta su frialdad y su desesperación. La habilidosa Abigail, que pasa de ser una vulnerable sirvienta a una villana de tiempo completo, es la malcriada que utiliza el engaño para salvarse de una marginación segura, desequilibrar la unión entre la reina Ana y Lady Marlborough y garantizar su regreso a la aristocracia, aunque se da cuenta, casi en el clímax, de que su influencia pertenece a un círculo de sumisión del que no puede desertar.

Lanthimos encuadra la vida cotidiana desde la perspectiva de unas damas que emplean el patetismo para disputarse por las diversas variantes del poder. Y su discurso me cautiva. En su diatriba moral sobre la feminidad y la codicia, cincela a los hombres como unos inútiles para robustecer a tres mujeres fuertes que pueden afrontar las decisiones laminadas en la política de un país sanguinolento. Ilustra que Ana, Sarah y Abigail, al igual que muchas mujeres poderosas a lo largo de la historia (también en la contemporaneidad), son tan crueles, avariciosas y esperpénticas como los hombres y no necesitan de la presencia masculina para emanciparse de las etiquetas sociales, de un sacrificio ocasionado por las contrariedades de las esferas sociales más elevadas y de una vorágine pasional que va más allá de las libertades sexuales y el objeto del deseo. Detrás de la crueldad satirizada también se hallan mujeres atormentadas por la pérdida de los hijos y la vacuidad desatada por las banalidades palaciegas, las que venden la dignidad para evadir el fango y la pobreza, las que compiten a toda costa por un interés desmedido y estatus social, tal y como hacen Sarah y Abigail para encajar en el círculo más cercano de la reina. 

La película construye un mosaico majestuoso que honra la cotidianidad de la realeza en un período particular de la historia británica, rodado con un precioso estilo barroco que enamora mis retinas y me produce una sensación de catarsis cuando Lanthimos, con el primer plano, el contrapicado y la recurrencia del gran plano general, a veces encuadrados con las lentes ojos de pez, destaca la atmósfera claustrofóbica que describe las intensas emociones de las protagonistas. Me pasea por aposentos enormes en los que los personajes visten del vestuario sublime de Sandy Powell (casi siempre blanco y negro) para adornar los claroscuros de lo que piensan, iluminados de día por una luz natural que entra por las ventanas y de noche a merced de unos candelabros que crean una intimidad cercana a los lienzos de De La Tour o a la belleza de Barry Lyndon (1975), de Kubrick. La música también suscita clasicismo para mis oídos. Es un drama de época de prodigiosa envergadura formal, la cinta más imponente de la filmografía del director griego.


Ficha técnica
Año: 2018
Duración: 1 hr 59 min
País: Reino Unido
Director: Yorgos Lanthimos
Guion: Deborah Davis, Tony McNamara
Fotografía: Robbie Ryan
Reparto: Olivia Colman,  Emma Stone,  Rachel Weisz,  Nicholas Hoult,  Joe Alwyn,
Calificación: 8/10






Sinopsis: A principios del siglo XVIII, Inglaterra está en guerra contra Francia. Una reina debilitada, Anne (Olivia Colman), ocupa el trono, mientras que su amiga Lady Sarah (Rachel Weisz) gobierna en la práctica el país en su lugar, debido al precario estado de salud y al carácter inestable de la monarca. Cuando una nueva sirvienta, Abigail (Emma Stone), aparece en palacio, su encanto seduce a Sarah. Esta ayuda a Abigail, la cual ve una oportunidad para regresar a sus raíces aristocráticas. Como la política ocupa gran parte del tiempo de Sarah, Abigail empieza a acompañar con más frecuencia a la reina.
Sinopsis: El pintor holandés postimpresionista, Van Gogh (Willem Dafoe), se mudó en 1886 a Francia, donde vivió un tiempo conociendo a miembros de la vanguardia incluyendo a Paul Gauguin (Oscar Isaac). Una época en la que pintó las obras maestras espectaculares que son reconocibles en todo el mundo hoy en día.

Ficha técnica
Título original: At Eternity's Gate
Año: 2018
Duración: 1 hr 51 min
País: Reino Unido, Francia, Estados Unidos
Director: Julian Schnabel
Guion: Jean-Claude Carrière, Julian Schnabel, Louise Kugelberg
Música: Tatiana Lisovkaia
Fotografía: Benoît Delhomme
Reparto: Willem Dafoe,  Rupert Friend,  Oscar Isaac,  Mads Mikkelsen,  Mathieu Amalric,
Calificación: 7/10

Crítica breve de la película

Me invade una sensación de regocijo al ver cada plano de esta película de Schnabel sobre la última etapa de la vida de Vincent van Gogh. Posee un estilo visual atestado de paisajes que mimetizan los lienzos postimpresionistas y una subjetividad que estampa la psicología del pintor holandés, interpretado por un Willem Dafoe que ofrece una actuación magnífica. Se retrata los delirios, la pesadumbre y la agonía existencial del desdichado meditabundo con una intensidad que me deja perplejo. Es una película cautivadora, simplista, hermosa, pero, sobre todo, muy sensorial.

A principios de los años sesenta, la lucha por los derechos civiles en la sociedad estadounidense estaba llegando a un punto culminante contra la segregación racial, etapa en la que la intolerancia, la discriminación y el racismo afectaban la vida cotidiana de distintos grupos étnicos, en su mayoría afroamericanos. Una persona de color no tenía permitido ir a lugares frecuentados por personas de tez blanca; no podían acudir a cenar a los restaurantes, no podían ver películas en el cine, no podían orinar en los baños, no podían ser tratados en los hospitales si caían enfermos, los jóvenes no podían estudiar en las escuelas. Lugares como estos estaban segmentados solo para gente de su propia etnia y nadie podría cruzar la barrera. Y el que la cruzaba sabía lo que le esperaba. Era un momento difícil, de mucha tensión social y política, en el que el racismo trazaba una delgada línea que dividía el país. Esta separación, no obstante, toleraba la cercanía en circunstancias de subordinación, con el fin de que una persona de una raza determinada pueda trabajar como lacayo para una de otra raza.

Estos temas, que todavía hoy en día son de gran relevancia, se conjuntan de forma elegante en Green Book, una película inspirada en hechos reales que edifica un estudio de personajes muy acogedor con la crónica del chófer italoamericano que, irónicamente, trabaja para un pianista afroamericano, quienes, a la vez, funcionan como una parábola soterrada de la tolerancia y de la equidad racial en una sociedad segregada por unos prejuicios raciales que, mayormente, se hallan fuera de campo. La dirige Peter Farrelly, director de comedias que ahora se inclina por el drama más serio, aunque nunca abandona la ligereza cómica. Y me agrada lo que concibe. La recreación del período, el sentido del humor, la buena música, el ritmo que nunca decrece y, sobre todo, las magníficas actuaciones de Mahershala Ali y Viggo Mortensen, añaden algo de sustancia a una narración tan simple. Es una película de carretera en la que el relato de los protagonistas, Frank "Tony Lip" Vallelonga y "Doc" Don Shirley, va cobrando fuerza con cada kilómetro que recorren por el sur profundo de los Estados Unidos, donde nos pasean por los caminos de la infamia y el racismo.

La historia comienza en los años sesenta cuando Frank Vallelonga (Viggo Mortensen), apodado Tony Lip por sus colegas italoamericanos, es despedido del club Copacabana luego de un intercambio de trompadas con un cliente. Tony es un tipo fuerte, de temperamento violento y de una capacidad inimaginable para convencer a los otros con los cuentos y las mentiras. Como padre de familia, Tony hace lo que puede para mantener a su familia, pero la situación socioeconómica empeora. Sin embargo, su suerte cambia cuando es contratado como chófer por el virtuoso pianista negro Don Shirley (Mahershala Ali) para que lo acompañe y lo proteja durante una gira de conciertos por el sur.

Tony y Doc son una metáfora preciosa sobre una igualdad utópica entre los individuos de una misma raza. Y no tienen nada en común. Uno es un italoamericano que lleva en las venas un racismo latente hacia los afroamericanos, pero que respeta sus costumbres y su cultura; el otro, es un afroamericano refinado que, por haber tenido una educación de personas blancas pertenecientes a la burguesía, ha olvidado sus raíces identitarias. Son el negro y el blanco, literalmente. Sus personalidades son muy opuestas, pero, precisamente, sirven para reforzar una amistad que rompe la barrera segregadora en la época en la que viven cuando, confiando en el “Libro Verde”, una guía de los establecimientos para el hospedaje de afroamericanos, se dan cuenta (Tony, principalmente) de cómo el racismo y los prejuicios que rodean las zonas sureñas degradan la condición humana. En su viaje hay inconvenientes raciales, momentos de hilaridad, escenas sentimentales que terminan en una especie de catarsis redentora para ambos, una lección moral que reforma lo que piensan de los estereotipos que habitan su país.

Es en las interpretaciones de Viggo Mortensen y de Mahershala Ali donde reside la magia de la película, el trabajo actoral que elaboran es magistral, con unos diálogos placenteros y cargados de ironía que suscitan una reflexión profunda. Mortensen crea uno de los personajes más entretenidos de su carrera, interpretando, con una gran facilidad para el acento y los gestos, al estereotipo de un italoamericano que parece haber sido sacado de las películas clásicas de mafiosos, el hombre rudo que no se tuerce por nada pero que se mantiene firme en unas acciones que son serias, divertidas y muy sinceras. Ali, consigue una actuación muy orgánica como el artista afroamericano que trabaja al servicio de la hipocresía para desnudar las arbitrariedades raciales en tiempos de segregación, un personaje muy natural que utiliza la música como sinónimo de protesta y sacrifica su identidad para que veamos la verdad universal del racismo institucional y hasta de la homofobia. La química de ambos engalana y dosifica muy bien la empatía, la comicidad y el halo dramático de los personajes.

El director Farrelly, en su primera película en solitario, opta por una película que resulta encantadora con la pareja de protagonistas y con la distribución de géneros que termina nivelando el drama biográfico y la comedia con un ritmo muy acertado. Expone las vicisitudes del racismo, la estereotipificación de los inmigrantes, fortalece el interculturalismo con grandiosas actuaciones de Mahershala Ali y de Viggo Mortensen y, aunque la simplicidad del argumento puede caer en algunos instantes convencionales, nunca descuida la honestidad con la que es contada. Es como si fuera una versión retorcida de Driving Miss Daisy, pero una agradable y muy entretenida.


Ficha técnica
Año: 2018
Duración: 2 hr 10 min
País: Estados Unidos
Director: Peter Farrelly
Guion: Brian Hayes Currie, Peter Farrelly, Nick Vallelonga
Música: Kris Bowers
Fotografía: Sean Porter
Reparto: Viggo Mortensen,  Mahershala Ali,  Iqbal Theba,  Linda Cardellini,  Ricky Muse,
Calificación: 7/10






Sinopsis: Un gorila italiano-americano de clase trabajadora se convierte en el conductor de un pianista clásico afroamericano en una gira de lugares por el sur estadounidense de los años sesenta.







En el año 1969, durante el mes de julio, tres astronautas subidos en una nave espacial realizaban un recorrido de cuatro días por el espacio en lo que sería la travesía más larga de la historia de la humanidad, el viaje imposible hacia la Luna. Parecía imposible por las dimensiones y los retos de ingeniería aeroespacial que suponía navegar por el espacio a tal distancia para plantarse en la superficie de un lugar tan inhóspito y desconocido como la Luna. Pero cuando alunizaron el 20 de julio consiguieron un triunfo que, por un momento diminuto, unificó a una raza humana que se hallaba dividida en una contienda ideológica conocida como la Guerra Fría. Uno de los astronautas que se encontraba allí dijo una histórica frase: “este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”. Su nombre era Neil Armstrong, quien a partir de ese día y esas palabras célebres, se convirtió en el primer hombre en pisar el suelo de la Luna. 

Estos eventos forman parte de la narración de First Man, la cuarta película del joven realizador de Whiplash y La La Land, Damien Chazelle, que, con un magnífico tratamiento formal, construye un viaje íntimo, casi en primera persona, de un hombre estoico que tiene una fuerza de voluntad tan enorme como la redondez de la Tierra. Una película que no glorifica a Neil Armstrong como un héroe nacional, sino que, más bien, opta por ilustrar la determinación de una persona hermética e introspectiva que llora en silencio por el duelo causado por un menoscabo familiar. Es el mosaico de alguien que cae mil veces en la tierra para levantarse por los terrenos insospechados del cielo. Y lo presenta con secuencias vertiginosas que recrean la experiencia de los astronautas cuando se enfrentan a la toma de riesgos y con una música que añade poseía sonora al mutismo del espacio. 

La historia de la película, escrita por el guionista Josh Singer y basada en el libro biográfico de James R. Hansen del mismo título, ofrece un vistazo microscópico a la vida cotidiana de Neil Armstrong (Ryan Gosling) en un lapso de tiempo de nueve años (1961-1969), donde vive con su esposa Janet Armstrong (Claire Foy) y sus dos hijos, Rick y Karen. Durante ese período, trabaja en la NASA como piloto de pruebas circunnavegando los cielos que cubren el desierto de Mojave, pilotando aviones hipersónicos en experimentos que, a veces, no son tan exitosos, pero que lo endurecen ante la contingencia inminente. Tanto en su profesión como en su familia, Armstrong se percibe como un sujeto reservado que pocas veces dice lo que piensa. Lo distrae el hecho de que su hija Karen, la cual ama con todo su corazón, padece un tumor cerebral. Cuando la pequeña Karen se muere, Armstrong se queda ensimismado, taciturno, encerrado en una cárcel de desconsuelo que lo impulsa a participar en el Proyecto Gemini que tiene el propósito de transportar al hombre a la Luna.

Ryan Gosling, con una formidable interpretación, consigue penetrar en la cerrada personalidad de Armstrong. Su meticulosa actuación transmite la desolación que registra Armstrong cuando su pequeña hija agoniza de cáncer (catalizador que robustece sus pensamientos), la preocupación que le provocan las pruebas fallidas del programa que ha matado algunos de sus compañeros, la sensación de vértigo y claustrofobia que le produce el espacio en los momentos más cruciales de la misión, cosa que disimula con una cara inexpresiva que es más fría que las temperaturas del espacio. Debajo de la capa de frialdad, desapego e introversión se halla un individuo de corazón humilde que está motivado por sus seres queridos. Todo es descrito desde la óptica de Neil Armstrong y no hay tiempo para desarrollar a los secundarios. Lo acompaña una soberbia Claire Foy como Janet Armstrong, la madre que asume la responsabilidad ante una posible tragedia y que puede matar con la mirada de su volcánica personalidad.

Chazelle edifica la película a partir de primeros planos y de una subjetividad que propala la represión de impresiones del protagonista de Gosling para que este hable con la mirada cuando se halla confinado en el reducido espacio de la nave, un vislumbre casi intrínseco que representa todo lo que ve Neil Armstrong cuando está contenido en la cabina de un avión supersónico o en el vibrante compartimiento del módulo espacial que se agita hasta el síncope. Hay temblores producidos por la ignición del cohete, cientos de botones en el panel de control, luces rojas que pinchan peligro, giros agresivos con unos desencuadres que marean, que agobian, que logran que uno se sienta inmerso en una pericia tan apretada. Le da un atisbo subjetivista al alunizaje más épico con una brillante secuencia, en la que adorna el albur con una partitura muy empática de Justin Hurwitz y con un despliegue visual de Linus Sandgren que revela un espacio tranquilo que, como Armstrong, también se siente aislado y perdido en una soledad abrumadora, la prosopopeya ideal para la angustia del protagonista. 

La odisea en el espacio de Chazelle, en un claro homenaje a The Right Stuff  (Kauffman, 1983), se cincela sobre una parábola del descubrimiento impulsado por los trágicos encontronazos de la vida, disminuyendo la diatriba patriotera que usualmente adorna este tipo de películas cuando solo se centran en la obsesión política de la carrera espacial y en el orgullo chauvinista. Comunica que las cosas grandes tienen comienzos pequeños, e ilustra el microcosmo mental de un personaje afligido por una pena irreversible, uno que, a la vez, se contrasta con la Luna como el símbolo de la solemnidad de la muerte y de una agonía que anhela escapar hacia el vacío más oscuro de la redención. Su virtuosismo técnico se conjunta con una narración muy emotiva que resalta el triunfo de la voluntad humana. Se narra con drama, tensión y un hiperrealismo que relata la hazaña del alunizaje como pocas veces se ha visto en el cine. 

Ficha técnica
Año: 2018
Duración: 2 hr 21 min
País: Estados Unidos
Director: Damien Chazelle
Guion: Nicole Perlman, Josh Singer
Música: Justin Hurwitz
Fotografía: Linus Sandgren
Reparto:  Ryan Gosling,  Jason Clarke,  Claire Foy,  Kyle Chandler,  Corey Stoll,
Calificación: 8/10






Sinopsis: La historia de la misión de la NASA que llevó al primer hombre a la luna, centrada en Neil Armstrong (interpretado por Ryan Gosling) y el periodo comprendido entre los años 1961 y 1969. Un relato en primera persona que explora el sacrificio y el precio que representó, tanto para Armstrong como para Estados Unidos, una de las misiones más peligrosas de la historia.

Sinopsis: Mediados de los 60. Durante el rodaje de una de sus películas, el director francés Jean-Luc Godard, recién divorciado de Anna Karina, se enamora de la actriz de 17 años Anne Wiazemsky, con la que más tarde se casaría. Pero la acogida de la película no es positiva y desata una crisis en Jean-Luc. 

Ficha técnica
Título original: Le redoutable
Año: 2017
Duración: 1 hr 48 min
País: Francia
Director: Michel Hazanavicius
Guion: Michel Hazanavicius
Música: Jean Minondo, Nicolas Bouvet-Levrard, Jean Paul Hurier
Fotografía:  Guillaume Schiffman
Reparto:  Louis Garrel, Stacy Martin, Bérénice Bejo
Calificación: 7/10
Sinopsis: En los últimos momentos de la II Guerra Mundial, en plena caída del III Reich, un soldado de 19 años, andrajoso y hambriento, roba el uniforme de un capitán nazi. Haciéndose pasar por un oficial, reúne a un grupo de desertores y comienza a matar y saquear a su paso a través de la golpeada Alemania nazi, descubriendo la monstruosa identidad de aquellos de los que trata de escapar.

Ficha técnica
Título original: The Captain (Der Hauptmann) 
Año: 2017
Duración: 1 hr 54 min
País: Alemania
Director: Robert Schwentke
Guion: Robert Schwentke
Música: Martin Todsharow
Fotografía:  Florian Ballhaus
Reparto:  Max Hubacher, Frederick Lau, Milan Peschel, Alexander Fehling
Calificación: 7/10
Sinopsis: Los últimos tres años del gran poeta Oscar Wilde (1897–1900). Wilde (Rupert Everett), recluido en un hotel de Francia con sus amigos (Edwin Thomas y Colin Firth), decide atravesar Europa, presa de impulsos contradictorios: ir a ver a su mujer (Emily Watson) o a su amante, Sir Alfred "Bosie" Douglas (Colin Morgan).

Ficha técnica
Título original: The Happy Prince
Año: 2018
Duración: 1 hr 45 min
País: Reino Unido
Director: Rupert Everett
Guion: Rupert Everett
Música: Gabriel Yared
Fotografía:  John Conroy
Reparto:  Rupert Everett, Colin Firth, Edwin Thomas, Emily Watson
Calificación: 7/10
Sinopsis: La historia real de Ashraf Marwan, el yerno del Presidente Nasser y el confidente y asesor personal de su sucesor Anwar Sadat, mientras que simultáneamente es el activo más valioso de la Inteligencia israelí del siglo XX.

Ficha técnica
Título original: The Angel
Año: 2018
Duración: 1 hr 51 min
País: Estados Unidos, Israel
Director: Ariel Vromen
Guion: David Arata
Música: Pinar Toprak
Fotografía: Terry Stacey
Reparto:  Marwan Kenzari, Toby Kebbell, Hannah Ware, Waleed Farouq Zuatier
Calificación: 7/10

En la escena de apertura de BlacKkKlansman, la nueva película del señor Spike Lee, hay un detalle muy interesante. Comienza, luego de una trágica escena de Gone With The Wind (1939), con el discurso minado de racismo de un tal Kennebrew Beauregard (Alec Baldwin), en el que afirma su oposición a la integración racial que trajo consigo el Caso Brown y la crisis de Little Rock en 1957; diciendo, en pocas palabras que no tolera que pueda haber una convivencia entre blancos y negros. Está filmado en blanco y negro, con las imágenes históricas del evento superpuestas en su rostro. Pero en el segundo discurso habla de “las cosas buenas” de su país e, irónicamente, el plano adquiere color, y lo único en blanco y negro son las escenas superpuestas en su rostro de The Birth of Nation (1915), la película de Griffith, de gran valor cinematográfico que, resulta controversial por su propaganda racista. Este paralelismo es esencial para el desarrollo de esta película, que representa una de las mejores de la filmografía de Lee desde Malcolm X (1992).

Esta película, galardonada con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes, es una cosa cautivadora, provocativa, divertidísima, de estética refinada, con una trama policial que ilustra, a modo de sátira, parábolas sociopolíticas sobre las injusticias raciales que, como la historia misma, todavía parece repetirse en el presente. La ambientación es fidedigna, el estilo visual captura la esencia de los 70, los protagonistas están interpretados con gracia, equilibra sabiamente los géneros de la comedia negra y el cine policíaco, no le sobra metraje para nada, el ritmo es adecuado y preciso. Y lo más insólito es que está basada en la historia verídica de Ron Stallworth, policía afroamericano que se logró “infiltrar” en el Ku Klux Klan de la forma menos esperada.

La historia de Ron Stallworth (John David Washington, el hijo de Denzel Washington) empieza a principios de los años setenta en la localidad de Colorado Springs, cuando se convierte en el primer policía afroamericano, en una época de marcadas luchas por los derechos civiles y el activismo político. Allí se le asignan varias tareas como agente encubierto, pero la más importante llega un día cuando, leyendo el periódico, Stallworth ve un anuncio de reclutamiento del Ku Klux Klan, pero sabiendo que, obviamente no puede ingresar, se le ocurre la idea, utilizando su voz, de hacerse pasar por un hombre blanco y llamar por teléfono para solicitar la membresía. Para conseguirlo, Stallworth pide a su colega Flip Zimmerman (Adam Driver), de ascendencia judía, que se haga pasar por él para presentarse ante el líder local, logrando así una doble infiltración en esa célula de la organización.

El tono de la película aparenta ser liviano en la superficie por la dirección que toma la trama cuando revela algunas circunstancias, pero eso es solo un atavío para el comentario político representado por los personajes. Ron, muy bien interpretado por Washington, es el afroamericano que debe lidiar con los prejuicios en las calles, pero tampoco es el policía que termina siendo un héroe, es más bien un intermediario que, al igual que Flip (una estupenda actuación de Driver) simboliza la igualdad entre grupos étnicos y la desgracia producida por las ideas de movimientos políticos de extrema derecha que solo buscan segregarlos, transitando entre el racismo y el odio, entre la justicia y la arbitrariedad. Esta balanza moral que atraviesa Ron cobra mayor sentido cuando se enamora de Patrice Dumas (Laura Harrier), la muchacha que encarna el rol de la mujer políticamente activa que exige sus derechos, y, también, al momento de desenmascarar al líder del KKK, David Duke (Topher Grace), el supremacista que oculta el odio con fanáticas diatribas e hipocresía. Estos personajes, excluyendo a Duke y su grupo de inútiles, son piezas de una minoría que lucha contra la intransigencia de un sector extremista de la sociedad.

Lee condena la discriminación y la intolerancia en la sociedad norteamericana con un símil entre la historia y el cine. Lo consigue con un uso magistral del montaje paralelo, en una secuencia en la que, primero, Harry Belafonte cuenta las atrocidades raciales que condujeron al inhumano linchamiento de Jesse Washington en 1916, y, segundo, con las acciones del Ku Klux Klan, quienes miran The Birth of the Nation y la utilizan como parte del ritual para fortalecer a los iniciados. “El nacimiento de la nación”, de Griffith, tuvo su estreno en el 1915 y, a pesar de contar con innovadoras técnicas cinematográficas muy importantes para la historia del cine, fue criticada severamente por glorificar a los integrantes de ese organismo y mostrarlos como unos patriotas que defendían el país de las "actitudes barbáricas" de los negros, factores que, a la vez, catapultaron el racismo local en varios lugares de Estados Unidos y que, tanto en los años 70 como en la contemporaneidad, todavía prevalecen.

La película del director de Do The Right Thing, con claras referencias al género blaxploitation y a la estética setentera como los peinados afros y las ideologías del Black Power, mantiene una narración enérgica que reparte momentos en los que prevalece una parodia que luego cede el paso a la tragedia, filmada, cerca del clímax, con la mirada política de un documental, quizá para reflejar una xenofobia universal que, en ocasiones, se ha presentado tanto en la historia como en el cine. Detrás de la denuncia, hay víctimas grises en ambos lados del espectro, sin importar el color de la piel o su procedencia étnica.  Es ocurrente, atrevida, entretenida y muy necesaria, pero, sobre todo, es la mejor que ha dirigido en mucho tiempo.


Ficha técnica
Año: 2018
Duración: 2 hr 15 min
País: Estados Unidos
Director: Spike Lee
Guion: Spike Lee, Kevin Willmott, David Rabinowitz, Charlie Wachtel
Música: Terence Blanchard
Fotografía: Chayse Irvin
Reparto: John David Washington, Adam Driver, Topher Grace, Laura Harrier,
Calificación: 8/10

Sinopsis: A principios de los años setenta, una época de gran agitación social con la encarnizada lucha por los derechos civiles como telón de fondo, Ron Stallworth se convierte en el primer agente negro del departamento de policía de Colorado Springs. Sin amedrentarse, decide seguir adelante y hacer algo por su comunidad llevando a cabo una misión muy peligrosa: infiltrarse en el Ku Klux Klan.


Sinopsis: Mariane Pearl se embarca en una búsqueda frenética para localizar a su esposo periodista, Daniel, cuando él desaparece en Pakistán.

Ficha técnica
Título original: A Mighty Heart
Año: 2007
Duración: 1 hr 48 min
País: Estados Unidos
Director: Michael Winterbottom
Guion: John Orloff
Música: 
Harry Escott, Molly Nyman
Fotografía: Marcel Zyskind
Reparto: Angelina Jolie,  Dan Futterman,  Will Patton,  Denis O'Hare
Calificación: 7/10
El cine de Gus Van Sant, uno de los pilares del nuevo cine independiente norteamericano (que en ocasiones ha tocado la cúspide del cine comercial), es uno que me resulta interesante cuando revela la otra cara de su país, con narraciones que suelen ser provocadoras, pero que adquieren una postura inflexible para resolver los conflictos. En casi todas sus películas presenta historias de gente de los estratos más bajos de la sociedad norteamericana: drogadictos al margen de la ley, homosexuales marginados, mujeres que anhelan robarse el sueño americano, genios rebeldes, adolescentes conflictivos; personajes derrotistas con una naturaleza levantisca que, a veces, desean liberarse de la pesadumbre con la redención que la misma sociedad les ha negado. Estos temas oscuros de su estilo habían decrecido un poco en la última década; sin embargo, ha regresado a esa forma tan irreverente en la entrañable Don’t Worry, He Won’t Get Far On Foot, su más reciente película.

Esta cinta biográfica de Van Sant es agradable y muy sorpresiva, sobre todo con la gran interpretación de Joaquin Phoenix como el dibujante que ama la incorrección política. Está basada en la vida del caricaturista John Callahan (1951-2010), hombre con un pasado traumático que, en una noche de borrachera, producida por su adicción incontrolable hacia el alcohol, sufre un accidente que lo deja cuadripléjico. Hay tragedia, desdicha y momentos de claridad. El componente dramático de la historia de Callahan es escueto y aterrador, pero se aligera con una comedia negra que da mucha risa y algunos personajes tan desgraciados como él. Y con ciertos paralelismos causados por el montaje y los tiempos alternos, paso un buen rato viendo la vida de este señor en los mosaicos del pasado y el presente.

Callahan (Joaquin Phoenix), postrado en una silla de ruedas, recordando ante una audiencia lo que le ha pasado, relata el destino trágico con la moraleja de “si vas a manejar, mejor no tomes”. También recuerda a la gente que conoció luego del accidente en las sesiones de una terapia para alcohólicos anónimos. Eran los años setenta y principios de los ochenta. En aquel entonces él todavía caminaba, y llevaba tiempo siendo un alcohólico. Su vida era maldita. Sus padres lo abandonaron, comenzó a beber alcohol a los doce años y fue abusado sexualmente por una profesora. La adicción al alcohol y la desesperanza lo llevaron a la ruina a los 21 años, cuando un aparatoso accidente en coche le induce graves lesiones en la médula espinal con las que queda paralítico. Pero milagrosamente sobrevive, y con algo de terapia aprende a usar los músculos de las manos. Y cuando visita el peculiar grupo de rehabilitación de Donnie (un revelatorio Jonah Hill) separa el miedo de la esperanza, refugiándose en el dibujo para satirizar lo que piensa de la sociedad con los tópicos que son considerados tabúes, sintiendo una inspiración que nunca hubiese descubierto sin el accidente.

Es a Phoenix a quien hay que darle parte del crédito por su actuación como John Callahan, su mimetismo es demasiado bueno para interpretar a este individuo solitario que ha caído en el abismo de la vergüenza y que luego se levanta para pedir perdón. Es el retrato de una persona de mucha energía y con cierto encanto. Puedes amarlo u odiarlo. Siempre confinado en una silla de ruedas, aprovecha el potencial emocional de los primeros planos. Provoca impotencia, compasión, rabia. Sus diálogos tienen inclinación por la sobriedad. En cada escena, hasta en las que el protagonista tiene flashbacks, captura convincentemente la angustia y la rebeldía de Callahan en distintas etapas de su vida. Es muy creíble en el camino hacia el autodescubrimiento que tiene el protagonista cuando visita los grupos de terapia de Alcohólicos Anónimos.

El título de la película hace alusión a una caricatura de Callahan en la que tres vaqueros se encuentran en el desierto con una silla de ruedas vacía y uno de ellos dice: “no te preocupes, no llegará lejos a pie”. Pero también es una metáfora de un hombre que satiriza lo que la misma sociedad ha ignorado por su condición, comunicando lo lejos que evolucionó como caricaturista a pesar de estar condicionado a una silla de ruedas, algo que se simboliza casi como leitmotiv en otro dibujo que muestra el proceso evolutivo del hombre. Irónicamente andando a pie, quién sabe, quizá hubiese muerto por una sobredosis de alcohol. Tuvo que sentarse para enfrentar los fantasmas del pasado y rehabilitar su vida.

Aunque la película evita algunos clichés genéricos como el de la superación personal y esparce las escenas más dramáticas con algo de melancolía, es en la presentación de textos como la irreverencia y el cinismo donde se intensifica el discurso de la historia de Callahan. Van Sant, con un ritmo ágil, consigue que ese comentario sobre el humor negro que ofende la moralidad de la gente y que es censurado por razones sociales, sea una alegoría de estos tiempos en los que la incorrección política es un acto de intolerancia. Callahan es uno de esos hombres que vencieron a los vigilantes de la moral, dibujando, con mucho ingenio, una sátira de la sociedad contemporánea.

Ficha técnica
Año: 2018
Duración: 1 hr 54 min
País: Estados Unidos
Director: Gus Van Sant
Guion: John Callahan, Gus Van Sant
Música: Danny Elfman
Fotografía: Christopher Blauvelt
Reparto: Joaquin Phoenix, Rooney Mara, Jonah Hill, Jack Black, Mark Webber
Calificación: 7/10



Sinopsis: En el rocoso camino hacia la sobriedad después de un accidente que cambió su vida, John Callahan descubre el poder curativo del arte y desea que sus manos heridas dibujen caricaturas hilarantes, a menudo controvertidas, que le brindan una nueva oportunidad de vida.

Sinopsis: En 1974, Karen Silkwood (Meryl Streep), trabajadora y sindicalista de una central nuclear de Oklahoma, recoge pruebas e indicios que demuestran la ineficacia de las medidas de seguridad de la planta. Esa actitud la enemistará tanto con sus compañeros de trabajo como con los dirigentes de la central.

Ficha técnica
Año: 1983
Duración: 2 hr 11 min
País: Estados Unidos
Director: Mike Nichols
Guion: Nora Ephron, Alice Arlen
Música: Georges Delerue
Fotografía: Miroslav Ondricek
Reparto: Meryl Streep,  Kurt Russell,  Cher,  Craig T. Nelson,  Fred Ward
Calificación: 7/10
La historia de Donald Crowhurst es uno de los tantos relatos marítimos de hombres que se enfrentan a la inmensidad del océano; ese lugar tan grande que ayuda a entrar en los libros de la historia a los afortunados que lo conquistan y que hace olvidar fácilmente a los que fracasan en el intento. Crowhurst era uno de ellos. Su único deseo, como navegante aficionado y profesado amante del mar, era el de darle la vuelta al mundo cruzando los mares. Para alimentar esas ideas quijotescas, en el año 1968 decidió participar en una competición que lo llevaría a circunnavegar el mundo sin paradas. Su viaje lo hizo popular en aquel tiempo, pero, con el paso de los años, se quedó en las profundidades del olvido. Esto se relata con cierto dramatismo en la más reciente película de James Marsh (The Theory of Everything), The Mercy, pues lo que le pasó en el mar todavía es un misterio.

Este drama biográfico es sencillo, comedido, sin muchas pretensiones de grandeza, pero la historia que exhibe transmite la sensación de tragedia que acecha al protagonista, Donald Crowhurst; un marino desesperanzado muy bien interpretado por Colin Firth. La narrativa nunca se hunde cuando Firth sale a flote interpretando a este individuo que confronta al mar y a unos demonios internos que ambicionan destruirlo. Lo más interesante es que, como la trama es contada desde el punto de vista del protagonista, sentimos lo que piensa cuando es víctima de las circunstancias y de la desesperación producida por su inexperiencia como marinero, en un océano que no tolera a los aventurados menos expertos.

En un principio, Donald Crowhurst (Colin Firth), hombre británico con una alegre familia de clase media, se muestra entusiasmado cuando comparte con su familia los inventos que ha hecho. Aunque es un aficionado de la navegación, su optimismo lo lleva a pensar que está destinado al panteón de los navegadores, y, para demostrarlo, construye su propio trimarán, llamado Teignmouth Electron, con la intención de participar en la carrera Golden Globe, una competición para marineros realizada por el periódico The Sunday Times que otorga un premio al ganador que le dé la vuelta al mundo navegando por el océano sin detenerse, además de la gloria que tanto anhela y el dinero para rescatar su negocio. Al barco le pone todo el empeño posible, incluyendo casi todo el dinero de la familia para su construcción. Con un barquito inacabado y sin ser probado, Crowhurst, en sus ansias de ganar la carrera, se despide de su familia y zarpa solo por el océano. Y rápidamente se da cuenta de que estar solo en el océano no es como lo pintan.

Una vez en altamar, la actuación de Firth como Crowhurst nos presenta los traumas psicológicos que encara el protagonista. Intercambia el idealismo que ocupa la cara de Crowhurst por una angustia que inquieta, una vez que comienza a ver el mar como un momento de claridad, porque, poco a poco, va perdiendo la cordura por el estrés postraumático, el aislamiento y la desilusión provocada por la posición que ocupa en la carrera. El Crowhurst de Firth reconoce que es un perdedor y un mentiroso, volviéndose timorato ante el peligro y la cruel posibilidad de fracasar. Muchos flashbacks forman parte de lo que piensa: su sensible esposa Clare, sus adorados hijos, sus amigos, toda la vida que ha dejado por detrás; aunque también escenas paralelas de esos personajes se contraponen a los pensamientos que tiene durante el viaje.

Esta película de Marsh, cargada de un discreto simbolismo en el mar, consigue el efecto dramático deseado contando la odisea de Donald Crowhurst, un sujeto vencido por la soledad y la vergüenza, alguien que lo ha perdido todo y que quiere redimirse por los deslices que ha cometido. Lo que le pasó allí, en las aguas saladas de un mar atemorizante, sigue siendo una verdad que se desvaneció como la espuma de las olas, pero esta película, por lo menos, ofrece una visión honesta de su nefasto viaje.


Ficha técnica
Año: 2018
Duración: 1 hr 52 min
País: Reino Unido
Director: James Marsh
Guion: Scott Z. Burns
Música: Jóhann Jóhannsson
Fotografía: Eric Gautier
Reparto: Colin Firth,  Rachel Weisz,  David Thewlis,  Jonathan Bailey

Calificación: 7/10



Sinopsis: Biopic sobre Donald Crowhurst, veterano de la Real Fuerza Aérea Británica y navegante aficionado, que decidió participar en 1968 en la Golden Globe Race, una competición que consistía en circunnavegar alrededor del mundo sin paradas, para obtener un suculento premio y sanear sus finanzas. Pero las cosas no le fueron bien y optó por engañar a los organizadores del evento sobre cuál era su verdadera posición. 


Sinopsis:  Narra la historia de la rivalidad entre dos leyendas del tenis: el sueco Björn Borg (Sverrir Gudnason) y el norteamericano John McEnroe (Shia LaBeouf), un enfrentamiento legendario de la historia del deporte que tuvo su culminación en la final de Wimbledon de 1980, que enfrentó a ambos.

Ficha técnica
Año: 2017
Duración: 1 hr 47 min
País: Suecia
Director:  Janus Metz Pedersen
Guion: Ronnie Sandahl
Música:  Vladislav Delay, Jonas Struck
Fotografía:  Niels Thastum
Reparto: Sverrir Gudnason,  Shia LaBeouf,  Stellan Skarsgard,
Calificación: 7/10
Sinopsis: La historia de Harvey Milk y sus luchas como activista gay estadounidense que luchó por los derechos de los homosexuales y se convirtió en el primer funcionario electo abiertamente gay de California.

Ficha técnica
Título original: Milk
Año: 2008
Duración: 2 hr 08 min
País: Estados Unidos
Director: Gus Van Sant
Guion: Dustin Lance Black
Música: Danny Elfman
Fotografía: Harris Savides
Reparto: Sean Penn,  James Franco,  Emile Hirsch,  Josh Brolin,
Calificación: 7/10
Sinopsis: Drama histórico y biográfico sobre el legendario escritor ruso León Tolstói (Christopher Plummer), su mujer Sofya (Helen Mirren) y sobre Valentin Bulgakov (James McAvoy), su discípulo más aventajado. El film ilustra además la batalla espiritual que tuvo que librar el novelista para conciliar la fama y el compromiso con una vida extraordinariamente austera. 

Ficha técnica
Título original: The Last Station
Año: 2009
Duración: 1 hr 52 min
País: Reino Unido
Director: Michael Hoffman
Guion: Michael Hoffman
Música: Sergei Yevtushenko
Fotografía: Sebastian Edschmid
Reparto: Christopher Plummer,  Paul Giamatti,  James McAvoy,  Helen Mirren
Calificación: 7/10
Sinopsis: El secuestro en Italia, en 1973, de John Paul Getty III, y los desesperados esfuerzos de su madre por conseguir que el abuelo del joven, el magnate del petróleo John Paul Getty Sr., considerado uno de los hombres más ricos del mundo, pagase el rescate.

Ficha técnica
Título original: All the Money in the World
Año: 2017
Duración: 2 hr 12 min
País: Estados Unidos
Director: Ridley Scott
Guion: David Scarpa
Música: Daniel Pemberton
Fotografía: Dariusz Wolski
Reparto: Michelle Williams,  Mark Wahlberg,  Christopher Plummer,
Calificación: 7/10
Sinopsis: La carrera del abogado de la NAACP Thurgood Marshall (Chadwick Boseman), que se convertirá en el primer juez afroamericano de la Corte Suprema de Estados Unidos. En el Connecticut de 1940, Marshall defiende a un chófer negro (Sterling K. Brown) que es acusado de violar e intentar asesinar a su jefa blanca (Kate Hudson).

Ficha técnica
Año: 2017
Duración: 1 hr 58 min
País: Estados Unidos
Director: Reginald Hudlin
Guion: Jacob Koskoff, Michael Koskoff
Música: Marcus Miller
Fotografía: Newton Thomas Sigel
Reparto: Chadwick Boseman,  Kate Hudson,  Dan Stevens,  James Cromwell,  
Calificación: 7/10